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Cuba y México: Breve reseña histórica y cultural

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Spiderman bandera cubana confundida con la de Puerto Rico - copia

(Ponencia presentada en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo en la Ciudad de México, el 11 de noviembre del 2017, en ocasión de la clausura de la Jornada por la Cultura Cubana, organizada por la Embajada de Cuba).

En ocasión de clausurar hoy la Jornada por la Cultura Cubana en México, deseo compartir con ustedes algunas reflexiones como breve reseña y acercamiento al tema.

Entendemos por cultura, de manera muy general, al conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan a una sociedad o grupo social en un período determinado. Se trata de un concepto muy amplio que encierra el modo de vida, las manifestaciones del arte, los sistemas de valores en los que creemos y por los que guiamos nuestro quehacer diario, la percepción que tenemos sobre los derechos humanos, las tradiciones, las creencias, el desarrollo científico técnico y económico social, etc [i].

En todos esos aspectos Cuba tiene una marcada peculiaridad. Es un caso singular en América Latina, como también lo es Puerto Rico. No es casualidad que con la Batalla de Ayacucho, en 1824, se haya puesto fin al domino colonial español en este continente menos en Cuba y Puerto Rico, que comenzaron a luchar por su independencia de España más de 40 años después, en 1868. Se han preguntado ustedes por qué?

¿Se han preguntado ustedes por qué las banderas de Cuba y Puerto Rico son tan similares? ¿O por qué, a pesar de la fuerza que va ganando el balompié, para decirlo en buen cubano, sigue siendo la pelota, también en buen cubano, nuestro deporte nacional?

Hay que recordar que, a diferencia de lo que aconteció en otros países de nuestra región, la población aborigen cubana fue exterminada casi por completo en 30 años, después del “descubrimiento” y el inicio de la conquista de la isla. Pensaban los colonizadores que en Cuba también había oro y plata en grandes cantidades, como sí ocurría en otros de los países “descubiertos”; y obligaron a los aborígenes de Cuba a trabajar duramente en las minas lo que, junto a las enfermedades que trajeron los conquistadores, contribuyó a su desaparición casi total.

Se introdujo la caña de azúcar y la mano de obra esclava africana, lo que conformó el modo de producción cubano de los primeros siglos después del “descubrimiento”. Esos hombres y mujeres desarraigados del lugar donde nacieron constituyeron un elemento fundamental en la conformación de la cultura cubana.

Son varios los factores que explican la demora del inicio de la lucha de los cubanos por su independencia. Me voy a referir  solamente a dos de ellos, que considero fundamentales: el temor de los dueños de ingenios productores de azúcar a una rebelión de los esclavos, como había sucedido en la vecina isla de Haití con la revolución que tuvo lugar en ese país entre 1791 y 1804; y los apetitos anexionista de Estados Unidos, pues recuerden que todo el Sur de ese país era esclavista hasta la guerra de secesión; y esas fuerzas querían anexarse a Cuba y Puerto Rico para tener dos votos más en el Congreso de la Unión.

Ahí está la raíz del dilema de Cuba: independencia o anexión a los Estados Unidos. Ese es el dilema de los cubanos, incluso antes de que cuajara nuestra nacionalidad. Es un dilema que nos ha marcado en todos los aspectos de la cultura; y que nuestro pueblo resolvió definitivamente el primero de enero de 1959.

Para los cubanos, como señalara la destacada intelectual Graciela Pogolotti, “forjados en un largo batallar contra el coloniaje, cultura y nación andan juntas. Acción y pensamiento se alimentan mutuamente en el proceso de pensar y hacer un país en tierra de huracanes, siempre amenazada, tanto por la furia combinada de los vientos y los mares como por el apetito rapaz de quienes, nunca resignados, han intentado, una y otra vez, apoderarse  de la Isla.” [ii]

Eso está en la raíz de la cultura cubana. Ha sido fundamental en la toma de conciencia de nuestro pueblo, en su espíritu de resistencia, en la manera como defendemos los principios de independencia, soberanía y no intervención; en la defensa de nuestra Revolución.

Todo esto ha ido acompañado durante siglos, por ese proceso que Don Fernando Ortiz llamó transculturación, y que incluye al indio, al africano y al español; pero que también tiene algo de asiático y de las culturas de otras regiones.

