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En torno a la mutilación de la memoria

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Jorge Mañach

Jorge Mañach

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Rafael Rojas es uno de los ensayistas del exilio cubano que me interesa. Lo es desde mi lectura de su libro El arte de la espera, que el profesor Iván de la Nuez puso en mis manos cuando ambos coincidimos, allá por 1998, en un evento efectuado en Palma de Mallorca, auspiciado por la Universidad de Islas Baleares para a comentar la situación cubana en el centenario del fin del dominio español sobre la isla.

En las páginas de ese libro, Rojas discurría sobre el tema de la religión en Cuba, y yo incluí el debate con algunas de sus afirmaciones en el capítulo Dios y el diablo en la tierra del sol[1]que, a partir del título del film de Glauber Rocha, escribí para mostrar como aborda el cubano su relación con las creencias religiosas.

Algunos le reprochan a Rojas, el historiador, incursionar en lo que sería ámbito de la crítica literaria, pero no seré yo quien se sume a esa opinión, porque creo que el humanista que se procure una formación pertinente –Rafael Rojas la tiene sobradamente–, puede operar en dos esferas del pensamiento tan conectadas. Mis discrepancias en torno a las consideraciones de Rojas, en este caso, se apoyan en la que me parece que es una visión unilateral e insuficiente del asunto que aborda.

Sus Memorias mutiladas se acercan, inicialmente, a lo que podríamos llamar la “mutilación” que hacemos los revolucionarios del pensamiento de los escritores exiliados, cuando pretendemos “recuperarlos”. El primer acercamiento que hace es a la obra de Jorge Mañach y a su significación para la cultura cubana desde la perspectiva de los intelectuales de una nación regida por un partido de orientación marxista-leninista.

Yo fui del grupo de estudiantes que inauguró, en 1962, la Escuela de Letras habanera, fundada tras la reforma universitaria y que fue la base de las ulteriores facultades de Filología y de Artes y Letras. Estudié en la primera y he enseñado en las otras dos hasta ahora mismo y las tres son clarísimas entidades de continuidad. En esas aulas se mantuvo siempre el respeto a Jorge Mañach y la consideración de su importancia como ensayista y como uno de los fundadores de Revista de Avance. Un libro como Historia y estilo era –y es– lectura indicada para los estudiantes de literatura cubana.

Tuve el privilegio de recibir el curso que, sobre la poesía de José Martí,  dictó en 1964 Juan Marinello, así como el de haber visitado alguna vez la casa del profesor. Allí comprobé el afecto que aún sentía Marinello por su viejo compañero y amigo de los años veinte. La declaración de apoyo a la invasión de Bahía de Cochinos de Mañach era, para él, consecuencia de la influencia de su esposa, proveniente de la más reaccionaria burguesía cubana. Como el “plomo en las alas” de Mañach, la categorizaba Marinello.[2]  Más que afirmar la certeza de ese enfoque, quiero hacer ver la fidelidad a la amistad con el autor de Martí, el Apóstol, que guardó hasta su muerte el viejo marxista.

Mucho más dura y terminante que la de Marinello, fue la valoración que hizo de Mañach el poeta católico, hermético y hondamente cubano que fue José Lezama Lima. Como lo fue en su momento la perspectiva de Rubén Martínez Villena, o la de Raúl Roa, que incluye sus frecuentes desacuerdos con Mañach en la compilación de ensayos Retorno a la alborada, de 1964.

Acaso el liberal y republicano Jorge Mañach quiso ser el ideólogo de una burguesía demasiado subordinada a los Estados Unidos, que quería muy poco más que enriquecerse y que no se interesó nunca en ese proyecto que el pensador perfilaba. Mañach –quien, por supuesto, no fue un maccarthysta– sí desarrolla un pensamiento que lo enfrenta a la ideología marxista, y es ese pensamiento el que, en última instancia, le hace abandonar Cuba en 1960.[3]

Lo que la valoración de Rojas pasa por alto es el estado de guerra –armada o económica y propagandística, o las tres simultáneamente– que los gobiernos de los Estados Unidos y un exilio cubano que se les subordinó (y se dejó arrastrar a la derrota de Playa Girón), decretaron contra una revolución popular que se atrevió a hacer una reforma agraria que demandaba la republicanísima Constitución de 1940, pero que la misma empresa que abortó la reforma agraria guatemalteca en 1954 y, con el apoyo de la CIA, derrocó al democráticamente electo gobierno de Jacobo Árbenz, tampoco estaba dispuesta a tolerar en Cuba.

