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¿Petimetres contra José Martí?

En este artículo: Cuba, Cultura, Historia, José Martí
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"Martí", de José Luis Fariñas. Pastel graso. Enero, 2013.

“Martí”, de José Luis Fariñas. Pastel graso. Enero, 2013.

Hace unos años, alguien nacido en Cuba pretendió convertir a José Martí en aire, y no en el necesario para la vida, sino en el que simboliza inutilidad y desarraigo: “ser aire, estar o vivir en él”. Entre la irritación y la sabiduría, una gran estudiosa del héroe comentó: “Ningún español lo ha insultado tanto”. Pero en la guerra de Martí —la llamó así Máximo Gómez—, “cerrados a ambos por igual el porvenir legítimo y su entidad humana”, se ligaron “el cubano y el español, por el bien de la tierra común y la rebelión del decoro, contra el sistema incurable e insolente del gobierno” que asfixiaba a unos y a otros, sentenció Martí. Ambas nacionalidades estuvieron representadas en las filas cubanas, y en las colonialistas: atascadas estas en el integrismo o en sueños de autonomía, cuando no de anexión a los Estados Unidos. Tras el combate de Dos Ríos un sirviente, nacido en Cuba, del ejército español quiso medrar atribuyéndose la muerte del guía revolucionario.

El afán, condenado al fracaso, de pintar a Martí como un iluso enajenado, recordaba una anécdota, contada por uno de los protagonistas: también cubano, era autonomista al ocurrir los hechos que relató. Entendiendo que en Cuba no había “atmósfera de revolución”, quiso convencer a Martí para que abandonara el proyecto insurreccional, pero el independentista le respondió: “Usted ve la atmósfera, yo veo el subsuelo”. Ya en marcha la Revolución Cubana, el intento de mostrar a Martí, dentro de Cuba, como un espectro inerme, era una arremetida contra el fundamento histórico y moral de la brega revolucionaria, pero el agresor evadía los riesgos que podrían venirle de lanzarse explícitamente contra ella.

A raíz de la publicación del aludido artículo antimartiano, me encontré con Ambrosio Fornet, quien, con algo como perplejidad, me expresó su disgusto hacia ese texto: “¿Cómo es posible ofender de esa manera a Martí?”. Cabían igualmente otras preguntas, pero esa iba al centro del asunto, y le dije a Fornet, en esencia, lo que he intentado resumir en las líneas precedentes. Entonces él, en un relámpago, recordó: “Lo de Bernard Shaw cuando llegó a Londres. Irlandés, preguntó qué era lo más sagrado para un británico, y, como le respondieron que era Shakespeare, escribió un ensayo contra él”.

Animado con su rechazo del sojuzgamiento de Irlanda por Inglaterra, el ingenioso escritor actuó contra un núcleo del orgullo inglés. Pero, a diferencia de lo que Shakespeare significa para aquella vieja potencia, y más allá, Martí para Cuba desborda las fronteras de la literatura, en la que también se plantó su grandeza. Sigue encarnando un ejemplo moral afincado en la médula del sentimiento de dignidad de su patria, sin agotarse en ella.

El intento de menguarle altura ha tenido voces en alguna izquierda lastrada —dígase con palabras de Martí— por “lecturas extranjerizas, confusas e incompletas”, harto insuficientes para valorar con acierto a quien se afincó en su tiempo y en sus circunstancias sin asfixiarse en esos lindes. Pero los despropósitos cometidos desde la izquierda pudieran considerarse piezas arqueológicas, y hasta ser parte de la prehistoria de algún autor, como Juan Marinello, cuyos desfoques juveniles sobre Martí se ha puesto a veces de moda citar como descubrimientos, a despecho de la obra fundamental con que él los dejó atrás.

Es justo reconocer que, cualquiera que sea la cifra, los mayores y más rabiosos denuedos contra Martí han venido de la derecha en servicio a fuerzas y designios del imperio o cómplices suyos. Una cosa y otra acaban siendo lo mismo, medie o no medie pago contante y sonante de tal servicio. Y no es fortuito que sus protagonistas no puedan ocultar la conciencia de minoría en que se hallan; pero, aunque quisieran disimularla, tendrían contra ellos una producción interpretativa apreciable por altura y honradez, no solo por cantidad, y en primer lugar los desmentiría la obra martiana.

