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¿Raros disturbios?, de instigados a instigadores

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En este mundo ocurren cosas muy extrañas. Eso que ya sabíamos, aunque era muy difícil demostrarlo entre tanto vendaval especulativo, ahora se pone tan claro como la sambumbia cubana.

A estas alturas pandémicas, según pronosticadores de ocasión, deberían estar recogiéndose los maltrechos despojos de los socialismos cubano y venezolano, arrastrados al abismo "coronavírico" por tremebundas crisis de salud y humanitaria.

Pero, inesperadamente —como en las buenas series de ficción—, el guion de los acontecimientos dio un giro inesperado, tanto, que deja vergonzosamente descolocados el discurso altisonante —no pocas veces carnavalesco y estridente— de la contrarrevolución cubana.

Entre tanto desvarío esta última terminó, nada menos, que convirtiéndose fanáticamente al trumpismo; algo a lo que ya no se atreve abiertamente ni la estilizada y hermosa Melania, que a estas alturas debe andar preguntándose cómo fue a caer en brazos del magnate presidente.

Sin más excusas para sus disparates, los voceros del antisocialismo inventan ahora —mire, usted—, que los estallidos antirracistas que conmueven la sociedad norteamericana y al mundo son, nada menos, que la consecuencia de la incitación y la introducción en esas protestas de agentes cubanos y venezolanos, de lo cual dan "fe" hasta con testimomios audiovisuales de marchantes pro Trump.

Los hechos, por su naturaleza salvaje y dolorosa, no son como para solazarse aunque, en el país que se autoproclama velador de los derechos universales, un policía blanco —como ya ocurrió otras incontables veces— hincó sus rodillas segregacionistas sobre el cuello de un ciudadano negro hasta asfixiarlo sin inmutarse entre súplicas y lamentos.

Mientras el criminal episodio hace el milagro de juntar en las calles ahora insurgentes de Estados Unidos la indignación de miles de manifestantes de todos los colores e ideas políticas, en La Habana, acusada de todas las violaciones humanas e infrahumanas posibles, la escena ocurre al revés…

Es un joven delincuente —no se sabe hasta ahora movido por cuáles instintos—, quien penetra en una periférica estación de la Policía Nacional Revolucionaria de la urbe y asesina y deja muy mal heridos a otros uniformados.

Qué sustrato misterioso hace posible que lo ocurrido contra un joven policía cubano no se vea como un acto justiciero, reivindicativo, y en realidad despierte el dolor de millones de ciudadanos solidarizados con el sufrimiento de las familias y los combatientes de la institución armada, en contraposición con las revueltas que sacuden por estos días al país más rico del mundo.

La respuesta más cercana a semejante dicotomía parece estar en la "herencia" —que no siempre es en dinero ni otras especies— de los sistemas políticos y las instituciones policiales y armadas de ambos países. Mientras allá arrastran, hasta este siglo XXI, los vestigios de la despiadada, injusta, expansiva y discriminatoria patria de Cutting —aplastada aún la de Lincoln—, las de aquí tienen el martianísimo apellido de «revolucionarias», y no por gusto.

Es en la ética y los fundamentos que dan cuerpo y sentido a las instituciones armadas y de otro tipo en los dos países donde se encuentran las respuestas a las muy notorias diferencias en las reacciones políticas y sociales ocurridas —con independencia de errores, corruptelas incipientes o desatinos puntuales— que puedan manchar el honor del Ministerio del Interior y niegan sus principios, los mismos de la Revolución que lo fundó hace 59 años.

Preocupados por la creciente indisciplina social, algunos en Cuba se alistan por el regreso de los enfoques represivos, incluso por el estilo de guapetón de esquina y matones de turno de los antiguos guardias rurales, que machetazo sobre una mesa mediante y algún que otro latigazo, despejaban los desórdenes, como atestiguan no pocos.

Deslizarnos por ahí sería como meternos en un peligroso desfiladero, dejando que los fenómenos sociales se nos trastoquen en una secuencia riesgosa de acción y reacción, mientras lo inteligente y adecuado es el análisis y la búsqueda desapasionada de causas y consecuencias de fondo. Por el otro sendero podríamos desbocarnos hacia un estado policial efímero y nunca a un estado moral permanente, duradero, como el que se planteó siempre como programa la Revolución.

Precisamente a un programa como este debemos que fracasen las aspiraciones de la contrarrevolución de espolear el tema del racismo para que las revueltas —que por más "requetevueltas" que les dan nunca ocurren— se trasladen a Cuba.

Tal vez los nuevos intrigantes olvidan que cuando todavía no se veían siquiera las ventiscas de estas ciclónicas escenas reivindicativas en Norteamérica —aunque a no pocos negros y otras minorías no les faltaran rodillas asfixiantes sobre sus cuellos—, ni Trump anunciaba su irracional solución de desplazar la Guardia Nacional a las calles para aplastar las revueltas, el Gobierno sucesor de los "hermanos Castro" —como suelen llamarlo— había dado un giro extraordinario en el enfoque del enfrentamiento al racismo y la discriminación racial, al anunciar la creación de un programa nacional para enfrentar esos fenómenos y de una comisión a ese nivel para darle forma y seguimiento.