La opción socialista fue la única que pudo adoptar la revolución cubana de 1959 para sobrevivir. Sobrevivió por su decisión y por el alto precio que hemos pagado –en sangre y en privaciones– los cubanos que decidimos permanecer en Cuba.

Rojas quisiera que el tránsito a una nueva relación con el exilio se hiciera de una vez y sin transiciones. A mí también me gustaría que ese exilio que por años ha servido a Estados Unidos contra su país, proclamara su voluntad de que se eliminara el bloqueo que el mundo entero condena año tras año en Naciones Unidas, y apoyara el proyecto de una América Latina plural, unida e independiente que representa la CELAC, pero los grandes valladares de la historia rara vez pueden evadirse de un salto.

En lo que toca a mi recuperación, en palabras de Rojas, de un Jesús Díaz “domesticado”, quisiera explicitar mi punto de vista.

Fui amigo de Jesús casi desde que nos conocimos, cuando él era profesor de filosofía marxista en la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana, y yo su alumno. A pesar de la distancia que la relación profesor-alumno podría suponer, ella desembocó en una amistad acaso propiciada por la cercanía de edades, afinidades e  intereses. Cuando en 1966 ganó el Premio Casa con su libro de cuentos Los años duros y comenzó a planear la aparición de El Caimán Barbudo, que empezaría a editarse en la primavera de ese año como suplemento mensual de Juventud Rebelde, Jesús me llamó inicialmente para que yo relacionara a jóvenes poetas con la publicación que estaba por aparecer.  Casi enseguida me designó como jefe de redacción de ella.

Lo que vivimos en la nueva revista, que aspiraba a ser el órgano de una nueva generación de escritores cubanos, lo he contado en parte en un ensayo que El Caimán… premió en el concurso que convocó para conmemorar su aniversario cuarentaicinco[4]. Fue demasiado rápido, demasiado precipitado el fin de aquella aventura, pero mi amistad con Jesús resistió lo que sobrevino, incluso su ruptura con la Revolución cuando en 1994 disfrutaba de una beca en la República Federal de Alemania, a la que pudo ser acompañado por su esposa e hijos.

Ese mismo año Jesús pasa de Berlín a Madrid y, junto a Anabelle Rodríguez,  empieza a fraguar el proyecto de Encuentro de la cultura cubana, la revista que aparecerá en 1996 y que Jesús dirigirá hasta su muerte en el año 2002.

Colaboré en la revista Encuentro desde su aparición, pero me fui separando de ella cuando, cada vez más, pasaba a ser una revista más –acaso la mejor– del exilio cubano. Se lo expuse a Jesús en una carta que el publicó, pero la amistad entre los dos nunca desapareció. Había leído Las palabras perdidas en La Habana, porque Jesús me la entregó antes de que se editara y antes de que él partiera a Alemania, en la que fue su salida de Cuba sin regreso. Leí después La piel y la máscaraDime algo sobre CubaSiberiana y Las cuatro fugas de Manuel, aunque esta última novela –editada en 2002, el propio año de la muerte de su autor– me la “contó” antes el propio Jesús, la última vez que nos vimos, en su casa de Madrid.

Rojas afirma que yo propongo que se reedite en Cuba Las iniciales de la tierra y que se haga la primera edición cubana de Las palabras perdidas y establece que, entre las seis novelas que publicó Jesús elijo esas dos porque fueron escritas antes de que su autor “decidiera abandonar el país y la Revolución”.

Pero Rojas afirma a la vez que, en Las palabras perdidas, su autor “se abre a la crítica del presente totalitario” de Cuba. Es decir que,  en ese caso, cree Rojas que no estoy proponiendo salvar “lo que considero revolucionario” de su autor.

Permítame el historiador Rojas una incursión como filólogo y, peor aún, como profesor de teoría de la literatura.

