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La cultura cubana: el Gato Volante

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gato vuelo

Godofredo Laferté, Marco Aurelio Escobedo, Angelito el Chino y “yo” son piezas de un juego a mirar Cuba entre los años sesenta y los noventa del siglo XX, trascendiendo este límite temporal para la recreación de la esencia misma de la cubanidad mezclando nociones filosóficas, religiosas, sociológicas y etnográficas.

El vuelo del gato, novela de 1999 de Abel Prieto, es la historia de unos amigos diferentes que en conjunto conforman la diversidad que enriquece a “la Piña”, como le llaman a su grupo. Cada uno le aporta un sello particular al colectivo y desde sus contrastes se hace un dibujo de la sociedad cubana y de sus sujetos; aislados y en conjunto.

Dos exergos abren la novela, uno de Lezama (El gato copulando con la marta no pare un gato de piel shakesperiana y estrellada, ni una marta de ojos fosforescentes. Engendran el gato volante.) y otro de Marco Aurelio, el emperador filósofo (Tu persona se compone de tres sustancias: de un Cuerpo, de un Alma Animal y de otra Razonable…). Justificarán las aristas fundamentales desde las cuales el narrador reflexiona sobre sus protagonistas y sí mismo.

Las experiencias de la Piña nutren la historia y se acompañan de la repercusión de todos los acontecimientos sobre la naturaleza de los personajes, sobre cada una de sus “sustancias” (el Alma Razonable*, el Alma Animal y el Cuerpo). Todo se debate entre el Atraso y el Adelanto.

Freddy Mamoncillo es un típico Gato Volante; mulato de “Pelo Bueno”, defensor de estar a la viva, perseguidor nato del Adelanto, doctrina que heredó a su madre, Charo. Su gracia natural le permite hacer “entradas” propias de “El Muchacho de la Película”.

Marco Aurelio Escobedo es simpatizante de la doctrina de los estoicos, como su padre, Serafín Escobedo. Ferviente opositor de la Pose y de lo Ficticio. Se debate entre sus preceptos éticos y filosóficos, y la realidad que se le muestra, aunque al final no renuncie jamás a su rectitud doctrinaria.

Lourdes la Bella se muestra como lección de lo efímero e intrascendente de las apariencias, por prometedoras que estas sean. Ella, reina de belleza en su juventud, encarna la más triste decadencia del cuerpo y el alma en los noventa; lo que los otros personajes llamarán “la metamorfosis de la Bella”.

No solo los individuos que tejen el relato son auténticos representantes de lo que es Cuba: constantemente se ensaya acerca de la condición de lo cubano como amalgama que singulariza y eleva lo que nace y crece en la Isla: la Risa Cubana, el Dominó a la cubana, los gallos finos…, a la vez que se refieren matrices históricas que se remontan a los indios y los negros africanos.

NI MARTA NI GATO COMÚN NI COSA ALGUNA EN EL MEDIO

Los acontecimientos y los análisis que estos provocan en los personajes (fundamentalmente el narrador y Marco Aurelio), hablan del mestizaje como síntesis superior, como riqueza que trasciende la mera suma de rasgos, método que resulta descalificado al ser reconocido como propio de un “estilo culinario y elemental”. Los múltiples procesos fisonómicos, culturológicos, espirituales y sociales que aparecen, contemplan los matices de la complejidad real que ellos comportan.

Elementos que intervienen dispuestos en su estado “puro” luego serán incorporados, resignificados en un entramado más complejo y rico. No es una adición rasa de elementos, sino la desarticulación de estos previa a la mezcla, su descomposición en partes, en aspectos, en datos… que serán asimilados como parte de una estructura nueva, reubicados y resemantizados en una forma cualitativamente distinta de las que la originaron, distinta incluso a la simple agregación de estas: es la cultura mirada como proceso de apropiación, como mosaico complejo.

El cubano es una criatura singular que se mueve entre el dominó y el ajedrez, entre el rock y la música tradicional, entre la Vanguardia y los Reblandecidos, entre el Aquí y el Más Allá, entre éticas que van desde la Doctrina del Desasimiento -coherente con un ideal de Vida Verdadera, entendida como una dimensión de lo espiritual y la riqueza del intelecto, la potenciación del ser, de su sentir y pensar más allá de lo material- hasta el Culto a las Cosas, a la Vida Ficticia.

Temas como el Insomnio; el Pecado y la Culpa (“…nociones ajenas a esta Isla”) aparecen como parte de una especie de lecciones de filosofía “tropicalizadas”, adaptadas a cierta magia, a condiciones particulares que desacreditan todo pronóstico y dictado determinista, funcionales a “la marta y el gato común”, a lo puro, lo ortodoxo y lo definido.

Sin embargo, los elementos de cubanidad superan los límites de la patria antillana para remontarse a lo universal: el ser humano entre el Adelanto y el Atraso, las dos direcciones en que se encamina la existencia, obedeciendo a la evolución o involución de los individuos, de acuerdo con lo que sean capaces de potenciar y enriquecer su Alma Razonable, “la única que les pertenece”. De cualquier forma, es seguro que los cubanos, todo en ellos, su cultura, tal como El vuelo… están hechos con eso: con lo que le da alas al Gato.

 

*Todas las mayúsculas que aparecen en el trabajo son copiadas del estilo que se emplea en la propia novela.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Marianela Curbelo Ramírez dijo:

    Ojalá y perviva al menos el equlibrio entre el Desasimiento y el Culto a las Cosas en nuestra sociedad, porque la tendencia en el mundo y nuestro país no escapa de ello, es a la Vida Ficticia. Ojalá y en nuestra búsqueda del Adelanto no olvidemos enriquecer nuestra Alma Razonable como nación, la única que nos pertenece.

    Por cierto, interesante las adaptaciones del identificador de Cubadebate, felicidades a todo el equipo por el Día de la Cultura Cubana! pues cultivar el ejercicio de la participación desde el análisis de la información, es un buen aporte a nuestra cultura.

    • YaneigrisConsepcion dijo:

      Tienes mucha razon ya que cada dia de nuestra vida es un nuevo capitulo

  • eddy_V dijo:

    Una novela extraordinaria. Cada cubano puede ver un trozo de su vida reflejado en ella.

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Mónica Rivero

Mónica Rivero

La Habana, 1989. Graduada de Periodismo (2012) en la Universidad de La Habana. Twitter: @lamagoch

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