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“Valió la pena haber vivido en el siglo de Fidel”

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Fidel durante su histórico discurso ante los jóvenes de la Universidad de La Habana, 17 de noviembre de 2005. Foto: Archivo de Cubadebate

20 años del discurso del 17 de noviembre de 2005

Es difícil que el pueblo no se refiera a Fidel simplemente por su nombre. Esto se debe, entre otros factores, a la identificación que logró con las masas. No obstante, en el contexto adecuado, allí donde coloquialmente se diga “el caballo”, “el uno”, “el jefe”, “el genio”… de más está especificar que también se trata de Fidel.

Estos vocativos —que hasta nuestros días lo representan— fueron naciendo de la creatividad colectiva y de la espontaneidad popular. Una manera de expresar admiración hacia el hombre de carne y huesos detrás del uniforme militar y, a la vez, de aterrizarlo, de alcanzarlo, de tratarlo como a un igual.

Eso tiene que ver con una apropiación familiar que la gente hizo de un líder, a quien veía no solo como el Jefe del Estado, del Gobierno y del Partido, sino como a la primera persona a quien podía acudir cuando las cosas se ponían más peliagudas. Huelga decir que es un imperativo para todos los revolucionarios recurrir a él hoy.

En su intervención del 17 de noviembre de 2005, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, Fidel —tal vez desde la nostalgia que le supuso conmemorar el aniversario 60 de su entrada a la universidad— comenzó diciéndonos que “uno tiene que pensar qué era, en qué pensaba, qué sentimientos albergaba”. Bien puede continuar siendo este un excelente punto de partida para rememorar su trascendental discurso a la vuelta de 20 años: pensar qué Revolución éramos en esa fecha y cuál somos hoy. Qué sentimientos nos movían entonces y cuáles ahora.

Utilicemos las dos décadas transcurridas para que el distanciamiento epocal nos permita mirar con claridad cuánto hemos cambiado como individuos, como familia, como sociedad, como revolucionarios y como proceso. Y, sobre todo, para analizar la cualidad y el carácter de esa transformación. En otras palabras, pensar hasta qué grado esos cambios se parecen más (o menos) a lo que ha sido siempre la meta de nuestro proyecto emancipatorio: la construcción de una sociedad “con todos y para el bien de todos” a la que, a partir de la década del 60 del siglo pasado, comenzamos a entender “comunista”.

Durante aproximadamente siete horas estuvo Fidel hablando este día en el Aula Magna. Sorprende al releer sus palabras —o tal vez no tanto— recordar cuáles fueron los contenidos que priorizó abordar allí: los trabajadores sociales como abanderados de la batalla contra el desvío de recursos y la corrupción; la revolución energética con el cambio total de equipos alto consumidores por otros eficientes; el ahorro de nuestros recursos con énfasis en lo energético; la estrecha relación entre la propiedad privada en Cuba, las diferencias sociales y el neoliberalismo; la importancia del capital humano de la Revolución: su pueblo; el lugar central de la ética como condición sine qua non para ser revolucionarios; el llamado a practicar la crítica y la autocrítica en todos los rincones de la Revolución; el reconocimiento de nuestros propios errores como camino para alcanzar nuestros objetivos; la centralidad del marxismo en un proceso que eligió ser comunista; el peligro de que los medios masivos de comunicación dominados por el capitalismo (hoy eminentemente virtuales) se apoderen de nuestro pensamiento no solo a través de las mentiras, sino de crearnos reflejos condicionados; la alerta temprana para que no fuéramos una sociedad de consumo y el llamado a reproducirnos como sociedad del conocimiento —y la cultura— humanizados; la relación indisoluble entre la economía y la justicia social, entre el socialismo y una sociedad decorosa; la identificación de la supervivencia de la Revolución con la de su generación histórica; la inoperancia de hacer el socialismo con métodos capitalistas; y la impostergable pregunta acerca de la continuidad de la misma o, en cambio, su fin.

La trascendencia y fortaleza de ese discurso descansa, junto al contenido en sí, en la transparencia y honestidad con las que nos habló allí. Por momentos, incluso, desde una sinceridad cruda, esa que requiere referirse a la permanencia de este proyecto que costó la vida y sangre de sus mejores hijos.

Llamó a los males por su nombre, sin eufemismos, sin temor, —con humildad— y por eso pudo llegar a la reflexión hecha pregunta por la que más se recuerda aquella intervención:

 “¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? (…) ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?”

La pregunta fue fulminante, todavía lo es, porque nos lanza de golpe a mirarnos en un espejo sin filtros ni elementos mediadores; a vernos tal y cual somos, con todas nuestras imperfecciones. Nos pone, también, cara a cara con esa parte más trágica de la historia: la del derrumbe de todas las revoluciones habidas hasta la fecha; excepto la cubana. Nos sitúa delante de todos nuestros errores y, de algo peor, nos muestra todas las carencias y limitaciones que (aún) tenemos, materiales y espirituales. Porque de algo podemos estar seguros: el fin de la Revolución —de esta ser fatalmente reversible—, dependerá de nuestra incapacidad para ser integralmente subversivos en la praxis diariamente. Y, sobre todo, resultará de nuestra inutilidad como intelectuales (orgánicos y tradicionales), como vanguardia y como dirigentes (en el sentido profundo del término), impotentes de producir una teoría social crítica, y revolucionaria, a la medida del socialismo cubano.

