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Chaplin, Marceau… y Facundo Cabral

9 julio 2011 | 3

facundo-cabral2Venían acompañándose el uno al otro. No lo dije entonces, ni podría decir ahora que había contrafiguras. Y es que esa visita primera de Alberto Cortez y Facundo Cabral juntos marcaba la igualdad para la mística y la valentía de asumir el camino de la felicidad.

Fue ese, “Lo Cortez no quita lo Cabral” un concierto único, lleno de aplausos, llantos y sonrisas para quienes compartimos el privilegio en el Teresa Carreño.

Quien escribe salió de aquél concierto rumbo al teclado a escribir la crónica. Recuerdo perfectamente que compartí con miles la sensación de haber ido a un concierto a encontrarme un poco con el pasado estudiantil lleno de consignas y pintas libertarias, y canciones de protesta y mayo francés y todo eso, y habia salido, como miles, convencida de que había ido a un preámbulo del futuro, a un prólogo de la dicha de sabernos vivos.

Percy Llanos, su representante, se ocupó entonces de hacerme conocer que tanto a Alberto Cortez como a Facundo Cabral les había gustado mucho ese escrito y solicitaban permiso para emplearlo en algún otro lugar del mundo. Además me invitaban a la última jornada de concierto. Alberto para saludarme. Facundo para conocerme. El permiso de publicación por supuesto que fue concedido de por vida, pero no acudí a la cita, por causas materiales. Facundo, entonces, me dejó uno de sus libros, autografiado.

A Alberto Cortéz le conocía bastante. Habiamos compartido en mi programa radial de medianoche en Caracas, y habiamos pasado juntos un huracán en Cuba. Incluso me tocó estar en aquél concierto interrumpido por la noticia de la muerte de su padre. Conversaciones y recuerdos hay.

A los pocos años regresó Facundo. Estaba solo y cargaba otra responsabilidad encima como agente de Paz en el mundo. Por supuesto que acudimos a saludarle. En ese momento estaba quien escribe al frente de unos micros musicales en Televen. Nos acercamos con las cámaras para darle la mano, ésta vez sí, al querido cantor argentino. Percy le recordó: “Fue ella quien escribió aquella nota que te gustó tanto”. Una sonrisa amplia y un abrazo hubo antes de las palabras hacia esta escribidora.

Conversamos en función de sus presentaciones y de sus expectativas con la paz del mundo. Fue entonces cuando abrí mi bolso y saquén un pin, un prendedor artesanal de los que hace Sahú Castrillón para venderlos en las adyacencias del Museo de Bellas Artes de Caracas. Era un pin con la figura de Charles Spencer Chaplin, genio de la dignidad en el mundo.

“Tome” le dije; “es para usted”. Y le entregué el pequeño presente.

Facundo Cabral tomó la imagen de Chaplin en sus manos y sonrió. “Ay, Carlitos, Carlitos…” y entonces me obsequió una vivencia.

“Estaba yo en Buenos Aires cuando anunciaron la presentación de Marcel Marceau. No lo podía creer que fuera a conocer a alguien que era mi ídolo. Y efectivamente lo fui a ver. Y lo ví y salí corriendo a buscar todos mis poemas y todos mis escritos y regresé igualmente corriendo y me aposté por la entrada por donde suponía debía salir Marceau del teatro luego de su presentación. Así fue. Cuando lo tuve a una buena distacia corrí y deposité a su pies todos mis papeles, mis letras, mis intentos, y le dije: ” Luego de verle a usted, señor Marceau comprendo que no soy nada”. Acto seguido Facundo Cabral me dijo que prendió fuego a los papeles donde esta volcada toda una etapa de su vida creativa.

Y contó Cabral que Marceau iba con su mirada del fuego al rostro de Facundo, y del rostro de Facundo al fuego, hasta que le dijo: “Hace bien: yo hago exactamente lo mismo cada vez que veo una película de Chaplin”.

Fue todo un honor que Cabral nos contara esa anécdota con tanto cariño y hasta nostalgia. Luego de ello guardó con cuidado el pequeño pin de Chaplin que le había regalado. Me sentí feliz por mí, por Sahú el artesano, por Marceau (ya desaparecido, lamentablemente) y por Chaplin y su vigencia.

