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Padura, la literatura, el compromiso

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Cuando impugné el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura y afirmé que Eduardo Heras León debió recibirlo antes que él, creía –y creo– que la cuentística del Chino representaba un momento de la épica de la Revolución Cubana comenzante: pasarla por alto para premiar en su lugar una obra mucho más reciente implicaba olvidarnos de un momento esencial de nuestra literatura e incluso, de nuestra historia misma.

Escribí entonces –lo repito ahora–, que ello no implicaba desconocimiento o subvaloración de la obra narrativa de Padura ni, mucho menos, algún conflicto personal con el novelista.

Conocí a Padura en las aulas de la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana –tal vez en los años en que se llamaba Facultad de Filología–, y si bien no fuimos amigos cercanos, hemos tenido siempre buenas relaciones. Lo recuerdo visitándome junto a Rigoberto López cuando ambos planeaban ese muy buen documental que se llamó “Yo soy del son a la salsa”, ganador del premio principal en una de la ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Ambos querían escuchar conmigo los iniciales sones cubanos, los del Sexteto Habanero y el Trío Matamoros, que yo empezaba a atesorar en viejas cintas y, sobre todo, charlar sobre ellos, que era hacerlo sobre nuestra música. Después, estuvimos implicados Padura y yo en un proyecto que no llegó a materializarse: hacer una suerte de curso sobre la música popular cubana, que se llevaría a cabo en Palma de Mallorca, con el auspicio de la Universidad de las Islas Baleares y la gestión del común amigo Gonçal López Nadal. Alguna vez estuvimos Gonçal y yo, en el ámbito del hogar de Padura, en Mantilla.

Ocurre que soy poeta, ensayista y, como sabe quien me conozca, profesor de literatura desde hace más de cuatro décadas. En esos años, entre otras cosas, me ha correspondido enseñar la gran poesía contemporánea de la lengua española, tanto la de la península como la de América y, hace ya más de 10 años, me ha dado enorme gusto trabajar, en la Fundación Nicolás Guillén, la obra de ese cubano que es uno de los grandes poetas del español, en el siglo XX.

En una entrevista concedida a La Nación, de Buenos Aires, Leonardo Padura discurre ahora sobre lo que llama “jugar a hacer política desde el arte” lo que, a su juicio no se debe hacer, porque “los artistas comprometidos de una manera militante con un partido, estado, filosofía o poder, terminan siendo siempre –o casi– marionetas de ese poder”.

Quisiera comenzar afirmando que esa voluntad de independencia en los seres humanos es muchas veces más deseo que realidad, y que demasiadas veces se usa como una coartada política. Los periodistas cubanos opositores a la Revolución consideran “oficialistas” a los revolucionarios, y se llaman a sí mismos independientes, aunque dependan económicamente de ciertas instituciones que los sostienen, y políticamente de importantísimos poderes.

En el complejo entorno del mundo actual, el hombre inevitablemente contrae compromisos. Uno puede ganar su salario en una institución, sin que ello lo obligue a la esclavitud ideológica, a ser esa marioneta que mencionaba Padura. El escritor independiente depende de lo que escribe, y debe conseguir que esos textos satisfagan las aspiraciones de la editorial que los publica. Absolutamente independiente era Diógenes el Cínico (cínico porque llevaba una vida de perros) que dormía en una barrica y se dice que iba al mercado a mirar con satisfacción, cuántos objetos había que él no necesitaba.

El periodista del rotativo bonaerense ha entrevistado a Padura a través de un cuestionario trasmitido por correo electrónico, por lo que las afirmaciones recogidas en el viejo diario argentino –Bartolomé Mitre lo fundó en 1870, pero ya es otro periódico bien diferente a aquél en el que colaborara José Martí en las últimas décadas del siglo XIX–, deben ser textuales, fieles, exactas.

A la inversa de lo que se deduce de las opiniones de Padura, no creo que el compromiso del artista derive de su militancia: casi siempre el flujo, en los casos de real significación, ha sido a la inversa. Son las grandes conmociones históricas las que han impulsado a grandes artistas a eso que Padura llama (minimizándolo) “jugar con la política desde el arte”.

