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Elogio de Frei Betto

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Carlos Alberto Libânio Christo (Frei Betto ), durante su intervención en el acto de entrega del título de Dr. Honoris Causa en Filosofía a ese  Teólogo brasileño, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 12 de octubre de 2015. AIN FOTO/Abel PADRÓN PADILLA

Carlos Alberto Libânio Christo (Frei Betto ), durante su intervención en el acto de entrega del título de Dr. Honoris Causa en Filosofía a ese Teólogo brasileño, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 12 de octubre de 2015. AIN FOTO/Abel PADRÓN PADILLA

Nuestra Universidad se honra hoy, al honrar a Frei Betto. Y yo agradezco de corazón a mi antigua casa de estudios que me pidiera hacer el elogio de quien recibirá esta tarde el grado de Doctor Honoris Causa.

Conocí a Frei Betto una noche de enero de 1980, en un encuentro sandinista de educación popular, en una montaña cerca de Managua. Hablamos mucho y nació entre nosotros la amistad, y en mí la admiración. La mañana siguiente, durante el magro desayuno, me dijo al oído: “Yo creo en ti”. Nuestra amistad se convirtió en hermandad, y ha sido así hasta hoy.

Quiero que sea una voz mucho más alta que la mía, la del Comandante Fidel, la que comience este elogio. La tomé de un prólogo que le hizo a un libro de Betto, hace dos años, en la que comienza explicando que lo conoció en Nicaragua el 19 de julio de 1980:

“…en aquella conmemoración tuve el honor de conocer a Frei Betto, jubiloso y feliz con aquella revolución… Desde entonces pude percibir que se trataba de una persona de vasta cultura, amplios conocimientos y profundas convicciones. Motivado desde muy joven por la fe religiosa, transitó por la vía revolucionaria, debido a lo cual fue preso dos veces. La primera, antes de cumplir veinte años, la segunda, de 1969 a 1973.
Vivió en favelas y compartió su vida con los más pobres. Se consagró a la concientización y movilización popular, y reafirmó su contacto con el pueblo en la causa que abrazó para toda la vida.
Frei Betto tiene un alto concepto de la lealtad y de la amistad. Ha defendido a Cuba y a la Revolución con vehemencia, sin dejar de tener puntos discrepantes o diferentes de los nuestros, que fueron analizados y discutidos de modo constructivo entre revolucionarios y verdaderos amigos, como se comprueba en nuestro libro Fidel y la religión.”

Hemos escuchado la Resolución Rectoral que fundamenta de modo muy cumplido y detallado el otorgamiento de este título, y me releva de repetir hechos y cualidades de Betto que en ella aparecen. Soy entonces más libre para añadir a lo dicho algunos comentarios en esta breve exposición.

Betto tiene todas las condiciones necesarias para recibir un título como este de la Universidad de la Habana, porque se parece a ella. Nuestra universidad tiene varias caras: la de la exigencia y el rigor académicos, el estudio tenaz y metódico que no teme preguntar, dudar y discutir, y la excelencia de carreras reconocidas por el mundo. Es, al mismo tiempo, la casa en la que alumnos de varias generaciones aprendieron, junto a las profesiones, el civismo y la rebeldía, la madre de la grandeza irreverente de Julio Antonio Mella, el fundador, y la trinchera del gran dirigente estudiantil y líder revolucionario José Antonio Echevarría, que horas antes de caer peleando a pocos metros de aquí escribió: “que la pureza de nuestra intención nos traiga el favor de Dios para lograr el imperio de la justicia en nuestra patria”. Es la universidad de la Brigada de muchachas y muchachos sonrientes y armados que subieron con Fidel el pico Turquino en enero de 1960 y es el baluarte de ciencia y conciencia, de ideas y determinación patriótica y socialista que necesitamos tanto hoy. (3 069)

Betto ha publicado tanto desde Cartas de prisión en 1974 hasta hoy, que quien no escuche su biografía creería que se ha pasado toda la vida escribiendo. Ha hecho de la palabra escrita un arma que multiplica la comunicación entre los seres humanos que queremos una humanidad liberada, donde nadie sufra hambre y todos tengan futuro y vivan de su trabajo y sus goces, un cielo nuevo y una tierra nueva. La obra de Betto reúne magistralmente la concientización del lector, al invitarlo a no quedar pasivo y pensar y hablar él mismo, con la exposición de los hechos más relevantes que es necesario manejar y el sentido y las funciones de lo que se oculta o se trivializa mediante el mar de confusiones e idiotización que difunde la corriente dominante de información y formación de opinión. Frei Betto expone las tesis más profundas y las metas y consignas más radicales y urgentes con una claridad y unos atractivos formales ejemplares, juntando al fin a la belleza con la militancia.