La Revolución que empezó precisamente por eliminar el ahora tan famoso "distanciamiento social" de blancos y negros en los parques, y por pintar de colores diversos las aulas de escuelas, universidades, las parejas y otros espacios sociales, comprende cabalmente que los grados de justicia alcanzados no bastan para tocar la cima de la plenitud y la igualdad humanas.

Se imponía transformar la perspectiva fundamentalmente cultural con la que se abordaron esas desigualdades persistentes en Cuba y avanzar hacia un enfoque integral e integrador, de mayores alcances geográficos, políticos, económicos, institucionales y sociales.

Este paso fue antecedido por esfuerzos para abrir espacio a la presencia de personas de la raza negra en cargos de dirección y diferentes espacios públicos, incluyendo los medios de comunicación, liderados por el entonces jefe de Estado y de Gobierno, General de Ejército Raúl Castro Ruz.

El nuevo programa gubernamental asume el abanico de iniciativas nacidas del calentamiento del debate sobre la racialidad y la justicia en Cuba, que en algunos casos enseñaban sus garfios oportunistas y apostaban a la manipulación y la subversión política.

Precisamente ante un auditorio negro, en la iglesia norteamericana de Riverside, y en el año 2000, Fidel reconocía que todavía nuestro país distaba mucho de resolver el dilema discriminatorio y admitía que la igualdad ante la ley no siempre significaba igualdad de oportunidades: "Tiempo tardamos en descubrir… —admitió— que la marginalidad, y con ella la discriminación racial, de hecho es algo que no se suprime con una ley ni con diez leyes…".

Esa autocrítica, en fecha tan adelantada, sirve de basamento al nuevo programa que, como destacó en su presentación el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, debe revisar todos los ámbitos en que pueda manifestarse la discriminación, desde el acceso a las universidades, los cargos públicos, las condiciones de vida, la marginación, los ingresos y otras desventajas sociales.

En Cuba las "manifestaciones" de lucha antirracista ya se habían precipitado y no requirieron de agitadores, desafectos inescrupulosos o infiltrados en ninguna parte para descubrir que se le estaba fallando a la justicia prometida.

Es bueno saberlo desde ya. No vaya a ser que un día se desplome la bolsa de valores de Nueva York y la culpa, la maldita culpa, la paguen los precios subterráneos del mamífero nacional.

(Tomando de Juventud Rebelde)

Se han publicado 5 comentarios



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  • Catalina dijo:

    Esta plaga de contrarrevolucionarios de aquí y de allá no se cansan de presagiar todo tipo de tragedias alegrándose de cualquier situación que se presente.
    Además se dedican porque parece reciben por eso un salario a despotricar, tergiversar, vaticinar cuáles gurús de poca monta la más mínima de las medidas tomadas
    Disfrutan de mucho saldo en las Redes Sociales para realizar su trabajo mercenario e instigador.
    Pero sus predicciones no se cumplen.Les sale siempre el tiro por la culata. Estarán sufriendo por perversos y apátridas.
    Hay que tomarles la delantera y seguir descaracterizándolos.

  • Rolando dijo:

    Excelente reflexión. Sobre todo lo referente a la policía que queremos PQ de los contrarrevolucionarios n vale la pena hablar. Pero en estos meses nos han llenado el noticiero de casos delictivos, en los pueblos diariamente se suceden registros y detenciones, y de pronto una sociedad que se adaptó a vivir en medio de un inmenso mercado negro y nadando entre ilegalidades muchas veces provocadas por leyes y regulaciones burocráticas que no se corresponde con la realidad de todos, ven al vecino o a su propia familia criminalizados en la TV, en contradicción con el principio de presunta inocencia recogida en nuestra constitución socialista. Esto es tan peligroso como lo que el periodista alerta. Hagamos de una vez una sociedad con todos y para el bien de todos, donde los únicos que no tendrán cabida serán siempre esos contrarrevolucionarios que prefieren vernos hundirnos en el mar y se venden por dinero.

  • Dr. Morales dijo:

    Me Gusto este articulo y la comparación con los Policías, en verdad me indigna que un Joven Cubano sin causas de peso mayor ataque una estación de policía para hacerse de un arma y con esa arma salir a ajustar cuenta. y en esa acción muera y salgan heridos los hombres que guardan de la disciplina social. estoy muy disgustado porque esto ocurra en mi tierra y triste por la perdida de uno de nuestros hijos.