En aquel poema que Pablo Neruda tituló “Explico algunas cosas” y que colocó al frente de España en el corazón (1937), su primer poemario comprometido, exponía en un verso el por qué sus poemas de Madrid olvidaban los grandes volcanes chilenos:

venid a ver la sangre por las calles,

decía. Eran los tiempos de la Guerra Civil española.

El caos hondamente conmovedor que Picasso llamó “Guernica”, se pintó después que los cazas alemanes bombardearan la aldea vasca que inmortalizaron al destruirla. ¿Voy a dudar de la honestidad de César Vallejo, de su plena integridad al escribir “España, aparta de mí este cáliz” y sumarse al Partido Comunista, como también lo hizo Nicolás Guillén?

Mi mente, mi sensibilidad que han disfrutado las obras de esos hombres y los han admirado (del mismo modo que a Alberti, Maiacovski, Bertolt Brecht, Paul Eluard, Roque Dalton), se resisten a degradarlos, y mi lengua –y me precio de tenerla bien mala– rechaza cometer el parricidio de llamarlos marionetas.

Yo, que no he sido militante de ningún partido y ya no lo seré nunca, no seré tampoco quien sostenga que para defender sus ideas, el escritor, el artista esté obligado a figurar en la membresía de alguno. Pero tan intolerante como resultaría exigir esa militancia, me parece que lo es el hecho de descalificar al escritor porque su conciencia lo haya llevado a ello.

Yo estoy persuadido de que la novelística policial de Leonardo Padura tiene un claro maestro: el español Manuel Vázquez Montalbán, cuyo Pepe Carvalho es un primo español (en su escepticismo, en su estar de regreso de casi todo) del habanero Mario Conde. Vázquez Montalbán murió perteneciendo al partido comunista de Cataluña, el PSUC. Estando en España tras la extinción de la Unión Soviética, escuché en la radio una entrevista al autor de Los mares del sur, en la que una periodista con voluntad de incordiar, le preguntaba por qué militaba en un partido cuya ideología se había derrumbado. El poeta y narrador respondió que se había derrumbado una “lectura” del comunismo, una aplicación de la teoría marxista, pero que en el mundo había un número de pobres que crecía diariamente y cada vez menos ricos que atesoraban casi todos los bienes de la tierra. “Esa situación no se puede mantener”, concluyó. “En un momento del futuro, vendrá el triunfo del sistema comunista”.

En un artículo que publica “Rebelión”, el politólogo argentino Atilio Borón enjuicia la entrevista con Padura aparecida en “La Nación”, y subraya la que llama la “unilateralidad” del enfoque de Padura al valorar la Revolución Cubana. En sus últimas novelas se insiste en “el desencanto, las ilusiones perdidas” de una generación cubana que, obviamente es la del propio autor.

En la excelente trama policial que tiene “La neblina del ayer, el narrador omnisciente y a veces conductista, que describe el ambiente de las calles cubanas de un barrio popular, presenta a unos jóvenes aburridos, poblando las aceras y son, en su punto de vista, la resultante de la “frustración histórica” de Cuba.

Pero Cuba no ha sufrido una frustración histórica. Cuba zanjó –está zanjando–su diferendo histórico con los Estados Unidos, la gran potencia que la convirtió en 1902, en un protectorado suyo y luego en una neocolonia y ahora, tras bloquearla por más de 50 años, hace lo único que tiene a mano: incluirla en una espuria lista de “países promotores del terrorismo” para desacreditar lo que no ha conseguido vencer.

El fin del socialismo del siglo XX determinó otra crisis que vino a sumarse a la que representaba el bloqueo norteamericano. Ahí se generó no una frustración histórica, sino una abrumadora frustración material. Pero Cuba se mantuvo, cuando parecía que no podía ser: no pudo regresar la ultraderecha de Miami para hacerse del poder y llevar adelante eso que uno de ellos ha llamado el “destriunfo” de la Revolución.

América Latina no es ya la sumisa región que cohonestaba el derrocamiento por la CIA del régimen democrático de Jacobo Árbenz, la invasión de la República Dominicana por los marines, o las tiranías de Augusto Pinochet y Rafael Videla. Es la región de la Revolución Sandinista en Nicaragua; del proyecto bolivariano que comenzó la Venezuela de Chávez; de la refundación plurinacional e inclusiva de Bolivia; de la revolución ciudadana de Rafael Correa en Ecuador; del Brasil emergente de Lula y de Dilma Roussef; de la argentina antimilitarista y progresista de los Kirchner; del Uruguay del tupamaro Pepe Mujica, y hasta del FMLN del mínimo Salvador, por el que dio la vida el poeta Roque Dalton.

