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Consistencia, desafíos y peligros de la cultura cubana frente a las tácticas imperiales

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Más que a una celebración anual, la feliz expresión fiesta de la cubanía merece dar nombre a una actitud cotidiana que aúne júbilo y seriedad en el sentido de trascendencia que debe regir los actos mayores del pueblo cubano. Ese logro no cabe confiarlo a la espontaneidad. La cultura de Cuba tiene la fuerza heredada de su fragua: los preparativos y la lucha armada por la liberación, de la cual, ya arrancada a un imperio, otro la despojó. No en vano su Día de bautismo honra a la primera guerra de independencia en que se alzó la nación que se gestaba, y al estreno en sus inicios, y ya con letra, de su Himno. Por ese camino se llegó a la victoria de 1959, que los gobernantes de los Estados Unidos se han negado a aceptar.

Todo eso es conocido, y merece conocerse cada vez más. Pero la cultura cubana es relativamente joven, y ello, junto con los bríos que la han mantenido viva y en desarrollo, suscita asimismo la falta del sedimento propio de culturas milenarias, y que pueden suplir la conciencia de lo que se es y se quiere ser, y el entusiasmo, pero no el embullo irresponsable, capaz de conducir a deformaciones y trampas funestas. Es necesario estar atentos a los peligros y a los desafíos que la cultura cubana tenga ante sí, y que la ciudadanía deba vencer para cuidar lo que el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, ha llamado el escudo de la nación.

Ahora que se habla de la posible normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, hay muchas cosas en que pensar, o continuar pensando. Una de ellas, no por fuerza la más importante, radica en cuánto al imperio le convendría que, tras el hipotético y esperado fin del bloqueo contra Cuba —llamada por el césar a olvidar la historia, como si el pasado no viviera en el presente y en la marcha de este hacia el futuro—, se le concediera el derecho de seguir utilizando libremente, sin desembolso alguno, el cine de los Estados Unidos. A él, además, como a todo lo del país que representa, suele regalársele el gentilicio americano, con lo que se acepta —y que sea de modo inconsciente no mengua el peso del hecho— la geofagia que desde su fragua aquella nación abrazó hasta en el idioma.

Propiciar que pululen películas del país imperial en Cuba —donde acaso también haya productos audiovisuales de factura nacional marcados por el influjo estadounidense— la llenaría de caballos de Troya portadores de mensajes. Ya prosperan confusiones hasta en planos tan sensibles y representativos como los símbolos. Para ahorrarme argumentaciones que están en textos publicados me permito una autorreferencia bibliográfica: antes y después del 17 de diciembre de 2014 vengo insistiendo sobre el tema en artículos como “¿Banderas nada más?”, “Más que banderas”, “Porque si está la bandera…” y, hace apenas días, “¿Se trata de símbolos?”. Se localizan con relativa facilidad en la red y, el primero de ellos, en la edición digital y en la impresa de la revista Bohemia.

De distintos modos atañen a un tema que he tratado en más artículos, como “Cuba y los Estados Unidos: otra etapa”, aparecido en Cubadebate escasos días después de aquel 17 de diciembre, y reproducido en varios sitios más. A partir de aquella fecha parece haberse disparado algo que venía de antes. El uso, bueno o malo, acertado o desorientado, de los símbolos remite a realidades que los desbordan, y en nuestro caso, se mezcla con muestras de trato irrespetuoso a la bandera y al Himno de la patria la invasión del país por banderas estadounidenses. Ante ello sería irresponsable permanecer indiferentes. Pero ya el hecho se observa, cada vez más, hasta en vehículos de propiedad social que se usan no solo en dependencias subalternas, sino en organismos centrales del Estado.

Para no decir otra cosa, sería candoroso menospreciar semejante señal, y asumir que lo que se despliega en automóviles o se lleva estampado en prendas de vestir, en el calzado y en otros artículos, es no más que la bandera de un pueblo. Por esa condición merece respeto, sí; pero dicho pendón es también, sobre todo oficialmente, el de la potencia que ha generado y genera guerras de rapiña en todo el mundo, y ha intentado estrangular a Cuba por hambre para que se rebele contra el afán socialista y retorne al capitalismo.

Ese es el fin perseguido por el bloqueo económico, financiero y comercial que perdura y ha tenido consecuencias calamitosas para la economía y el pensamiento del país bloqueado. Los estragos en la primera se han contabilizado en cifras colosales, y en el segundo han funcionado de dos modos contradictorios pero que se refuerzan mutuamente: de un lado, la idea de que las carencias sufridas por Cuba se deben a causas internas; del otro, la inercia generada en la justificación de deficiencias propias que no siempre ni por completo se deben al bloqueo.

Pero el bloqueo no ha sido la única acción del imperio contra Cuba: le ha hecho sufrir asimismo una invasión armada, bandas de alzados criminales, ataques terroristas como el de Barbados y otros hechos sangrientos. Tal es el imperio cuyo césar anunció en 2104 que esa política no ha dado los resultados que sucesivas administraciones en su potencia esperaban, por lo cual él y su equipo —encarnación de una línea que viene dando tumbos por lo menos desde John F. Kennedy pero no ha podido imponerse sobre la más burda y retrógrada— entienden necesario buscar otra táctica, para conseguir los mismos fines. Así lo ha dicho el propio césar, desfachatadamente, como corresponde a un emperador. Si hay quienes optan por dejarse engañar no es responsabilidad de ese mandatario.

Reconocer que Cuba necesita el levantamiento del bloqueo, y el cese definitivo de otros crímenes que ella ha venido padeciendo, no obliga a ignorar los rejuegos del imperio. Para vendernos las tácticas de la zanahoria y disimular las del garrote visitó el césar La Habana este año. Me hallaba entonces en España, y algunas personas amigas, solidarias con Cuba pero a menudo con la vista empañada por la distancia y por vivir otras realidades, me preguntaban si tal visita nos haría daño. Les respondía en dos partes. La primera: “Confío en la mayoría de mi pueblo y en nuestra historia revolucionaria”. La segunda: “Espero que la visita no nos dañe más que el bloqueo”.

