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La cultura de la propiedad privada o ¡Cuidado con ese culto!

En este artículo: Cuba, Economía, Sociedad
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Cuba trabajo por cuenta propiaDe la unidad y lucha de contrarios la lucha suele tenerse más en cuenta que la unidad; pero ambas son inseparables, aunque a veces la unidad complique las cosas “calladamente”. Estas notas apenas rozan algunas aristas del tema, como el hecho de que la más eficaz propaganda favorable a una forma de propiedad la hacen las deficiencias de la otra.

Luego de siglos en que la privada ha sido dominante, cuando no exclusiva, ella es la que mayor habilidad ha concentrado en el servicio de sí. La social carga con la falta de preparación y, aún más, con el pensamiento heredado de la privada, al calor de la cual se fomenta el individualismo, que parece estar en la médula de la condición humana. En Cuba, para no ir más lejos ni sucumbir a las generalizaciones, las ineficiencias de la propiedad social motivan frecuentes alabanzas a la privada, como si no hubiera sido la socialización de gran parte de los bienes la base para que, después de 1959, la población alcanzara —son solo dos ejemplos— grados de instrucción y salud impensables cuando pululaba el analfabetismo y muchísimas personas morían por falta de atención médica elemental.

Que ahora en una farmacia habanera haya entre cinco y siete empleados, o empleadas, y se vea que solamente uno o dos atienden directamente al público, no es razón bastante para suponer que la privatización sería la única manera de mejorar las cosas. De su infancia, el autor de estos apuntes recuerda que en su pequeño pueblo natal había no menos de cuatro farmacias, atendida cada una de ellas por el dueño —era siempre, o casi siempre, el técnico del laboratorio, y recetaba— y algún que otro empleado. La agilidad del servicio era ostensible, como la limpieza y el orden del establecimiento. Pero había quienes morían porque no tenían acceso a un hospital, no podían pagar las medicinas y la atención médica —aunque algún médico sobresaliera en la solidaridad con los pobres, de cuyo seno había salido—, y acaso ni sabían que podían salvarse. Eso era tal vez lo peor.

Tras el triunfo revolucionario se nacionalizaron propiedades —incluyendo latifundios y centrales azucareros— de magnates vernáculos y foráneos, y en 1968 se puso en marcha otra socialización de la cual escaparon casi solamente las tierras de pequeños campesinos, beneficiados muchos de ellos por las sucesivas leyes de Reforma Agraria. Se habla aquí de socialización, no de estatalización, tendencia también válida para el capitalismo de Estado. Los salarios tuvieron escaso crecimiento: la administración nacional, centralizada, se encargaría de compensar ese déficit con servicios no pagados por los ciudadanos al recibirlos, pero que tampoco salían del aire, sino de emplear con fines colectivos las ganancias que los dueños de la propiedad privada recaudan como plusvalía. Esto, con respecto al conjunto del mundo, lo describió claramente Carlos Marx. No lo inventó.

Ahora, en gran medida se revierte lo que en 1968 se llamó Ofensiva Revolucionaria, y el cambio puede acarrear sacudidas profundas. Lo de menos son los establecimientos que se instalan en locales sin características adecuadas para esos usos. Lo más relevante atañe al plano mental, de pensamiento, o —dígase sin ambages— ideológico. Incontables personas que objetivamente se beneficiaron con la “locura” de la propiedad social y su continuidad, y otras que no vivieron aquel cambio, parecen idealizar cada vez más una propiedad que, en no pocos casos, permite ganar al día sumas mucho mayores que las recibidas por quienes trabajan en una institución estatal.

A quien gana en un establecimiento privado cantidades altísimas comparadas con lo que se logra devengar bajo administración del Estado, quizás le importe poco que ello sea posible porque el dueño para el cual trabaja acumula miles de pesos para provecho propio, no de la sociedad. La plusvalía, que se obtiene al explotar el trabajo ajeno, es una realidad objetiva, y no deja de existir porque se le cambie el nombre, se le ignore o se quiera que no exista.