¿Acaso no podía autodestruirse más fácilmente la joven Revolución, la de los primeros meses? ¿O es que le imprime “gravedad” el desgaste que trae el tiempo, la acumulación de pasos en falso y la intensificación del enemigo histórico? Bien tuvo autoconciencia nuestra Revolución, durante los traumáticos años 90, de que si el socialismo “real” era capaz de colapsar, el de una pequeña isla a las puertas del imperio también. ¿Nos habíamos olvidado de esas enseñanzas en el 2005, u hoy? ¿Es tan corta la memoria de los pueblos?

Mejor hoy —que aquel 17 de noviembre— podemos suponer que las preguntas directas que Fidel nos lanzó eran, fundamentalmente, retóricas. Es sabido que está en el ADN de toda Revolución la posibilidad de terminar y que la vía más rápida para que esto suceda viene de sí misma, incluso de las generaciones que la condujeron. Viven en ellas (como potencia dual) tanto la oportunidad de revolucionarse todos los días, como la de estancarse hasta convertirse en su opuesto, y solo del sujeto del cambio dependerá producir las condiciones que movilicen el lado correcto.

Sí, es perfectamente posible la reversibilidad de nuestro socialismo. Aunque ello en primer lugar indica algo que no por evidente es menor: la Revolución vive y su permanencia ocurre, desde hace 9 años, amén de la desaparición física de su líder histórico. Se equivoca el imperialismo con más frecuencia de la que sus bien montadas campañas de comunicación nos dejan entrever.

La rectificación en el tiempo sobre el encuentro en el Aula Magna ha potenciado más las preguntas que contiene, a las afirmaciones que el propio orador brindó.

“Debemos estar decididos: o derrotamos todas esas desviaciones y hacemos más fuerte la Revolución destruyendo las ilusiones que puedan quedar al imperio, o podríamos decir: o vencemos radicalmente esos problemas o moriremos. Habría que reiterar en este campo la consigna de: ¡Patria o Muerte!”.

Hagamos de aquel discurso más que una referencia de ocasión que se cita solo de efeméride en efeméride, un verbo encarnado. Y solo así, “triunfarán las ideas, deben triunfar las ideas”. Continúan siendo ellas las que nos unen. “Son las ideas las que nos hacen pueblo combatiente, son las ideas las que nos hacen, ya no solo individualmente, sino colectivamente, revolucionarios, y es entonces cuando se une la fuerza de todos, cuando un pueblo no puede ser jamás vencido y cuando el número de ideas es mucho mayor; cuando el número de ideas y de valores que se defienden se multiplican, mucho menos puede un pueblo ser vencido”.

Cuando los tiempos se ponen peliagudos —y este sin dudas lo es—, es nuestro deber acudir “al caballo”, “al genio”. Hagamos que también para los jóvenes de hoy, como para los de aquel día, su legado sea brújula de un camino revolucionario. “¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!” en el siglo de Fidel.

Se han publicado 16 comentarios



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  • Lorenzoa dijo:

    Felicito a Marxlenin por su brillante escrito. NOS CORRESPONDE A TODOS LOS REVOLUCIONARIOS CUIDAR LA REVOLUCION; RECTIFICAR Y CAMBIAR TODO LO QUE DEBA SER CAMBIADO Y NO DAR CABIDA A TRAIDORES Y VENDE PATRIA. LOS DIRIGENTES QUE NO ACTUEN, QUE LOS DOMINE EL PESIMISMO SUSTITUIRLOS DE INMEDIATO. NO HAY TIEMPO PARA LA INACCION. VIVA LA PATRIA Y LA REVOLUCION.

    • JOSELILLO dijo:

      Brillante Reflexión. SIGAMOS EN COMBATE.

    • Roby dijo:

      VIVA PERON !!!

  • d dijo:

    Me encantó el artículo!!. Es verdad, es un honor y un privilegio haber nacido en el siglo de Fidel, por qué?, sobran las palabras!!!....Marxlenin, gracias por este escrito!

  • Eddy dijo:

    Excelente artículo para evocar la figura y el pensamiento de Fidel en estos momentos difíciles por los que estamos pasando. De algo si estamos de acuerdo todos los revolucionarios y los que no lo son, tal como lo dijo el General de Ejército "Fidel es Fidel". Ahora a los que tienen la responsabilidad de continuar la dirección de la Revolución no le queda de otra de rendirle cuenta al pueblo de tu a tu, que vamos hacer para salir de la compleja situación económica _ social por la que estamos transitando. Nuestro pueblo se merece eso y mucho más y recordar que los llamamientos no concretados solo provocan que la luz al final del túnel se vea cada día más lejano. Le repito desde el lado de un lector de Cubadebate: gracias por el artículo.