En ambos casos fui sincero. Pero, estando donde estaba, confieso que no pude sustraerme a recordar una frase que el escritor español Manuel Vázquez Montalbán acuñó para comparar el odioso régimen franquista con las ilusiones propaladas por una transición democrática que algunos han llamado transacción: “Contra Franco estábamos mejor”. Cuba merece que su pueblo logre librarse del bloqueo sin aceptar derivaciones por las cuales se pudiera decir luego: “Contra el bloqueo estábamos mejor que sin él”.

También sinceramente creo que el césar obtuvo logros con su visita. Bastaría saber que, gracias a nuestra televisión —no a la que ofende con su nombre a José Martí—, entró en los hogares y escenificó su papel de tipo simpático. Algún comentarista, en opinión difundida en un medio digital nuestro, llegó a sostener que merecía ese premio por haber venido a Cuba a traernos paz. Y de una cita que el césar hizo del artículo “Tres héroes”, de La Edad de Oro, una cubana dijo a una agencia de prensa de otro país que el gobernante imperial había venido a descubrirnos un Martí que ignorábamos.

Así dijo, a pesar de ser un texto martiano tan conocido, en particular la cita: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”, una máxima que, por si alguna vez alguien la hubiera olvidado, deberíamos poner en el pórtico de nuestra Constitución socialista junto a otras palabras de Martí que allí ocupan merecido espacio. Ante actos de alabarderismo como aquellos mencionados, indignarse sería poco para un patriota consciente, aunque vinieran de la ignorancia, y no cabe la resignación de considerarlos casos aislados, porque no es seguro que lo sean tanto como quisiéramos.

Otras expresiones verbales y fácticas hablan también de la existencia de hijos e hijas de Cuba prestos a dejarse confundir por la prédica cesárea. Que sean una minoría no es motivo para desconocer ese hecho o restarle importancia. Con razón esas actitudes se han percibido relacionadas con la posibilidad de ver en el césar un salvador, en el camino abonado por la cultura imperial desde los muñequitos hasta el cine, pasando por cuantos terrenos haya podido ella pisar, muchas veces con destripamiento de indios y negros.

Honestidad le faltará al césar, no astucia. Hace poco tiempo visitó Japón, y, aunque en plena ceremonia protocolar un ministro local le recordó abusos cometidos por militares de los Estados Unidos en Okinawa, evadió el elemental deber de pedir perdón al pueblo japonés por hechos tales y, sobre todo, por la barbarie de Hiroshima y Nagasaki. Pero, de haber pedido perdón, ¿habría sido sincero? De paso por Vietnam, ¿no coqueteó aviesamente con ese país, al que la potencia del Norte y sus aliados quisieran utilizar contra China? El tema daría para mucho más, pero apúntese que a la patria de Ho Chi Minh, tan castigada como fue por la salvaje agresión del imperio, al que derrotó, el césar intentó camelarla citando supuestos o reales elogios hechos a su arroz por Thomas Jefferson.

Si avala lo dicho sobre un cereal por ese político —uno de los fundadores de la nación construida a base de usurpaciones que empezaron por los territorios de los pobladores originarios, y se explayaron—, ¿no cabe suponer que abraza también su idea, plasmada en 1820, pero incubada desde antes, según la cual Cuba debía pertenecerles a los Estados Unidos? El entonces presidente de ese país, y autor de su Declaración de independencia, no se quedó en la idea: le instruyó a su secretario de Guerra tomar a Cuba cuanto antes. Tal pensamiento dio origen, en 1823, a la formulación de la llamada teoría de la fruta madura y, en 1898, a la intervención que le arrebató a Cuba el triunfo que ella había probado merecer contra el colonialismo español.

Hoy la invasora presencia de la bandera de los Estados Unidos en Cuba rinde tributo factual a ese pensamiento. A quienes dicen que la exhiben porque les resulta difícil adquirir una enseña cubana, ¿les vamos a creer, aunque tal dificultad sea cierta? Si ostentan la de los Estados Unidos, ¿aman tanto la de su patria? Fuera del uso atenido a protocolos oficiales, otros motivos para tal exhibición puede haber, y ninguno debe resultarnos indiferente. Si es fruto de la indolencia, o del desconocimiento de lo que esa bandera significa para Cuba, algo anda mal en nuestra educación y en nuestra propaganda política, y en parte de nuestro pueblo. Si la causa es simpatía por el imperio, estamos en presencia de una actitud que lleva por directo —o viene de él— al deslumbramiento filoanexionista, si no al anexionismo con todas sus letras, que es harto peligroso.

Cabe insistir en que la anexión está condenada al fracaso, porque, aunque eso ocurra desde perspectivas opuestas, contra ella actúan el pensamiento patriótico y revolucionario y el propio imperio: el primero, por su naturaleza independentista y antimperialista; el segundo, porque no está interesado en anexarse pueblos que considera inferiores, sino en someterlos como colonias, y saquearlos. Pero el anexionismo les abre el camino a las actitudes e ideas lacayunas y antinacionales, y eso basta para que sea necesario combatirlo.

El imperio no cesa en el afán de minar ideológica y culturalmente a Cuba para doblegarla. Mantiene el bloqueo en sus columnas principales; con la decisión del propio césar revalidó hace pocas semanas la Ley de Comercio con el Enemigo, que data de 1917 y da base al bloqueo; sigue aplicando la llamada Ley de Ajuste Cubano y los engendros asociados a ella; ni admite poner en discusión —al menos de modo que llegue a ser noticia— la devolución del territorio de Guantánamo ocupado contra la voluntad de Cuba. Añádase que hace apenas unos días el imperio confirió rango de embajador al máximo representante de su embajada en La Habana, investido hasta entonces como encargado de negocios, asimetría irrespetuosa con respecto a Cuba y su representación en Washington.