El punto inicial de ese proceso fue la aislada Cuba, la de Fidel y el Che, que generó ideas que volaron sobre el continente, y se quedó atrás, con un viejo modelo económico improductivo del que se ha propuesto deshacerse no tímida, pero si lentamente.

Leí con mucho interés “El hombre que amaba los perros”, a pesar de que Padura se enamoró de su investigación histórica y a veces hizo crecer demasiado la novela con páginas que no le hacen bien. Únicamente le reprocho el personaje de Iván, el cubano que azarosamente encuentra al fanático Mercader, e interactúa con él. La periodista, de “La Nación”, y que tiene el inesperado nombre de Hinde Pomeraniec (desciende de rusos y ucranianos) lo caracteriza velozmente:

un cubano sombrío, que pudo haber sido un gran
escritor pero a quien el sistema hizo a un
lado por haberse resistido a la obediencia irrestricta.

Ese es un personaje de ficción, seguramente procedente de la reprimida literatura soviética de los estalinistas de los años treinta, y para nada representativo de la realidad cubana.

Cuba tuvo un período de represión cultural, el llamado Quinquenio Gris (1971—1976) que Leonardo Padura no pudo vivir, porque era casi un niño entonces. Muchos artistas y sobre todo escritores –después de todo manejan el mismo peligroso instrumento del pensamiento, que es el lenguaje– fueron puestos a un lado por no trabajar dentro de los “parámetros” que la burocracia cultural del momento consideraba pertinentes. Ese fue también el tiempo de un intenso auge de la homofobia. Pero fue un período que acabó y esos artistas y escritores recuperaron su lugar en la cultura del país.

El Instituto Cubano de Radio y Televisión, no difundía las canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y Haydee Santamaría, la heroína cubana que dirigía Casa de las Américas, le pidió a Alfredo Guevara, el director del Instituto del Cine, que le creara un lugar de trabajo a “estos muchachos”. Así apareció el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, que dirigió el gran músico Leo Brouwer, y que empezó a difundir por el mundo la música y la poesía de Pablo y Silvio.

Y ya está bien. A pesar de que me satisface la divulgación de la obra del buen narrador cubano que es Padura, me sentía incómodo con la muy parcial entrevista ofrecida por él a “La Nación”, que Pomeraniec se encarga de matizar con sus observaciones. Ojalá el viejo diario donde colaboró Martí, edite otros trabajos que le permitan a sus lectores conocer mejor la realidad de Cuba, incluyendo la realidad de su cultura.

(Tomado de Segunda Cita)

Se han publicado 92 comentarios



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  • fmm dijo:

    Padura dice que aspira a que Cuba sea un país “normal”. Con todo respeto a su obra "Parece que el anormal es él. Claro que se puede criticar, sino donde estaria él. Pero en lo personal me da mucho asco por sus pretenciones politicas. Si no sabe de politica para que incursiona en ello. Que se dedique a escribir libros que es lo único que parece sabe hacer. Nada que se está congraciando con los enemigos de cuba.

  • Jorge Luis Rodríguez Reyes dijo:

    Asombra que este sitio digital sea eco de otra diatriba del profesor Guillermo R. R., que ya no solo debe estar retirado de la docencia, sino de la coherencia intelectual.

    Veo que lo suyo con Padura es fijación, Delirio persecutorio. Paranoia pura, geriatría pedante.

    Padura es un ejemplo de honradez para los intelectuales cubanos. Expone sus puntos de vistas, molestos o no, errados o no, pecaminosos o no. Pero los expone, y esa actuación de intelectual es muy necesaria acá, y se echa de menos que no sea una catarsis programadas. Pantomima como la que abunda por ahí.

    Es mi humilde criterio y conozco a Padura personalmente, y hay muy pocos escritores cubanos, conozco muchos, que tengan más humildad y coherencia intelectual que él y eso lo habilita para ser paradigmático para mí.

