Raúl Roa García: Una vida de dignidad y firmeza en la política exterior cubana

Foto: Archivo.
Intervención de Abelardo Moreno Fernández en el panel conmemorativo del 117 Aniversario del natalicio del Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García, organizado por la Cátedra Raúl Roa del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI).
La Habana, 8 de abril de 2024
Estimadas compañeras y compañeros:
Como he hecho más de una vez, desearía comenzar estas breves palabras con un párrafo de la intervención que el Canciller de la Dignidad pronunciara en la cuarta reunión de Ministros del Movimiento de Países No Alineados, en Georgetown, Guyana en 1972.
Decía:
“Cuba basa su política internacional en una posición revolucionaria, antimperialista e internacionalista, sin ambigüedades ni flaquezas. Cuba se alinea, resueltamente, junto a los pueblos que batallan por extirpar el colonialismo, derrotar al imperialismo, poner fin a sus agresiones y amenazas belicistas, y conquistar un mundo sin imperialistas ni agresores, libre de la explotación de los monopolios sobre las naciones y libre también de la explotación a sus propios pueblos de minorías rapaces y estultas. Cuba está abiertamente comprometida con el mundo del futuro, que avanza, seguro y victorioso, alentado por las luchas y los sacrificios de los pueblos revolucionarios”.
Y hago hincapié en este párrafo, porque Roa fue capaz, en unas breves líneas, de sintetizar la esencia de la política exterior de la Revolución cubana según había sido concebida por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y que hoy más de 50 años después, mantiene toda su vigencia.
Se me ha pedido que me refiera al papel del Dr. Raúl Roa García en el Movimiento de Países No Alineados, pero no puedo resistirme a la tentación de hacer referencia también a otros episodios que demuestran a las claras el papel del pensamiento y la firmeza de aquel que, fiel a sus ideas, y a pesar de la situación del país en las décadas que precedieron a la revolución liberadora de 1959, nunca claudicó y que, estuvo presente desde el primer momento al llamado de Fidel.
Ahora bien, creo que el punto de partida de todo análisis es reconocer que el pensamiento de Raúl Roa García es indivisible.
Su papel al frente del ministerio, como el primer ejecutor de la política exterior cubana trazada por Fidel; como maestro de toda una generación de jóvenes que nos empezamos a formar bajo su égida; como fuente inagotable de la sabiduría, talento, hombradía y principios de quien ayudó a formarnos como diplomáticos de una Revolución que nacía y que debía enfrentar los desafíos más feroces del imperialismo; como hacedor de una contribución decisiva para el surgimiento con los años de una bien identificable “escuela de política exterior” cubana, basada en la ética permanente, en la profundidad del análisis, en el prestigio de nuestras acciones y, en primerísimo lugar, en los principios que Fidel nos legara, no se puede separar del Roa polemista nato y defensor a ultranza de nuestra Revolución en los foros internacionales; del Roa del verbo encendido, del Roa que aterrorizaba a los enemigos de la Revolución Cubana por su respuesta rápida como una centella, incisiva y precisa, en una época en que los intentos de presión y coerción eran constantes para dañar y destruir a la revolución triunfante, o para uncirla a líneas que no eran las propias.
El Canciller de la Dignidad dejó su impronta en el Consejo de Seguridad de la ONU desde muy temprano. A pesar de que es bien conocido lo sucedido en la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA en San José, Costa Rica, a la que ya Eduardo se refirió, y también lo es la denuncia de Cuba ante las Naciones Unidas luego de la invasión mercenaria de Playa Girón en la que el canciller cubano hizo añicos los argumentos de Adlai Stevenson, el embajador estadounidense de la época en la organización mundial, mucho menos se ha hablado de la batalla librada por el canciller cubano en el propio Consejo de Seguridad en los días anteriores y posteriores a la farsa costarricense, hasta la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba por los Estados Unidos, en enero de 1961.
Las denuncias cubanas en el máximo organismo mundial sobre las intenciones agresivas del imperialismo, abundaban. Pero, ya el 11 de julio de 1960, el canciller cubano le dirigía una carta al presidente del Consejo de Seguridad en la que hacía énfasis en la gravedad de las acciones de los Estados Unidos contra Cuba, lo que ponía en peligro la paz y la seguridad internacionales, por lo que se requería una reunión urgente de dicho órgano para abordarlas. En dicho cónclave, celebrado a pesar de la tenaz oposición de Washington y sus más fieles aliados, Roa pronunció una de sus más contundentes denuncias, y dejó claro que dichos actos hostiles preludiaban una agresión militar por parte de Washington que, el contexto de la histeria anticomunista y macarthista prevaleciente en la época, ya estaba sembrando en la opinión pública de ese país una visión distorsionada de la Revolución cubana.