Decirlo no debe tomarse como un intento de boicotear ninguna modificación que pueda ser necesaria en la economía. Es simplemente reconocer lo que no debe soslayarse si se quiere asegurar algo más importante: el recto entendimiento y la acertada conducción de la sociedad. Los pequeños establecimientos privados tal vez no debieron haberse suprimido o, de haber sido preciso hacerlo, quizás su restitución, hoy valorada como necesaria, debió haber tardado menos. Pero más valioso que especular sobre algo que no cabe someter a la voluntad, y menos aún a voluntarismos, es la lucidez ante la marcha y las mutaciones de la realidad y lo que ellas impliquen. Inercia y resignación pueden dar resultados funestos.

Solamente ignorar o eludir que el movimiento sindical debe prepararse para enfrentar las consecuencias del aumento de la propiedad privada, sería ya un grave error. Durante varias décadas el axioma de que la administración estatal lo hacía todo para bien del pueblo, aunque se equivocara, pudo hacer pensar que los sindicatos debían renunciar a su carácter de contrapartida de la administración, aunque esa responsabilidad no se la encomendó o reconoció ningún agente de la CIA o político perestroiko, sino dirigentes revolucionarios como Vladimir Ilich Lenin y Fidel Castro. Abandonada su misión mayor, los sindicatos podían acabar plegados sin más a la administración, y dedicarse a encauzar una emulación minada por el formalismo o a celebrar fiestas y otras formas de recreación —también necesarias, justas— para el colectivo. Pero su misión fundamental es otra.

Los replanteamientos salariales, responsabilidad de la dirección política y administrativa del país, no podrán hacerse de un día para otro, ni tal vez simultáneamente en todos los sectores. Pero apremian, máxime en un país donde quienes —porque lo desean o no encuentran otra opción— siguen trabajando bajo la administración estatal, sufren agobios por la insolvencia de sus salarios, cada vez más deprimidos en relación con el costo de la vida y —repítase— ante lo que ganan quienes trabajan en sectores de la propiedad privada, ya sea individual o cooperativa. Eso es cosa seria donde la administración estatal está a cargo de los medios de producción y los servicios fundamentales.

El necesario aumento salarial debe llegar, sin demora infinita, a todos los sectores bajo administración estatal, para que no se produzcan desequilibrios de consecuencias impredecibles (o no tan impredecibles quizás). No hay que ser economista para inferir que una de las fuentes de ingresos con que la dirección —no propietaria— del país podrá contar para ese aumento serán las contribuciones tributarias de numerosos pequeños empresarios. Pero si a la imagen de las sumas que ganan los más favorecidos en áreas no estatales, en el pensamiento de los trabajadores del sector estatal se añade la idea de que su salvación depende de la propiedad privada, se le rinde a esta última un culto que se agregará a la supuestamente inevitable ineficiencia de la social. Conste que no pocas veces la esperanza de resolver problemas de diversa índole se asocia con la magia de la gestión privada.

Por añadidura, eso ocurre cuando en el afán de lograr funcionamiento y rentabilidad en entidades sociales se entiende necesario, o lo es, el concurso de administraciones foráneas —exponentes de la propiedad privada—, aunque se trate de frentes donde el país tenía larga tradición, como el azucarero. Así, las circunstancias aportan imágenes que factualmente propician la idealización de la propiedad privada, y calzan el culto que no pocas personas le rinden a esta de modo más o menos consciente, pero nutrido asimismo por el mensaje que “inocentemente” llega por distintos medios y caminos.

Ello recuerda un chiste acuñado en torno a la demolición del campo socialista europeo: el socialismo es el camino más largo para construir el capitalismo. También surgió otro chiste malvado, según el cual, si fundadores socialistas —dígase Lenin— valoraron como harto difícil edificar el socialismo en un solo país, el nuevo contexto evidenciaba la necesidad de intentarlo en varios a la vez, pero no en todos, para que desde las naciones capitalistas el movimiento de solidaridad apoyara los afanes de construir el socialismo.

Hoy la crisis sistémica del capitalismo, para la cual se prevén paliativos, no cura, resta asideros al segundo de esos chistes. Pero la ideología no debe confiarse a la espontaneidad, mucho menos en un planeta donde el socialismo ha sufrido reveses costosísimos sin aún haberse construido plenamente, y los poderosos —capitalistas— siguen disfrutando los resultados de su astuta propaganda y los errores de sus adversarios. Si no, ¿cómo entender la capacidad de movilización que aún los opresores muestran entre beneficiados por afanes de cambios que ni siquiera echan abajo el capitalismo? Otra lección marxista, o de la realidad: el pensamiento dominante lo es porque lo portan los dominadores, y porque estos son capaces de insuflarlo como un elemento natural a los dominados.