Fueron, sin embargo, las tres primeras; y principalmente la segunda y la tercera, es decir, la africana y la española, las que dejaron la huella más profunda en la cultura cubana. Ellas están presentes en todas las manifestaciones del arte cubano.

De manera que ese dilema histórico de independencia o anexión al que me refería; y esas raíces culturales que he señalado, es lo que hizo posible que ya en el siglo XVIII se hubiera desarrollado en Cuba un sentido de pertenencia muy fuerte, el del criollo.

Fue producto de un permanente proceso de transculturación, donde todo se fue imbricando para dar lugar a algo nuevo, lo propiamente cubano, una cultura diferente a la de sus raíces, pero conservando lo mejor y más significativo de ellas.

De esa manera se llegó al concepto “Patria”, que como señalara el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, “no es más que el conjunto de condiciones en que pueden vivir satisfechos el decoro y bienestar de los hijos de un país”.[iii] Por alcanzar ese ideal, por alcanzar esa Patria con independencia, soberanía y dignidad para todos, comenzó la guerra de independencia de Cuba en 1868, que consolidó el proceso de formación de la nacionalidad cubana. Esa lucha se extendió durante varias etapas hasta el triunfo definitivo el primero de enero de 1959.

En sus primeras etapas, los cubanos lucharon heroicamente durante 30 años por la independencia. Esa lucha fue truncada en 1898 por la intervención de los Estados Unidos en la guerra, la ocupación militar de nuestro país hasta 1902, y la imposición de la Enmienda Platt. Pasamos de colonia de España a semicolonia de Estados Unidos, que inauguró así en Cuba el neocolonialismo y el establecimiento de bases militares en el exterior.

En todo este período hubo una fuerte interrelación entre Cuba y México. Tenemos profundas raíces culturales, en toda la extensión que la palabra cultura encierra. Los investigadores han señalado que algunos de los Virreyes de la Nueva España se desempeñaron primero como Capitanes Generales en la isla de Cuba; y resulta interesante constatar que uno de los Virreyes novohispanos, el segundo Conde de Revillagigedo, nació en Cuba.

El eclesiástico mexicano Francisco Javier Alegre enseñó retórica y filosofía en el colegio de los jesuitas en La Habana entre 1755 y 1762; y el cubano José Martín Félix de Arrate, uno de nuestros primeros historiadores, estudió leyes en el colegio mexicano de San Ramón Nonato. Cuando a partir de 1778 se promulga en España el reglamento para el libre comercio con las colonias, como parte de las reformas borbónicas, el tráfico marítimo entre Veracruz y La Habana se incrementó considerablemente; y junto a los productos de carácter comercial, hubo también un intenso flujo cultural y educativo.

México dio abrigo y amparo a los patriotas cubanos que luchaban desde el Siglo XIX por resolver nuestro dilema histórico, en favor de la independencia. Es preciso mencionar al poeta José María Heredia quien vivió, trabajó, enseñó, escribió e hizo política en México. Cómo no recordar su poema “En el Teocalli de Cholula”?

No había cumplido aún los 17 años de edad; y desde lo alto de la Pirámide, se inspiró con la maravillosa vista que tenía ante sus ojos, “bella la tierra que habitaban los aztecas valientes” escribió; y concibió una obra que, si bien no tan conocida como la Oda al Niágara, compite con ella en belleza y, si hurgamos, le encontramos gran actualidad.

“Todo perece por ley universal, aun este mundo tan bello y tan brillante que habitamos, es el cadáver pálido y deforme de otro mundo que fue”, se lee en el poema. Y así ocurrirá, más temprano que tarde, con el imperio que pretende dominarnos y con las ideas imperiales que se empeñan en imponernos un pensamiento único, en levantar muros, en agredir a los que se le enfrentan, y en mantener criminales bloqueos. Porque estamos convencidos de que un mundo mejor es posible; y luchamos por él. Es algo intrínseco a la cultura cubana.

Y así como Heredia vino a México muy joven; muy joven vino también el más universal de todos los cubanos, nuestro Héroe Nacional, José Martí. A México vino, en sus empeños libertarios. En México trabajó, amó, escribió, luchó. Como señalara Herrera Franyutti, defendió a México como un mexicano más; y muy importante, desde aquí vislumbró los peligros que acechaban a Nuestra América desde el Norte y nos alertó sobre ellos.

Hizo amistad intensa con grandes exponentes de la cultura mexicana. Fue amigo del pintor Manuel Ocaranza, algunas de cuyas obras se conservan en Cuba.

