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Martínez Heredia: La hora de Venezuela

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Hugo Chávez Son las 11 de la noche y acaban de anunciar la victoria de Hugo Chávez: tiene once puntos de ventaja sobre su principal opositor y ha votado más del 80% del padrón electoral. El presidente ha tenido que pedirle a la gente que tenga paciencia, porque la votación se extendió para que entraran todos los que esperaban en las casillas electorales. Pero ahora se ha desatado la alegría del pueblo, una avalancha de brazos levantados y banderas, de expresiones de júbilo y fuegos artificiales. Me sobrepongo al deseo de festejar y trato de escribir en un texto breve lo que creo que significa este triunfo para la causa de la liberación de las personas y los pueblos, en la hora de Venezuela.

Lo primero es el tamaño de la victoria y por ende la magnitud de la derrota de los enemigos de ese país y de la América Latina que se está levantando. Una vez más la lección está a la vista. Con ingresos en divisas record del continente, Venezuela tenía indicadores de pobreza que podían competir por el record continental (1), mientras su clase dominante y una nube de políticos profesionales alardeaban de contar con una democracia electoral perfecta. Durante cuarenta años se repartieron la presidencia quinquenal y un río interminable de dinero, corrompieron todo lo que pudieron y le cerraron el paso a un desarrollo productivo diversificado del país y a la decencia en política. La delincuencia de los ricos -con sus saraos y sus páginas sociales- era replicada por la delincuencia de los miserables -con su cuota de sangre cotidiana y su crónica roja-, y todo parecía pertenecer al reino natural.

El motín del pueblo de Caracas en 1989, reprimido con un baño de sangre, pudiera haber ser sido un feo lunar de la “democracia”, y el alzamiento de los jóvenes militares bolivarianos de 1992 un molesto incidente. Pero estaban en marcha el repudio y la movilización crecientes de numerosos sectores populares contra la naturaleza de aquel orden, la bancarrota inevitable del sistema político bipartidista y la aparición de un líder, un militar que el pueblo había conocido la mañana que le pidió a sus compañeros que depusieran su rebeldía, “por ahora”, en lo que resultó el mayor error cometido por la televisión de la burguesía venezolana desde su fundación. La decisión acertada y el carisma de Hugo Chávez Frías se abrieron paso en medio de la crisis nacional, y ganó la presidencia de la república en 1898.

Catorce años después, la masa mayoritaria de la nación ha respaldado, en las calles, en sus organizaciones y en las urnas, a la Revolución bolivariana. Ella se fue desplegando como una colosal transformación de la vida de las personas, que las instituyó como tales seres humanos en su derecho a la dignidad, el bienestar y las oportunidades, y como sujetos políticos de ciudadanía plena, ejercicio de libertades y participación real en la cosa pública. Años después de proclamada la nueva Constitución, una campaña nacional convertía en electores a millones de venezolanas y venezolanos que ni siquiera estaban inscritos. Jalonada por una docena de comicios generales, no son estos, sin embargo, los fastos principales de la Revolución. Lo memorable en ella no son los días, sino los procesos: la reducción de la pobreza a menos de la mitad y la casi desaparición de la pobreza extrema, el auge del empleo, un descomunal sistema de salud pública gratuito y universal con participación popular, la red nacional de comercialización de alimentos baratos, la eliminación del analfabetismo y la tremenda expansión de todos los niveles educacionales.

La república de falsarios iniciada hace dos tercios de siglo por el “partido del pueblo” desapareció para siempre, y el tradicional Juan Bimba -el Liborio venezolano- también cayó en el olvido. Es por eso que los representantes de las viejas clases dominantes no saben como comportarse ante la Revolución, y van desde la histeria y la mentira machacona hasta el discurso ridículo de su candidato de 2012, que pretende vestirse un poco con la ropa de su enemigo y promete que le “reconocerá” al pueblo una parte de lo que ese pueblo ya se apoderó.(2) Los políticos y los analistas del imperialismo norteamericano no logran comprender como es que Venezuela se liberó y se mantiene soberana, y hace toda la política exterior que le parece bien. El peón seguro del mar de petróleo, el cómplice de las maniobras “por la libertad y la democracia”, se rebeló y ahora es libre.