Ya no solamente se sabe que el afán socialista es reversible, sino que puede ser aplastado, o desmontado. Su triunfo no será un hecho fatal en ninguna parte: al menos en las circunstancias existentes, que quién sabe cuánto se prolongarán, no cabe dar por sentado que surgirá de manera espontánea, como resultado mecánico de leyes objetivas. Se ha puesto asimismo en evidencia la falsedad de un presunto dogma que beneficiaba, en primer lugar, a quienes se adueñaban inmoralmente de bienes que eran o debían ser sociales. Según él, en el socialismo no puede haber lucha de clases, porque no hay clases, sino sectores. Pero lo sucedido en numerosos países, y que puede seguir ocurriendo en otros, valida la respuesta que ese dogma mereció en su momento y puede continuar mereciendo: no hay lucha de clases porque no hay clases, sino sectores, ¡pero qué clases de sectores en lucha! Dar nombres eufemísticos a fuerzas sociales y económicas, o conatos de ellas, no neutraliza su naturaleza ni sus intereses, ni evita las reacciones que les son propias.

El culto a la propiedad privada es inseparable, en Cuba, de otra mistificación con la cual se intenta falsear la historia, la realidad de este país: sobre todo fuera de él, pero también dentro, hay quienes sostienen —y no porque lo hagan con subterfugios es menos peligrosa la falacia— que Cuba tuvo un pasado capitalista próspero, y debe volver a él. Para refutar semejante engañifa debería bastar la foto de Korda que muestra a una niña campesina con una “muñeca de palo”. Y hay también otros desmentidos contra quienes intentan edulcorar la realidad cubana anterior a 1959. Dos de ellos, entre los que han circulado recientemente, se deben a sendos autores cubanos, residentes, uno en La Habana, y en Miami el otro.

El primero, Alfredo Prieto, ha descrito la trayectoria de los Fanjul-Gómez Mena desde su emergencia como magnates del azúcar en Cuba hasta su posterior (y actual) etapa en los Estados Unidos, adonde emigraron después del triunfo de la Revolución. Desde territorio estadounidense expandieron el restablecimiento de su fortuna hasta Jamaica y República Dominicana. Sobre su brutalidad para someter a los obreros —esclavos no demasiado modernos que digamos—, Prieto recuerda que la actriz estadounidense Jodie Foster rodó, como directora, Sugarland, con la actuación de otra estrella, Robert De Niro, y de ella misma. Pero la película no se exhibió en los Estados Unidos: se asegura que lo impidieron con sus recursos los poderosos hermanos Fanjul, quienes, escribe un crítico citado por Prieto, “supuestamente se fueron de Cuba por la falta de libertad”.

Nada menos que por las ondas de Radio Miami, desafiando la intransigencia de la camarilla de origen cubano que por allí hace fortuna con su labor contrarrevolucionaria, Nicolás Pérez Delgado arremetió sólidamente contra los intentos de idealizar la Cuba donde se enriquecieron los Fanjul, aunque no los mencionara. A base de datos extraídos de fuentes oficiales de aquella Cuba, echó por tierra las falacias sobre un país que supuestamente había alcanzado su mayor bienestar gracias a la propiedad privada.

No es precisamente la Cuba de hoy el escenario donde más orgánico y saludable pueda resultar el culto a esa forma de propiedad. Y, si no se debe confundir confrontación ideológica y cacería de brujas, tampoco se ha de ignorar la importancia de la ideología ni la necesidad de cultivarla acertadamente por los caminos de la persuasión, y por los de la lucha cuando es menester.

La llamada desideologización consiste en propalar, como lo más natural del mundo, valores y conductas que benefician a una ideología concreta: la capitalista, que por excelencia es hoy la del neoliberalismo y sus costras y adiposidades. La garantía de la propiedad social, para que esta lo sea de veras, pasa por la cultura de participación activa de los trabajadores en los pasos que se den para asegurar, día a día, el buen funcionamiento de un país cuya singularidad en el mundo la decidió su opción por la equidad y la justicia.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 17 comentarios



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  • Horacio Gonzalez dijo:

    El capitalismo es el sistema donde el capital esta concentrado en pocas manos , deben ser pocos los poseedores del capital y los obreros no tienen ni deben tener capital por lo cual se tienen que ofrecer obligatoriamente al poseedor del capital . si la clase obrera tubiera capital no tendrian la necesidad de ofrecer su fuerza de trabajo al capitalista trabajaria para si mismo. que pasaria si el estado en ves de ser capitalista se transforma en banquero y financia empresas colectivas en la cual los propietarios son quienes trabajan y deben devolver el creditot tendriamos una sociedad colectivista con propiedad privada
    la propiedad privada en si mismo no define una sociedad sino
    cuantos integrantes de esa sociedad son poseedores del capital
    se puede edificar una sociedad colectivista aun con propiedad privada , pero esta debe ser para todos

  • marita dijo:

    Muy analítico, profundo y esclarecedor este artículo. Debían hacerse programas televisivos, con personas como el autor de este trabajo de forma sistemática, que contribuyan a que pensemos más y no nos dejemos llevar por segundas intenciones para que no pequemos de ingenuos-ignorantes-desideologizados, para que no paguemos caro por el error.

  • yordanis dijo:

    Incluye en esa cultura los feudos de flora y fauna, labiofam que son ESTATICULARES

  • gallo dijo:

    …la más eficaz propaganda favorable a una forma de propiedad la hacen las deficiencias de la otra…
    Yo diría lo mismo pero traspolado a los Sistemas que los veo mas determinantes, pues para mi lo esencial es el movimiento pero no uno cualquiera de empuja empuja, sino uno que nos permita observar en todo momento en donde estamos, compararnos, evaluar y encaminarnos con total transparencia hacia nuestro destino.
    Aristóteles nos trataba de demostrar en “La política” que cualquier forma de gobierno era bueno si el fin que se perseguía era el del bienestar de sus ciudadanos y toda desviación de este camino lo convertía en malo, fuera el que fuera y en el momento que fuera…. uhmmmm y este señor era muy inteligente… se cuenta que educo a Alejandro Magno… de cuyas proezas aun se habla y han provocado la envidia de algunos aun hoy…
    Pero sucede que el socialismo como Sistema yo modestamente lo veo como una fruta a la que no se le debía haber echado flordimex con etiqueta y producción capitalista… por sus consecuencias para el que la come y mucho mas para el que la ve.

  • Enrique dijo:

    BUEN ANALISIS PERO CREO QUE EL TITULO DEBE SER ¨LA INCULTURA DE LA PROPIEDAD SOCIAL¨ QUE ES LO QUE NOS HA SOBRADO SIEMPRE.

  • marita dijo:

    Respetable Horacio González
    El que escribe y habla mal es porque piensa mal sobre todo de economía política

    Primero rectifique sus errores en el lenguaje:

    “Tuviera” es con “v”

    “La clase obrera…no tendría…” (concordancia y tilde en tendría)

    “¿Qué pasaría si…?! Tilde en pronombre interrogativo

    Lo mismo en “cuántos integrantes…”

    “Trabajaría”, “pasaría”, “tendríamos”, “créditos” (llevan tilde)

    “La propiedad privada en sí misma…” (concordancia)
    “… en vez” ( “z” al final de la palabra)

    Y qué quiere decir en lenguaje tan torcido “….una sociedad colectivista aun con propiedad privada , pero esta debe ser para todos”

    ¿Qué debe ser para todos? ¿ La propiedad privada?

  • Ernesto dijo:

    Buen articulo ,siempre respondo parafraseando un viejo refran entre mas conozco al capitlismo mas quiero al socilismo .

  • Atenea dijo:

    Algo se puede deducir de este artículo,¿Fue un error lo d la ofensiva del 68?,probablemente se pasaron, ya que me han contado de muy pequeños negocios que fueron eliminados ,por ejemplo mi abuelita tenía gran nostalgia de los negocios de chinos de tintorería, en el Mundo entero los hay, eran lo máximo en eficiencia y excelente calidad de srvicios,me contaba hasta te cosían la ropa si tenía un descosido o te le ponían un botón, y de la limpieza de ésta ni hablar, nunca el estado suplió eso.Yo al menos no recuerdo una lavandería confiable donde no te empercudieran la ropa.Parece algo sencillo pero era un excelente servicio que se perdió para siempre.
    Gracias por publicar este comentario.
    Quisiera que otras personas mayores que yo abundaran en estos asuntos,el momento es ideal para aprender de aquellos errores.
    Todos los extremos son malos.