  • José dijo:

    Estimado Guillermo, comparto contigo el criterio de que para defender sus ideas, ningún escritor necesita pertenecer a las filas de un partido político, como tampoco pierde su honradez intelectual por pertenecer a éste. Pero de ahí, a descalificar a Padura por sus opiniones, media un buen tramo, pues del mismo modo en que hay escritores y artistas (tú los citas) que se acomodan a una disciplina partidista, hay otros que terminan desertando de ella, como fueron los casos de Louis Aragon y André Breton, que no soportaron la rigidez (o dogmatismo) de esa disciplina. O fueron expulsados de su partido por razones de orientación sexual, como fue el caso de Passolini. Seguramente no son los únicos, y creo que Padura fundamenta su respuesta sobre la base de esas experiencias. En lo que al Premio Nacional de Literatura toca, no me parece ético anunciar a los cuatro vientos haber impugnado la candidatura de un autor cubano por el hecho de que antes no se le haya concedido a otro. Aunque no haya sido esa la intención, confesar esto deja un mal sabor de boca porque recuerda viejos y reprobables métodos que tú también padeciste. Conozco al chino Heras y lo aprecio, sé cuánto sufrió en los tiempos en que la política cultural cubana se regía por los dictámenes del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura (que por suerte para todos los escritores y artistas cubanos no pasó de ser uno solo). Esa política dejó muchas secuelas, pues el quinquenio gris, en la práctica, no duró cinco años sino muchos más. Se extendió, en algunos casos, hasta después de los ochenta del siglo pasado, con la censura de premios a escritores como Yoel Mesa Falcón. Si el chino Heras ha demorado tanto en recibir esa distinción (y estoy de acuerdo contigo en que también la merece) se debe, en todo caso, a esas secuelas de las que hablo, que no se ven, pero flotan en el ambiente. O al olvido de las instituciones. O sabrá Dios a qué otra razón. Padura, desde luego, no tiene la culpa, ni Mario Conde tampoco. Por cierto, habría que decir que Los pasos en la hierba, del chino Heras, fue un libro injustamente criticado (y censurado luego) por esos mismos escritores que militaban en un partido, algunos de los cuales eran entonces sus propios compañeros de trabajo, profesores universitarios o escritores como él (evito citar nombres). Pienso, incluso, que la obra mencionada proyectaba ya en ciernes el tipo de personaje que luego vendría a ser uno de los tantos modelos de Padura al diseñar su Mario Conde, por lo que, desde mi modesto punto de vista, no precisa hurgar en la obra de Vázquez Montalbán su origen. Ese sujeto narrativo –lo sabes muy bien–, no ha encajado nunca en el modelo que la política cultural de la Isla ha pretendido seguir, aunque ahora, por razones coyunturales, lo acepte. Y no lo digo como reproche, sino que lo lamento de veras. Como lamento que se abra fuego a mansalva contra un escritor que sólo ha cometido la terrible herejía de ofrecer sus opiniones.

  • mono-escorpiona dijo:

    Pongo este comentario aquí para ver si por aquí sí lo publican.

    Ya me pude leer la entrevista de La Nación a Padura.
    Tienen razón los que se ofenden con la crítica a esta entrevista de Padura. Realmente es una joya… de la desinformación sobre los procesos sociales que ocurren en Cuba.

    Somos un pueblo decidido a defender un sistema social en el que creemos porque ha demostrado que es más justo a lo conocido por la humanidad hasta la fecha. Quien quiera argumentos que busque y compare los índices que desee de Cuba con los de otras naciones.

    La tabla de salvación para la inmensa mayoría de los cubanos al desaparecer el campo socialista europeo, fue aferrarnos a nuestra historia, a lo mejor de nuestra cultura, al ejemplo de nuestros héroes, los cotidianos y los inmortales. Nos apretamos el cinto ante las necesidades materiales insatisfechas, mordimos duro y seguimos palante para realizar nuestra “utopía”, con un bloqueo norteamericano arriba de nosotros más duro que nunca, jamás tocado ni con el pétalo de una rosa por Padura. No nos pusimos a gimotear como unos burguesitos.