  • Osmani el de la Loma dijo:

    Vale su artículo. Ya 20 años ... y parece que fue ayer. La estatura del Líder Histórico es única, pero el ser humano que vimos en el día a día, ya fuera en Cuba o mas allá de las fronteras debe ser referencia y guía de todos los que se sientan verdaderamente identificados con la Revolución y sus bases, las que apuntalaron desde sus inicios nuestra supervivencia como proyecto único. Los tiempos han cambiado, se debe cambiar lo que debe ser cambiado, pero ... nunca repetir errores cometidos y siempre estar a la escucha de las masas populares, creo que esta fue la mayor virtud de nuestro Fidel.

  • Omar dijo:

    Haber vivido la mayor parte de mi vida en el siglo de Fidel, para mí niño pobre al triunfo de la revolución fue el mejor regalo del destino.

  • FSA dijo:

    Hoy Fidel no nos acompaña físicamente, pero está su legado y como parte de ese legado está la existencia de una parte importante del pueblo que está dispuesta a dar la vida por la revolución, a luchar por la revolución en el frente que sea. Pusilánimes, traidores, vendepatrias, indiferentes, egoistas, etc hubo y habrá siempre, pero hoy el pueblo de Cuba en su conjunto, está mejor preparado cultural, política e ideológicamente que el que había al triunfar la revolución en 1959. Somos muchos los que aunque pensamos que muchos de los errores cometidos pudieron haberse evitado, no por ello dejamos de confiar que lo mejor para Cuba, para cada uno de nosotros es defender la revolución y avanzar junto a ella persiguiendo el ideal de Fidel, de Martí, de Marx, Engels, Lenin y todos los hombre sy mujeres que nos antecedieron y entregaron sus vidas en ese empeño.
    Excelente artículo Marxlenin, viendo a jóvenes como tú, no podemos menos que seguir albergando la esperanza en que triunfaremos.

  • Mary dijo:

    Una de los regalos más hermosos que me dio la vida.

  • JULIO CASTILO dijo:

    FIDEL LIDER INDISCUTIBLE,PERO QUIEN LLEVARA LAS RIENDAS DE LA REVOLUCION COMO EL ?? RAUL ESTA EN LOS FINALES DE SU VIDA,IGUAL QUE RAMIRO Y MACHADITO,DIAZ CANEL NO LE LLEGA NI AL TOBILLO A LA ESTATURA QUE TUVO FIDEL,Y YA LLEVA MUCHOI TIEMPO EN EL PODER Y LA REALIDAD INDISCUTIBLE ES QUE NO GOZA DE LIDERAZGO ENTRE EL PUEBLO.QUIEN ASUMIRA LAS RIENDAS DE UNA CUBA FUTURA??CANEL LLEVA MUCHO TIEMPO Y EL PCC NO VEO QUE SE INCLINE POR LOS JOVENES CUBANOS AHORA ,PARA QUE GANEN EN EXPERIENCIA.

  • Tania dijo:

    Es increíble, después de su muerte me ha venido este pensamiento varias veces a la mente, tal ves dentro de muchos años cuando ya yo no exista y se hable de la gran figura del comandante,me alegra saber que soy parte de una de esas generaciones que vivimos en siglo de FIDEL., que cuando se hable de los muchos de cubanos que lo seguimos, que estuvimos ahí en cada convocatoria hecha por el y fueron miles, yo estuve ahí.

  • aurelio dijo:

    Magnifica reflexión de aquellos momentos que deberíamos trasportarlos a nuestra realidad actual y seguir mejorando la construcción socialista en su economía para el bien d todos.

  • Seguidor dijo:

    Magnífico artículo. siempre nos acompañará nuestro comandante en Jefe. Que honor haberse formado bajo su dirección. Han pasado nueve años de su desaparición física, y difícilmente los que desarrollamos nuestra niñez, juventud y adultez lo olvidemos. siempre un recuerdo diario para él.

  • GERÓNIMO dijo:

    La llamaré Doctora, su nombre no me gusta.
    Excelente artículo. Gracias.

  • vv dijo:

    Es para mi un privilegio me considero una elegida de mi generación x por tener a Fidel, por siempre, al algunas personas decían en mis años mas jóvenes con esta juventud es con la que cuenta Fidel. y me considero dichosa nacida en el año 1966 y me corresponde decirles las nuevas generaciones también necesitan a Fidel para que puedan aprender lo que yo aprendí y realmente cambiar lo que debe ser cambiado y rectificar errores para que no cambie lo que no debe ser cambiado.

  • vv dijo:

    Magnífico artículo. siempre nos acompañará la impronta de nuestro comandante en Jefe. honor que me hace haberme formado bajo su conduccion. Muy difícilmente los que vivimos nuestra niñez, juventud y adultez lo olvidemos.Fidel por siempre y para siempre.

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Marxlenin Pérez Valdés

Marxlenin Pérez Valdés

Doctora en Ciencias Filosóficas y Profesora Titular de Marxismo por la Universidad de La Habana. Guionista y conductora del programa de televisión Cuadrando la Caja. Actualmente Coordinadora de Planificación Editorial de IDEAS Multimedios.

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