  • Cayo dijo:

    Vale la pena la divulgacion de articulos esclarecedores como el presente pues se combate la ignorancia que a veces provoca conclusiones erradas. Pero el culto a la privatizacion de todo no es un problema de ignorancias. El estado debe ser y, en nuestro caso será, el regulador permanente de lo que puede quedar en el campo de la propiedad privada y lo que debe mantenerse socializado. En la implementación de los lineamientos del congreso del partido se hace con moderacion y precisuión..

  • Walfrido dijo:

    Creo que el articulo es muy analitico y profundo,pero en nuestro caso la propiedad nunca ha sido social ,sino estatal,y las personas no se sienten dueñas de la propiedad como realmente lo son,las personas lo ven como propiedad del estado.No creo que la propiedad privada sea la solución a nuestros problemas,pero si nos ayuda bastante a resolver los grandes problemas economicos que teenmos ,o si no relean a Lenin con la aplicación de la NEP,que le dio buenos resultados en Rusia en aquella epoca,o mas en la actualidad ,los logros en Vietnam y China que se han hecho con la participacion de la propiedad privada

  • arag dijo:

    La propiedad social es sobre los medios de produccion no los servicios como lo que tiene actualmnte el cuentapropismo y el estado debe ser garante de las conquistas del socialismo cubano,poco a poco la empresa socialista libre de ataduras podra hasta duplicar lo que da actualmente el estado como salarios y todos podran volver si lo desean a este tipo de trabajo, lo importante es que todas son formas validas en el socialismo

  • FABIOMAXIMO dijo:

    EL PROBLEMA DE LA PROPIEDAD SOCOAL ES QUE SUS TRABAJADORES NECESITAN UN ALTO NIVEL DE CONCIENCIA COLECTIVA Y DE EMPATIA HACIA EL PROJIMO, SI NOS FIJAMOS CON DETENIMIENTO, LAS RAMAS DE LA SOCIEDAD QUE MEJOR SE HAN COMPORTADO EN SUS LABORES HAN SIDO LAS VOCACIONALES COMO LA MEDICINA, EDUCACION, INVESTIGACIONES CIENTIFICAS O DEPORTES. AUN LE RESTA AL SER HUMANO EVOLUCIONAR MAS AUN PARA QUE UNA SOCIEDAD COLECTIVISTA FUNCIONE OPTIMAMENTE SIN NECESIDAD DE LAS AMENAZAS DE DESPIDO O POR AMBICIONES PERSONALES.

  • Carlos de Holguín dijo:

    Mis respetos, estimado profesor Toledo Sande, presidente además de la Comisión que en la Asamblea Nacional debería revisar la constitucionalidad y espíritu de las disposiciones jurídicas que se aprueban por todas las instancias legislativas del país.
    La propiedad privada -felicidades por llamarla así y no “de los cuentapropistas” o “no estatal” – es necesaria en todo sistema. Ya nos dimos cuenta de eso, con muchos años de atraso, desgraciadamente. Pero lo esencial es que interioricemos que sólo el Estado y su maquinaria industrial y de servicios es el que se constituye en el motor de la economía: los privados son meros engranajes, sin los cuales no anda la maquinaria, imprescindibles por tanto, pero no reflejan con su trabajo la creación de los bienes esenciales y el progreso a que aspiramos. Esa es la cuestión.

    • Luis Toledo Sande dijo:

      No intervengo sobre el derecho de lectoras y lectores a opinar acerca del artículo, pero me siento en el deber de hacer una aclaración relativa a un punto de lo expresado en su comentario por Carlos, de Holguín. Al atribuirme, en la Asamblea Nacional, una responsabilidad que no tengo, incurre (y no es el primero) en una confusión que estimo honrosa para mí, pero que no sé —aunque me gustaría merecer que así fuera— si la recibe de igual modo el otro compañero objeto de la confusión, ni si tal vez a él le haya ocurrido algo similar. En cualquier caso, se trata de un dato falso, aunque esa no fuera —y estoy seguro de que no lo fue— la voluntad del comentarista, cuya atención agradezco. Respeto al conocido jurista José Luis Toledo Santander, pero no debo ni deseo usurpar su personalidad, ni su nombre, ni propiciar que mis ideas reciban el aval de atribuírsele a él, aunque las compartiéramos, o las compartamos. Ese es el punto.