La denuncia del canciller cubano incluyó una detallada explicación de los actos terroristas que se habían cometido contra Cuba en el período revolucionario desde el territorio estadounidense, y de las medidas coercitivas adoptadas contra le economía del país, que ya empezaban a crear las condiciones para la imposición poco después del bloqueo económico, comercial y financiero que dura hasta nuestros días.
Ahora bien, uno de los principales objetivos que persiguió la intervención del Dr. Roa, fue la denuncia de las razones por las cuales Estados Unidos no deseaba que el denominado “asunto cubano” se dirimiera en el Consejo de Seguridad, sino en la OEA, donde podía contar con un coro que le era favorable, y para que en dicho marco se impidiera la denuncia a una agresión y se le presentara solo como una “disputa” entre países.
Luego de las maniobras estadounidenses en San José, Cuba continuó sus denuncias ante el agravamiento de las agresiones contra la Revolución. Por ello, el 31 de diciembre, el canciller Roa, desde Nueva York, solicitó una nueva reunión del Consejo de Seguridad, que solo se efectuó, en un ambiente de máxima polarización, el 4 de enero de 1961, o sea, al día siguiente de la ruptura de relaciones de Washington con La Habana, que confirmó con total claridad la veracidad de las denuncias que el canciller cubano venía realizando.
En dicha reunión, Ecuador y Chile, en contubernio con los Estados Unidos, presentaron un proyecto resolución en el que se pedía que los gobiernos de ambos países Unidos se reunieran para dirimir sus diferencias, que Roa rechazó con firmeza cuando argumentó:
“En las actuales circunstancias, no parece necesario plantear que el gobierno revolucionario de Cuba rechaza, por adelantado, todo proyecto de resolución que incluya cualquier tipo de entendimiento con el imperialista y reaccionario gobierno del Presidente Eisenhower. No puede haber acuerdo entre ambos. El gobierno reaccionario e imperialista del Presidente Eisenhower ha ordenado una intervención militar en Cuba y Cuba se prepara para repelerla”.
Compañeras y compañeros:
No puedo dejar de recordar ese otoño de 1973, cuando a pocos días de perpetrado el sangriento golpe de estado en Chile, el Canciller de la Dignidad --y pocas veces ha brillado un canciller con tal dignidad-- increpó con fuertes palabras al personero de la dictadura fascista chilena que insultaba a nuestro Comandante en Jefe y a la Revolución, y lo obligó a callar.
Ni tampoco aquella otra vez, también en las Naciones Unidas, cuando un diplomático africano traidor, que había trabajado en Cuba, se acercó a él para tratar de hacerse perdonar su traición, y Roa, ni corto ni perezoso, y sin pelos en lengua, le recordó con vigorosas palabras que él no hablaba con traidores. Me refiero a Alex Quayson-Sackey, quien había sido embajador de Ghana en Cuba y que se había plegado al golpe de estado que había derrocado al presidente Nkrumah, y al que Oramas seguramente recordará.
Pero también es parte de esta digna historia cuando, en marzo de 1973, en ocasión de la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Canal de Panamá, Roa, ante las mentiras del embajador estadounidense John Scali, y haciendo gala de su cultura enciclopédica, le salió al paso Biblia en mano cuando dijo:
“Guardaos de la levadura de los fariseos que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá, y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas”.
Y, ante el intento de réplica de Scali, Roa le recordó:
“Esto no lo dijo Carlos Marx, sino Jesucristo según San Lucas (12.1, 2 y 3), no está en El capital, sino en este libro que usted tiene en la habitación del hotel y debería leer”.
Si bien mucho se podría decir de la presencia de Roa en las reuniones no alineadas, el tiempo no permite abundar en demasía, por lo que nos concretaremos a poner en manos de ustedes algunas pinceladas que la tipifican.
Por ejemplo, en la primera cumbre, en Belgrado, fueron importantes las discusiones del canciller cubano con Krishna Menon, entonces ministro de defensa de la India sobre la necesidad de incluir una condena a la presencia de la base naval de los Estados Unidos en el territorio usurpado de Guantánamo.
