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Mercenarios derrotados celebrarán aniversario (II)

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Quien ignora la verdad es un iluso pero quien conociéndola la llama
mentira, es un delincuente.
Bertold Brech

En la década del sesenta el gobierno de Estados Unidos había incrementado su presencia intervencionista en África, frente al movimiento anticolonialista que amenazaba con independizar a muchos de los países sometidos durante cientos de años por las metrópolis europeas y sus riquezas podrían ser nacionalizadas. Allí la CIA envío a los pilotos mercenarios de origen cubano.

El Congo fue el primer escenario africano donde mercenarios  reclutados en el seno de la emigración cubana radicada en Estados Unidos, realizaron sus fechorías al servicio del imperialismo norteamericano.

El origen de la actual República Democrática del Congo (antigua Zaire)

es peculiar. Durante 22 años fue propiedad privada de un solo hombre: El rey Leopoldo II de Bélgica, duque de Bravante (1835-1909). En dos ocasiones testó y en ambas oportunidades precisó que cedía, como cualquiera otro bien, al estado belga el territorio congolés.

Siguió con celo las exploraciones africanas de David Livinsgtone entre 1868 y 1871 y las otras investigaciones realizadas por John Rowlands Stanley, que probó que el río africano explorado por Livingstone no era el Nilo, sino el río Congo.

Leopoldo II se percató de lo que significaría poseer tan vasto y rico territorio surcado por ese río. En 1883 nació la Asociación Internacional del Congo, como Estado independiente bajo la tutela del rey belga. El camino de Leopoldo II, estaba abierto para tener un Estado para sí.

Leopoldo II fue artífice de la Conferencia sobre el Congo realizada en Berlín entre 1884 y 1885, en esta él cedió en  importantes exigencias políticas, económicas y territoriales a Francia y Portugal, para en cambio recibir el respaldo de estas dos potencias para ejercer su autoridad sobre el Congo en calidad de propiedad privada. La diferencia era sustancial, no se trataba de un territorio africano para Bélgica, sino para él.

Estados Unidos, no obstante no tener colonias en África, apoyó a Leopoldo II en sus aspiraciones de perpetuarse como “dueño” del país, con una visión de futuro había calculado que era mejor negociar con el monarca que entrar en discrepancias con otras metrópolis europeas para penetrar los ricos yacimientos de diversos minerales que existían en el, entonces, virgen continente. Estados Unidos fue el primer país en reconocer el dominio de Leopoldo II sobre el Congo.

Desde 1885 hasta 1908 el Congo fue una propiedad registrada a nombre de Leopoldo II y sólo por las  presiones de Gran Bretaña, en ese año pasó a ser propiedad del Estado belga, lo cual  se dio previa indemnización monetaria y preservando  algunas partes del  Congo Belga para él y su familia, aún con el criterio adverso de Gran Bretaña, que veía que ese cambio se había producido para que todo quedase igual.

Durante 1960 y los años siguientes se produce la independencia de varios países africanos de sus metrópolis europeas, un gran movimiento de liberación nacional se consolida en ese continente, sobre todo en las antiguas colonias inglesas, belgas y francesas. Las portuguesas tardarían en alcanzar su liberación definitiva, tras cruentos años de lucha.

Los promotores de esta infausta cita con la historia, que ellos califican de “una campaña militar olvidada”, mientras que en realidad fue un servicio mercenario de vil contenido imperial. Estiman que cerca de cien pilotos de origen cubano fueron contratados para, según la versión de los agresores, “evitar que los guerrilleros izquierdistas simba fueran reforzados por soldados de Castro, la Unión Soviética y China.” La historia registra una verdad distinta y muestra las atrocidades cometidas por estos pilotos, no sólo contra los africanos, sino también contra otros “soldados de fortuna” que compartieron con ellos esa agresión.

Cuando los pilotos mercenarios llegaron a tierra africana, ningún soldado de Cuba, ni de ningún otro país socialista estaba allí. Cuando el reducido contingente internacionalista dirigido por Ernesto Guevara de la Serna llegó al Congo ex belga, ya hacía cuatro años, que estos asalariados de la CIA destruían aldeas, pueblos, saqueaban y se apoderaban de “botines de guerra.”

En la propaganda adulterada sobre la llamada Unidad Makasi, que agrupó a estos “soldados de fortuna” tropicales, se inserta una expresión de la señora Janet Ray: “Lo que estos hombres hicieron fue increíble y su historia nunca se ha contado.” Es cierto, ni ella, ni nadie conocen los cientos de delitos de lesa humanidad cometidos por esos mercenarios, los desmanes, no sólo de los pilotos que antecedieron la llegada de fuerzas mercenarias formadas por agentes de la CIA de origen cubano, que integraron las unidades terrestres y marítimas que asolaron, junto a otros mercenarios europeos y africanos, a vastas regiones de esa parte del continente.

Ha llegado el momento en que la verdad se imponga y esos criminales reciban al menos el repudio, aunque para la justicia norteamericana ellos sólo sean combatientes o veteranos de guerras extranjeras, quienes con total impunidad delinquieron en tierra congolesa.