Ninguno de los grandes teóricos del siglo XX se explayó más contra lo extraliterario que el primer Roman Jakobson, cuando establece el concepto de “literaturidad” (literaturnost), que es lo que determina la condición literaria, lo que él llama la “función poética” de una obra. Ahí el formalista ortodoxo de los tiempos del Círculo de Praga,  rechazaba lo extraliterario como elemento significativo de una obra, porque lo literario era la forma que constituía su función determinante. Pero el Jakobson avanzado, el que participa en el ya famoso congreso de Bloomington, Indiana, efectuado en 1956, rectifica sus criterios de los años veinte y proclama el carácter plurifuncional de la literatura y su condición sistémica: cuando una función se desborda, reduce otra u otras. Es el equilibro entre la función poética y los elementos que constituyen la función social, uno de los factores que establece ese carácter magistral de “Las palabras perdidas”, aunque su enfoque disienta del que dominaba entonces en la oficialidad cubana.

Mi enfoque no es exactamente igual al de Rojas, porque, en su criterio, subyace la voluntad de impugnar la ideología de la Revolución Cubana.

Esa novela pretende abordar las complejas relaciones entre arte y sociedad, entre poesía y poder, entre individuo y colectividad, que estallan en Cuba en los últimos años de la década de los sesenta y que, de alguna manera, conducen al período dogmático y represivo que conocemos como Quinquenio Gris, en los años setenta.

Todos los fenómenos sociales tienen su incubación y sus primeras manifestaciones: la inicial condena de la Nueva Trova, el caso Padilla, el fin de la primera época de El Caimán Barbudo, la homofobia, van anunciando y conduciendo al dogmatismo que instaura el I Congreso Nacional de Educación y Cultura en 1971: ese es el contexto del mundo que aborda esa novela, no testimonial sino simbólica e indirectamente tratado, porque no aparecen los nombres y las situaciones reales, aunque uno pueda intuirlos.

Es ese equilibrio de logro estético y viva exploración de dramas centrales de nuestra cultura, lo que hace a esa novela superior a las demás, aunque Las iniciales… exprese, como ninguna otra obra del período, la conmoción ideológica y vital que fue la Revolución Cubana. Es por eso que las elegí a las dos, aunque claro que no tienen el mismo punto de vista.

Acaso Rojas quisiera que circularan las Obras Completas del Exilio  –¿quién nos donará el papel que necesitamos?–, aunque él consentirá en que no son de la misma importancia todas las obras y los autores que menciona. Por lo demás, Rojas sabe que yo no decido lo que se edita, aunque emplee esa primera persona del plural a la que acaso estamos más acostumbrados de lo que deberíamos. Y aquí va otra vez el “nosotros”.

Me faltó recordar a algunos buenos escritores exiliados (pienso, por ejemplo, en ese excelente poeta que es José Kozer o en Edmundo Desnoes), como a Rafael se le olvida la poetisa Belkis Cuza Malé.

Lo importante es que, como se ve, ya empezamos a plantearnos escenarios que parecían inconcebibles años atrás. No se queje Rojas de los cambios, ni condene a los hombres –los de aquí y los de allá– a vivir aferrados a los mismos puntos de vista. Y déle tiempo al tiempo.


[1] En Por el camino de la mar o Nosotros los cubanos, Editorial Boloña, La Habana, 2005. Hay edición de la Editorial Península, Madrid, 2009.
[2] El poeta Josá Zacarías Tallet, otro de los editores de Revista de Avance, me contó la pesadumbre con la que Mañach le dijo que no podía invitar a almorzar al pòeta Regino Pedroso, porque su esposa no toleraría a un mulato sentado a la mesa de su casa.
[3] El profesor Raimundo Lazo, no era marxista y permaneció trabajando en Cuba. Otras figuras de nuestra intelectualidad, en esos mismos años, discreparon del enfoque de la Revolución, como ocurrió con algunos de los poetas de Orígenes pero, de ellos,  solo Gastón Baquero – políticamente vinculado a Batista — abandonó el país..
[4] “La juventud de un caimán”, en El Caimán Barbudo, no 367, noviembre-diciembre de 2011.

