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Madrugada para una crónica

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"Mi alegría mayor, el Alex que me mata y me revive todos los días". Foto: Autor.

“Mi alegría mayor, el Alex que me mata y me revive todos los días”. Foto: Autor.

El partido estaba al borde de la semana treinta y ocho cuando mi pequeño futbolista decidió patear su suerte, meter el gol definitivo y salir gritándole a la vida.

No hubo demasiado tiempo para reaccionar. Apenas un impasse, que la súper-bisabuela aprovechó para “inventarse” un celular, confirmar la noticia y llegar en un santiamén a tomar las decisiones.

A las cuatro de la madrugada yo quería planchar mi ropa y el papá de estreno pretendía seguir durmiendo. Pero el dolor comenzó a crecer, y terminé acostada yo mientras él alisaba la cinta azul de mi vestido floreado.

Antes de partir, mi vecina me obsequió un abrazo maternal y el eufórico vecino al timón se encargó de los chistes camino al hospital. “Traigo dos y en breve recojo a tres”, nos despidió sonriente en la puerta del “Lenin”.

Aferrada a la camilla como una desesperada, “entretenía” mi mente en contar hasta dónde me duraban las contracciones. A mi alrededor, buena parte de la familia conversaba, conversaba y… yo tenía unas ganas horribles de amordazarlos a todos, pero los dolores eran más fuertes y llegó el momento de seguir sola. O mejor dicho, junto a un dúo dinámico, Beto y Betty, los ginecobstetras más buscados del momento.

Cierro los ojos y soy toda una guerrera. Abajo, el médico manda a empujar. Arriba, la voz de la doctora-madre llega como un bálsamo y me infunde la confianza que necesito para el minuto final.

No me pregunten cómo, pero en ese instante definitivo, en el cual parece que nada más importa, una saca un coraje, una fuerza tal que nadie, ni siquiera una misma, sabía que existía. No hay lágrima, queja, debilidad. El momento es ahora, y no puedes gritar porque “¡el muchacho sube!”.

Empujo entonces con todo mi ser y siento algo indescriptible. No es tanto el dolor, o no sé. La verdad, no lo recuerdo bien. Ha dejado de importar, porque aguardo el llanto –alto y claro– indicando que mi niño nació con bríos.

El pequeño llorón solo se calma cuando lo ponen en mi pecho, y vuelve a gritar con fuerza cuando se lo llevan. Después, siento un cansancio terrible, pero no puedo dormirme. No quiero. Parece como si la historia se repitiera: yo en Neonatología, como mi madre cuando nací, pequeña y prematura. Pero mi muchacho es grandote y “a término”. Así que no entiendo. Nadie entiende. Y mientras las doctoras nos buscan las respuestas, yo tiemblo la primera vez que lo cargo, le cambio el pañal y lo arrullo.

A partir de entonces, la Tierra gira cada tres horas y apenas duermo. Formo parte de una rutina que comienza con una larga fila de madres frente al cuarto de ropas, donde nos lavamos hasta los codos y cumplimos todo un protocolo antiséptico antes de tocar la incubadora.

Ella, en bata verde, es la experiencia hecha doctora, y sus ojos me aquietan la angustia. Le pido que me lo explique todo; “con palabras científicas, no importa”. No son buenas las noticias, pero aguanto: debo ser inmensa para mi niño valiente.

Alguien dice que “este equipo médico es de los mejores del país y pocos son los niños que se escapan de sus manos”. Yo sé que es verdad, porque les veo correr al salón a cualquier hora de la madrugada o vigilarles la temperatura y el oxígeno, o entrevistarse con los familiares y negarse a mentir a una madre sobre la gravedad de su bebita. Lo vivo cuando me aprietan las manos y me hablan de fe, de confianza.

Y una cree que sabe qué es la fe o qué es la confianza hasta que llega un día en que los amigos, los colegas, la familia, los desconocidos, te demuestran que apenas tenías una ínfima idea. De todas partes de Holguín, de Cuba, de Venezuela, Pakistán, Chile, Estados Unidos… te dicen que rezan por tu hijo, por los médicos y por ti.

De pronto, te descubres apelando a todo lo que te consuele. Disfrutas cuando el niño de una compañera llega a la sala y hasta sueñas con que mañana traigan al tuyo. Y ese día llega, por supuesto. Entonces la casa, qué digo la casa, la Isla es una fiesta.

Después de todo eso, de las noches en vela y el hablar y amamantar dormida, de hervir biberones y pañales con tanta furia como para matar a la más fortachona de las bacterias, yo creí que no tendría ánimo, ni calma, ni tiempo para volver a escribir. Pero la emoción es más fuerte. Y mientras Alex duerme me doy cuenta de que –gracias a él, o a su papá– ya no seré jamás nulípara o primigesta. Ahora soy una madraza periodista, con muchas ganas de querer y de escribir.

(Tomado del Blog Poesía de Isla)

Se han publicado 19 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Frank dijo:

    Muchas felicidades para Abdiel y su familia.
    (Desde Levisa).

  • Dalia dijo:

    Me encanta este trabajo, es una bella historia, solo un hijo nos hace ser y sentir lo que nunca pensamos sería posible. Una abrazo y muchas felicidades, disfruta cada minuto de tu bebé, es el mejor regalo de la vida.