La señora Ray, es hija del piloto norteamericano Thomas Willard Ray, Pete quien al servicio de la CIA y como parte de la aviación mercenaria agredió al pueblo cubano durante la invasión mercenaria a la Isla.

Tenía 31 años en el momento de ser derribado cuando bombardeaba áreas pobladas cercanas al batey del Central Australia, en Jagüey Grande, Matanzas, el 19 de abril de 1961, cuando la invasión fue aniquilada.

El gobierno de los Estados Unidos, se resistió admitir durante años  haber enviado algún ciudadano norteamericano como parte de la invasión y no realizó posteriormente gestiones oficiales para recibir y repatriar el cadáver, que fue conservado congelado en la morgue del Instituto de  Medicina Legal en La Habana durante 18 años, hasta que en 1979 sus familiares lo recibieron.

Ray y otros tres pilotos norteamericanos perecieron en sus ataques contra Cuba y formaron parte de un total de diez de los reclutados y utilizados por la CIA en Playa Girón.

Los promotores del homenaje a los criminales precisan que la señora Ray: “Ha dedicado su vida a preservar la historia de los hombres que participaron en la invasión y ahora se concentra en los pilotos exiliados que combatieron en el Congo.” De ser cierto, habrá investigado y constatado la brutalidad de sus actos y que estos nada tienen de heroicos.

El titulado escritor Frank Villafaña, autor del libro Cold War in the Congo, expresó a un reportero de NBC Canal 6: “Muchos cubanos no tienen la menor idea de que esto haya sucedido” También es cierto, si los emigrados cubanos en Estados Unidos, conocieran hasta donde fueron perversos y criminales estos mercenarios se horrorizarían de que sean sus coterráneos. Es falso también, que la llamada unidad Makasi, haya sido un secreto no revelado hasta ahora. Versiones adulteradas y ajenas a la realidad circulan en la literatura de las agresiones contra Cuba en Estados Unidos. La señora Ray puede adquirir un ejemplar sobre el tema bajo la firma de Enrique Ros Pérez, publicado por las ediciones Universal en el Condado Miami-Dade.

Convendría conocer que uno de los grupos de mercenarios cubanos en África que más se destacó, por el daño que causaron, fueron los pilotos, los primeros que llegaron en 1961. La unidad de aviación del denominado Grupo Voluntario Cubano estuvo activo en el Congo ex belga y en otros países entre 1961 y 1967. Se destacó en el brutal bombardeo en el Valle de Kwilo.

Un testimonio, alejado de toda duda, lo ofreció un piloto mercenario cubano al periodista español Vicente Talón y este lo insertó en su libro El Diario de la Guerra del Congo, resulta caracterizador de lo criminal de sus actos en el Congo ex belga. El mismo está relacionado con la creencia de los nativos africanos acerca de la posibilidad de ser inmortal  por medio del “dawa” tratamiento mágico muy generalizado en África.

El piloto lo narró así: “Una de las primeras misiones de combate de los B-26 me la confiaron a mí. Despegué desde una base situada en el Congo Central, y a los veinte minutos de vuelo descubrí, en mitad de un calvero, a un numeroso grupo de rebeldes que, al verme, me amenazaron con sus lanzas y palos. Aré el calvero con las ametralladoras, y al virar para dar una nueva pasada observé con asombro que el suelo se encontraba lleno de muertos y de heridos, pero que los demás, lejos de ir, seguían agitando los brazos. La segunda embestida fue, si cabe, más mortífera que la primera, por lo que algunos debieron asustarse y desaparecieron. No obstante al volver por tercera vez aún quedaba media docena de fanáticos profiriendo gritos. Aquellos “simbas” por lo que supe, habían sufrido ya la ceremonia del “dawa” y se creían inmunes a las balas, inmortales.”

Como calificar de heroico el ametrallar con las múltiples y  poderosas ametralladoras calibre cincuenta de los aviones B-26 a enemigos que como expresa el agresor amenazaba por medio de lanzas y palos. No le bastó con un pase asesino, debió exterminarlos para considerar su misión cumplida.

La historia de estos mercenarios tiene numerosos ejemplos de brutalidad.

Continuará…

Se han publicado 3 comentarios



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  • juan castro dijo:

    Yo me pregunto: Y esos criminales de conciencia entre los fangos podrán conciliar sus sueños ?????
    Claro, si son DESCARADOS-MERCENARIOS creo que ni la interrogación cabe.

    Con saludos

  • jairo campo burgos. dijo:

    la historia del congo y su liberacion de coloniaje extranjero, nos invita a pensar n la brutalidad de las guerras de los imperios contra el continente africano. La precensia de mercenarios , no se pueden considerar de ninguna manera de “Heroes” condsidero segun lo narrado por los pilotos de los B-26 que fueron actos de crueldad cometidos contra una poblacion indefensa que carecia de las armas de destruccion masivas de los invasores. Estos “salvajes” criminales de guerrra, de que se pueden enorgulllecer?.

  • Ligia Archila Serrano dijo:

    Vieron ustedes mismos reconocen pilotos mercenarios cubanos. Jajaja, al fin y al cabo Africa debe decidir què quiere y busca por sus propios pueblos.

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José Luis Méndez Méndez

Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate.

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