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Cultura y comunicación

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El cineasta Julio García Espinosa acostumbraba decir que todo hecho cultural tiene que convertirse en un acontecimiento. El arte y la literatura alcanzan su plena realización en la conciencia, la mente y los sentimientos de sus destinatarios. Depositados en esa memoria, se enriquecen con asociaciones imprevistas, despiertan inquietudes y curiosidades, crecen en multiplicidad de sentidos. Silenciado, el libro dormirá en los anaqueles de librerías y bibliotecas, la función teatral sufrirá las consecuencias de un público anémico y el concierto contará con la presencia de unos pocos especialistas. Resulta entonces que un enorme esfuerzo de creación y producción cae en el vacío.

Los animales procuran sus medios de subsistencia. Construyen su hábitat. En caso de necesidad, entrenan a los recién nacidos hasta que disponen de la aptitud de valerse por sí mismos y articulan una organización colectiva cuando requieren la protección de la manada. Solo nuestra especie ha sido capaz de desarrollar una impresionante creatividad en la ciencia, el arte y la literatura. Fuente todas ellas de una riqueza espiritual que le permite superar la adversidad, afincar valores y mejorar la calidad de vida.

Cuando Silvio recorre los barrios periféricos, crecidos muchas veces en medio de la improvisación y la precariedad, los conciertos desencadenan la participación colectiva en la solución de problemas prácticos, en la inventiva de los carteles, en la intensa comunión silenciosa que supera, a pesar del entorno físico poco favorable, la que se produce en reputadas salas de conciertos. Al final, se levanta el coro de voces unidas para entonar las canciones icónicas, preñadas de nostalgia, de esperanza, de autorreconocimiento, de confianza en lo mejor que anida en cada uno de nosotros. No me lo han contado. Lo he vivido.

Por su resonancia, la animación de la vida cultural concierne al conjunto de la sociedad. No puede delimitarse al cumplimiento de la tarea específica de un sector institucionalizado. Distribuidas semanalmente, las carteleras muestran un número variado de propuestas. Hay presentaciones de libros, conferencias, exposiciones, funciones de teatro y danza, conciertos con valiosísimos intérpretes de música culta, música popular bailable, estrenos de cine… En muchos casos el llamado no encuentra respuesta merecida por parte del público potencial. Un acercamiento elemental al problema revela graves insuficiencias en el orden de la información. El asunto concierne a nuestros medios de comunicación. Precisa caracterizar lo novedoso de cada acontecimiento y establecer las indispensables jerarquías. Suele suceder que somos generosos y profusos en la adjetivación. Economizar los calificativos permite dotar de luz propia lo verdaderamente excepcional. La información pertinente despierta curiosidad y eso induce a romper la ruptura cotidiana. La trasformación de cada hecho en acontecimiento, tal y como lo reclamaba Julio García Espinosa, no depende tan solo de la calidad de la propuesta. Cristaliza y cobra sentido cuando alcanza a su destinatario, devenido partícipe en el proceso creador. Para el logro de este propósito, la difusión debe estar acompañada por un efectivo ejercicio crítico eslabonado desde las publicaciones especializadas hasta los medios de comunicación de mayor acceso popular. En este orden de cosas queda mucho terreno por desbrozar. A la escasez de espacios en nuestra prensa plana, al desperdicio del tiempo disponible en la radio y la televisión, se une el lastre de factores de orden subjetivo. Uno de ellos consiste en subestimar la capacidad de entendimiento del pueblo. Hemos olvidado la advertencia del Che al respecto en El Socialismo y el hombre en Cuba. Hemos olvidado también que cuando estábamos combatiendo el analfabetismo lanzamos una edición masiva del Quijote de Cervantes, uno de los clásicos de la literatura universal. Fuimos capaces entonces de colocar la varilla en lo más alto. No caímos en la tentación de suministrar a las masas, a pesar de su baja escolarización, la más asequible papilla predigerida.