  • Yenia dijo:

    Muy linda tu crónica, me conmovió. No pocas profesionales les tememos a la maternidad, nos asusta poner en juego todos nuestros esfuerzos por la superación científica, pero sin dudas, ser madre debe ser una experiencia única, hace más fuerte a cualquier mujer. Creo que hasta me animo a tener un bebé en este año.
    Estoy segura que tu hijo será una inspiración constante.
    Bendiciones para tu familia.

  • Mariposa dijo:

    Soy del criterio de que las mujeres somos bendecidas por la facultad de dar vida, esa bendición se revierte cuando tu hijo te la devuelve todos los días al abrir sus ojos y su corazón al mundo y en especial, cuando te regalan su sonrisa, por eso son el mejor regalo y en definitiva, lo más importante. Siéntete muy orgullosa, al igual que yo. Mi hija es mi mayor orgullo, mi mejor regalo, mi mayor bendición, ella es la razón de mis días y mi mayor fuente de esperanza y fe. Les deseo toda la suerte y la felicidad del mundo.

  • Lourdes dijo:

    Me encantó el trabajo pero medico al fin quede curiosa por saber porque fue a neonatología el bebé a término y normopeso, realmente ser madre es un instante único que se multiplica en un amor inexplicable, yo miro cada día a mi princesita y me digo como pude hacer una personita tan linda jajajajaja increíble la maravilla que el amor engendra

  • estrella fermin dijo:

    muchas felicidades a ti a tu hijito y tu esposo.
    es asi la vida, cuando piensas que casi todo esta terrible. es ahi que comienzas a vencer
    que fantastica es la vida verdad…
    fuerza liudmila.

  • Eduardo González S. dijo:

    Muy buena “cronicucha”, Liudmila. Vengan más si son como esta. Y felicidades.

  • Laura dijo:

    Preciosa crónica. tengo una del día que nació mi bebé. La hizo su papá mientras esperaba noticias nuestras que estábamos en preparto. ciertamente es milagroso, y los dolores se vuelven nada cuando vemos por prmera vez a esa criatura, que solo se calma cuando le hablamos, lo tocamos, lo arrullamos. Gracias por traer a colación, con palabras tan bellas, el milagro de la maternidad.

  • Juan Antonio Hernandez Caraballo dijo:

    UN HIJO, LA NUEVA FLOR,
    QUE LE HA LLEGADO A LIUDMILA,
    CONVIERTIENDO SU HIPSIPILA
    EN CRISÁLIDA DE AMOR,
    LE HA DADO LUZ Y COLOR
    A LO QUE TUVO PREVISTO,
    TODO SU AMOR, SIEMPRE VISTO,
    EN LO MEJOR DE SU EMPEÑO,
    COMO QUIEN CUMPLIERA EL SUEÑO
    MÁS ADORABLE DE CRISTO.

  • Cordovi dijo:

    Hola Liudmila y Abdiel, felicidades por el nuevo año y por la llegada del gran Alex, se que no nos vemos desde hace tiempo pero sigo el trabajo de ambos en la medida de la posibilidad; que es muy bueno por cierto. Un abrazo y disfruten mucho de ese hermosote bb.

  • Gio dijo:

    Afortunado Abdiel por dos regalos de la vida : su hijo y hermosa mujer

  • Pepe dijo:

    Lindisima cronica, te felicito!!!!!!!!!!

  • Efrén dijo:

    FELICIDADES, QUE FORMA MAS BONITA DE EXPRESAR LOS SENTIMIENTOS POR EL NIÑO, LOS VUELVO A FELICITAR Y QUE TENGAN SIEMPRE ESA DICHA QUE TANTO ANSIAN, ASI SE LO MERECEN.

  • el Charlie dijo:

    Muchas felicidades a esa joven y bella mamá que es Liudmila, y al padre, que está viviendo una emoción sin par. Sobre todo, muchas gracias a este sistema de salud que tenemos, con sus insuficiencias y carencias materiales, pero con mucho amor y dedicación por parte de sus profesionales.

  • RAMON FONSECA dijo:

    Periodista
    Se ha graduado de madre y de periodista a la vez. Muy bella su crónica. Muchas felicidades .Que nuestro señor Jesús Cristo les bendiga, a su bebe, a su esposo, a las súper abuelas, a toda la familia y a los médicos

  • Alcides dijo:

    Casi nunca una imagen me despierta el interés de unas líneas, si alguna ves dormida ha despertado con sed, si tras una larga caminata desea mas que nada la sombra de un mango. Entonces entenderá de qué le hablo. Disculpe el modo, me ha causado esa impresión, que la luz sea con usted, crezca y cúrese desde este humilde servidor.

  • PaTroll dijo:

    Menos mal que tu pequeño se parece a ti. Uff…

  • Lourdes dijo:

    Muchas felicidades a Liu y a Abdiel un amor que surgió en la universidad y del que fui testigo, Alex es el fruto de ello. Gracias Liu por inspirarme con tu bella crónica. Les deseo lo mejor del mundo, los quiero.

  • Ventura Carballido Pupo dijo:

    Felicidades a Abdiel, y Liudmila, de su amigo y mi familia que los admira por su profesionalidad y ser gente buena de la ciudad de los Parques. Mucha salud para la linda criatura.

Se han publicado 19 comentarios



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Liudmila Peña Herrera

Liudmila Peña Herrera

Periodista cubana. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. Trabaja en el semanario Ahora, en la provincia de Holguín.

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