Se han publicado 11 comentarios



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  • Juan dijo:

    Interesante tema el que toca Guillermo. Destaco unos pocos aspectos de la nota:
    1- Polemiza con altura.
    2- No utiliza la ofensa neta, desmedida, hacia un intelectual que es contrario al régimen vigente en Cuba. Es interesante observar que a veces al propio Guillermo se le va la mano con intelectuales revolucionarios.
    3- Además de que pueden existir, recuperaciones “selectivas” o “discriminatorias” de la memoria de los intelectuales del exilio, las reapropiaciones, muchas veces vienen con “sordina”.
    4- Cubadebate bien podría colocar el artículo de Rafael Rojas, para que los usuarios puedan hacerse una panorámica más amplia de lo que se trata.
    5- Tampoco hay que poner el tonto, en este tema, que puede ser muy romántico, existen cuestiones de fondo que pueden lacerar el ambiente ideológico interno, que anda bastante endeble. Esto no significa que no asumamos el reto, sino hacerlo de manera crítica y consciente de sus implicaciones. Esto es, por ejemplo, con buenas reseñas y prólogos, puesta en contexto de cada obra, la réplica revolucionaria de altura si lo merece, etc. El prólogo de Luis Toledo Sande al “Martí, el apóstol”, de Mañach, es un buen ejemplo de parte de lo anterior.

  • fernando lopez dijo:

    Cuando lei lo que publico el periodico elPais y que iba escrito por Rojas, me parecio que historicamente podria ser interesante. Las de algun modo respuestas que observo por parte de Guillermo, me parecen una sencible fineza de su parte, un casi tierno mensaje entendido y encendido, no sugiero leerlo entre lineas, sugiero que se interprete.

    Rojas por alguna razon, hasta ahora no he podido entender, entre otras r por sus antecedentes familiares, lo que no quiere decir que tenga puntos de contradiccion con estos, y con la propia Revolucion, decidio un buen dia abandonar el pais y lo hizo, pero creo que las mas de las veces se ha dedicado as desde su puesto dep rofesor en la UNAM, a desde un Pedestal atacar a la Revolucion, que ha tenido logros y tambien muchos defectos.

    Yo me he limitado a entender que la revoluciones, las socialistas son jovenes, y normalemnte han estado sujetas a una presion cuasi absoluta de parte de sus enemigos, o como quiera llamarsele, hasta acepto, los no coincidentes y basaron su ataque en multiples formas, ahi estan los hechos. Si ud. me ataca al menos yo debo estar preparado para responder.

    PIenso que las mas de las veces Rojas conoce de los asuntos, los que el pueda analizar actuales, a partir de haber sobrevivido en medio de una posicion, hasta cierto punto privelegiada. Yo no le sanciono, la vida dira.

    Siempre escuche decir que Manach era un hombre republicano, martiano y he ahi uno de sus grandes meritos, para mi no fue nada meritorio apoyar la invasion a Playa Giron, pues entonces apoy, segun mi punto de vista, el crimen que se cometia, ademas en nombre de una potencia extranjera, quizas no soy el mas indicado para criticar, pero es asi como l o veo y expngo simplemente mi punto de vista.

    De Cabrera Infante, de quien Guillermo no menciona y vi a mas de uno criticar que Cuba no hubiere reconocido a ese galardonado con el Premio Cervantes, creo que es un derecho del pais a no reconocer nada, simplemente Cabrera Infante fu el hombre que un dia renuncio, por las razones que fueren abandonar el pais, echando pestes, sobre lo que el consideraba que no se avenia o que no coincidia con sus puntos de vista. Guardo dentro de mi haber leido aquellos primeros “Cuentos de la Revlucion” y despues me parece que lei “Tres Tristes Tigres”. No estudie ni su vida ni su personalidad, al fin y al cabo creo que abandono Cuba por miedos y respeto su actitud, lo que no podre respetar nunca es a lo que despues dedico su vida, apestando muchas veces sobre la tierra y la propia Revolucion a la cual de algun modo sirvio cuado habia aceptado ser Consejero Cultual en una Embajada y cuando debio regresar a Cuba, ya las “comodidades” dejarn de hacer las que de algun modo se pueden “disfrutar viviendo fuera del pais, aun cuando sea un representante del Estado. Desgraciadamente no puedo profundizar mucho sobre esto, lo siento de verdad, quizas tendria mas argumentos para criticar mas crudamente a alguna de sus actitudes, aun cuando reconozca el valor de su obra.

    Me siento feliz de que alguien haya de algun modo respondido a este articulo, seguramente muy leido de Rafel Rojas.

    De Jesus Diaz no deseo hablar ahora mismo…

    Solo puedo decir que algunos escritores e intelectuales que abandonaron Cuba, claro que hay muchas excepciones, lo hicieron despues de haber vivido bajo la sombra de la Revolucion, otros sin sombra decidieron permanecer en Cuba. Gracias.

