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Destino alarmante

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Estados Unidos suspende los aranceles contra China. Foto: Reuters.

La primera víctima provocada por las tensiones comerciales de la actualidad, es la confianza. Ella, —la confianza digo— nunca fue plena, pero existía gracias a unas pocas e insuficientes reglas. Ha sido suficiente un hereje egocéntrico para descalabrar el orden que tanto debate implicó durante decenios. Síntomas inquietantes hubo, pero el bombazo que dejó caer Donald Trump en marzo, aumentó de modo alarmante el nerviosismo generalizado.

Ese tercer mes del 2018 fue elegido por el presidente norteamericano para anunciar la imposición de aranceles al acero importado (del 25%)  y al aluminio, (10%). Pese a que de momento no aplicó la medida  a sus afines en varios continentes, quedaba claro: uno, que pretendía afectar sobre todo a China; dos, la indulgencia con respecto a los demás, solo tiene carácter transitorio.

Un segundo gran ataque ocurre a inicios de mayo cuando Washington sale del Tratado nuclear con Irán, dejando malparados  a sus socios occidentales con esa medida, y materializando amagos previos de una desvergonzada unilateralidad. Entre las dos decisiones, el mandatario estadounidense  dispone, asimismo, la implementación de aranceles a mil 300 productos chinos por valor de 50 mil millones de dólares. Beijing hizo buenas sus advertencias y contraataca con impuestos en el mismo monto para 106 géneros estadounidenses.

En paralelo, las dos partes mantuvieron negociaciones concluidas con un acuerdo —mejor parece una especie de tregua— entre el gigante asiático y su agresiva contraparte. Sin embargo, se sabe que ese arreglo puede ser pasajero.

Anuncios sobre otras medidas proteccionistas norteamericanas dirigidas a la importación de autos procedentes del Viejo Continente, fueron examinados por el Instituto de Viena para Estudios de Economía Internacional Comparada (WIIW), revelando que afectará tanto a los fabricantes de autos (Alemania, Italia, Reino Unido, Suecia) como a las empresas de suministros para esa industria (Austria, Eslovaquia, Hungría, España, República Checa, entre otros).

Para los expertos de ese  instituto está claro que “el regreso a una política comercial basada en reglamentos evitaría el creciente proteccionismo y el aumento de la inseguridad”. “No obstante, el WIIW es escéptico. No cree que ello sea posible con el actual Gobierno de Estados Unidos”. Así se afirma en nota emitida por esa institución, publicada en varios medios germanos, sugiriendo los motivos para la rápida movilización de los principales jefes de estado europeos, primero a tantear a Trump, después en visitas a China y Rusia.

Una vez lanzado, Trump peca en cortísimo lapso, de excederse a la hora de amedrentar buscando ventajas. Amenaza por partida doble a Berlín y Moscú —otro ejemplo de los alcances de la política emprendida por el magnate—  con respecto al gasoducto North Stream 2, todavía en construcción pero destinado, como su antecesor, al traslado de gas natural a través del mar Báltico. Trump pretende paralizar  esas obras y con su usual falta de tacto atosiga a los europeos para que compren el gas estadounidense más caro e incierto. Rusia ha dicho que si bien no desea confrontaciones con Washington, defenderá sus derechos también en esa esfera.

En el reciente Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Vladimir Putin abordó estas incidencias, declarándose en favor de no interponer obstáculos en el comercio y la cooperación entre países. Ante invitados como el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el primer ministro de Japón, Schinzo Abe; el vicepresidente de China, Wang Qishan, y la directora gerente del FMI, Christine Lagarde,  se dijo contrario a las guerras comerciales, cualquiera sea su tamaño.

Poco antes, Ángela Merkel le había visitado, y también con los asuntos comerciales en cartera, la canciller continuó viaje a Beijing. Contrastando con el casi despectivo recibimiento que le hicieran en la Casa Blanca, tanto en Rusia como en China, fue acogida con respeto e interés. Por eso algunos comentaristas consideraron que “gracias a las políticas erráticas de Trump, Alemania se está acercando a China”.

La Canciller alemana, sin embargo y no menos trascendente, ya había establecido con Putin en Sochi, el enfoque compartido con Moscú de rechazo a la decisión de EE. UU., por el abandono del Acuerdo 6+1 con Teherán. Otro acto unilateral del jefe de estado norteamericano sobre el que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, opinó: “Con estos amigos no se necesita enemigos”. De ahí la visita también de Emmanuel Macron, buscando negociar con su homólogo ruso fórmulas de rescate para el acuerdo con Irán. El mandatario galo tuvo encaminado  escenario para reiterar que la Unión Europea protegerá a sus empresas que han invertido en el país persa.

Está en lo pendiente, desde luego, comprobar  si el sentido pragmático de estos anuncios prevalece por encima del habitual acatamiento a los designios del socio trasatlántico desde donde proviene tan escasa evidencia de lealtad recíproca. Por ahora, los miembros del Pacto Comunitario, mantienen las sanciones decretadas por Washington contra Rusia. Putin se refirió a ello recordando que los intercambios con la UE tuvieron un pico de 450 000 millones de dólares, pero se redujeron a la mitad en los últimos años.

Rusia y China están  probando ser más fiables, algo a considerar en este instante cuando la infracción de las reglas se convierte en norma y de cara a los anunciados riesgos de una probable crisis económica, cuando varios expertos aseguran será peor que la iniciada en el 2008, aún vigente.

Las distorsiones promovidas por la administración Trump son temibles. Colocar como temas de seguridad nacional  a los negocios y darle al déficit comercial perfil  netamente externo, sin análisis interior, no es objetivo pero sí muy perturbador. La Unión Europea ha dicho que no negociará bajo amenazas. Teme que sea anulada la Organización Mundial del Comercio con las pautas que reglamentan lo legítimo de lo fraudulento en este tipo de vínculos y aporta un ámbito para solucionar las diferencias.

La OMC, por demás,  tal cual otros foros internacionales, es perfectible. No será destruyéndolos que se alcancen mejores instituciones.

Otro ítem pendiente es llegar al fondo de  los propósitos de Trump, pues lo mismo puede estar enfrascado en una puja basada en códigos elementales de mercadeo, que aplicando también la misma fórmula a delicados y transcendentales asuntos de alcance planetario. A esto último unos le llaman política de la humillación, otros la califican de estrategia unilateral agresiva o grosero chantajismo. Por como conduce lo uno y lo otro Donald Trump es capaz de sumergir al mundo en una crisis absoluta.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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