La enseñanza debería estar muy clara para todos. La Venezuela actual era impensable hace veinte años, y era increíble para muchos hace solo diez años. El movimiento histórico acontecido y que sigue en curso demuestra ser superior a los imposibles decretados por las ideologías al servicio de los sistemas de dominación y las teorías que privilegian las estructuras y los consensos y subestiman los conflictos, las luchas y la centralidad que pueden adquirir la política y la conciencia. Cuando la voluntad consciente y organizada pelea y logra hacerse masiva, se vuelve capaz de fundar otra lógica, que no es la de dos y dos son cuatro, y de crear otro sentido, que llega a torcerle el cuello al sentido común.

El logro mayor de la Revolución bolivariana, el que permite los demás y les da permanencia, consiste en las transformaciones profundas de las personas y la sociedad. Las mayorías actúan conforme a un proyecto cívico en que la satisfacción de las necesidades está unida a la voluntad de rescatar y levantar la grandeza de un país para todos. Sienten el orgullo de ser venezolanos y bolivarianos, es decir, dueños y servidores de la patria y la historia. Se sienten protagonistas del proceso y ejercen la soberanía popular. Por sus extraordinarias cualidades personales, Chávez es su líder y le expresan una devoción sin límites, pero él es al mismo tiempo la personificación del movimiento, la ética, la conducción, la unificación, el imán y el impulso capaz de rendir obstáculos y adversarios, elementos que son vitales en medio del desquiciamiento fenomenal que implica una revolución.

Por eso carecería de importancia el océano de basura verbal, de imágenes y escrita que se vertió contra la Revolución bolivariana alrededor de estas elecciones de 2012, si no fuera porque es una expresión cabal de las formas de operar de la contrarrevolución contemporánea, más centralizada que nunca, al mismo tiempo para su provecho y para su mal. No me detendré en el gravísimo problema de la impunidad con que se sostienen los mayores embustes durante muchos meses y la mañana siguiente al último día se sigue operando como si nada hubiera sucedido, sin que se hundan los culpables en un descrédito irreparable. Se utilizó masivamente ese tipo de guerra para sembrar el confusionismo y el desaliento en Venezuela, y desinformar y predisponer contra su gobierno al mundo entero Lo trascendente es que esta vez fracasó el esquema de subversión mediática más provocaciones, como antesala a una escalada de violencia que pudiera llevar a intervenir y derrocar al gobierno que se quiere eliminar. Y no pudieron porque se enfrentaban a una revolución de verdad y a un poder popular.

El triunfo venezolano aporta numerosos logros y enseñanzas a los procesos en curso en América Latina y el Caribe. Ante todo, fortalece a los países que tenemos nexos profundos con Venezuela y a los que mantienen con ella relaciones de colaboración económica y política; además, refuerza la independencia y la capacidad de resistir o negociar de la región en su conjunto. Es una victoria muy sentida por los movimientos populares combativos y con proyectos de liberación, que corroboran que es posible vencer, y acrecienta la fuerza y la atracción del socialismo revolucionario en el continente. Ratifica la eficacia de las vías legales para que un movimiento revolucionario conquiste y mantenga el poder en las condiciones actuales del continente, y estrena un sistema para la votación que es probablemente el mejor del mundo y es explicado a todos hasta conseguir que lo dominen. La democracia venezolana como gobierno del pueblo, y su proceso comicial, son un ejemplo nuestro que Estados Unidos están incapacitados para imitar.

Como en Cuba hace cincuenta años, en Venezuela se ha logrado unir la implantación de la justicia social con el apoderamiento del patriotismo nacional y el legado histórico revolucionario. La liberación de todos los colonialismos -incluido el “de izquierda”- en este continente exige asumir la gran tradición independentista y su desarrollo ulterior, las luchas por la liberación nacional, porque ambas están en la base de la conciencia política popular, los sentimientos cívicos, los proyectos trascendentes y una gran parte de la cultura que ha plasmado y remodelado a estos países. La nación no es necesariamente burguesa, tiene un componente revolucionario de luchas por la libertad y la justicia, y es un territorio en disputa. Ríos de sangre y de tinta han cegado o alimentado las disputas entre nacionalismos y luchas sociales durante un siglo, pero solo han acertado los que han sabido combinar en sus prácticas y sus ideas el patriotismo forjado por los de abajo con la justicia social de los humildes, y convertir la resultante en revolución socialista de liberación nacional.