Fuentes del imperio mismo revelan planes para quebrantar nuestra sociedad civil y ponerla a su servicio. En estos días se conoció públicamente el informe de 2015 de la denominada Fundación Nacional para la Democracia, con una larga lista de frentes en los cuales proclama lo que invierte el gobierno de los Estados Unidos en busca de que Cuba tenga la sociedad civil que a él le interesa. Con sus particularidades, esa Fundación, al igual que instituciones del tipo de la Agencia para el Desarrollo Internacional y World Learning, son tan brazos del imperio como la CIA y la OTAN, y parte de la maniobra imperial, so pretexto de intercambio académico, estriba en organizar cursos para formar líderes jóvenes contra el proyecto socialista cubano.

La reacción de nuestro estudiantado, con sus organizaciones al frente, ha sido clara. Pero ¿debemos suponer que representa por igual a la totalidad de los estudiantes y de la población? ¿Sería sensato considerar que los planes del imperio no han tenido ningún éxito en nuestra sociedad? Si los ha tenido, urge revertirlos. Habría que hurgar en determinados órganos o sistemas de información llamados independientes pero financiados por fuerzas hostiles a la Revolución Cubana. Esos órganos o sistemas aprovechan, entre otras cosas, reales o supuestas deficiencias de nuestra prensa, que no debe compararse con la inmoral del capitalismo, y sí perfeccionarse, como reclaman el pueblo y la dirección revolucionaria.

La lucha, ni fácil ni corta, solo terminaría con la desaparición del imperio, la cual no está a la vista, o con el sometimiento de Cuba, y eso nos toca a nosotros impedirlo. La proliferación de la bandera estadounidense tendrá distintas implicaciones, y dos de ellas no son equivalentes pero tienen concomitancias entre sí, o todo un conjunto intersección: de un lado, la idealización de los Estados Unidos; del otro, la marginalidad presente en nuestro cuerpo social. Esta concierne incluso a la formación del gusto, que no siempre ni básicamente es cuestión de responsabilidad individual. Corresponde a la sociedad en pleno y a sus instituciones de información y educacionales, y al mercado, que a veces parece que, en cuanto a ropa, abona lo que pudiéramos llamar estética jineteril.

Probablemente entre marginales proliferen más que en cualquier otro ámbito la bandera estadounidense y referencias a ella en prendas de vestir o modos de llevarlas que están lejos de evidenciar buen gusto. Pero entre nosotros la marginalidad requiere una valoración particular y a fondo. Si la entendemos como el sector que se autoexcluye del centro de un proyecto social determinado, hallaremos marginales de cuello blanco, muy bien vestidos, y otros que habría que ubicar muy cerca o de lleno en el lumpen, que en nuestra sociedad a veces parece ocupar espacios centrales y arrinconar a las personas decentes.

Eso quizás no pueda saberse bien, o se tendrá solamente como un dato más o menos abstracto, si no se frecuentan nuestras calles ni se usa el transporte colectivo, que viene a ser como una universidad sociológica itinerante. Por lo menos en la capital del país los ómnibus llamados urbanos merecen ese nombre por las zonas donde circulan, no porque los caracterice la urbanidad. Acaso el mal entendido igualitarismo —ojo: no esgrimirlo contra la aspiración de alcanzar una justa equidad— haya propiciado que se le dé a la chusma espacios que no le pertenecen ni se le debe permitir que domine.

José Martí, quien echó su suerte con los pobres de la tierra —lejos de proclamarlo como simple consigna, optó por ser pobre cuando pudo haber sido rico—, en 1880 dijo: “Ignoran los déspotas que el pueblo, la masa adolorida, es el verdadero jefe de las revoluciones”. Y fue también el revolucionario que en 1887, ante el drama terrible que en los Estados Unidos generaba la represión antiobrera, escribió que aquella república, devenida cesárea, se confabulaba y ponía sus recursos en función de “aterrar […] no a la chusma adolorida que jamás podrá triunfar en un país de razón, sino a las tremendas capas nacientes”.

Cabría meditar sobre cuánto es probable que en ocasiones hayamos dejado de ser un país de razón. Aquí la chusma, ni siquiera ya adolorida —o no más adolorida que el pueblo que trabaja, padece penurias y se esfuerza por salvar la patria—, emerge y contagia. A niveles colectivos ello se aprecia en el apogeo de la grosería, en una creciente pérdida de la fineza, cualidad que ha sido una de las características de la cultura cubana hasta en sus expresiones más populares. Se manifiesta incluso en el doble sentido cultivado por compositores como Ñico Saquito o El Guayabero, y que ya parece pensado para niños y niñas ante la andanada de groserías que prosperan en hombros del peor reguetón, y valga lo de peor, porque ningún género está fatalmente llamado a ser grosero. Si la vulgaridad pulula, búsquese la explicación en la sociedad, no en una expresión musical determinada.

Sería terrible que lo cubano terminara confundido con la vulgaridad. Pero eso, más que un peligro, es a veces un hecho, y la cultura cubana necesita salvarse de todo aquello que la ponga en peligro, aunque sea porque niegue la fineza de su alma popular. En esta parte retomo y amplío puntos de una entrevista que a finales de septiembre o inicios de octubre circuló en Cubarte. En ella, para la que respondí un cuestionario de la periodista Astrid Barnet, rocé elementos concernientes a la cubanidad y la cubanía, y a circunstancias que pueden abonarlas o empobrecerlas.