Allá por 1987, en “De vuelta y vuelta” —artículo reproducido en mi libro Ensayos sencillos con José Martí (2012)—, traté el caso de un académico puesto a condenar lo que él consideraba, o considera, uso tendencioso del legado martiano en la Revolución que lo ha reconocido como su autor intelectual. Al final de la andanada, el scholar reconoció que el máximo responsable de tal uso era el propio Martí.

Eso implica reconocer, aunque a regañadientes, que entre el pensamiento martiano y el proyecto revolucionario hay una continuidad cimentada en puntos de tanta médula como la identificación con los pobres y el propósito de impedir que los ricos se sentaran sobre ellos, el afán de que Cuba se librara tanto del colonialismo español como del imperialismo estadounidense, y la búsqueda —en “un pueblo nuevo y de sincera democracia” como el que se debía fundar, según las Bases del Partido Revolucionario Cubano— de una república moral, libre de males y costras que venían de la colonia.

Ahora puede haber quienes se pronuncien groseramente, con saña y sectarismo, contra Martí. Por poco que en realidad sepan de él, saben que no les pertenece: los condena. De ellos nada cabe esperar que se acerque a la honrada capacidad de ponderación con que el revolucionario fue capaz, por ejemplo, de adelantar juicios históricamente cardinales sobre Juan Clemente Zenea, o de también admirar, y situar en la familia latinoamericana de la que él mismo se sabía parte, a otro compatriota como Julián del Casal, en cuya angustia vio lo que había de rechazo contra la realidad impuesta a su tierra. No será sensato discutir con quienes, lejos de vivir bajo la sospecha de estar equivocados, actúan de mala fe, y, como diría Martí en un discurso de Tampa que citaremos, ¡mienten!

Solo así se puede tratar de presentar a Martí como un hipócrita, como un taimado enemigo de los obreros, como un servidor de la burguesía, poco menos que como un agente de las fuerzas políticas y sociales contra las que luchó. No nos pongamos a puntear un inventario de muestras de semejante falsificación, que se derrumba sola, si es que en algún momento logra ponerse en pie. Sus promotores son demasiado embusteros para citarlos junto a la memoria de Martí, aunque ello se hiciera para confirmar la índole falaz que los carcome.

En medio de una polémica que, si para algo sirvió, fue para ratificar su limpieza moral y su lucidez, su altura, Martí pudo decir: “Si mi vida me defiende, nada puedo alegar que me ampare más que ella. Y si mi vida me acusa, nada podré decir que la abone. Defiéndame mi vida”Su vida lo defiende, y lo defenderá. A sus calumniadores, si estuvieran dispuestos a oír, podría recordárseles la contestación que dio a Enrique Trujillo cuando este lo acusó de murmurar de él. No vaciló en encimársele y responderle que no murmuraba de nadie y, que esperaría a ver si podía levantarlo hasta su estimación para luego darle una bofetada.

Otros textos pudieran dar espacio para refutar punto por punto a los calumniadores, aunque ni eso merezcan. Pero no va por ahí el presente artículo, y hay un hecho que el autor tiene en cuenta: aceptemos que, si les faltan tino y honradez para guardar silencio, aunque se sepan fracasados de antemano quizás sientan necesidad de esmerarse en el intento de negar las razones de Martí para acusar sin ambages a quienes, en su tiempo, tenían actitudes en las cuales hoy pudieran ellos verse retratados.

No por gusto los aterra la capacidad de sacrificio de Martí, convencido de que el pueblo cubano debía hacer ingentes esfuerzos para alcanzar su independencia y su soberanía y erigir una república digna. Libres de empobrecimientos ocasionales —como alfilerazos homofóbicos que se hayan podido sentir en su uso— valdría recordar las palabras con que él cerró su artículo “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la Revolución, y el deber de Cuba en América”, aparecido el 17 de abril de 1894 en Patria, vocero de la campaña de pensamiento que urgía fomentar en pos de la guerra necesaria.

