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¿Qué trama EEUU contra Bolivia?

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La Casa Blanca parece haber decidido dar un giro, para peor, en las relaciones bilaterales con Bolivia. Tras quitar a Larry Memmott –considerado una “paloma” por los servicios secretos estadounidenses-, el Departamento de Estado ha enviado como Encargado de Negocios interino al “halcón” Jefferson Brown, quien estará solo hasta junio, para luego dejarle la posta a otro “halcón”, mucho más experimentado, Peter Brennan.

Pero los movimientos en la embajada de Estados Unidos en La Paz no terminan con el cambio de su Encargado de Negocios, el cargo más alto de la representación estadounidense en Bolivia luego que el presidente Evo Morales expulsara en 2008 al embajador Philip Golberg, por actividades subversivas en coordinación con sectores de la oposición más dura y antidemocrática atrincherados en la ciudad de Santa Cruz. Todo apunta a que se sustituirá por completo al equipo diplomático, se le dará mayor peso a los servicios secretos y se incrementarán las acciones de desestabilización del gobierno de Evo Morales en el marco de una contraofensiva imperial en la región.

Brown llegó a Bolivia a las horas de su designación, el 23 de abril. De acuerdo a fuentes confiables bastante vinculadas con las oficinas del Departamento de Estado, en julio próximo se producirá el cambio total de los funcionarios con rango diplomático. Eso implica que, tras la salida de Memmott, la tarea más importante de Brown –un funcionario de carrera que ha cumplido misiones en Brasil, El Salvador, Paraguay, Ecuador y Argentina entre otras-, es “limpiar la casa” para que luego venga Peter Brennan, quien ha sido Ministro Consejero y responsable del área política en Costa Rica, Nicaragua, Pakistán y en la oficina Cuba en Washington.

Estos movimientos en la embajada de EEUU en La Paz, inusuales en la organización y la práctica diplomática, confirman la nota publicada en La Epoca el 17 de marzo pasado, en la que se dice que la salida intempestiva del entonces Encargado de Negocios, Larry Memmot, se produjo por presiones de la CIA y de la seguridad del Departamento de Estado, cuyos altos funcionarios se convencieron de que el diplomático resultó ser una “paloma” y que en La Paz se necesita tener un “halcón”.

El cambio fue atribuido a razones de salud de uno de los familiares del Encargado de Negocios. Pero, todo empezó a quedar al descubierto cuando se supo que la orden de retiro inmediato también involucraba a Mitchel Ferguson, quien llegó como segundo de Memmott, pero que fue luego enviado como responsable de la oficina política en vez de Geoffrey Frederick Schadrack, el hombre de la CIA en Bolivia . La salida de Memmott y Ferguson también fue inusual. El Departamento de Estado les dio un máximo de diez días para abandonar Bolivia.

Operación limpieza

A pesar de que en la gestión de Memmott las actividades de los servicios secretos no se interrumpieron, discrepancias sobre dónde debía asentarse el peso de las acciones de la embajada de EEUU en La Paz tensionaron las relaciones del Encargado de Negocios y los responsables de la comunidad de inteligencia estadounidense. No es que el primero ignorase o se opusiese a las tareas de inteligencia, pero su inclinación a que se de prioridad a la política –servicios de acción cívica de por medio- para ganarse la confianza del gobierno de Evo Morales, disgustaron a los duros de Washington.

Es por eso que dos acciones importantes de los servicios secretos no le fueron reportadas a Memmott, como normalmente sucede sin que eso implique entrar en detalles. La primera en mayo de 2013 con el ingreso ilegal de dos agentes DEA, con profundas conexiones con la CIA, para montar un expediente contra el viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, sobre actividades de narcotráfico. Se trata de los agentes David Wayne Paiz y Bert Davi Castorino, quienes arribaron a Santa Cruz en un vuelo comercial de la línea COPA procedente de la ciudad de Panamá.