Simón Bolívar ha sido esgrimido o utilizado por fuerzas e intereses muy dispares en la historia venezolana, pero es la revolución en curso la que ha logrado rescatar su sentido más profundo como personaje histórico, su potencia simbólica y el alcance tremendo de su proyecto, mediante el recurso de venerarlo y, al mismo tiempo, ponerlo al servicio de la necesidad de trascendencia que tienen los que se lanzan a la revolución más radical y viven en la multitud de eventos, situaciones, desgarraduras, creaciones, tropiezos y éxitos de tantos tipos que la caracterizan. (3) El lenguaje cívico del país está lleno de referencias tomadas de la epopeya de hace dos siglos, desde la alfabetización hasta la movilización a votar el día 7, que se llamó “Batalla de Carabobo”. El Estado y la Revolución se apellidan bolivarianos en Venezuela, pero es natural que uno de los dos lemas que lanza Chávez a la multitud al cerrar su discurso sea “¡viva el socialismo!”.

Es que lo que están logrando no es posible bajo ninguna de las modalidades del capitalismo. Solamente puede lograrse enarbolando la bandera del socialismo. A nosotros no nos es dado retornar al capitalismo, o renovarlo: solo nos es posible ser socialistas.

Por encarnar el patriotismo más ambicioso y trascendente, ha podido sostenerse y echar raíces el socialismo venezolano. La hegemonía del capitalismo actual es cada vez menos nacional en los países neocolonizados que permanecen bajo su dominio. La naturaleza actual de su sistema económico mundial le exige controlar más directamente las formaciones económicas y los recursos naturales de aquellos países, exigirles tributos, reducir o negar sus soberanías nacionales, imponerse por la fuerza donde lo estime necesario, hacer recolonizaciones selectivas, vaciar de sentido a la ONU y el derecho internacional, eliminar su promesa histórica y obedecer o reconocer la primacía de Estados Unidos. La dominación ideológica y cultural opera de otro modo, aunque con los mismos fines, mediante un sistema totalitario de información y formación de opinión pública, un control férreo de la mayoría de los consumos culturales y una ideología del individualismo, el miedo, la indiferencia y el apoliticismo, que pretenden homogeneizar conductas, motivaciones, sentimientos e ideas a escala mundial. Esa guerra cultural va más allá de la prevención antisubversiva, en busca del consenso de las mayorías a la dominación, por lo que su objetivo es más ambicioso y su tarea más sistemática que los de la violencia imperialista.

Esa mundialización contrarrevolucionaria ha perjudicado la capacidad de las clases dominantes de América Latina para llevar a cabo la difícil tarea de reformular sus hegemonías en la última fase del siglo XX, después de haber realizado tantos trabajos sucios. Subalternas y cómplices del imperialismo, esas clases han perdido en muchos lugares la representación de la nación y de valores patrióticos que durante una larga época usufructuaron, ha disminuido su capacidad de expresar y manejar la cultura de sus propios países, y ven incluso debilitadas sus identidades nacionales. La Venezuela bolivariana y socialista hace grandes aportes a la conquista de la nación para la revolución en este continente.

Los recursos naturales de productos energéticos de Venezuela, uno de los mayores del mundo para la actual economía mundial, multiplicaron su producción, avances tecnológicos y derivados en la segunda mitad del siglo XX. Al abolir la subordinación venezolana al imperialismo, la Revolución puso al país en posesión de ese potencial inmenso. Los cuantiosos recursos de esa rama se utilizan, ante todo, para servir a los cambios humanos y las nuevas relaciones sociales e instituciones que están transformando el país, el desarrollo de la economía y el fortalecimiento de la soberanía nacional. Al mismo tiempo, están en el centro de la colaboración fraternal y política de Venezuela con numerosos países del continente, y concurre a los nexos que ha establecido con países de otras regiones del mundo. Qué diferente la Venezuela bolivariana frente a otras amargas realidades en las que el turno de los “subdesarrollados” como exportadores privilegiados de una mercancía transcurre sin beneficiar a la mayoría de la población ni aportar al país desarrollo humano, social, económico y político, y solo deja al terminar los traumas del saqueo y deformaciones y deterioros de todo tipo.