  • arielbe dijo:

    Por lo que veo, los polemistas coinciden en que Cuba es el único país que no tiene emigrantes, todo el mundo es exilado o exiliado. Tampoco les importa el contexto socio político de los hechos, sino calificar etapas sin decir sus causas reales. Y por supuesto, coinciden tambien en hacer más comerciales y conciliadoras sus opiniones. “La muerte del Estado pasa por el Estado” “Déjalo vivir para que muera”, dijo una vez Guillermo Rodriguez, parece que ahora quiere apresurar su entierro.

  • Elpidio Valdes dijo:

    LA CULTURA COMO EXPRESION DE LA REVOLUCION SOCIALISTA EN CUBA

    En mi humilde opinion, sin tratar de ser un intelectual de la cultura, este aspecto tan importante en la vida de cualquier pais, tiene necesariamente que responder a los intereses de la clase que esta en el poder, no como un dogma, no como un cliche o propaganda politica e ideologica, sino como arma de lucha diaria y constante contra la penetracion cultural del Capitalismo y sus socios de la tergiversacion, la difamacion, la mentira y sobre el vehiculo que sirve en el capitalismo para la dominacion total y absoluta del ser humano, haciendole ver que lo mas importante son las riquezas materiales, el dinero, el lujo, el consumismo y sobre todo la individualidad en esa sociedad capitalista, como unica forma de lograr el exito, que se transforma y traduce en la negacion de la sociedad como elemento fundamental para lograr los cambios sociales, economicos, politicos y sobre todo ideologicos, y lo mas importante la formacion de un hombre de acuerdo a su tiempo social y economico, el socialismo.

    Respeto todo criterio sobre este tema y otros similares, lo que no respeto en lo absoluto es la traicion a la causa cubana en cualquiera de sus formas y bajo cualquier explicacion por plausible que esta haya sido, el aceptar que la traicion al proceso y el unirse a las ideas, conceptos y politicas del imperio de los Estados Unidos de America, en cualquera de sus formas de manifestacion, ya sea individual o colectiva, no resiste, en mi opinion un solo analisis de causas y efectos para los individuos que han tomado el camino del imperio y el capitalismo, lo siento pero en este aspecto no concuerdo en mucho de los temas que ha tocado este interesante intelectual cubano.

    Con relacion a la amistad entre los seres humanos, esta relacion esta ligada muy intimamente a los intereses de cada uno individualmente y nunca desligado de los intereses sociales en que esta amistad se desenvuelve, por lo tanto no considerando la amistad como una goma elastica que usted puede estirar a su antojo, hasta que llega el punto de ruptura inevitable como elemento fisico de su constitucion material y atomica, la amistad entre dos personas que piensen diferente politica e ideologicamente, siempre y mas temprano que tarde, esa amistad incongruente e innecesaria, se tiene que romper pues los vinculos que las separa, son mayores que los que la unen. No obstante respeto cualquier interpretacion que se le quiera dar a una amistad, pero no comparto, ni siquiera la idea de que dos personas con diferentes intereses en lo social, lo politico y lo ideologico puedan permanecer siendo amigos, esto se puede aplicar a los negocios, pues la competencia no es un elemento que forma parte del subconciente del ser humano, es una actividad que emplea el capitalismo para que los hombres se peleen como fieras en el mercado de productos materiales, monetarios, financieros y de poder.

    La Cultura representa la manifestacion mas clara y precisa de los intereses del pueblo de Cuba, intereses que estan en total y absoluta contradiccion con los intereses del capitalismo, quizas ahora surja la pregunta, y como es posible que gobiernos de disimiles posiciones politicas e ideologicas, puedan haberse reunido en Cuba bajo una organizacion denominada CELAC, pues muy claro y preciso, los intereses de toda esa gama de gobiernos y personas, estan siendo unidas, unos por principios eticos, morales, de liberacion e integracion y otros por intereses comerciales, financieros y de subsistencia de cada pais, como resultado de la gran crisis del capitalismo que no ha tenido ni tendra fin en nuestra generacion, digo al menos asi lo veo y asi lo espero, pues seria la llegada, al final de la era de dominacion del capitalismo hegemonista, ingerencista, intervencionista, criminal y genocida que hoy impera en nuestro querido y maltratado planeta, por tanto los que no profesan nuestra ideologia y el socialismo como sociedad de justicia, se han visto presionados por las condiciones del capitalismo en su pais, es decir o se adaptan o perecen, cosa que estan tratando de evitar .