Si conceptos que pudieran descansar en sus soportes naturales —textos especializados y otros por el estilo— saltan de esos sitios y se agitan reclamando atención, probablemente sea porque las circunstancias demandan reflexionar sobre su significado, sus implicaciones y sus exigencias. Eso ha venido ocurriendo en torno a expresiones empleadas en 1949 por Fernando Ortiz en su conferencia “Los factores humanos de la cubanidad”, en la cual definió ese concepto y otro afín, la cubanía. Es más o menos sabido que aquel concierne a la condición genérica —objetiva, digamos— del ser cubano, mientras el segundo remite a esa condición asumida en el plano afectivo, emocional, con capacidad para ejercerla. Es cuestión de idiosincrasia, sicología y querencia.

Para Cuba y su cultura la cubanidad y la cubanía son vitales, y no deben tomarse con chovinismos patrioteros, pero sí con patriotismo, con orgullo natural y fértil en una nación formada en lucha o resistencia contra imperios. La ausencia de patriotismo refuerza peligros diversos, máxime cuando no se vislumbra el triunfo a escala planetaria del internacionalismo liberador, y en su inmensa mayoría los pueblos viven amenazados por unas pocas potencias que obedecen a una de ellas, cuartel general de un imperio todavía hegemónico, o dominante al menos. Su declive, ya en marcha, se vislumbra largo: ha usurpado recursos que le permiten perdurar y seguir influyendo sobre el resto del mundo.

No solamente goza de poderío económico, militar y político. Su industria del entretenimiento y de la moda le aporta frutos que, comoquiera que merezcan ser considerados —razones sobran a veces para calificarlos de anticulturales— han tenido éxito en el plano cultural. Con ello ha conseguido que su cultura muchos la tengan por paradigmática, como si fuera, sin más, la cultura del mundo.

A la cultura cubana le urge librarse de esas expresiones colonizantes, y de las andanadas de la vulgaridad. Así como el robo es objetivamente más contrarrevolucionario que una consigna contrarrevolucionaria escrita en una pared, la grosería es profundamente anticultural, contraria a la mejor cubanía, y no se debe seguir permitiendo que los cultores de lo grosero actúen a sus anchas para que no se revuelvan políticamente, porque su vulgaridad, como el robo, es contraria a la Revolución y a la convivencia bien educada que ella necesita, debe y merece fomentar.

La cubanidad es un hecho objetivo, ni siquiera limitada a revolucionarios. Puede hallarse en personas que no compartan no digamos ya la aspiración socialista, sino un pensamiento opuesto al neoliberalismo, al culto de la propiedad privada. Pero la cubanía, en la que también caben matices políticos diferentes —aunque aspiremos a que en ella prime el patriotismo revolucionario— solamente puede vivir de la alegría y el orgullo de ser cubano, o cubana, y esa actitud, que no se ha de confundir con banalidad y chapucería, no se da gratis ni de modo automático en todas las personas que son objetivamente cubanas.

Las penurias materiales generan una miseria que infecta la esfera espiritual, y puede menguar la plenitud que la cubanía requiere para ser verdaderamente firme y constituir una fuerza capaz de enfrentar desafíos, confusiones, maniobras imperiales y otros retos. Si extranjero, palabra que nació con intención más bien insultante —excluyente al menos, como forastero y fuereño, sin olvidar bárbaro— se convierte en un rótulo parecido al nombre de un oficio rentable, algo puede lacerar la cubanidad y, sobre todo, la cubanía.

Especialmente contra la segunda pueden operar las carencias, las privaciones que no todas las personas asumen con igual actitud, con la misma entereza, sin dejarse aplastar por ellas y manteniendo una máxima que era orgullo de las mejores expresiones de cubanos y cubanas: ser pobre, pero honrado. Esa dicotomía valdría la pena replantearla de un modo más orgánico: ser pobre y honrado, sin olvidar que el desiderátum digno no está ni en la riqueza opulenta ni en la miseria, y que la prosperidad material vale poco y se sostiene mal si no se acompaña de la prosperidad de las virtudes, de la utilidad de la virtud, la que Martí quería para su Ismaelillo, que en él, todo un Ismael fundador, sería de hecho el pueblo y la república a cuya fundación se consagraba, no solo su hijo carnal.

En un terreno donde la individualidad desempeña un papel tan relevante pueden causar estragos los males fomentados por el bloqueo y otras acciones del enemigo; pero también se puede sufrir el efecto provocado por decisiones internas que, aunque fueran ineludibles o se estimara que lo son, dejan secuelas deplorables. Pensemos en lo que significa, en el país del Nicolás Guillén de “Tengo”, prohibir a sus naturales entrar en hoteles. Esa prohibición se derogó hace años ya, felizmente; pero no tienen por qué haber desaparecido sus huellas, y los peligros acechan por distintos caminos, como contratar, para construir en Cuba, a obreros de otras naciones que así reciben, aunque explotados por empresas extranjeras, beneficios económicos que los trabajadores y trabajadoras del país necesitan.

Esa contratación podrá ser incluso legal —lo que llamaría a revisar leyes y reglamentos—, y tal vez se requiera en algunas especialidades de la construcción, aunque Cuba ha sido capaz de exportar fuerza de trabajo para construir en otros países. Pero no dejará de tener efectos nocivos, máxime cuando en la realidad, o en la imaginación —a veces tan influyente como los hechos, o más—, la opción se explica por la falta de trabajadores cubanos capaces de construir con altos niveles de calidad, y aún peor si se dice que en general no son confiables, porque roban.

Semejante generalización, como otras, será injusta; pero ello no borraría la evidencia de que el país está urgido de sanearse en el plano ético, sin el cual ninguna esfera de la sociedad estará bien plantada. Y esa no es una meta que empiece y termine en abstracciones: incluye fomentar, junto con la honradez personal y colectiva, y la pericia en oficios y profesiones, el hábito y la disciplina laborales, imprescindibles para crear los bienes materiales necesarios y nutrir la moral cotidiana. Si el trabajo no es la fuente principal de la existencia y del bienestar, el funcionamiento de la sociedad será, cuando menos, fallido.