A Manuel Mercado, a quien llamó su hermano queridísimo, escribió esa conocida carta de tanta actualidad, donde expresó con claridad meridiana que todo lo que había hecho hasta ese momento era para impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extendieran por las Antillas los Estados Unidos y cayeran con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América.

Secretario privado y yerno de Benito Juárez, Benemérito de las Américas, fue otro representante de la cultura cubana, el poeta Pedro Santacilia. Desde muy joven se vinculó a las conspiraciones contra el colonialismo español. Por eso fue desterrado. Se estableció definitivamente en México, donde en siete ocasiones fue elegido Diputado al Congreso. Muy significativo resultó el hecho de que ya anciano, cuando Cuba accede a la “independencia”, fue el primero en inscribirse en la oficina consular de Cuba en México, para dejar constancia expresa de su ciudadanía.

A México vino también a hacer revolución y luchar por la dignidad de los cubanos el joven antimperialista Julio Antonio Mella. Hasta aquí lo persiguió la saña del dictador para asesinarlo en 1929, cuando solo tenía 25 años. Fue alumno del poeta mexicano Salvador Diaz Mirón, quien también tuvo de discípulo a otro gran intelectual cubano, Alejo Carpentier.

“Muero por la Revolución”, fueron las últimas palabras de Mella al caer asesinado; y qué significación tiene pronunciar esas palabras en México, donde había tenido lugar una Revolución de la magnitud de la mexicana, acontecimiento cultural cimero en los inicios del Siglo XX latinoamericano y caribeño. En la esquina donde lo asesinaron esta la pequeña tarja que lo recuerda y a donde los cubanos vamos a rendirle merecido tributo.

En México estuvo varias veces el Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén; la primera en 1937, para participar en el Congreso de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México. En este país publicó dos de sus principales trabajos y conoció a intelectuales de la talla de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Silvestre Revueltas, entre otros con quienes trabó una gran amistad.

El Muralismo mexicano tuvo influencia en la pintura cubana; como también influyeron en nuestra literatura escritores de la estatura intelectual de Juan Jose Arreola y Juan Rulfo.

A México vinieron también excelentes exponentes de la música cubana como Dámaso Pérez Prado, cuyo centenario celebramos este año; Bola de Nieve, Beny Moré y Jose Antonio Méndez, entre otros que dejaron profundas huellas en la tradición musical mexicana. Y en Cuba vivió entre 1915 y 1917, Manuel María Ponce, uno de los creadores del nacionalismo musical mexicano, quien bebió de nuestras tradiciones y compuso la Suite Cubana, de gran belleza y amplia difusión.

También hubo un significativo intercambio cultural entre México y Cuba en otras manifestaciones del arte, como el cine y el teatro. Nombres como Pedro Infante, Jorge Negrete y Pedro Vargas, entre otros, están presentes en el imaginario de nuestro pueblo.

Fidel Castro, el más avanzado discípulo de José Martí, vino a México junto a sus compañeros de la Generación del Centenario para preparar la expedición del Yate Granma. Al México que había acogido en su seno a todos los cubanos que vinieron a luchar por la independencia, la soberanía y la dignidad de nuestro pueblo.

En la calle Emparan número 49, está la pequeña tarja que recuerda el encuentro por primera vez en 1955 entre los jóvenes revolucionarios Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara. Los dos se han ganado un lugar destacado entre los Héroes de nuestra América, inigualables defensores y promotores de una cultura de independencia, igualdad y fraternidad entre los pueblos.

El pueblo cubano no cejó en su lucha por alcanzar la independencia a lo largo de la primera mitad del Siglo XX. Así lo demuestran las acciones de Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Rubén Martinez Villena y muchos patriotas más, que ofrendaron sus vidas por la libertad de Cuba.

El asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953 por parte de un grupo de jóvenes liderados por Fidel Castro, fue el acto heroico que dio inicio a la última etapa de la lucha armada. Después vendrían la expedición del yate GRANMA que salió de Tuxpan, la lucha en la Sierra Maestra y el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.

A partir de ese momento se recuperó la soberanía nacional y la dignidad plena de los cubanos; se adoptaron las leyes revolucionarias; y se inició un proceso de desarrollo económico y social que nos lleva a proclamar con orgullo los logros alcanzados por Cuba en las últimas décadas, tanto en el plano nacional como internacional.