    ¿Por qué estas “disímiles actitudes, realidades, sentimientos” no son las que provocan la inspiración en este escritor y lo retan a comunicarlas al mundo? Parece que las editoriales extranjeras eso no lo pagan bien.

  • DIMAS ROQUE dijo:

    No me asombra la entrevista de Padura en la Nación, de Buenos Aires. Excelente los comentarios de Atilio y del profe Rodríguez Rivera. Esos son medulares exámenes. Sin pretender silenciar los puntos de vista de los que no coincidimos con Padura, si hacerlo con altura y la mesura debida de no darle a su fans la excusa del “acoso”, que nos indilgaría, como si fuera el “retorno al quinquenio gris”, lo que exaltaría su ego y afán de notoriedad y elevaría su cotización en el mercado
    Nunca me gustó su estilo y el tratamiento de algunos de sus temas literarios. Pero eso me es imputable, y no me excusa, pues no poseo los conocimientos para ser un crítico literario. Siempre he admirado aquellas obras que he apreciado per se por encima de las posiciones que en uno u otro sentido puede haber tenido su autor con su época, que pueda compartir o no. A guisa de ejemplo Vargas Llosa, Borges, etc.
    Pero eso sí nadie puede vivir alejado de un “compromiso” en la vida, asumir una posición neutral entraña un vínculo con el mismo, aunque se titule independiente. Coincido con Gramsci, Jean Paul Sartre y Rubén Martínez Villena, en su famosa respuesta a Jorge Manach ,del compromiso del intelectual, siempre los habrás “orgánicos” con las causas más nobles, y también con las que no lo son.
    No puede este situarse por encima de un complejo social para convertirse, por audefiniciòn, en un nuevo profeta de nuestro futuro como pueblo.
    Estemos abiertos a la pluralidad pero siempre con altura. Sin extremismo ni manquedades. Los juicios críticos, bienvenidos, que nos ayuden a crecer como nación independiente y soberana. No podemos olvidar toda nuestra historia, no metamorfosearla en un marketing editorial
    Dimas Roque

  • Carlos dijo:

    Grande Padura!

  • Sachiel dijo:

    Existen tambien los Mario Conde que fueron policias, que defienden su sociedad con todos sus defectos y que no se rinden ni se venden ni reniegan por dos quilos. Existen los que fueron sancionados justa o injustamente, que no vierten la bilis rencorosa sobre todo lo bueno que se ha hecho, y saben criticar serenamente lo malo que perdura.

  • lexico dijo:

    El debate que se establece es como el caos de lo Real maravilloso de nuestro Alejo Carpentier y es sobretodo una buena chance para que aprendamos y entendamos lo singular de lo cubano. Me trae al instante la frase de Marti : un error en Cuba es una error en la humanidad toda. O aquel pensamiento del Che sobre que no se podia confiar en el imperialismo pero ni tantico asi, nada. Hace muy poco Frei Betto decia en la Habana que ninguno somos inflalibles a las seducciones del capitalismo y su mercado, haciendo un analisis de como los cubanos enbebidos en el triunfalismo de nuestros exitos, podiamos estar desandando los caminos del extinto bloque de la europa del este. No podemos darnos determinados lujos. Tenemos un compromiso historico que sostener. Aquellos que prefieran otra suerte pues adelante, somos libres de escoger, asumamos ademas el coste siempre politico.
    No creo en la ingenuidad intelectual y literaria, mucho menos en la absurda idea del apolitisismo. El hombre en tanto ser conciente es absolutamente politico y por tanto militante. El hecho mismo de que por determinadas circunstancia desapoyemos una proclama militante estaremos dando un apoyo tal vez inconciente en sentido apuesto.
    Alguien dijo antes que la lucha de clases existe y nos toca a todos por igual. Pues es eso.
    Los cubanos vivimos tiempos muy complejos desde que decidimos ser libres, hay quien pierde el sentido de este atributo y lo trastoca en "independencia" en sentido anagenante. Pablo Milanes creyo algo asi y hoy tiene una relacion de amor y odio con el pueblo que lo llevo a las cumbres mas evidiadas de la cancionistica mundial, pero sobre todo de la comprometida Nuestra America y de los otros pueblos oprimidos del mundo que no entendimos como le conquisto el resentimiento y el egoismo olvidandose de la gloria que se ha vivido. Comenzo por entender que el compromiso era cosa de palabras y termino contandoselas a algunos sectores oscuros y enemigos abiertos de nuestra patria alla en Miami. Asi dice Formell que no se va de Cuba porque ha visto en los que lo han hecho como se empobrece su exito porque se llena de melancolia y tristeza. Pienso que hay algunos que viven un exilio dentro de la propia isla, al verlo todo gris y pesimista como ocurre ademas con buena parte del cine que se muestra hoy, incapaz de mostrar ni una sola historia que nos haga salir optimistas de nuestras salas de cine.
    La intelectualidad Cubana conoce muy bien que representa un tiempo y un pueblo singular con un enemigo que al decir de Fidel es el imperio mas poderoso que haya conocido jamas la historia de la humanidad. El alcance de sus acciones son perpetuas y muchas veces veladas, como la practica misma que desde hace cincuenta años viene marcando su relacion con Cuba.
    Por suerte, ha sido esa propia intelectualidad periodistica y comprometida de cuba, y de paises amigos la que ha puesto al desnudo tan sucia politica en tal evidencia que hoy es casi unanime el rechazo al bloqueo genocida que nos agrede.
    La intelectualidad tiene, por responsabilidad historica que ser militante, solo que le compete a ella saber para que equipo batea en un mundo libre y democratico, cada vez menos libre y menos democratico.