Lo indeseable que se ha dicho en los párrafos precedentes, y a lo cual seguramente habría que añadir otros elementos, es peligroso para un país que se ha forjado, y se ha hecho su lugar en el mundo, a base de luchar contra el colonialismo y contra el imperialismo. Estos, aun vencidos, pueden dejar huellas y esporas de su herencia, incluidos los complejos de inferioridad que en tales circunstancias prosperan de modo sostenido en algunas mentes. Quién sabe si no en pocas.

Con respecto a eso, hay una realidad sobre la cual una afirmación categórica no podría hacerse sin la debida investigación. Pero no parece aventurado relacionar la proliferación de banderas de los Estados Unidos en Cuba con la cantidad de personas, no solo jóvenes, que aquí —como en otras latitudes— cifran sus esperanzas en emigrar al mismo país imperial que ha agredido y bloqueado a Cuba, pero que, poderoso como es, mucho ha invertido en dar una imagen amable de sí mismo, la imagen con que se enmascara una potencia que en realidad siembra muerte y saqueo en todas partes. La cifra de personas que ven en los Estados Unidos la solución de sus problemas, ¿no encarna un logro visible del llamado “sueño americano”, traducción mecánica de American dream, que debería pasarse al español como “sueño estadounidense”?

Antes cargábamos la mano al estimar que la emigración a los Estados Unidos era de carácter político, y quienes se iban para allí eran apátridas que no pasarían de lavaplatos. Soslayábamos que ningún trabajo es de suyo indigno, y que el imperio invertiría para beneficiar interesadamente, y enfrentarlos a la Revolución, a los cubanos y cubanas que llegaran a él. Ahora tal vez incurramos en otra valoración simplista: dar por sentado que la emigración responde solo a causas económicas. En último caso, si es política, debe alarmarnos, porque habla de contradictores, para no decir enemigos, del proyecto revolucionario; y, si es económica, también, porque habla de penurias materiales y de un funcionamiento que el país no ha alcanzado, y necesita que sea cotidiano para ser no solo próspero y sustentable, sino también vivible con alegría.

Impedir ese logro ha sido uno de los propósitos del bloqueo imperialista, pero la nación cubana tiene el deber de revertir los efectos de tal propósito, exista o no exista el bloqueo. Es, al menos, un desiderátum ineludible. Y el sentido común, no solo el marxismo que a veces parece que olvidamos, a cada paso muestra que la política y la economía son inseparables. Cuando se les intenta desvincular, se corren peligros como sucumbir a un politicismo dogmático, desmedulado de realidad, o a un pragmatismo que está lejos de representar propiamente las aspiraciones revolucionarias y emancipadoras, el afán de independencia, soberanía y justicia social.

Hacer que el país sea vivible supone crear condiciones para que permanecer en Cuba resulte atractivo, amable, y no parezca un sacrificio al que solo están dispuestos quienes sean revolucionarios verdaderos. La vanguardia revolucionaria se esforzará por mantener en pie a la nación, con soberanía y con equidad. Pero no todos los pobladores del país estarán en la vanguardia, y esta, por serlo, lo más probable es que sea minoritaria, o no alcance la cifra que, más a base de deseos que de datos, le atribuimos.

Si la cubanía se quiebra por indiferencia ante los valores que la nutren, o estos se ignoran, hay motivos para preocuparse, porque no solo estará en peligro un sentimiento: lo estarán la cultura de la nación, y la nación misma. Sin esa cultura Cuba no sería la que deseamos que exista y perdure, y que debemos defender, cultivar como realidad emancipadora en desarrollo, no como fantasmagoría de nociones propaladas por el imperio y sus voceros.

Lo hasta aquí dicho no hace más que insistir en la voz de alarma que numerosas personas han venido dando, durante años ya, desde posiciones y ángulos diversos. Pero urge acometer la acción necesaria para hacer frente a la realidad descrita, para no confiar a un rumbo espontáneo lo que debe ser objeto de la conciencia y de la dirección de la sociedad. Por ello esta intervención termina glosando dos de los mensajes que le llegaron al autor a propósito del texto “¿Se trata de símbolos?”, escrito para el espacio Dialogar, dialogar y ya mencionado. No revelo los nombres de sus remitentes, porque no les he pedido autorización para hacerlo.

De la ciudad histórica y heroica, Monumento Nacional, donde estamos reunidos, me llegó, y ahora lo resumo, este criterio de una compañera: el discurso de la preocupación por el mal uso de los símbolos y por el destino del país debería interiorizarse en el diálogo con las personas que tienen responsabilidades en las diferentes esferas del Partido y del Gobierno en todos los territorios del país, para pasar resueltamente de la preocupación y la alarma a la acción contra lo mal hecho.

Y de un colega de la propia Habana, y con reconocida autoridad intelectual, son unas líneas que despojo de algunos adjetivos y juicios y dejo en puro hueso: “Ayer iba a Dialogar, dialogar, pero a última hora la salud me impidió hacerlo. Sentí mucho no acompañarlos. Es muy impresionante que contemos con tanta riqueza de conciencia y de revolucionarios de verdad, y no se emprenda una batalla ideológica para salvarnos”.

Ciertamente a veces se percibe una pasividad que, para decirlo con una expresión frecuente en tiempos de mis padres, da grima. Como si el recuerdo de excesos interdictivos en que alguna vez incurrimos nos hiciera tener un paralizante complejo de culpa. Sin practicar contraproducentes cacerías de brujas, urge la batalla necesaria para enfrentar y vencer las tácticas imperiales enfiladas contra la nación cubana y la cultura patriótica, revolucionaria, justiciera y fina que, junto con la acción —de armas y de pensamiento— le permitió a este país conquistar la dignidad de sus hijos y sus hijas, y lo elevó al sitio con que ganó la admiración del mundo. Descender de esa altura sería una deserción imperdonable, un acto de lesa patria, cuando menos, y no podemos permitirnos un despropósito semejante.