Es preciso recordar que en ocasión de la llamada Crisis de Octubre, hace ahora 55 años, poco después de haberse declarado la alarma de combate en nuestro país, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba estableció un mecanismo para poner a los escritores y artistas al servicio de la Patria, cuya independencia y soberanía se encontraba seriamente amenazada.[iv]

Es que como señalara el destacado historiador Eduardo Torres Cuevas, “historia y cultura participan de un mismo espacio que no se recrea en el pasado sino que forman parte de un presente en el cual constituyen parte de lo actual cotidiano, de la identidad, de la comprensión de lo que se es porque se sabe de dónde se viene y se encuentra el camino adónde ir.” [v]

Muchos mexicanos ilustres fueron a Cuba después del primero de enero de 1959 para trabajar y enseñar. Baste recordar al Doctor Enrique Cabrera, destacado en la cardiología. Uno de los hospitales de La Habana lleva su nombre. O a Alfonso Arau, destacado en las artes escénicas; o a la Doctora Thalía Harmony, destacada en la neurología; o a Rodolfo Reyes, destacado en la coreografía y la danza. La lista sería larga. Todos contribuyeron al desarrollo de Cuba en sus respectivas materias, dejaron sus huellas; y les estamos profundamente agradecidos.

Y esos logros de Cuba, que forman parte de nuestra cultura, se alcanzaron bajo la dirección del líder histórico de la Revolución cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Fidel nos enseñó que sin soberanía no puede haber cultura. Interpretó como nadie lo que aprendimos de Jose Martí, que “la madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la Republica y el remedio de sus vicios, es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura”.[vi]

El significado del Comandante en Jefe para el pueblo cubano se pone de manifiesto en el homenaje que se le rinde a diario, de forma permanente. Por su propia decisión, no habrá una estatua en Cuba con su imagen; ni ninguna instalación o calle cubana llevará su nombre.

El mejor homenaje que le rendimos es el de nuestra actuación diaria, fieles a sus ideales y continuadores de su ejemplo y su obra. Por eso, todos los cubanos decimos con convicción y determinación; conscientes de la responsabilidad que asumimos: “Yo soy Fidel”.

[i] Para más detalles ver ECURED

[ii] Graziela Pogolotti, En la Jornada de la Cultura Cubana, Granma, 15 de octubre del 2017

[iii] Los Sucesos del Cayo, www.josemarti.cu

[iv] Eugenio Suarez Pérez, El Arte y la Cultura en Defensa de la Patria. GRANMA, 25 y 26 de octubre del 2017

[v] Eduardo Torres Cuevas, Espada y Escudo de la Nación Cubana, CUBADEBATE, 20 de octubre del 2017

[vi] Jose Martí, Cartas de Nueva York, Tilden, Obras Completas, Tomo 13, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

Se han publicado 4 comentarios



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  • Prof. Luis Matos dijo:

    La solidaridad con todos los pueblos del mundo es un sentimiento humano muy noble, aunque es lógico que una persona pueda sentir más afinidad por aquellos que, por diferentes razones, sienta más cercanos. Yo, por ejemplo, siento admiración por el pueblo mexicano desde mi infancia, pues siempre me han gustado las canciones rancheras. Luego conocí a muchos mexicanos y su forma de ser no difiere, en muchos aspectos, de la nuestra. Este pueblo me ha sido fuente de inspiración en componer letras para canciones rancheras y boleros.
    Durante el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, uno de los integrantes del Mariachi de Guadalajara me dijo: México y Cuba son trozos de la misma tabla. Luego compuse los siguients versos:

    Trozos de la misma tabla

    México y Cuba son
    trozos de la misma tabla:
    bailan la misma rumba
    y el mismo idioma se habla.

    La ranchera mexicana
    en Cuba se canta bien,
    y el son de mi tierra brava
    se oye en México también

    Los cubanos se enamoran
    de las lindas mexicanas,
    y en México gustan mucho
    de las mujeres cubanas.

    Si en México estoy presente
    cantando a la juventud,
    al tomarme un buen Tequila
    añoro mi Habana Club.

    Cuando en mi Cuba estoy
    entre las palmas del llano,
    añoro la tierra azteca,
    tierra de un pueblo hermano.

    Trozos de la misma tabla,
    México y Cuba son:
    los dos pueblos bailan juntos
    este ritmo sabrosón.