La segunda se llevó el 15 de diciembre del año pasado, cuando un operativo montado por la Central de Inteligencia Americana posibilitó la fuga del ciudadano estadounidense de origen judío, Jacob Ostreicher, quien se encontraba en detención domiciliaria acusado de delitos de narcotráfico. La cabeza de la operación en La Paz fue Geoffrey Frederick Schadrack, residente de la CIA que bajo el disfraz de funcionario de la oficina política conduce las operaciones de la agencia de inteligencia en Bolivia y que convenció al entonces Encargado de Negocios estadounidense de ayudar “por razones humanitarias” a la implementación del plan de fuga, sin decirle nada sobre la relación del empresario judío-estadounidense con la CIA.

Aunque ha corrido el rumor de que Memmott hizo un manejo poco riguroso de los recursos de la embajada de EEUU o guardó silencio ante algunas actividades extra maritales de uno de sus estrechos colaboradores, el arribo de un grupo de auditores de los servicios secretos, cuatro días después de la salida del ex Encargado de Negocios, da cuenta de que no solo son números lo que se vino a investigar. Veamos lo que dice Jaime Salvatierra en el artículo publicado en este semanario en marzo pasado:

“Pero su reemplazo no se debe solo a protestar por la información que le fue ocultada en el caso Ostreicher, sino al hecho que en los últimos meses empezó a cuestionar mucho las órdenes impartidas desde Washington de clara intención subversiva, y estaba muy molesto porque mientras le reducían el presupuesto y personal de la Embajada, y le retiraban el apoyo a sus iniciativas diplomáticas y de búsqueda de mejorar relaciones con Bolivia, la Casa Blanca aumentaba los fondos y plantilla para la actividad subversiva y las operaciones desestabilizadoras de las agencias norteamericanas de espionaje y subversión en Bolivia. Hasta donde se sabe Memmott llegó a insubordinarse agarrando plata de la subversión para emplearla en acciones diplomáticas, así como cambiar el plan de ejecución de acciones subversivas para ajustarlas a su manera.

Sin duda alguna, el relevo intempestivo de Memmott se debe a presiones de los representantes de las agencias de espionaje norteamericanas en la embajada en La Paz, quienes en su guerra sucia llegaron a montarle al encargado de Negocios un caso de supuesta malversación de fondos de la embajada. No es casual que a solo cuatro días de la partida del diplomático, el 28 de febrero, haya arribado a esa sede un grupo de auditores de los servicios especiales de EEUU para legalizar dicho montaje en su contra”.

Pues bien, Jefferson Brown viene a “limpiar la casa”. Sus acciones dan una idea de lo que representa esa misión. A pesar del poco tiempo que estará en Bolivia, el diplomático estadounidense se ha mostrado muy activo. Apenas llegó se reunió con políticos y analistas de oposición bolivianos para “analizar” las dos encuestas de intención de voto que se publicaron la última semana de abril. Luego, inició una visita a varias legaciones diplomáticas de otros países.

Una nota oficial publicada en la página web de la embajada de EEUU en La Paz lo presenta como un diplomático de carrera. Es verdad. Pero, sin que sea contradictoria con su carrera, nada más habrá que apuntar que desempeñó un papel activo contra los intereses del estado ecuatoriano cuando en cumplimiento de su misión en ese país respaldó plenamente la demanda de la empresa petrolera Chevron, que se resiste a pagar una indemnización por los desastres ambientales provocados en la amazonia ecuatoriana.

Brown, cuando estaba en misión en la Argentina, fue el encargado de gestionar e inaugurar el Centro de Seguridad Cooperativa (Cooperative Security Location; CSL) de ayuda para control de catástrofes, publicitado como una iniciativa humanitaria en la nueva alianza estratégica con Estados Unidos. Al igual que la base militar de EEUU instalada en 2012 en la comuna de Concón, a 130 kilómetros al noroeste de Valparaiso, Chile, se trata en realidad, de un verdadero puesto de avanzada militar encubierto y de Inteligencia del USSOUTHCOM (Comando Sur), a cargo del coronel Edwin W. Passmore, activo de Irak, Afganistán y Kuwait, y expulsado de Venezuela por espionaje.

