Palabras que fundan

Detalle de la portada del libro
La eterna manía de escudriñar los estantes de las librerías de mi ciudad me puso frente a una pequeña y deliciosa joya llamada “Cuando el pueblo jugó a ser Papá Dios” (Ediciones Unión, La Habana, 2011).
De la pluma de Argelio Santiesteban aparece este puñado de ágiles textos que abordan el fascinante mundo de la toponimia -la divina capacidad de bautizar de los lugares- desde la perspectiva de “la gente común”, los culpables de la mayoría de los nombres que adornan la geografía natural y que ejercen así el infinito poder de la tradición popular, que trasciende los débiles y temporales edictos de los gobernantes de turno.
Curtido periodista, con un lenguaje divertido y cercano, Santiesteban recorre la toponimia cubana desde “El turno del ofendido” -sobre la supervivencia de las denominaciones geográficas de nuestros aborígenes- hasta referirse a los originales nombres de las calles habaneras.
Llama la atención en estos textos -tras los que se intuyen muchas horas de trabajo indagatorio- el humilde origen de numerosos sitios de la cartografía nacional, muchas veces relacionado con hechos o personas intrascendentes, suprema confirmación de que, a desprecio de los libros de Historia, la vida está hecha de los hombres y mujeres cotidianos, los de todos los días.
Verdadera delicatesen, “Cuando el pueblo…” nos deja con (quizás demasiadas) ganas de seguir disfrutando de las historias que se esconden detrás de cada denominación. No obstante, al final de la obra aparece una enjundiosa bibliografía para saciar la curiosidad de los ávidos de información sobre el tema. Esperemos que algún día vea la luz una compilación más extensa que despeje las miles de incógnitas que se esconden detrás del nombre de un poblado, de una esquina.
Ediciones Unión ha puesto en las librerías -que no “en las manos de los lectores”, que el camino del libro es largo y escabroso- una simpática invitación a conocer sobre el místico placer de nombrar las calles que transitamos, las lomas que subimos, el barrio que nos vio nacer.
(Tomado de El Microwave)
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La Habana, 1989. Es Estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana. Colabora con Cubadebate. Twitter: @rafauniversidad
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Interesante y ameno el libro. Durante mi trabajo en Cuba en los años sesenta recuerdo un lugar, creo que en Oriente, cuyo nombre es Ciego Abajo el Caballo. Lo conocí en un informe del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH)sobre la construcción de represas.
Coincido con este comentario sobre la sagacidad de Argelio para desde textos refrescantes enseñarnos parte de nuestra historia. El que haya quedado enganchado con esto, les recomiendo su sección fija “Flachazos” en Cubahora.cu desde hace más de un quinquenio. http://cubahora.cu/blogs/flashazos. Saludos.