Ella, por muy breve y generosa que resultara, sería cruenta. Además de enfrentar al ejército español, implicaba desafiar al emergente poderío estadounidense. Martí enalteció la voluntad de sacrificio requerida para lograr “la independencia de Cuba y Puerto Rico”, la cual no sería solo “el medio único de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la república norteamericana”, que se deshonraría —y sigue deshonrándose— al crecer como potencia conquistadora. Frente esas metas, al final del artículo demandó: “¡Los flojos, respeten: los grandes, adelante! Esto es tarea de grandes”.

Tal convocatoria no merece diluentes que la empequeñezcan. Forma parte de la convicción que Martí plasmó en distintas páginas, entre ellas su aludido discurso del 26 de noviembre de 1891, en Tampa, conocido como Con todos, y para el bien de todos. Lo pronunció en pasos decisivos hacia la fundación del Partido Revolucionario Cubano, que estaba llamado a organizar los preparativos de la guerra, y previó: “Por supuesto que se nos echarán atrás los petimetres de la política, que olvidan cómo es necesario contar con lo que no se puede suprimir,—y que se pondrá a refunfuñar el patriotismo de polvos de arroz, so pretexto de que los pueblos, en el sudor de la creación, no dan siempre olor de clavellina”.

Al igual que en el prólogo a Versos libres previó reacciones que suscitaría su personalísima poética —“Todo lo que han de decir, ya lo sé, y me lo tengo contestado”—, en el discurso lo hizo con respecto al plan político que él promovía: “¿Y qué le hemos de hacer? ¡Sin los gusanos que fabrican la tierra no podrían hacerse palacios suntuosos! En la verdad hay que entrar con la camisa al codo, como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo, aunque no huela a clavellina”. Tras abundar en esa realidad, reclamó: “¡Paso a los que no tienen miedo a la luz: caridad para los que tiemblan de sus rayos!”.

Sin eludir la violencia verbal —como no evadiría la del combate armado—, refutó a quienes se autoexcluían del todoscon que era necesario y digno buscar, para todos, el bien. Entre ellos estarían los propulsores del miedo al español y al negro, y a las vicisitudes propias de la guerra, y en general aquellos a quienes llamó lindoros, olimpos de pisapel y alzacolas, de la misma ralea de los petimetres que rechazó en el artículo de Patria y había impugnado en “Nuestra América”, ensayo aparecido en enero de 1891.

La imagen de sietemesinos podrá no gustarnos —propia de la época, se le siente alguna herencia lexical, discriminatoria, del positivismo, que Martí rechazó medularmente—, pero viene al tema este pasaje del ensayo: “Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol”. Ese juicio da base a un llamamiento, de naturaleza ética también, contra el cual se ha proyectado alguno de sus detractores: “Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre”.

Cruda y honradamente se guiaba por la razón justiciera. No defendía la inaceptable práctica del destierro forzoso, que, aplicado desde el poder por los opresores, él sufrió en carne propia: reprobaba, sí, la mala herencia de la colonia: “Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre, y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España”. Acerca de quienes se sentían desterrados en su propia tierra, y no la merecían, sostuvo otras imágenes cuya elucidación desborda los límites de este artículo, pero Cintio Vitier la resumió en su edición crítica (1991: la aquí citada) del ensayo. Dijo Martí: “Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, bribones, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!”.

Ni respeto ni solemnidad se espere de quienes piensan y se expresan burdamente; pero aceptemos que no se sientan complacidos por Martí quienes se identifican con actitudes que él repudió en términos impetuosos. Es cierto asimismo que no se le debe citar ni mecánica ni abusivamente, y menos tergiversarlo; pero en la medida en que necesitamos su palabra y su pensamiento, resulta por lo menos curiosa la actitud de algunos que, en el fondo, parece que quisieran vernos olvidar una y otro. Se explica que lo rechacen quienes tomen la historia como un relato o, peor aún, como retahíla de simulacros; y quienes, en proyección de sí, con trasnochada pose de enfant terrible, vean un tizón donde arde y arderá —habrá por ello a quienes irrite y queme— una antorcha viva y vivificante.