Una tradición de malas prácticas ha desdibujado el perfil profesional del crítico. Debe ser, ante todo, un especialista entrenado en la observación y el análisis del producto artístico. En el ejercicio del criterio han de primar principios éticos, no empañados por la complacencia, la amistad o por la simple descalificación. Su condición es la de interlocutor privilegiado del artista y del público. Interviene en un cruce de miradas que retroalimenta al creador con la visión reflexiva del otro, mientras ofrece pautas para que lectores y espectadores emprendan su aventura de creación personal.

El dominio del capital financiero se ejerce a través de la economía, de la intromisión en la política. Modela y difunde conceptos sobre la educación. En tiempos de la llamada globalización manipula conciencias. Se vale para ello de las múltiples vías de comunicación desarrolladas en la contemporaneidad. Ya no se trata, como otrora, de la simple transmisión de mensajes, sino de la intervención en el modo de generar mentalidades. Las tendencias homogeneizadoras sustituyen el fomento de la diversidad en el plano individual y en el de las naciones. Sofisticadas técnicas de marketing proponen un desfile de íconos distribuidos en rápida sucesión, muy pronto desechables. El producto cultural se convierte en artículo de consumo destinado a un espectador pasivo y acrítico.

Para sobrevivir al embate invasivo de fórmulas que corroen la reflexión, la memoria y los mecanismos asociativos que integran y dan sentido a los diversos componentes de la realidad, la resistencia habrá de producirse mediante el fomento del espíritu crítico desde las primeras edades. Propiciada por la Revolución, la democratización de la cultura respondió, en primera instancia, a la voluntad de poner al alcance de las mayorías lo que había sido privilegio de unos pocos. Era también un modo de potenciar la creatividad en todos los ámbitos de la vida con la finalidad de devolvernos la capacidad de constituirnos en partícipes activos del devenir de nuestra historia. Ese proyecto fundador tiene hoy más vigencia que nunca.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 4 comentarios



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  • La Nana dijo:

    Si seguimos asÍ, pronto seremos programados como maquinas. La informacion es un arma muy poderosa que influye en todos nuestros actos. Dios nos proteja.

  • Giordan Rodríguez Milanes dijo:

