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Sumario de quimeras y realidades

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Control de temperatura en el aeropuerto de Tokio. Foto: Getty Images.

Si el epidemiólogo chino Zhong Nanshan tiene razón, la cifra de contagiados, enfermos y fallecidos por el COVID-19, ascenderá durante el próximo trimestre antes de ir desapareciendo. El destacado científico ubica a junio como el mes para el cese de la pandemia que, hasta los primeros 10 días de marzo, acumulaba 110 000 personas infectadas en 101 países.

Las circunstancias en cada sitio han estado variando. Cuando en la China continental decrece la cifra diaria de afectaciones, al punto de que 14 hospitales transitoriamente dedicados a pacientes con esta enfermedad ya cerraron. Italia, al contrario, parece inmersa en la fase más perniciosa, con 9 172 casos diagnosticados, 7 985 de ellos en estado mórbido, 463 fallecidos y 724 fuera de peligro.

El escenario nacional italiano es muy serio. Las autoridades habían decretado el cierre de la zona norte (Lombardía y otras 14 provincias donde se concentraba el mayor número de casos), pero poco después tuvieron que extender las cautelas hacia el resto de la península; mientras se daban situaciones incómodas como la sublevación de presos en 27 cárceles, exigiendo amnistía o condiciones no siempre practicables.

El trance provocó que algunos políticos propusieran transmutar las penas con arresto domiciliario para quienes hubieren concluido la mayor parte de su condena, como fórmula para aliviar la concentración de personas en espacios reducidos, una de los contextos a evitar.

En otro ámbito, se están suspendiendo eventos culturales o deportivos en Alemania, España y la propia Italia, y aumentan los controles fronterizos en toda Europa dado que muchos ciudadanos viven en un sitio pero trabajan en estados vecinos o no avistan los riesgos y siguen moviéndose sin el debido cuidado.

En Alemania, fueron confirmados más de mil contagios y ya aparecen las primeras víctimas mortales, dando pie a la cancelación de grandes certámenes (Feria Internacional de Turismo de Berlín o la Feria del Libro de Leipzig).

Además, el gobierno germano, anticipándose a las resultantes económicas que debe traer este drama de alcance mundial, ligado a otros lances desfavorables, decretó medidas compensatorias para evitar despidos masivos en los sectores productivos o de servicios.

Según crecen los temores a una nueva recesión, lo mismo en Berlín que en Paris o Roma, comienzan a buscarle amortiguadores a las indudables sacudidas.

No todo queda en manos de cada sitio o de las precauciones potenciales. La determinación de Arabia Saudita de bajar el precio del petróleo y aumentar la producción del crudo, a despecho de distintos miembros de la OPEP y, en particular, de Rusia, cuando la demanda decreció de modo trascendental debido al COVID-19, se presume algo dañino para la economía planetaria, de por sí lastimada y en veremos, con riesgos incrementados por la extensión de la epidemia y las regulaciones para combatirla.

El aterrizaje forzoso de las bolsas de valores desde Asia hasta Norteamérica, en un lunes negro capaz de repetirse un miércoles o un viernes de cualquier color, certifica las debilidades y peligros asomando cara para perjuicio de lo humano y en lo económico.

Exponente de la gravedad progresiva se evidencia en lo decretado por el gobierno italiano, con el cierre de escuelas y sitios públicos, desde museos a gimnasios, con toda la gran lista de ámbitos concernidos en medio. El territorio trasalpino aplica medidas tan drásticas como las asumidas por China, gracias a lo cual se contuvo en un espacio delimitado del gigante asiático la expansión del problema sanitario.

Providencias similares se están incrementado. En España se apresta un plan general y, en tanto, la comunidad de Madrid (lo mismo en el País Vasco) ya ordenó el cierre de los colegios y recomiendan instaurar el teletrabajo en todas las esferas posibles, cuando los registros indican más de 1 200 contagiados y 28 fallecimientos.

El gobierno francés, por su lado, procede también a ponerle freno a la enfermedad en un momento en el cual se han triplicado los casos en lapsos tan pequeños como 24 horas, indicando una fase perniciosa particular con 1 412 casos de infección. Ello ha motivado que en toda Francia, incluyendo los territorios ultramarinos, se estén cancelando espectáculos de toda índole, y las guarderías y escuelas hayan cesado quehaceres al menos en los principales focos de la epidemia.

Según el ministro francés de Economía y Finanzas, Bruno Le Maire, “el impacto será severo sobre el crecimiento francés en 2020, de varias décimas de PIB. El presidente Enmanuel Macron, también advierte sobre un aumento de los casos y, al mismo tiempo, instó a la Unión Europea a que adopte políticas conjuntas ahora y posteriormente: “una serie de medidas fiscales y presupuestarias que permitan definir un plan de impulso económico coordinado y masivo que nos permita volver a poner en marcha la maquinaria económica el día después de la crisis”.

En Bruselas se cocinaba algo de ese tipo materializado en una videoconferencia promovida por el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, con los jefes de Estado o de Gobierno de la UE, teniendo como tema único la emergencia sanitaria.

Sin embargo, mientras los fallecidos en China eran 3 119, (de 80 735 infectados) y la cifra de afectados se mantiene a la baja, en Estados Unidos no se emprendieron cautelas suficientes, señalan expertos, cuando, pese a la percepción del gobierno Trump, las autoridades sanitarias norteamericanas reconocen que buena parte de la población del país está expuesta al coronavirus en este momento e incluso en los próximos meses.

El gobierno estadounidense pareciera más interesado en el curso de otras incidencias. El descenso en el valor y equivalencia de las monedas de casi toda Latinoamérica (Colombia, Chile, Brasil, México, Uruguay) o el crecimiento del riesgo país para Argentina, debido al brusco descenso del petróleo, se sumaba a la urgencia sanitaria para un doble efecto en negativo. Una “combinación tóxica” no vivida desde 1930, capaz de provocar pésimas circunstancias.

Para quienes encabezan a EE.UU., es más importante comprobar en los hechos si sus exportaciones petroleras se mantienen indemnes o descienden tras el bajón en los precios del crudo que hacen más costosas las de por sí caras producciones a partir del esquisto que ellos dominan. Siempre, deben suponer, les queda el recurso de convencer a sus aliados sauditas para frenar descalabros, pero de eso, tanto como de la evolución del contagio, tratamiento o cura de la extendida enfermedad, nada es simple ni está garantizado.

Sería preferible la sana prudencia y no la ciega osadía que más de una vez ha desazonado a los obcecados y a los prepotentes.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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