(Tomado del portal Cubarte)

Se han publicado 23 comentarios



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  • Rafael Cruz (turquinauta) dijo:

    Muy bien Luis. Este texto se pudiera llamar “vindicación de Martí” aludiendo a otro que sirvió para enfrentar la maldad escrita de los petrimetes que ofendian a Cuba.
    Mucho han tratado los neoanexionistas y los mercenarillos ganar a Martí para su causa. Los más ofensivos le pusieron su nombre a ejendros imperiales de radio y tv con el ánimo de volver al Héroe inofensivo a las maldades anticubanas y, de paso, confundir a los débiles. Pero no se puede meter la luz en una caja, apenas se abra, cegará.
    Nadie, ni los más enconados enemigos, conseguirán mancillar la obra del Apostol, entre los “bribones” y el Maestro, se alza una muralla de pueblo.

  • jesus S dijo:

    A algunos conviene rebajar la figura de Marti, porque en el estan las respuestas a nuestros problemas.Ahora bien , pudiera abundar el autor sobre quienes son esos rayadillos de nuevo cuño, y cuales son sus sandeces en concreto?

  • Rogelio dijo:

    A mi lo que me intriga es que al fin no entendi quienes son esos que hablan mal de Marti ni que es lo que dicen exactamente. todo lo que dice el autor es que son malas personas. no es que no pueda ser verdad, pero es que no explica los como y los por que.

    • pilusa dijo:

      Rogelio, le asite a usted en todo caso la razón, con independencia de la inconmensurable lealtad, respeto y consideración que nos debe la figura del Apóstol, a todo cubano bien nacido; se deben dar los elementos difamatorios para que las personas valoren por si mismas, estos argumentos, se presupone que quienes leamos estos artículos tengamos criterios propios y suficiente racioncinio como para juzgar adecuadamente caulquier criterio que se vierta a favor o en contra, no solo del Gran Maestro del pueblo cubano, sino sobre cualquier tema por controveritodo que sea.
      Estimo que es válido proteger la figura, persona y ejemplo de Martí, pero no es válido dejar a oscuras al lector sobre cuales fueron los epítetos injuriosos, quien los vertió, en que momento histórico, quienes se les opusieron en ese momento, en fin dar los elementos de hecho que dieron pie al artículo.
      Cuando lei este artículo, me quedó un sabor amargo, pues pretendiendo buenas intenciones, nos cataloga a casi todos como portadortes de una cuasi diminutio capacidad intelectiva. Es casi mo negar las contradicciones que existieron, en su momento, entre Martí y Maceo.
      Mientras más luz se arroje con más vehemencia será defendida la Noble, Sagrada e Inmortal figura de nuestro Apóstol José Julián Martí Pérez

  • gonzalo dijo:

    Saben si estaran las Obras Completa de Jose Marti en la Feria del Libro???

  • MARY LOLY dijo:

    PIENSO QUE CON SOLO CONOCER UN POCO LA BREVE Y A LA VEZ INFINITA VIDA DEL MAESTRO. TODO LO QUE HIZO EN SOLO 42 AÑOS DE VIDA, ES SUFICIENTE.
    NO HABRÁ FALTA NOMBRE, ÉPOCA, CIRCUNSTANCIAS, EN FIN, NADA QUE JUSTIFIQUE QUE HOMBRE O MUJER ALGUNA, SE TOME LA LIBERTAD DE CALIFICAR AL APÓSTOL Y QUE ESA CALIFICACIÓN NO SEA LA QUE CORRESPONDE COMO A UNO DE LOS HOMBRES MÁS LUMINOSOS, GENEROSO, VALIENTE Y BUENO, COMO LO FUE ÉL. MARTÍ ESTÁ TAN POR ENCIMA DE TODOS NOSOTROS, QUE A VECES NOS CUESTA UN POCO COMPRENDERLO CABALMENTE, ES QUE ÉL ERA TAN EXTRAORDINARIO, QUE A VECES NO PODEMOS IMAGINARNOS CÓMO PUDO DESDE ENTONCES VELAR Y LUCHAS POR TODOS NOSOTROS, LOS DE HOY.