*Base para la conferencia del autor sobre el tema, el 18 del presente mes, en la Fiesta de la Cubanía, celebrada en Bayamo.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 16 comentarios



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  • Eduardo González S. dijo:

    Profesor Luis Toledo: Leído su artículo vinieron a mi mente unos versos de Silvio de hace más de cuarenta años y cito: “hay un grupo que dice que una canción/ debe de ser muy fácil para la razón”. Y es que en las cosas más triviales o comunes puede haber una buena dosis caballuna de veneno como en esto de la proliferación de banderas norteamericanas – que no gringas – porque nunca, repito nunca, podremos presumir que haya sido quemada ninguna. Al contrario de aquellos sietemesinos de Vigilia Mambisa que sí lo hicieron en Miami, pidiendo al altísimo, que el avión que traía a Elián y su padre se cayera. Véase quienes son los capaces de ofender al símbolo supremo de una nación. Cuánta vileza.

  • Arturo Menéndez dijo:

    Una vez mas alerta con profundos, valientes y bien argumentados pensamientos uno de nuestros mas ilustres pensadores. Gracias a Cubadebate, durante bastante tiempo, hemos podido acceder a las reflexiones y análisis de nuestros maestros sobre la compleja realidad de nuestra patria. Sin embargo, somos testigos de cada vez mas problemas, errores, deterioro de los mas puros valores … y, lo peor, como muchos compatriotas, en su mayoría jóvenes, deciden probar suerte en otros lares. Personalmente he sido testigo de la migración de no pocos jóvenes valiosos con grado científico o con otros créditos, en cuya formación tuve la posibilidad de poner un granito de arena. Sinceramente, a veces ese anhelo y legítimo propósito de un socialismo próspero y sostenible, repetido constantemente, suena mas a consigna sin bases reales. Si estas verdades expresadas por Toledo, como las de la Dra. Pogolotti, Martínez Heredia y tantos otros, no se traducen en acciones consecuentes, inteligentes, sistemáticas, habría que llegar a la lamentable conclusión de que ese anhelo y propósito no es mas que un sueño, y los sueños sueños son.

  • ANGEL dijo:

    LUIS, NO POSEO SUS CONOCIMIENTOS NI SU RIQUEZA DE EXPRESION, PERO PERMITAME RESUMIR, A MI MODO, SU ARTICULO, CON EL CUAL CONCUERDO PRACTICAMENTE EN SU TOTALIDAD:

    1.- LA VULGARIDAD NOS TIENDE UN CERCO, EN EL ACTO DE COMUNICARNOS CON NUESTROS SEMEJANTES Y ENTONCES, ¿DE QUE TRABAJO POLITICO Y DE LUCHA CONTRA LA SUBVERSION ESTABMOS HABLANDO?

    2.- DICHA VULGARIDAD SE HA EXTENDIDO A CASI TODO LO QUE NOS RODEA, PROLIFRERAN GRUPOS DE ¨ARTISTAS¨ MUY CONOCIDOS EN SU CASA, QUE INCUSO SALEN A GIRAS EN EL EXTERIOR Y NO POR SU CALIDAD, SINO PORQUE ASI CONVIENE A INTERESES FORANEOS. LO PEOR DE ELLO ES QUE CONSCIENTES DE DE ELLO, ALGUNOS FUNCIONAROS NUESTROS PERMITEN SU PROMOCION Y PRESENTACION EN NUESTROS ESCENARIOS SIN TENER EN CUENTA QUE LA IDEOLOGIA NO PUEDE SEPARARSE DEL ACCIONAR COTIDIANO.

    3.- LA ¨INVASION¨ DE LAS BANDERAS NO ES MAS QUE EL PELOTON DE EXPLORACION DE LA VERDADERA INVASION DE LAS CONCIENCIAS CUYO OBJETIVO FUNDAMENTAL ES LA JOVEN GENERACION. POR ELLO, CUANDO VEO LA BANDERA NORTEAMERICANA EN LA CALLE, NO PIENSO EN EL SUFRIDO PUEBLO NORTEAMERICANO, SINO EN SU ELITE GENOCIDA Y ASESINA QUE DURANTE MAS DE MEDIO SIGLO NOS BLOQUEA Y ES RESPONSABLE DE LA MISERIA EXISTENTE EN EL PLANETA, LA CUAL NO EXISTIRIA SI TODOS LOS RECURSOS DESTINADOS A LA GUERRA, LA OPRESION Y EL VULGAR SAQUEO DE LAS RIQUEZAS DE LOS PUEBLOS, SE DESTINARA A LA PRODUCCION DE BIENES MATERIALES, LA EDUCACION Y LA SALUD DE LAS PERSONAS.

    4.- LO MEDULAR DE SU ARTICULO SE CONCENTRA EN SEÑALAR LA INACCION DE FUNCIONARIOS, DE TODAS LAS ESFERAS, QUE LES CORRESPONDE LUCHAR CONTRA LO SEÑALADO Y NO LO HACEN O LO HACEN DE FORMA INSUFICIENTE, TAL VEZ ESPERANDO A QUE LOS REPRESENTANTES DE NUESTRA GENERACION HISTORICA TOMEN TODAS LAS DECISIONES.

    PARA FINALIZAR, DECIRLE, QUE SOLO NO CONCUERDO CON UNA PALABRA UTILIZADA POR UD. CUANDO EXPRESA: ¨…y no podemos permitirnos un despropósito semejante.¨

    REALMENTE, CREO QUE DESPROPOSITO ES UN TERMINO MUY SUAVE. SEGUIR PERMITIENDO QUE SUCEDA LO PLANTEADO ES UNA TRAICION A NUESTRA HISTORIA, A NUESTROS MARTIRES Y A NUESTRA JOVEN GENERACION QUE CONFIA EN SUS MAYORES Y EN FIDEL Y RAUL.