  • Concha dijo:

    Soy una lectora ferviente de la obra de Padura, creo que pocos escritores cubanos pueden exhibir los valores artísticos de su obra, y ya lo dirá el tiempo, ese que nunca se equivoca. Además de la belleza que ha creado con su pluma, que es, quieránlo o no los políticos de efímera vida, y los miopes profesores y criticos archiveros, patrimonio de nuestra cultura, Padura consiste en un intelectual de gran entereza cívica y compromiso social como pocos. Su eticidad es de talla mayor, y su valentía no conoce fronteras, no ha tenido miedo y ha dicho lo que piensa, es un hombre libre, y esa libertad solo los grandes intelectules la han logrado.
    Cuestiono enormemente a Cubadebate porque solamente ha divulgado la opinión de Rivera, y no así la entrevista de Padura y otros comentarios. Entrevista que sé que es una niña de teta ante lo que dicen sus obras, en especial El hombre que amaba los perros, un clásico, al que quizás le sobren algunas páginas, pero ahí está La montaña mágica y también quizás le puedan sobrar algunas. Padura es mi Mann caribeño, quizás el de muchos. Y debemos estar agradecidos por tenerlo entre nosotros, es lamentable que pretendan demonizarlo simplemente por decir su verdad que es la verdad de tantos, por ejemplo la mía. Qué le pasa a estos foros que sólo pueden ser democráticos en la pelota, traten de extender esa democracia a la política y la sociedad y veremos cómo las cosas mejoran. Publiquemos los comentarios antagónicos, contrapuestos que enriquecen, seamos equitativos, y no mediatizados y manipuladores. Porque no todos podemos pensar de la misma forma, eso solo conduce al anquilosamiento y la muerte, ¿o es que no lo ven?
    Cuando una figura como Padura, hombre que estoy segura que comprende nuestra Cuba profunda y la ha vivido, es así tan atacado, nada noble se esconde detrás de esos comentarios, nada ingenuo. Ese empecinamiento contra él, me suena sucio, manifiesta bajas pasiones, y por qué no, hasta envidia y frustración. Honor a quién honor merece.

    Ileana Álvarez
    Ileana Álvarez

  • Julio César Pérez dijo:

    Creo que la literatura tiene entre muchas de sus funciones la de salvar, y el autor debe ser consecuente éticamente con ello, de lo contrario se convierte en un asesino de palabras y hombres. Cómo leer lo que propone un escritor descomprometido, apartado del mundo... imposible, nadie lo es, todos vivimos con arreglo a nuestro intereses, nuestror principios y valores, aunque sean retorcidos. Creo que el que pretende decir la verdad olvidando que esta tiene filo y dorso, que tiene luz y sombra, peca, la verdad debe ser dicha entera, pero eso solo lo puede hacer un hombre entero, al decir de Martí. No existe juego político en el arte, como no existe arte apolítico, a pesar de Padura y a pesar de Dios. Existe el bien y el mal, la desidia y el honor, pero cada quien asume su camino, yo aplaudo los escritores que toman el camino del bien y el honor, por eso aplaudo las palabras de Ródríguez Rivera y desdeño los que critican olvidando la verdad entera que está hecha más de luz que de sombra.