  • sachiel dijo:

    Concuerdo con los precedentes en conocer quienes son los antimartianos de ahora. De todos modos, han salido tambien los “ultramartianos”, que apropiandose del lenguaje del Apostol nacional en sus propios y egoistas beneficios personales, pretenden criticarlo todo, sobre todo, las luces de nuestro Sol, que ya las manchas son y han sido bien criticadas sin acudir a la prosa encendida de Martí. Esperemos que Sandé amplie este articulo, o el Dr Hart, y a su vez divulguemos entre los más jovenes estos temas.

  • mary dijo:

    es loable que defienda a marti, pero diga quien lo ofendio o vilipendio,que los demas tenemos derecho a saber.

  • Cuco dijo:

    Disculpen por lo prosaico de mi frase pero Como decia campoamor. ¨CABALLOS QUE NO VAN A CORRER QUE ABANDONEN LA PISTA¨y esa carrera la gano Marti hace rato, al mas grande cubano no lo rebaja nadie y estoy seguro que si viviera hoy viviria en cuba con nostros Como vive su espiritu en la nacionalidad e ideosincracia del cubano de ayer el de hoy y el del futuro .

  • Adolfo dijo:

    Me ha pasado lo mismo, después de haber leído el artículo, de dificil prosa y con excesivas alusiones a lo pensado o escrito por Martí, me quedé como en el aire, era como si este artículo saliera de la nada, pues nada me dice de quien se supone dijo algo de Martí porque tampoco sé qué dijo.

  • lolo dijo:

    ¨Es cierto asimismo que no se le debe citar ni mecánica ni abusivamente,….¨pero en definiva lo que hace el autor es llenarnos de un mar de citas para denunciar a los petimetres que actuaron contra Marti, pero al terminar la lectura no veo la denuncia , ni los maleantes por ningun lado, solo veo un lindo chisme poetico de mucha cultura martiana. Estos tiempos son de denuncias con argumentos y nombres y apellidos, no para crear rumores ni intrigas, si la denuncia es de corrupción ó sobre delito, a la policía, si es de problemas de idología desenmascarar a quien sea y sino no ocupar espacio en los medios, para hacer prosa y poesía.

  • Leandro dijo:

    Atacar a Martí en estos tiempos no es atacar solo a Cuba, es atacar a Nuestra America, pues en el proceso integrasionista que está teniendo lugar en Nuestra América, junto a Bolivar está Martí, quién por razones del momento histórico y condiciones en que vivió pudo conocer mejor y desnudar las entrañas del verdadero enemigo de nuestros pueblos.

  • Mercedes dijo:

    Guardo todos los artículos que escribe el autor, Luis Toledo Sande, así como los de otros investigadores y defensores del legado de José Martí. Estoy de acuerdo con la posición de Toledo Sande de no mencionar a los detractores, o acaso estimados foristas, no se dan cuenta que esa propaganda es la que ellos quisieran. Y me imagino que esos que intentan opacar la luz martiana están atentos a todo lo que publican nuestros honrosos investigadores, y entonces, hablando en lenguaje popular diríamos, al que le sirva el sayo que se lo ponga, porque Toledo sí sabe bien quiénes son los hombres (y mujeres) irrespetuosos de una figura tan alta como nuestras palmas.

  • José M. Calero Gross dijo:

    El Co. Toledo Sande debió mencionar al petimetre que escribió contra Martí. Yo recuerdo que uno de los Riveros, del Diario de la Marina, se atrevió a expresar que Martí debía pasar al olvido ( no recuerdo exactamente las palabras ).

    A los traidores, vendepatrias,vilipendiadores de nuestras figuras insignes hay que clavarlos bien firmes para que no escapen a la memoria.