  • Mengano dijo:

    entonces debemos deducir que hay un complot para confundirnos y despojarnos de nuestra cubania ya que una parte de los cubanos, a pesar de disponer de un decente nivel de instrucción, sufren de honda torpeza cerebral, son lerdos, ignorantes, sin ideas ni criterios propios, timoratos sugestionados, e igualmente deduzcamos que el uso de una bandera extranjera es indicio de falta de identidad y patriotismo, aún más si es la N/A pures ella simboliza , sobre todas las cosas , el prolongado y genocida bloqueo norteaméricano

  • Carlos Manuel dijo:

    Sin dudas un excelente articulo como nos tiene acostumbrado Toledo. Es de sobra conocido que los acontecimientos en desarrollo en torno a las relaciones con los EEUU se moverían en una nueva forma de lucha, en este caso la de los símbolos y la ideológica. Martí antes escribió para esta época: si nos hacen la guerra a pensamientos, ganemosla a pensamiento y sin dudas en el campo bélico hemos sido bueno antes, ahora debemos ser mejor en el espacio ideológico y de defensa de los símbolos. Su articulo sirve para que los fidelistas y martianos junten fuerzas para defender la patria con nuevas armas, digamos con armas más inteligentes, con la utilización de los medios académicos y los medios de comunicación con mayor inmediatez y divulgación. Pero también los ortodoxos y los conservadores verán en su articulo un pretexto para afincar sus pensamientos a la retorica pasada y ver fantasmas donde solo hay penumbras y agudizaran el miedo. “Sin practicar contraproducentes cacerías de brujas”, dice usted y es ahí donde los conservadores afincaran sus dientes. Obama trajo una hoja de laurel en una mano y en la otra una nueva forma de enfrentarnos, sin dudas la hoja de laurel se contamina con esa nueva forma de enfrentarnos. Vale la pena repensar las nuevas formas de lucha, de preparar al pueblo y sobre todo a la juventud en esa nueva forma de lucha ideológica. El perfil de la UJC ha estado demasiado bajo, solo aparecen cuando se les convoca y no con la espontaneidad a la que estábamos acostumbrado. En síntesis los jóvenes están envejeciendo junto a la vieja guardia y los que le siguen en edad no lo estamos preparando lo suficiente para la batalla que irremediablemente deberán dar en los próximos 7-10 años y que por el bien de la nación, no podemos perder.

  • POLO dijo:

    lo mejor que he leido en mucho tiempo. Llevo rato planteandome porque nuestra prensa esta tan pasiva ante algo tan grave como es la guerra de simbolos. El pais que pierde su esencia lo pierde todo. Por eso aplaudo con las 2 manos y los 2 pies progrmas como Sonando en Cuba que nos hace sentir orgullosos de ser cubanos y de apreciar que somos un gran pais y de grandes personas y se los enseña a los jovenes mas alla de la pandemis del regueton que es financiado y orquestado por las mentes imperiales, no solo para hacerle daño a Cuba, es ingenuo pensar en eso, le hace daño a toda la juventud mundial por los valores que recrea y por el olvidate de todo que lo mejor es el dinero. Asi se escribe señor Toledo, soy joven y lo mio nadie me lo toca. De eso estoy mas que claro

  • Sara Santacruz dijo:

    Con dolor desde hace algún tiempo sentimos los latinoamericanos que nuestro referente de dignidad, belleza y gloria se está perdiendo irremediablemente. Todos los signos del sistema capitalista son arrasadores aún con pueblos con sedimentos históricos mas largos y como están las cosas mas temprano que tarde se verán marcas mac donal como en todo el mundo sustituyendo en Cuba al Patria o Muerte. Nuestro amor por la Revolución Cubana estará intacto mientras seremos ser consecuentes con nuestros granitos de arena en el árbol que sembraron.

  • Carlos de New York City dijo:

    En Cuba no existe la Internet en las CASAS si no Ya todos los ! Cubanos Hubieran sidos MAS REVOLUCIONARIOS y aquellos mas COMUNISTAS !
    Lo vengo Diciendo desde hace algunos años atras ? Porque ? ” Porque si los Cubanos hubieran TENIDO internet y una computadora en sus Casas ” Hubieran Visto de Verdad la REALIDAD de Cuba , la VERDADERA CARA del SOCIALISMO en Cuba que es HUMANIDAD y RESPETO a la VIDA del Hombre como la VERDADERA Imagen y realidad de una Revolucion Cubana desde enero del 1959 COMPARADO al Lado del CHANTAJe Politico , DESINFORMACION y PRROPAGANDAS Anticubanas y Antifidelistas , la POBREZA y MISERIAS HUmanas que REPARTEN un CAPITALISMo SALVAJE y la esclavitud en que viven Millones de seres Humanos en el MUNDO ! Comenzando por la Misma EMIGRACIOn CUBANA Economica en distintos PAISES del Mundo donde Viven y CALLAN sus sufrimientos y el ERROr grande de haber ABANDONADO la PATRIA de Cuba , Su FAMILIA y nuestra CULTURA CUBANA.
    CUBA A soportado mas de 52 años de Bloqueo ECONOMICO y que hoy quieren CAMBIARLO por Una CULTURA de LIBERTINAJE , que TRAERA las DEGRACIAS humanas de un Pueblo llenos de DROGAS , Violencia HUMANA y prostitucion , Individualismo , EGOISMO , envidia y Muerte que es lo que viven en paises CAPITALISTAS y DEsarrollados donde no existe la Dignidad ni el Pudor Humano.
    ” los CUBANOS no Pueden VENDER su Dignidad por la fantasias de Un carro , una pelicula , un Dvd y hasta un Juego Video de plastation, Todo eso engendran Violencia Humana y el INTERES unico del Dinero y el Poder del dinero. Esos pueblos ningun viven como se Vive en CUBA aun Los CUBANOS sin tener NADA , transporte ,m Confort, tecnologia , Comidad Chatarra que es la que existe en todos estos paises que ni sabor tienen y solo hacen engordar a las PERSONAS que da LAGRIMAS y ESTURPOR mirar como las poblaciones estan tan GORDAS inmensa y ni caminar Pueden , se VIVE bajo un STREET y una ansiedad que al lado de mi cuba UTDS ni serian CAPACES de Imaginarse, ” SERIA muy larga mi Lista de Decirle a estas Nuevas generaciones y las que estan Por NACER ” Si el Granma y Juventud REBELDE como la television y el CINE podemos en Cuba luchar contra esta Guerra HOY peligrosa y mas terrible que una bomba atomica y que el Bloqueo Criminal Economico Porque esta Nueva Guerra contra Cuba en BASE a la CULTURA y el LIBERTINAJE de un CAPITALISMo SALVAJe y ANIMAL SU ejercito se component de BILLONES de DOLLARES que tienen DISPUESTOS para hacer cambiar a Cuba en MESES y sinceramente ” YO prefiero VER HUNDIDA a Cuba conmigo en Cuba en ese mar del CARIBE la isla complete antes de CAHER en ese FANTAMAS del LIBERTINAJE capitalista y Animal antes de entregar Cuba su DIGNIDAD y esta HUMANIDAD de un Socialismo Cubano Porque yo vivo dentro del MONSTRUO y le conosco Por sus extrañas.. ” NO Quieran Los Cubanos en mi Cuba querida Conocerlo ni Por un Dia “