¿De la limpieza a profundizar la desestabilización?

La presencia de Brown por solo dos meses y la llegada de Peter Brennan en julio aumentan la desconfianza. Los antecedentes de ambos son una señal de que la Casa Blanca ha decidido endurecer sus posiciones contra el presidente Evo Morales, quien se proyecta como el seguro ganador de las elecciones del 12 de octubre próximo, con lo que se convertiría en el jefe de Estado con 14 años de gestión ininterrumpida.

Brennan llegará a La Paz en la etapa previa a la recta final de la campaña electoral, donde Washington espera que la oposición pueda conformar un solo frente para enfrentar las aspiraciones re eleccionistas de Morales, quien pasará a la historia por liderar la revolución más profunda de Bolivia y por haber recibido el caudal de votos que la democracia del país no registra antecedentes (el 54% en las elecciones de 2005 y el 64% en las elecciones de 2009).

Es previsible que Brown y Brennan sigan trabajando por la unidad de la oposición en Bolivia, pero es seguro que al segundo le corresponde de llevar adelante la estrategia del “golpe suave”, la nueva modalidad de desestabilización que Washington lleva adelante. Venezuela es la mejor prueba.

El designado como Encargado de Negocios desde julio ha desempeñado en su papel de segundo al mando en Costa Rica y Nicaragua un papel duro en la injerencia de Estados Unidos, según da cuenta los cables revelados por Wikileaks y otras noticias procedentes de ambos países. En 2007 Brennan presionó al gobierno costarricense de Oscar Arias para que policías de ese país (ante la falta de Fuerzas Armadas) se entrenaran “discretamente” en la academia del Comando Sur.

Durante el gobierno de Enrique Bolaños en Nicaragua, Brennan también jugó un papel de abierta injerencia. En marzo de 2003, el diplomático estadounidense le informó al Jefe del Estado Mayor del Ejército de Nicaragua, General Julio César Avilés, que quedaba suspendida la ayuda militar anual a ese país –estimada en 2.3 millones de dólares- hasta tanto no se destruyeran todos los misiles y la capacidad de defensa militar que el gobierno sandinista montó en casi una década de revolución.

La experiencia de Brennan, al igual que Brown, en lo que USAID y la NED denominan “iniciativas democráticas”, se volcó también en múltiples acciones subversivas contra Cuba: el 13 de enero de 2011, junto a tres altos funcionarios del Departamento de Estado, el diplomático que llegará a Bolivia aprovechó una visita a La Habana para tratar temas migratorios para reunirse clandestinamente con un grupo de disidentes cubanos cuyas acciones de subversión son organizadas y financiadas por el gobierno de EEUU, según se ha encargado de probar frecuentemente el gobierno socialista.

El diplomático estadounidense, que era uno de los responsables de garantizar estabilidad política para los militares de su país en Pakistán y de promover el viaje de jóvenes de ese país a los EEUU para abordar temas alrededor de “iniciativas democráticas”, fue bastante activo desde su condición de “Jefe de la Oficina de Asuntos Cubanos” en Washington pues impulsó una serie de acciones para lograr la libertad de Alan Gross, un agente contratado por USAID para instalar una red ilegal de telecomunicaciones en Cuba y que ahora guarda prisión tras ser sentenciado a 15 años de cárcel en 2009.

Con Brennan a cargo de la “oficina Cuba” las acciones estadounidenses contra el gobierno socialista se incrementaron. No sería nada raro que el hace poco descubierto programa “Zunzuneo” –un programa de “Twitter cubano” para conectar a la disidencia-, haya tenido sus orígenes en la gestión del que será encargado de Negocios de EEUU en Bolivia a partir de julio.

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Hugo Moldiz Mercado

Hugo Moldiz Mercado

Es abogado boliviano, comunicador, docente universitario, investigador, máster en Relaciones Internacionales y corresponsal de agencias internacionales de noticias. Ha asesorado algunas comisiones de la Asamblea Constituyente de Bolivia.

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