El libro Fidel y la religión es un hito de la cultura revolucionaria del siglo XX. Para la revolución latinoamericana y la propuesta socialista, al mismo tiempo, porque derribó obstáculos de prejuicios, incomprensión, dogmas y desconfianzas que dividen o separan a los que han de luchar juntos. Para los activistas cristianos que dedicaban todos sus afanes y corrían todos los riesgos por una Iglesia como pueblo de Dios, comunidades eclesiales de base, acompañamiento de los pueblos que resisten o luchan y teología de la liberación, Fidel y la religión esparció luz, borró contradicciones y ayudó en la tarea concientizadora. El mayor líder, desde el único país socialista del continente, potenciaba su actitud creativa respecto a la ideología revolucionaria y la fe religiosa, mediante una conversación de ideas con un cristiano latinoamericano intelectual, combatiente y teólogo. En una coyuntura regional y mundial cada vez más adversa, Fidel y Betto presentaban una pieza maestra de renovación del campo popular, destacando a través de la palabra al alcance de todos que la vida altruista, que se da al hermano y a la causa de la mayoría oprimida, es incomparablemente superior a la vida mezquina del hombre que es lobo del hombre y esclavo del dinero, y se pliega o ayuda al sistema de opresión capitalista.

Los cubanos y cubanas conocieron también el decurso humano y la dimensión personal del héroe y dirigente excepcional, y así entendieron más su grandeza. Fortaleció también a los que no tenemos creencias religiosas y como marxistas revolucionarios rechazábamos el ateísmo. Leer aquel libro fue una fiebre nacional, pero su impacto internacional no fue menor. En 1995 ya tenía ediciones en veintiocho países, y ha seguido publicándose hasta hoy.

Entre tantos ensayos y frutos de investigación tan importantes que ha publicado Frei Betto, quiero al menos mencionar La mosca azul. Reflexiones sobre el poder, una joya de ciencia política, un libro profundo y punzante; es uno de los suyos que tiene edición cubana. Betto es también un contumaz autor de ficción, con personajes como niños de favela, Jesús de Nazareth o la familia Arienim, de su patria chica, protagonista de Minas de Oro, que es sin dudas una gran novela. Indagación científica y filosófica, textos para niños y jóvenes, y hasta un libro delicioso de recetas de cocina, completan su bibliografía.

Condenado a escribir, no es sin embargo la de autor de libros la cualidad mayor de Betto. Los más humildes y los obreros de Brasil lo proclamaron doctor suyo desde hace muchos años, porque puso su intelecto y su actuación junto a quienes enfrentaron mediante luchas cívicas a la prolongada dictadura y ha defendido hasta hoy los derechos del pueblo brasileño. Ha sido educador popular de campesinos y de gente de abajo en Nicaragua y en otros lugares del ancho continente nuestro, y un factor de primera importancia para que existieran y se desarrollaran las ideas y el movimiento de educación popular en Cuba. En todo tiempo, malo, bueno, peor o promisorio, Betto ha sido un extraordinario expositor y defensor del socialismo como el tipo de sociedad que se merecen y que deben conquistar los seres humanos, como la única posibilidad de salvar a la especie y al planeta, de convertir a la utopía en un más allá factible y que la tierra llegue a ser el paraíso de la humanidad.

Por eso es natural que Frei Betto sea el autor de innumerables textos breves que lee un sinnúmero de personas a lo largo y ancho del mundo. Profundos y convincentes, en prosa clara y hermosa, proveen datos, ideas, preguntas, sugerencias, orientaciones y esperanzas. En el páramo siniestro del ningún pensamiento al que pretende reducirnos el capitalismo, estos escritos son un precioso alimento para seguir caminando, resistiendo y combatiendo. Desde ese servicio que presta y desde el prestigio que tiene, Betto puede ofrecerle consejos como estos al militante de izquierda:

“No se puede ser de izquierda sin “ensuciar” los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias.
Teoría sin práctica es hacerle el juego a la derecha.”
“El verdadero militante, como Jesús, Gandhi, el Che Guevara, es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, ni orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.”

Escribiendo en su minúscula celda en el convento de la Rua Atibaia o en incansables viajes por el mundo, está siempre Frei Betto en función de servicio. En encuentros populares o en eventos más o menos solemnes trae su oratoria singular con voz apasionada y tranquila, encantadora de todos, que le da gusto al oyente al par que trata de hacerlo mejor persona. Me recuerda a otro fraile dominico, Bartolomé de las Casas, el que en 1514 en Sancti Spiritus dejó de ser encomendero y se convirtió, y siguió para siempre a Jesús entregándose a los explotados y humillados, los más pequeños; me recuerda a aquel fraile que comprendió que la oratoria es superior cuando por la boca habla el corazón.

Gracias, Frei Betto, por dar tanto, y por todo lo que seguirás dando. Y qué bien que a partir de hoy podamos llamarte, además de hermano y compañero, doctor honoris causa.

Se han publicado 2 comentarios



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  • LaPAtriaEsElOtro dijo:

    a falta de socialismo, uno pone el granito de arena para cambiar algo desde el lugar que ocupa

  • ElQbanolibre dijo:

    “No se puede ser de izquierda sin “ensuciar” los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre. Alégrate y comparte sus creencias y victorias.
    Teoría sin práctica es hacerle el juego a la derecha.”
    “El verdadero militante, como Jesús, Gandhi, el Che Guevara, es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, ni orgulloso al estar. Él no se confunde con la función que ocupa.”
    Estas palabras de Frei Betto deberían conocerlas todos los hombres que de verdad y de forma sincera quieran transformar el mundo

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Fernando Martínez Heredia

Fernando Martínez Heredia

Filósofo y ensayista cubano. Es Premio Nacional de Ciencias Sociales. Entre otros libros ha publicado “El corrimiento hacia el rojo” y “Repensar el socialismo”.

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