  • Leandro dijo:

    Magníficas reflexiones, al igual que las muchas otras a que nos tiene acostumbrado este eminente periodista.
    Por supuesto que Ronquillo hace un análisis integral; yo solo quiero referirme a aspectos internos de nuestro país que no dejan de preocuparme y lo haré mediante citas y que cada cual saque sus propias conclusiones como diría Taladrid.
    Dice Ronquillo:
    “…lo inteligente y adecuado es el análisis y la búsqueda desapasionada de causas y consecuencias de fondo.”
    Por su parte, ese extraordinario Doctor en Ciencias Montero Cabrera, expresaba: “La correcta exposición pública actual de las ilegalidades que todos sospechábamos que existían en infinidad de relaciones comerciales informales o no tan formales nos estremece…esa obtención ilegal de recursos es… solo un eslabón de una cadena de corrupción que comienza en otras instancias, siempre relacionadas con el estado. Sería muy saludable exponer la cadena completa y no solo una parte de ella a la opinión pública… la magnitud de los hechos demuestra que esas actividades cumplen, o cumplían un papel nada despreciable en la vida económica real del país: la que viven las personas y sus necesidades, no necesariamente las de un plan elaborado en una oficina… El estado cubano estaba ajeno a esa transacción porque el sistema legal regulatorio de la economía la niega, o la ignora, o no tiene forma de tenerla en cuenta. ¿Debe o puede un sistema económico justo negar o ignorar por ley una necesidad?... Si esas personas encausadas por actividades económicas hasta ahora ilícitas afrontaban los riesgos de violar o ignorar la ley era porque hay demandas de la sociedad que no están siendo satisfechas por el entramado regulatorio de lo que hoy oferta el sistema económico cubano. Eso les compensaba el riesgo hasta para corromper a los encargados de velar por los bienes de sus entidades públicas…Una sociedad socialista que aspire a ser próspera y sostenible no se puede dar el lujo de ignorar los requerimientos de todas las personas, sean de la índole que sean. Hay que cambiar lo que debe ser cambiado y hacer leyes revolucionarias, aunque no estén de acuerdo con dogmas preestablecidos…”
    Hace poco otro eminente comentarista, el Profesor del Prado se refería a la corrupción y citaba ideas expresadas por Ché Guevara y Carlos Rafael Rodríguez y concluía con una fenomenal frase de tantas fenomenales de Martí: “En prever está todo el arte de salvar”.

  • Zugor Seg. dijo:

    …1º- …no fue ‘un joven cubano’, fue un delincuente en toda regla...
    2º…totalmente cierto y compartido por quienes se sientan revolucionarios cubanos, y cubanos de bien, que deslizarnos por el «estilo de guapetón de esquina…matones de turno…de …guardias rurales, …machetazo sobre una mesa…y algún que otro latigazo», es un extremo sobradamente peligroso, conducente a violencia y atropellos, con las consecuencias que Ud. describe.
    3ª …pero también es cierto y compartido, que continuar en el otro vago, precario, y eventual desfiladero en el cual estamos metidos ahora, de excesivos (y casi exclusivos) llamados a la conciencia, exhortaciones y convocatorias a denuncias y enfrentamiento de las acciones delictivas por la población (entendido por esto, que los ciudadanos sean los que reprendan, regañen, amonesten a los delincuentes) en el otro extremo de la cuerda, innegablemente tensa la situación por demás.
    Hay que tomar el balance adecuado, de enfrentamiento social (repudio, rechazo, desprecio, denuncia, no más) de la ciudadanía, con el respaldo legal necesario para nuestra PNR, cuerpo encargado de la prevención, neutralización y esclarecimiento de las actividades delictivas de carácter común; la vigilancia del cumplimiento de las leyes y regulaciones del tránsito y la preservación del orden público y la seguridad ciudadana. El marco sancionador actual, es obvio que no conmina ni compele como es requerido, según las amenazas actuales, al cumplimiento de las normas sociales y legales.
    Parte de ese balance, la prevención, aunque no sea grato a oídos y mentes de ‘algunos’, solo se logra con la violencia revolucionaria ¡cuando se requiere!, cuando los delincuentes envalentonados por la blandura de las sanciones actuales, sacan sus cálculos (y no hay dudas de que los sacan, no en balde la gran mayoría de los casos mostrados por el NTV son reincidentes y multireincidentes), llegando a extremos como el brutal atentado y asesinato de ciudadanos (porque amen de ello, son personas iguales a todos, con familias, amistades, vidas) que se dedican a la ingrata y sacrificada tarea de mantener el orden en las calles y sobre quienes están todos los ojos y señalamientos, muchos de estos, ¡inmerecidos¡
    La conciencia social, la ciudadana, la política, la que sea, ¡bienvenida!, pero …’a dios rogando Y CON EL MAZO DANDO!!!, a la violencia delictiva, a la contrarrevolucionaria, ¡LA VIOLENCIA REVOLUCIONARIA!!!

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Ricardo Ronquillo

Ricardo Ronquillo

Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba. Premio Juan Gualberto Gómez. Fue subdirector editoral y columnista de Juventud Rebelde.

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