  • José Manuel Giménez Aruca 54091200128 dijo:

    “A él, además, como a todo lo del país que representa, suele regalársele el gentilicio americano, con lo que se acepta —y que sea de modo inconsciente no mengua el peso del hecho— la geofagia que desde su fragua aquella nación abrazó hasta en el idioma.”
    Aunque nos jeringue, el único país de América en cuyo nombre aparece el del continente es en el de los Estados Unidos de América.

  • fulano dijo:

    Delirante

  • Fernando Hernández dice. dijo:

    Aplaudo con las dos manos las sabias e intensionadas palabras del profesor Toledo. Los que sentimos por la patria y la obra que hemos defendido y ayudado a construir vemos como se nos escapa de las manos la oportunidad de seguir siendo un país independiente y soberano. Para logrdarlo y mantennerlo cada cubano laborioso debe percibir el fruto de su trabajo no solo en lo social sino tambien en lo familiar y personal. Lo que vemos ahora es que la chusma como dice el profesor nos ha tomado las calles, las autoridades que están oblidadas a exigir la disciplina social y el correcto comportamiento miran para otro lado y buscan al enemigo en otras partes. No agrego mas ya que el profesor ha puesto el dedo en la llaga que si no curamos se convertirá en un cancer que nos destruirá a todos. ngeeraabtprka

  • José dijo:

    Saludos a todos, le leído detenidamente el presente escrito y concuerdo en la mayoría de sus ideas de fondo, sólo no estoy de acuerdo con una expresión que me saltó a la vista de forma muy particular: ¨chusma¨, y recordé a Martí, ¨con los pobres de la tierra¨. Un forista alude a una canción de Silvio, nuestro Silvio, el que se mantiene llevando el arte más genuino a los barrios más pobres y marginales de nuestra Patria, él escribió en 1970 una canción clave para entender éste artículo, ¨Canción en harapos¨, escúchenla con atención, en ella nos habla del papel de los ¨intelectuales¨ en los procesos de Nuestra América cómo la llamó el Apóstol en su magistral ensayo. Aquí les dejo el link https://www.youtube.com/watch?v=LPs_hjQ7UmY

  • cadillac dijo:

    marea….invasion ideologica y cerco cultural imperialista…hasta cuando.

    • enrique dijo:

      Cadillac no sé sí lo hace adrede o no, ya que este escrito está muy claro de lo que está ocurriendo no solo en nuestra patria, en Argentina, Brasil Ecuador, Bolivia donde quiera que existan gobiernos que defienden los intereses de su pueblo los gobiernos de Estados Unidos, especialmente los dos últimos mandatos del presidente Obama han demostrado su trabajo para eliminar de diferentes maneras gobiernos progresistas como primero ocurrió en Argentina, ahora en Brasil, y la lucha sin cuartel que brinda el gobierno de Maduro en Venezuela contra una derecha apoyada desde los Estados Unidos, nuestra dirección por todos los medios disponibles tiene que enfrentar una dura lucha contra todos los medios de propaganda de EU, no podemos dar la razón que tantos jóvenes entre ellos universitarios graduados por nuestro sistema de educación abandonen el país porque aquí “no van a poder desarrollar sus deseos de prosperidad”, o sea olvidarse de donde son y buscar su bienestar como el capitalismo educa, pensar solamente en sí y olvidarse de la obra que ha luchado y lucha por el porvenir de todo un pueblo, por lo tanto Cadillac sí sus escritos son para provocar la reacción revolucionaria de todo cubano que se sienta bien cubano lo felicito, pero sí es para demostrar su pobreza ideológica, cultural y escasez de mente, lea un poquito más y verá que está perdido ideológicamente.

  • Omar Pozo Crespo dijo:

    Ante los desafíos que se avecinan nuestro pueblo es ideológicamente mucho más fuerte, sabemos lo que más nos conviene y estamos preparados para enfrentar y derrotar cualquier tipo de modalidad enemiga por difícil que parezca. Fidel y Raúl nos han preparado para el combate, entonces no hay por qué temer a los retos, nuestras fichas son firmes y siempre se mueven pa’lante.

  • Omar Pozo Crespo dijo:

    Estamos preparados para lo que sea. Con Fidel y Raúl hay sobrada fé en la victoria.

Se han publicado 16 comentarios



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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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