  • José Antonio dijo:

    …una herida sobre el pensamiento de nuestro Marti, es una herida sobre la virtud y la cubania, es que incluso la dimensión de Marti es universal, yo en los malos momentos acudo a él y me levanto…ah no pienso que se abuse del uso de un pensador como el…

  • rommel blue dijo:

    La obra de mARTI ES INMENSA EN TODOS LOS SENTIDOS , EXISTE UN MARTI EN FRASES Y PENSAMIENTOS INVISIBLE PARA LA GRAN MAYORIA DE LOS CUBANOS , EL MISMO MARTI QUE EXPRESO SOLO SE ES CULTO CUANDO SE ES LIBRE , COMO SE HA DE SER DIGNO CUANDO SE ES PROSPERO , ESE ES EL MISMO MARTI QUE EN LE TOMO 15 DE SUS OBRAS COMPLETAS PRECISAMENTE DE LA PAG 389 A LA 392 ENTRO EN CONTARDICCION CON SPENCER ACERCA DEL SOCIALISMO UTOPICO

  • Luis M. Domínguez Batista dijo:

    Estará, sirva a quien sirva, loco quien piense en José Martí y lo involucre en acciones innobles, en conductas insanas, en entrega a cuausas que nada tienen que ver con su vida, su pensamiento y su hechura humana, cuando este ha sido ampliamente reconocido por todos con una limpieza tal que alumbra el pensamiento humano de todos los tiempos y que toda persona honrada reconoce y valora como positivo. A mi forma de ver estos que así se expresan no merecen respuesta, es la propia obra, vida y desempeño humano de Martí, expuesto en tantos excenarios, imitados por tantos que han hecho de su pensamiento realidades, quienes responden a ello y no será nadie que sirva a la causa que sirva quien se hará creible hablanco mal de José Martí Perez.

    Creo que esa es la verdad.

  • PatriaesHumanidad dijo:

    “Cuando las alas se vuelven herrajes/ es hora de empezar a hecer el viaje/ a la semilla de José Martí.” SILVIO

  • YARU dijo:

    EL diablo cojuelo
    Habana 19 de enero de 1869. El Iris, Obispo 20.
    Nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo. Poco me importa que un tonto murmure, que un necio zahiera, que un estúpido me idolatre y un sensato me deteste. Figúrese usted, público amigo, que nadie sabe quién soy: ¿qué me puede importar que digan o que no digan? Diránme que en nada me ajusto a la costumbre de campear por mis respetos,—que nada más significa esta comezón de publicar hojas anónimas con redactores conocidos,—diránme que soy un mal caballero; amenazaránme con romperme los brazos, ya que no tengo piernas, mas, a fe de osado y mordaz escribidor, prometo y prometo con calma que a su tiempo se verá que este Diablo, no es un diablo, y que este Cojo no es cojo. –José Julián Martí Pérez.–

    Los verdaderos cubanos llevamos a Martí en nuestro corazón, nuestro pensamiento y nuestro verbo. No importa que alguien quiera ensuciar sus ropas blancas si sus seguidores miles tenemos cientos de ropas blancas para vestirlo una y otra vez. Gracias.

  • Guarina dijo:

    Toledo Sande

    Le agradezco su postura, es la que merece Martí, pero debió mencionar los nombres y apellidos de quienes pretenden presentarnos al Apóstol posando para una fotografía y arremetiendo contra los inmigrantes. No hay ingenuidad, son oscuros propósitos de quienes, están claros, de que Martí no les pertenece.

  • José dijo:

    Soy escritor. Un escritor que respeta y –más que respeta– venera el ideario martiano. De modo que jamás podré estar a favor de ninguna crítica que vaya en detrimento de su gloria y de su imagen. Y creo que el hecho de que Martí vuelva a ser motivo de una polémica no demuestra otra cosa que su vigencia. Pero no voy a criticar a quienes se toman la inexplicable molestia de tratar de bajar a Martí de su gloria (que no es celestial, sino una bien ganada gloria en la guerra por la independencia de Cuba). O para decirlo con palabras de Toledo Sande que hago mías: «Martí para Cuba desborda las fronteras de la literatura en la que también se plantó su grandeza». Con sólo por haber luchado a favor de nuestra independencia ya tendría suficiente gloria cualquier hombre para vivir en el recuerdo de nuestro país natal. Tuve un bisabuelo que siendo andaluz peleó a favor de la independencia de Cuba (a las órdenes de José Maceo, el «Léon de Oriente»). Me pregunto qué habría pensado él de los cubanos que niegan hoy grandeza al hombre y al patriota que seguramente veneró.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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