Un comentario acerca del sentido profundo de las relaciones de hermandad que existen entre Venezuela y Cuba. Ellas no pueden explicarse del todo a partir del complejo cultural característico de la América Latina y el Caribe, al que ambos países pertenecen, ni de las coordinaciones de intereses y objetivos que pueden establecer dos Estados, aunque ambos rasgos están presentes. Lo que ha franqueado que esa hermandad se forjara y que se fortalezca cada vez más es la existencia en los dos países de revoluciones de liberación y sus poderes populares. Esa es la raíz y es lo que la ha hecho posible. A partir de esa premisa es que se anudan las historias de combates y de ideas contra el colonialismo y el neocolonialismo, el mutuo apoyo ante el contenido y las formas de hacer política, la admiración y el cariño hacia los líderes de ambas revoluciones, la comunión de ideales de liberación de todas las dominaciones y el logro de bienestar basado en la justicia social, y la convicción de que nuestras naciones tienen un destino de integración continental. Al mismo tiempo, a partir de esa premisa se profundizan los vínculos concretos que permiten la más estrecha coordinación política, la complementación y gestiones económicas unificadas, la ejecución de muy amplias políticas sociales de nuevo tipo -que son efectivas y están al servicio del pueblo-, y la política exterior regida por principios, flexible, audaz, y que sabe tejer nexos y relaciones.

El nuevo triunfo de la Revolución bolivariana el pasado domingo ratifica la fuerza y la procedencia de los procesos que están desarrollándose en América Latina y el Caribe, abre más oportunidades de fortalecer la autonomía, profundizar las revoluciones, con sus poderes y movimientos populares, y dar pasos más reales y firmes de coordinación hacia una futura integración de la región. La hora de Venezuela es la hora de nuestra América.

En la noche de un siete de octubre, Chávez le hablaba al pueblo victorioso. La noche de otro siete de octubre, hace cuarenta y cinco años, escribió por última vez en su vida Ernesto Che Guevara. La anécdota trivial y la suave coloquialidad -“se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente”- disimulan la proximidad del desenlace fatal, variante implícita en el final del resumen mensual escrito una semana antes en su Diario. Qué largo el camino que anduvo el Che, el camino de Martí, el de Bolívar, pero hoy Bolivia es libre. Y Hugo Chávez puede lanzar un último lema a la multitud al cerrar su discurso: “¡Hasta la victoria siempre!”.

Notas:

(1) En el primer semestre de 1997 el país registraba como pobres a un 60,9% de la población total, casi la mitad (el 29,5% del total) en extrema pobreza. Fuente: Instituto Nacional de Estadística, República Bolivariana de Venezuela.

(2) “Ahora es imposible participar en política en Venezuela sin reconocer la centralidad de la gente común. Hasta líderes conservadores cuya familiaridad con los venezolanos corrientes se restringe a su servidumbre, hoy proclaman -se ven forzados a hacerlo- que ellos luchan por el pueblo.” Fernando Coronil: “Chávez’s Venezuela. A New Magical State?”, en Revista. Harvard Review of Latin America, David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University, Cambridge, MA, vol VIII, núm. 1, Fall 2008, p.3.

(3) Insisto en la cualidad que pueden tener los poetas grandes para ver realidades sociales que vendrán, o implicaciones ocultas de lo que está sucediendo, cuando recuerdo que Pablo Neruda alcanzó a ver a Bolívar hace 75 años y en España, precisamente en la puerta del Quinto Regimiento.

(Tomado de Cubarte)

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  • Ivy dijo:

    Yo he intentado en un par de ooanicses poner a funcionar Moodle para hacer algo de e-learnig y he fracasado rotundamente. Es bueno saber que esta empresa este1 especializada en hosting de Moodle por si sigo fracasando, aunque me fastidiareda tener que pagar, todo sea dicho de paso.Gracias#1 – por

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Fernando Martínez Heredia

Fernando Martínez Heredia

Filósofo, educador y ensayista cubano (1939-2017). Premio Nacional de Ciencias Sociales. Entre otros libros publicó “El corrimiento hacia el rojo” y “Repensar el socialismo”. Fue colaborador de Cubadebate hasta su muerte.

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