En la segunda cumbre efectuada en El Cairo, fue particularmente intenso el papel del Canciller de la Dignidad también con respecto a Cuba, lo que el propio Roa comentó en una entrevista de prensa realizada en la capital egipcia cuando dijo:
“No aspirábamos a que el caso Cuba constituyera el punto central de la Conferencia, pero si aspirábamos, a que, en alguna forma, fuera mencionado en el comunicado final, ya que esto nos prestaría fuerza para la Asamblea General de las Naciones Unidas. Expusimos que el caso de Cuba no era local, ni siquiera regional, sino de carácter mundial, como se había demostrado en ocasión de la Crisis del Caribe. El problema cubano interesa a todos por igual, y podemos decir que las potencias occidentales que mantienen relaciones comerciales con Cuba, que son muchas, están profundamente preocupadas por la situación creada por la política de Estados Unidos en relación con nuestro país, ya que ellas mismas están siendo objeto de presiones de todo género para impedirles el comercio con Cuba …”.
En la tercera cumbre, en Lusaka, Zambia, Roa presidió la delegación cubana, y pronunció un enjundioso discurso en el que, además de dejar bien clara la postura cubana sobre las diversas regiones y países que conformaban el Movimiento, y reiterar la inclaudicable posición de Cuba contra el imperialismo dijo:
“Los pueblos de África, Asia y América Latina esperan que la Conferencia de Lusaka marque un peldaño más alto que la anterior en el dramático camino de su liberación nacional, social y cultural.
Quienes los defrauden cargarán con una responsabilidad irredimible. No es ocioso puntualizarlo. Ni a parlar vanamente, ni a parlamentar con el imperialismo, ni a negociar principios irrenunciables ha venido Cuba a esta Conferencia. Primer territorio emancipado de la coyunda imperialista en América, isla diminuta que edifica la sociedad socialista y comunista a noventa millas del imperio más poderoso, agresivo y rapaz de nuestro tiempo, camarada de trinchera de cuantos en el mundo pelean por su independencia, su dignidad y su progreso, Cuba hará honor a la confianza que siempre le han otorgado los pueblos de los tres continentes.”
Asimismo, adelantándose a los acontecimientos que permearían la cumbre siguiente cuando tomaban fuerza las posiciones derechistas encaminadas a equiparar a los países socialistas con el imperialismo, tesis a la que, en Argel, tres años después, en 1973, le saliera brillantemente al paso el Comandante en Jefe Fidel Castro, Roa apuntó:
“El sostén más sólido y la fuerza más pugnaz del frente antimperialista lo constituyen justamente los países socialistas. No podemos omitirlos ni aislarlos si pretendemos entablar batalla con los países imperialistas encabezados por los Estados Unidos, que se ha arrogado el despreciable papel de gendarme internacional de la reacción, la opresión, la discriminación y el subdesarrollo, patológicas excrecencias del sistema capitalista al desplazarse geográficamente de sus fronteras nacionales y establecer su vandálica dominación en los continentes atrasados”.
Además, fue particularmente incisivo en la crítica a la decisión de no invitar como miembro pleno del Movimiento al Gobierno Revolucionario Provisional de Vietnam del Sur y haber ignorado a las fuerzas independentistas de Puerto Rico.
Ahora bien, compañeras y compañeros, me gustaría hacer una referencia más pormenorizada a la presencia del canciller cubano en la reunión ministerial de Georgetown, Guyana, a la que hicimos referencia a principios de estos comentarios.
Además de un repaso solidario de la situación de África Meridional, el Medio Oriente y Puerto Rico, Roa, centró su intervención en tres aspectos medulares: el hecho de que se celebrara por primera vez una reunión del Movimiento en la América Latina, particularmente en el Caribe; la solidaridad con el pueblo vietnamita, que comenzaba ya a gestar la última etapa de su lucha liberadora; y el rechazo frontal de Cuba a los intentos de uncir a los países no alineados a una política “neutralista” “tercerista” y ambigua.
Les pido que presten mucha atención a sus palabras, no solo por su contenido, sino también por la estructura, el lenguaje y los énfasis dados por el Canciller de la Dignidad, y lo digo porque más de una vez he mostrado esta intervención de Roa a compañeros del ministerio como ejemplo de cómo debe formularse una intervención cubana en una organización internacional. Roa apuntó:
El no alineamiento no puede significar neutralidad cómplice ni acomodo oportunista, ni puede traducirse en actitudes contemplativas y equilibrios ficticios en un mundo en que, para los pueblos, los campos están nítidamente deslindados. No puede haber neutralidad entre los pueblos víctimas de colonialismo en Guinea Bissau, Angola, Mozambique o Puerto Rico y sus verdugos coloniales. Ni neutralidad ante la lucha de los pueblos de Namibia, Rodesia y Sudáfrica y quienes les imponen el grillete colonial-racista. Es inconcebible la neutralidad ante la epopeya vietnamita y la heroica lucha de los pueblos indochinos contra la barbarie yanqui. No tienen cabida, en el mundo de hoy terceras posiciones entre los agresores y los agredidos, entre los explotadores y los explotados, entre los imperialistas que despojan de sus riquezas a nuestros pueblos y las masas hambreadas del Tercer Mundo que combaten por la emancipación económica y la conquista de niveles de vida decorosos; entre los imperialistas que organizan la guerra, la agresión y la injerencia en todo el mundo y los pueblos que se empeñan en imponer la paz sobre la base del respeto absoluto a sus inalienables derechos nacionales.