    “Pa, ahora sí apretaste, mijo”, me dice La Caro hace unos minutos, durante el horario de receso docente. Me rondean varios de sus compañeros de décimo grado del Preuniverrsaitario “Julio Antonio Mella” de Manzanillo.
    “¿Con qué apreté?”, pregunto, aunque sé por dónde viene la ‘rebelión’.
    “Publicaste lo de la competencia para ver qué mujer bebía más de la Disco Chacal -que no era la Pirata, como pusiste-, y ahora seguro nos quitan la música el fin de semana”, me espeta La Caro.
    Una de sus amigas, la apoya:
    “Lo mismo fue con ‘El Castillito’. Había unos cuantos ‘payasos’ que formaban bronca, se emborrachaban y fumaban, después el ‘Chocolate ese’ formó lo que formó, y nos cerraron ‘El Castillito'”.
    “¿Cómo nos vamos a divertir si nos quitan las discos por tu culpa?” Lanza el reto, mi hija.
    Unos minutos antes, me ha llamado un ex-colega, me aclara que no se trata de la “Disco Pirata” sino de la “Disco Chacal”. En verdad, para mi es el mismo disparate cultural tanto lo que hace una como la otra, si tenemos en cuenta los propios Lineamientos de la Política Cultural Cubana que están felizmente plasmados en el papel, ese mismo que aguanta todo lo que le pongan. Resulta que una y otra disco tienen una especie de rivalidad y que, según mi amigo, uno de los responsables, -o de los dueños-, se preguntó de modo amenazador: “Qué es lo que se está buscando ese tipo? Quién ese tipo cree que es para andar regando lo que nosotros hacemos o no hacemos. Las mujeres que subieron eran mayores de edad, y usamos la menor para que entregara las botellas de vino de regalo”.
    A estas alturas, me doy cuenta perfectamente que esa es la respuesta que le darán a la dirección de cultura y el gobierno y, como resulta que: “A Giordan le pagan para que denigre a las autoridades de Manzanillo, y a la ciudad”, todos quedarían felices y, a la vez, indignados con este “perdulario” de las redes sociales.
    Pero hay un detalle: yo, el tipo, estaba allí, y lo filmé todo, y no he inventado nada. Y soy un ciudadano cubano preocupado por los productos ‘culturales’ a los que, institucionalmente, está expuesta mi hija.
    Hace unos días, La Caro y yo fuimos a un concierto fabuloso que dieron Lyn Milanés acompañada por David Álvarez y un grupo de talentosos músicos en el Teatro Manzanillo. Al finalizar, en el protocolo, alguien le mencionó a Lynn el detalle de que no había asistido absolutamente NINGUNA AUTORIDAD NI POLÍTICA, NI GUBERNAMENTAL NI DE LA DIRECCIÓN DE CULTURA DEL MUNICIPIO, a pesar de que se trataba, nada más y nada menos, de la presentación de un disco con música de Sindo Garay, el 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana; y que CASI TODOS estaban en La Concha la noche en que actuó Divan.
    También este “tipo” estuvo esa noche allí, en lo de Divan, y aunque musicalmente me pareció precario, comprendí que los jóvenes estaban disfrutando aquello, como la máxima expresión de la espiritualidad. Como si el universo todo, fuera un chico sudoroso y bonito, casi siempre desafinado, con letras fáciles y estribillos pegajosos.
    Uno hace sus lecturas: la primera, la esperanzadora, es que La Caro, que ahora defiende con tanta vehemencia su derecho -y el de sus amigos-, a bailar y dar brincos, me comentó después del concierto de Lynn que se había emocionado a pesar de que, jamás, había escuchado la mayoría de los temas musicales. Acaso otros chicos como ella, debidamente orientados, no podrían emocionarse igual ante la música de Sindo? Pero: ¿Cómo lograr esa sensibilidad en una ciudad, cuyos dirigentes mismos, al parecer, carecen de la misma? Cómo influir favorablemente en la familia, desde las instituciones gubernamentales, sin coherencia con las políticas culturales, creatividad y organización? ¿Cómo lograrlo en una ciudad en la cual, la solución ante las necesidades recreativas de los jóvenes, son las más fáciles y superficiales: “cierro aquí, abro allá” pero en esencia sigue ocurriendo lo mismo: miles de jóvenes entre 12 – sí, 12 años-, y 25 años caminando de un lado para otro, consumiendo alcohol, topetándose unos con otros ante el “tucutún” de la música grabada.
    Cada año el INDER de Manzanillo, da una lección de cómo organizar una actividad cultural -cultural, sí, porque el deporte es cultura-, integrada a lo artístico sin hacer concesiones al alcohol y la bazofia consumista. Cada año, celebran en el estadio “Wilfredo Pajés” el Día de la Cultura Física y el Deporte, ante miles de personas. ¿Por qué esas experiencias positivas no son generalizadas por las autoridades de Manzanillo? ¿Es que no les interesa o que, sencillamente, son incapaces de hacerlo?
    Me pregunto mientras los amigos de La Caro ven al ‘tio malo’ de la película, y los de la Disco Chacal o como se llame, mis ex-colegas y los aludidos en el gobierno y cultura se solazan con la esperanza de que, mañana o pasado, un pogromo demuestre que soy asalariado del imperio: y paz en la tierra y en el cielo, gloria.

  • luis alberto figueroa dijo:

    Doña Graciela, usted siempre tan certera y consecuente con nuestra labor, le felicito. Solo le pidiera en alguna ocasión usted aborde estos temas desde la educación, creo que de alguna manera, hemos desperdiciado muchas oportunidades y tiempo que hoy nos reclama la participacion activa de esa juventud tan importante para nuestra cultura. Gracias usted es espectacular.

  • José García Álvarez dijo:

    MUY DE ACUERDO CON LO EXPUESTO EN ESTE REFLEXIVO COMENTARIO,BRILLANTE COMO TODOS.

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

Crítica de arte, ensayista e intelectual cubana. Premio Nacional de Literatura (2005). Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y presidenta de la Fundación Alejo Carpentier.

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