    • roberto dijo:

      La idiosincrasia de los cubanos nos lleva a socializar y establecer vínculos fraternos con todos los pueblos del mundo; pero cuando se trata específicamente del pueblo Mexicano, la simpatía nace de manera espontánea. Cuando arribas a suelo Mexicano, sientes como el respeto y la admiración por la patria de Martí y de Fidel, se expresan de inmediato luego una simple pregunta: ¿Eres cubano?… tras la repuesta afirmativa, comienzan a fluir las anécdotas y la descripción casi exacta de sitios de mi Cuba, aún, cuando nunca han pisado nuestra Isla, lo que no importa mucho, pues la saben cerca y la sienten suya.
      Como usted bien refleja, son incontables los ejemplos de solidaridad, fraternidad y hermandad entre nuestros pueblos y es muy estimulante saber que los intercambios culturales se continúan afianzando y expandiéndose, lo que indudablemente contribuye a estrechar aún más nuestros- cada vez más fuertes- lazos de amistad.
      Estimado Pedro, soy de los artistas cubanos que el pasado 28 de Enero expusimos nuestra obra en el Centro Cultural José Martí de CDMX y que fue inaugurada por usted, el Sr. Eduardo Vázquez y el querido Antonio del Conde, a quien nuestro Comandante en jefe Fidel, apodara cariñosamente como “el cuate”. Reciba asimismo nuestro saludo afectuoso y hágalo extensivo a todos los cubanos que prestan sus servicios en nuestra misión diplomática.
      rfmacbeath@gmail.com

  • Roberto dijo:

    La idiosincrasia de los cubanos nos lleva a socializar y establecer vínculos fraternos con todos los pueblos del mundo; pero cuando se trata específicamente del pueblo Mexicano, la simpatía nace de manera espontánea. Cuando arribas a suelo Mexicano, sientes como el respeto y la admiración por la patria de Martí y de Fidel, se expresan de inmediato luego una simple pregunta: ¿Eres cubano?… tras la repuesta afirmativa, comienzan a fluir las anécdotas y la descripción casi exacta de sitios de mi Cuba, aún, cuando nunca han pisado nuestra Isla, lo que no importa mucho, pues la saben cerca y la sienten suya. Como usted bien refleja, son incontables los ejemplos de solidaridad, fraternidad y hermandad entre nuestros pueblos y es muy estimulante saber que los intercambios culturales se continúan afianzando y expandiéndose, lo que indudablemente contribuye a estrechar aún más nuestros- cada vez más fuertes- lazos de amistad.
    Estimado Pedro, soy de los artistas cubanos que el pasado 28 de Enero expusimos nuestra obra en el Centro Cultural José Martí de CDMX y que fue inaugurada por usted, el Sr. Eduardo Vázquez y el querido Antonio del Conde, a quien nuestro Comandante en jefe Fidel, apodara cariñosamente como “el cuate”. Reciba asimismo nuestro saludo afectuoso y hágalo extensivo a todos los cubanos que prestan sus servicios en nuestra misión diplomática.
    rfmacbeath@gmail.com

    Como usted bien refleja, son incontables los ejemplos de solidaridad, fraternidad y hermandad entre nuestros pueblos y es muy estimulante saber que los intercambios culturales se continúan afianzando y expandiéndose, lo que indudablemente contribuye a estrechar aún más nuestros- cada vez más fuertes- lazos de amistad.
    Estimado Pedro, soy de los artistas cubanos que el pasado 28 de Enero expusimos nuestra obra en el Centro Cultural José Martí de CDMX y que fue inaugurada por usted, el Sr. Eduardo Vázquez y el querido Antonio del Conde, a quien nuestro Comandante en jefe Fidel, apodara cariñosamente como “el cuate”. Reciba asimismo nuestro saludo afectuoso y hágalo extensivo a todos los cubanos que prestan sus servicios en nuestra misión diplomática.
    rfmacbeath@gmail.com

  • José García Álvarez dijo:

    Como se expresa en este interesante artículo Cuba y México estan unidas desde el siglo XX ,por una historia que nadie puede pasar por alto,porque los acontecimientos ocurridos entre brillantes escritores y políticos enlazan a nuestros pueblos para siempre.Los Cubanos somos admiradores de su música y su cine que tuvieron su maxima expresión en la llamada “Epoca de oro del cine mxicano”.Así tambien admiramos sus próceres independentista .

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Pedro Núñez Mosquera

Pedro Núñez Mosquera

Diplomático cubano.

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