Esta reunión no puede eludir las altas responsabilidades de la hora. Los pueblos combatientes reclaman claridad en las definiciones, rectitud en la estrategia y voluntad de acción práctica. En momentos como este, el leguaje anfibológico, el titubeo y la debilidad constituyen apostasía.
Reunidos por primera vez en suelo americano, los países no alineados deben adoptar decisiones que estén en concordancia con el profundo movimiento emancipador que sacude hoy las entrañas de este continente. América Latina fue, durante largos años, traspatio seguro para los monopolios norteamericanos. De nuestras tierras ubérrimas, con el sudor y el esfuerzo de nuestros hombres y mujeres acosados por la miseria, extrajeron los imperialistas los recursos que les permitieron edificar su poderío y apoyándose en él oprimir a otros pueblos, sostener a la reacción internacional y ejercer el papel de gendarme en todo el mundo. América Latina fue el primer campo de experimentación del neocolonialismo. Nuestros pueblos vieron marchitarse la independencia conquistada a principios del siglo pasado por la explotación, la intromisión, las agresiones y la prepotencia del imperialismo norteamericano. Durante décadas, el gobierno de Washington pudo imponer su voluntad sobre nuestros pueblos con la complicidad de oligarquías parásitas y antinacionales. La voz de América Latina sólo entonaba en las reuniones internacionales loas genuflexas a su amo.
Hablo en nombre del pueblo a quien cupo el singular privilegio de desbrozar el camino y abrir, a golpe de hazañas y sacrificios, la brecha que agrietará hasta derribarla la otrora poderosa fortaleza imperialista. A nombre de ese pueblo, entrañablemente unido a los pueblos latinoamericanos, reclamo de esta reunión su solidaridad con el nuevo proceso emancipador de este continente”.
Compañeras y compañeros:
Con esta intervención del Canciller de la Dignidad concluyo mis comentarios. Si he tomado demasiado de su tiempo, les pido que me disculpen.
Muchas gracias.
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Aquí en este medio, recientemente, alguien rememoraba otra de las anécdotas de nuestro Canciller de la Dignidad, que también ilustra, como acertadamente expresa Abelardo Moreno, a las claras el papel del pensamiento y la firmeza de nuestro Raúl Roa García. Una vez uno de tantos provocadores increpó a Raúl Roa durante unas sesiones en las Naciones Unidas en New York al verlo fumarse un Chesterfield: "Cómo, Usted, un representante de un gobierno comunista, fuma cigarrillos capitalistas?". Roa, sin inmutarse, le respondió: "Me gusta ver cómo se quema"
jjajajaj.
Muy bueno el Artículo!!!! y no es ninguna pérdida de tiempo leerlo , todo lo contrario!!!
Excelente intervencion que he leido en la víspera del 117 cumpleaños de Roa, cuando me preparo como Presidente de la Comisión de Prensa de la ACNU, a celebrar, como cada año el aniversario de nuestro Canciller de la Dignidad en la Asociación Cubana de las Naciones Unidas. Nunca olvidaré a Raúl Roa Garcia. Fui su subordinado en Ecuador y Chile. como joven diplomático, en los tiempos difíciles de Playa Girón y la Crisis de Octubre. Me honra que me mencionara en su alocución del 24 de diciembre de 1964, y que me permitiera estudiar en la Escuela de Ciencias Polticas de la Universidad de La Habana. cuyo director fue su amigo Fernando Alvarez Tabio.Sigo considerando a Roa como mi maestro y guía, junto a Fidel Castro.
Excelente intervención cono.nos tiene acostumbrado Abelardo Moreno, con plena vigencia y actualidad el pensamiento y acción del Canciller de la Dignidad en momentos que se requiere hidalguía, valor y compromiso con las causas justas frente a la ofensiva imperialista contra los pueblos dignos como Cuba. Gracias y esperamos similares clases magistrales de diplomacia, cubania y fidelidad absoluta en el futuro.