      Luis Toledo Sande

  • Nelson Gutierrez dijo:

    En el capitalismo el socialismo hace mucho que existe. Es arte de socializar las perdidas y hacerle pagar a la clase obrera y las clases medias–el publo– las periódicas crisis privatizando la perdidas. Se quiso aminorar algo esta injusticia fragante con el “estado del bien estar” pero solo fue una medida contra insurgente para ganar la guerra fría. En Uruguay por ejemplo en la actualidad es muchísimo mas injusto que antes de la dictadura Militar.y nuestra soberanía esta por el suelo. La transaccionales capitalista se han quedado con el 60% de territorio y con esto tenemos trabajadores en el campo en condiciones horribles. Hay estudio muy responsables que en 30 años estaremos tan pobres como Haití, y abra condiciones para que solo puedan vivir 500.000 personas. Esto ha pesar que en este momento estemos pasando por un boom económico producto del exponencial aumento de la deuda externa. Recuerden Cubanos/nas que para el capitalismo Cuba es solo viable con: no más de 5 millones de habitantes.

  • Luis Echeveria dijo:

    Por la importancia del debate sobre la propiedad privada en Cuba (y no solo en Cuba), recomiendo a los lectores de Cubadebate el artículo “Las reformas económicas en Cuba, los intelectuales contestatarios y la cuadratura del círculo” (http://revista-edm.org/?q=las-reformas-econ%C3%B3micas-en-cuba-los-intelectuales-contestatarios-y-la-cuadratura-del-c%C3%ADrculo) desde el que desde una posición de izquierda se aborda la cuestión en varias aristas.
    Saludos.
    luis

  • Elpidio Valdes dijo:

    No puede haber equivocos alguno cuando se habla de propiedad privada, existe la propiedad individual, aquella que se refiere a la propiedad de cada cubano onucleo familiar sobre los articulos materiales que poseen en sus viviendas, incluida las de un auto si el nucleo familiar o una persona en particular lo posee, no puede ni debe haber dudas algunas sobre la propiedad privada en lo tocante a los trabajadores por cuenta propia, sean personas naturales o personas juridicas constituida mediante acto juridico ante las autoridades pertinentes al respecto, lo que se posea como trabajador por cuenta propia para el desempeno de su actividad laboral bien como persona o colectivo, entra en el mismo concepto de propiedad individual, ya cuando hablamos de un ente juridico, esa propiedad pertenece al ente juridico en cuestion y no puede ni debe estar en contradiccion con la propiedad social sobre la tierra, el suelo donde se vive, o el lugar en que colectivamente se realiza una actividad productiva, tanto industrial, artesanal o agraria, esa propiedad es del colectivo en cuestion que se asocio para llevar a cabo una actividad productiva o de servicio en cuestion y cuando esa actividad entra en contradiccion con los intereses sociales del pais, la autorizacion para el desarrollo de esa actividad queda anulada de inmediato.

    La propiedad como ente dentro de la sociedad socialista, no tiene ni puede tener el mismo significado que tiene en una sociedad capitalista, pues en el socialismo los medios fundamentales de la produccion son propiedad del pueblo y esa es la propiedad que tiene poder real y absoluto sobre todo el pais, la tierra no es una mercancia, por tanto no puede ser comprada y vendida, por tanto no hay propiedad privada como en el capitalismo sobre la tierra, los edificios de vivienda son propiedad de sus habitantes segun la ley de vivienda, y en la etapa actual, los duenos que tienen algun tipo de propiedad sobre esos edificio por un periodo de tiempo que se establece por el pais y su gobierno al firmarse un acuerdo de explotacion habitacional, para hoteles, aparahoteles o colectivos de viviendas, y en esos casos la tierra o el suelo donde estan ubicados esas instalaciones de vivienda o negocios, son propiedad del pueblo de Cuba, no de un particular o de varios en un sociedad de cualquier tipo que se constituye en Cuba, para la explotacion de ese tipo de negocio.

    Lo mas importante no existe la propedad privada en Cuba, pues lo mas deseado en una sociedad capitalista, es la tierra, tanto en los campos como en las ciudades, por tanto en Cuba, ese concepto se alguien lo utiliza para senalar propiedad en su negocio por cuenta propia, esta totalmente equivocado y no se ajusta a las condiciones juridicas, eticas, morales y sociales que rigen en la Isla

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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