Luego, por esas cosas de la vida, me tocó llevarlo de la mano hasta donde estaba Pablo Milanés, quien recien terminaba de presentarse en el Teresa Carreño. Cabral fue a darle aliento en la enfermedad a Pablo, y Pablo se sintió feliz por ese encuentro.

A los pocos días cuando ya Cabral se había marchado luego de sus presentaciones, acudí a ver a Dalila Colombo, para conversar de Tangos y de músicos. Llegamos a su casa y en una de esas, con café en mano, Facundo Cabral se hizo tema de conversación. Entonces Dalila, muy feliz, fue a su cuarto y regresó con un pequeño pin de Chaplin. Asombrada, por aquello de las coincidencias, pregunté por ese pequeño prendedor. “Me lo regaló Facundo Cabral”.

Me quedé pensando en que exactamente Cabral compartía todo y no se quedaba con nada. Era un poema viviente a la consistencia de sus convicciones, y en el arca de sus vivencias no había nada material y sí un universo de reflexiones.

En 2009 que Facundo Cabral volvería a Venezuela, para hacernos tropezar de nuevo con una de las mejores opciones del mundo: la de la alegría. Siempre dijo querer a nuestra patria porque, como pasó con muchos cantores durante las décadas de los sesenta y setenta, era donde se había multiplicado internacionalmente su propuesta de paz.

Decía Cabral: “Cada mañana es una buena noticia”. Menos hoy cuando la sangre de Facundo se ha derramado en Guatemala, tal vez para conjurar a los demonios y hacer Facundo Fecundo al hermano país que sufre hoy como todos en el continente ante este desgarramiento de la sensibilidad libertaria a manos de la perversidad.

Nunca imaginamos que podría morir por obra de las balas a las que tanto combatió y mucho menos que pudiera morir a las puertas de una estación de bomberos.

“Bombero, bombero, yo quiero ser bombero…”

Paz eterna a quien tanto cantó por ella.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Renzo dijo:

    Ahora mas solo que nunca, con un nudo en la garganta, con la verguenza de saber que un hermano mató a Facundo, con la tristeza de saber la miseria de la humanidad.
    Amaneció este 09 de julio con olor a sangre, divino maestro el que nos han quitado, sin esperanza nos han dejado; como caminar, si mis hermanos son capaces de tan tremenda atrosidad, como respirar si en el mundo mi vecino puede matar. Me emancipé optimista hace algunos años y hoy he perdido la fe, con la muerte de Facundo se ha ido mi esperanza. Él se nos adelanto, pero la pregunta es ¿Por qué matar a Cabral?
    Si, claro que si, cada mañana ya no es una buena noticia y si claro que si… ahora estamos distraídos, merecemos el castigo de la depresión.

    Bombero, bombero yo quiero ser bombero, bombero, bombero porque es mi voluntad!!!

    Cada cantor es un soldado menos, osea que ahora Bush puede volver a ser presidente con toda la confianza que le dan las armas, maldita lacra de la humanidad.

  • YURI dijo:

    Normalmente no escribo (aunque si leo mucho), pero no puedo menos que hacer una excepción ante la muerte de Facundo, supe de él hace unos diez años por un viejo cassette que me dió un amigo y quede impactado para siempre por la agudeza e ironía de sus versos y por la democracia de sus textos, era capáz de expresar con sus palabras los sentimientos de muchos seres humanos que habitamos este mundo, que como dijera él…pese a tanto suicida y tanto homicida sigue siendo un paraíso…, fueron precisamente ellos quienes nos lo quitaron, pero tal vez no: Facundo tú sigues acá, te necesitamos más que nunca para seguir soñando, nuestra puerta siempre estará abierta. Recibe mi más profundo y sencillo homenaje, soy uno de tantos que ayudaste a ser feliz.

    …Amigo yo estaré lejos, muy lejos, por el camino…

  • Aristófanes dijo:

    Decia don Facundo que con su tío aprendió que un cuarteto es lo que queda de la Orquesta Sinfónica de Cuba, tras una gira por Europa

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Lil Rodríguez

Periodista venezolana. Ex directora del canal de Televisión de su país TVES.

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