  • Gilberto González (Periodista) dijo:

    Profesor Guillermo: Muy acertada su opinión acerca de la entrevista que ofreció Padura a La Nación. Creo -como Arenea- que debía publicarse en Cuba, quizás aquí en Cubadebate (si no lo han hecho todavía, no lo se). Creo que quien la lea y tenga solo un poco de sentido nacionalista o patriótico (Padura separa un concepto del otro) no debe sentirse bien con las declaraciones del escritor que tienen mucho que leer entre líneas y que lo llevan del papel que quiso asumir de "disidente moderado" a un verdadero enemigo político de un sistema que -a fin de cuentas- lo ha formado, porque ¿dónde estudió Padura para hacerse el buen escritor (no excelente) que es A dónde hubiera ido quizás a parar sin el concurso de la Revolución y el Socielismo cubanos que ahora critíca? Pues según reconoce es "malo para las labores manuales". En cuanto al periodista Padura ¿Por qué no hace el periodismo que nuestra sociedad reclama para su mejoramiento en estos momentos? Si lo hiciera, estoy seguro que sería publicado dentro de Cuba y además con regocijo. Pero un periodismo tendencioso como se aprecia por sus declaraciones a La Nación, no es constructivo a la nuestra ni ninguna otra sociedad. Por último: ahora que -como él mismo dice en su entrevista- puede viajar a cualquier país ¿Por qué no selecciona, entre todas las naciones del orbe, ese "país normal" con el que sueña y se muda para allá?

  • Analice Pereira dijo:

    Me gustaría obtener el correo electrónico del profesor Guillermo Rodríguez Rivera. Es posible?

    Gracias.

    Analice Pereira

  • Tricolor dijo:

    Gracias a la censura no podemos leer a Padura... hasta cuando?. Padura ud siga escribiendo que de alguna manera el pueblo vera sus filmes y le leerá, por cierto "Regreso a Itaca" ya se exhibió y anda de flash en flash porque ya salio en el paquete, asi sucedera con "El hombre que amaba a los perros" y otras novelas que se llevaran al cine, me encantaria desde ya ver a Perrugoria encarnado al Mario Conde....

  • Carlos Moncada Valdez dijo:

    Gusté del artículo del escritor Guillermo Rodríguez Rivera, porque pude conocer parte de toda su actividad literaria y actuar intelectual, pienso que fue una grande demostración, ahora dejar de premiar una obra porque históricamente es más reciente que otra que también merce ser reconocida o premiada no es una razón intelectual, esa posición (si se generaliza) pode ir en detrimento del reconocimiento a los jóvenes talentos, soy de la opinión que se puede llegar a la cima hasta con 100 años, porque desde luego se ha tenido más oportunidad para llegar. Conocí a Padura en Angola, no es mi amigo, desconzco las interioridades de su vida personal, mas... me considero ser una persona que gusta de su amistad, su charla y la forma sincera y franca de analizar su entorno.

    Cierta vez en un encuentro con el escritor de "El modo de muerte americana" Armando Carballo (su hijo fue mi Jefe), nos mostró el manuscrito de un libro que no publicó pues era muy parecido a 100 de Soledad y dijo: "El Gabo se me adelantó, guardé mi Macondo" Soy una persona con poca cultura, no me desenvuelvo en el mundo intelectual literario, gracias a la Revolución he podido leer más de lo que hubiera podido si esta no hubiera triunfado, acredit que como García Márquez a Armando Carballo. Leonardo Padura se adelantó a otros y eso es también un gran mérito a reconocer. en una ocasión leí que: "Los mejores críticos son los autores frustrados."

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Guillermo Rodríguez Rivera

Guillermo Rodríguez Rivera

Escritor cubano nacido en 1943. Su producción incluye poesía, novelas como "El cuarto círculo" (1976, en coautoría con Luis Rogelio Nogueras) y ensayos como "Por el camino de la mar. Los cubanos" (2005).

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