    Pongamos un ejemplo claro y preciso en nuestro pais, y pregunto: Es posible la amistadentre un marxista y martiano con los anexionistas de nuevo tipo, esos que son mercenarios al servicio de una potencia extranjera y que de manera directa sin el menos vestigio de verguenza y arrepentimiento de tipo alguno, se han declarado aliados no solo del Imperio del Norte Revuelto y Brutal, sino de los terroristas de Miami, Madrid y otros lares del mundo, con el fin de destruir el proceso cubano, el partido, la construccion del socialismo, los dirigentes historicos y por consiguiente la mayoria del pueblo cubano>?????

    Para este humilde escritor, no puede, no debe y no se puede admitir ningun tipo de relacion con estos senores y mucho menos amistad, pues esos que hoy han traicionado 200 anos de luchas, nuestros heroes y martires y ademas la libertad, la independencia, la soberania y la dignidad nacional, no tienen ni un solo atomo de intereses comunes con los de los revolucionarios cubanos.

  • Atenea dijo:

    Mutilación de la memoria para los jóvenes, usted profesor ha seguido la amistad con ellos y ha podido leer todos sus libros. Pero los jóvenes nos quedamos sin poder leer a ninguno y es triste porque el papel para esos libros no pienso se pueda conseguir ahora,estamos en crisis. Yo con mucho trabajo he podido leerme algo de Guillermo Cabrera Infante y me ha encantado.Seguiré tratando de buscar otros libros de él o de estos otros autores que usted menciona.Gracias por la información.

  • gustavo dijo:

    Rafael Rojas no es profesor de la UNAM, como asegura Fernando López, sino del Departamento de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), en la Ciudad de México, y de la Universidad de Princeton. Él no dedica su tiempo, como asegura López, a “atacar a la Revolución” sino a investigar, escribir y enseñar sobre historia de América Latina y el Caribe y prueba de ello son sus múltiples investigaciones académicas, como “Cuba mexicana. Historia de una anexión imposible”, “La escritura de la independencia”, “Las repúblicas de aire” o su “Historia de las Relaciones Internacionales de México y el Caribe”. No es lo mismo “atacar a la Revolución” que criticar elementos del sistema político cubano, tan criticables como los de cualquier otro sistema de gobierno en América Latina y el mundo.

    • fernando lopez dijo:

      Es un problema de concepto, ud piensa eso y yo pienso lo contrario a ud.

    • katana dijo:

      si, es un acto de extrema valentia “criticar lo criticable” a un pais pequeño y agredido mil veces por la mayor potencia imperialista de todos los tiempos.

  • Tamara dijo:

    Pensando en exilio y exiliados, victimas todos-todas del terrorismo de Estado que sufrieron los países latinoamericanos en los 60, 70 y 80 del pasado sglo, con sus miles y miles de torturados y desaparecidos, me pregunto hasta cuándo van a seguir usando los términos de “exilio” y “exiliados” para deseignar a las figuras intelectuales que abandonaron Cuba en donde no corrían peligro de tortura,desaparición y muerte.

    • katana dijo:

      usar ese termino vale millones a algunos.

  • gustavo dijo:

    Exiliados han sido todas esas víctimas de las horribles dictaduras latinoamericanas, que sólo podrían compararse a los regímenes fascistas de Europa, pero también a los emigrados rusos durante el comunismo soviético o los socialismos reales en Europa del Este. Exiliados han sido los africanos y los árabes que han huído de las tiranías del Norte de África y también los que, huyendo del régimen macarthysta de Estados Unidos, se refugiaron en Cuba. Pero exiliados también han sido quienes salen de Cuba, por diversas vías, y que las leyes de la isla convirtieron por mucho tiempo en “enemigos” y “desertores” , algo que felizmente comienza a cambiar en los tres últimos años.

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Guillermo Rodríguez Rivera

Guillermo Rodríguez Rivera

Escritor cubano nacido en 1943. Su producción incluye poesía, novelas como “El cuarto círculo” (1976, en coautoría con Luis Rogelio Nogueras) y ensayos como “Por el camino de la mar. Los cubanos” (2005).

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