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El costillar de Rocinante

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Miguel de Cervantes. Foto: Archivo

No fue un hombre de éxito. Herido en Lepanto, conoció los padecimientos de los galeotes. De regreso a España, sufrió miseria y alguna incursión en la cárcel. No alcanzó el favor de los poderosos, que benefició a algunos de sus contemporáneos, también gigantes literarios en aquellos deslumbrantes siglos de oro de la creación peninsular, como sucedió con el pródigo Fénix de los ingenios, el dramaturgo Lope de Vega. Y, sin embargo, el idioma hablado en la actualidad por millones de habitantes del planeta recibe el apelativo de lengua de Cervantes, porque su criatura mayor, Don Quijote, echó a andar un día sobre el lomo de Rocinante junto a su fiel y rústico escudero Sancho Panza. A través del Atlántico llegó de contrabando a las recién conquistadas tierras de América.

Sorprende la extensa difusión de la obra desde fecha temprana, cuando las embarcaciones se movían impulsadas por velas, sujetas al capricho de los vientos. Cabalgando sobre Rocinante, Don Quijote ha cruzado el espacio y el tiempo. Novela de aventuras llena de peripecias, parodia de las historias de caballería, mantiene una singular modernidad. Las empresas nacidas de la aparente locura del protagonista inspiran la risa del lector, movido a la vez por una creciente simpatía. Muchos especialistas han observado la progresiva quijotización del escudero Sancho. En verdad, el rudo y realista aldeano no es contrapartida del hidalgo empobrecido. Uno y otro se complementan, como sueño y conocimiento de la realidad conviven en cada uno de nosotros.

Sobre el paisaje de una España empobrecida, aunque dueña de un extenso imperio donde no se ponía el sol, intolerante con los mozárabes crecidos en ella durante generaciones, sometida a la insolencia de los poderosos, se levanta el perfil justiciero del Quijote. A su lado, el rudo escudero se convierte en Sancho amigo, capaz de impartir justicia de raigambre humana y popular mientras permanece en la ficticia gobernación de la ínsula Barataria. A lo largo de la aventura, en diálogo permanente, se entrecruzan el idioma cultivado del hidalgo y el habla refranera de su acompañante. La lengua de Castilla despliega toda su riqueza expresiva.

Ilustración: Pedro Moreno

Por tradición establecida, de año en año, entre el griterío de los niños, depositamos flores y pronunciamos algunas palabras ante la estatua que evoca la memoria de Miguel de Cervantes en el habanero parque de San Juan de Dios. Es el 23 de abril, Día del idioma, ese indispensable medio de comunicación y conocimiento. Horneado durante siglos, en prolongada cocción de historia y cultura integró fuentes de origen diverso. Sobre la espina dorsal procedente del latín, dejó su huella la presencia secular de los árabes en España. En el cruce del Atlántico hacia la conquista y colonización de América, se hicieron palpables cadencias andaluzas y canarias. Del lado de acá, el contacto con los pueblos originarios y los migrantes voluntarios o traídos por la fuerza siguió acrecentando el caudal.

Sin renunciar a las esencias del legado recibido, los escritores nacidos en esta parte del planeta pegaron el oído a la tierra. Escucharon voces y melodías. Fijaron en la letra formas renovadoras. Enriquecieron así el poderoso torrente común. A pesar de la pequeñez de la Isla y de su tardía llegada a la independencia, Cuba no estuvo al margen de ese proceso.

Heredia anunció el arribo del Romanticismo con tonalidades, que mucho difería del que habría de desarrollarse en España. Precursor reconocido por Rubén Darío, Martí se situaba en el instante inaugural del Modernismo. Con su jolongo cargaría el Apóstol a la hora de emprender viaje hacia Playita de Cajobabo y dejar en su diario, impronta del breve tránsito hasta Dos Ríos, uno de los textos más extraordinarios escritos en nuestra lengua. Fiesta innombrable y reconocimiento de lo que somos, la palabra ha seguido haciéndose cuerpo, fijando matices y modulaciones en la obra de nuestros escritores. Es un tesoro que hemos contribuido a amasar en los trabajos y en los días, en el batallar por la defensa de nuestra soberanía. No podemos permitir que se nos empobrezca en el abandono a la ley del menor esfuerzo, reductora del léxico y la sintaxis en un habla que diluye poco a poco la articulación de las consonantes. El Día del idioma, homenaje a Cervantes, no puede limitarse a la celebración consuetudinaria de un acto formal. Debe convocar a una reflexión imprescindible.

Demasiado acomodado y apacible para mi gusto, persiste en mi memoria la imagen sedente de Cervantes en el parque San Juan de Dios, sitio que daba nombre al barrio de mi infancia. Prefiero a su criatura, el andariego hidalgo sobre el costillar de Rocinante, tal y como la evocara el Che en su carta de despedida. Ahí está, en otro lugar de La Habana, el parque del Quijote, porque al hidalgo manchego, adarga en ristre, le queda camino por andar con muchos entuertos por desfacer.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 4 comentarios



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  • Leandro dijo:

    Pineso que muchos son los Quijote y los Sancho que han desandado nuestro país, a los cuáles hay que rendirles merecido reconocimiento; ellos han sido y son la vanguardia de la Cuba rebelde que que llega hasta nuestros días con sus aciertos y desaciertos; con sus luces y sus sombras; con más luces que sombras, aunque los desagradecidos y los mal intencionados solo vean, magnifiquen y en ocasiones inventen, estas últimas.
    Mención aparte merece el idioma de Cervantes, cuyo empleo en Cuba por los ciudadanos no alcanza los altos niveles de instrucción logrados por nuestro pueblo; sin embargo reconforta la comprensión que hay en la ciudadanía de la necesidad de fortalecer su dominio, lo cual se manifestó recientemente mediamnte la oposición generalizada en este propio sitio a la decisión de eliminar el español de las pruebas de ingresos de los IPVCE. Espero que los directivos del MINED respeten la opinión del pueblo.

    • Salvatore de Monferrato dijo:

      Parece que usted no aprovechó mucho la instrucción en el idioma.

  • Roberto dijo:

    ¡Qué hermosa pieza en defensa del idioma! “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, escribió en el siglo XVII Baltasar Gracián y este artículo es una muestra excepcional de síntesis para abordar un tema de tanta seriedad y actualidad. ¿Qué dicen ahora quienes decidieron sacar el Español de las asignaturas para examinar en los exámenes de ingreso a carreras universitarias?. ¡Que lean a la doctora Pogolotti, se averguencen, rectifiquen y pidan disculpas públicas!

    • Sergio dijo:

      Oiga, no es para ingresar a carreras universitarias, sino para entrar a los IPVCE, no comencemos a tergiversar las cosas.

      Saludos,

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

Crítica de arte, ensayista e intelectual cubana. Premio Nacional de Literatura (2005). Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y presidenta de la Fundación Alejo Carpentier.

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