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Cuba: una revaloración indispensable de la inversión extranjera directa (I)

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La inversión extranjera directa (IED) se tomó en cuenta por primera vez en la economía cubana cuando en 1982 se aprobó el Decreto Ley 50, que la autorizaba como un complemento al esfuerzo inversionista del país y los proyectos que se venían desarrollando con las naciones socialistas europeas.

Posteriormente, durante el Período Especial, se incrementó gradualmente la presencia de capital foráneo, primero en los sectores del turismo y la producción del petróleo, y posteriormente en la minería del níquel, las telecomunicaciones, la industria alimentaria y la comercialización de las exportaciones de tabaco y ron, entre otras áreas a las que se dirigió la captación de los flujos financieros externos.

A partir de septiembre de 1995 esta actividad fue regulada por la Ley No. 77 de la Inversión Extranjera, que se complementaría en 2004 con el Acuerdo No. 5290 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, que amplió las formas de inversión posibles.

De este modo, la IED creció entre 1995 y 2002, cuando abarcó 403 negocios conjuntos, con un compromiso de inversión estimado en 5.200 millones de dólares. Estos acuerdos se fueron reduciendo por el vencimiento de los contratos, así como por incumplimientos de lo pactado y el desfavorable resultado económico de una parte de los proyectos, lo que llevó a que en 2010 se mantuvieran sólo 206 acuerdos, con un compromiso estimado de inversión de 4.200 millones de dólares.

La transformación de la política económica que se aprobó en 2011 planteó nuevamente la necesidad de continuar propiciando la participación del capital extranjero en la economía como complemento del esfuerzo inversionista nacional.

Esa realidad se ha puesto de manifiesto en diferentes estudios que, aunque muestran que las asociaciones económicas con capital extranjero participan en el 40% del valor de las exportaciones del país, evidencian que su monto ha sido insuficiente en relación con las necesidades de inversión foránea, estimadas en varios cientos de millones de dólares anuales para alcanzar tasas de crecimiento superiores al 6% a mediano plazo.

En este sentido, el país debe enfrentar la descapitalización sufrida por la economía durante los últimos 25 años, consecuencia básicamente de la significativa reducción de las inversiones producto de la crisis de los ´90. En efecto, mientras que la tasa de inversión alcanzó un valor de 26% del PIB en los años ´80, bajó a 9,2% en la década siguiente y sólo se elevó muy discretamente a 10,6% entre 2000 y 2013.

Para dar un vuelco a esta situación se requiere emprender cambios estructurales indispensables en el modelo de funcionamiento de la economía cubana, que permitan superar los obstáculos que supone enfrentar solamente la coyuntura a corto plazo.

Sin embargo, para lograr esas transformaciones -además de algún tiempo- es preciso incrementar el volumen y la calidad de las inversiones, pero dado el bajo ritmo de crecimiento de la economía en estos momentos -sólo 2,5% anual entre el 2009 y 2013- no es posible asegurar un nivel mínimo de consumo, incrementar las inversiones y al mismo tiempo regularizar el pago de la deuda externa.

Este último aspecto implica serias restricciones a corto plazo para el crecimiento del país, pero resulta indispensable para lograr los flujos financieros externos necesarios y, entre ellos, incrementar la inversión extranjera directa.

Objetivos esenciales -como lograr un mayor nivel de seguridad alimentaria sustituyendo un potencial de unos 600 a 800 millones de dólares anuales en importación de alimentos- demandan un flujo de recursos financieros que permitan asegurar el capital de trabajo para la compra de insumos básicos -fertilizantes, herbicidas, plaguicidas y combustible-, así como la adquisición de maquinaria y equipos indispensables en el propósito de incrementar la productividad del trabajo y el rendimiento de los cultivos. (1)

Esos recursos pueden obtenerse mediante la asociación con el capital extranjero, como parte de una política adecuada que permita maximizar los beneficios y minimizar los riesgos que esta política supone.

Para ello no deben pasarse por alto las ventajas y limitaciones de la inversión extranjera en nuestras condiciones. (Continuará)

*El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM, La Habana)

1 Actualmente los rendimientos agropecuarios cubanos en productos esenciales para la alimentación tales como el arroz, el maíz, la caña de azúcar, la carne vacuna y la leche de vaca se encuentran muy por debajo del promedio mundial, que sólo se supera ligeramente en el caso de los frijoles y los huevos.

(Tomado de CubaContemporánea)

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  • mandy pRO dijo:

    Saludos al profe, siempre a´lante con ideas para el desarrollo

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José Luis Rodríguez

José Luis Rodríguez

El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Fue Ministro de Economía de Cuba.

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