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La saga de La Rosa Blanca, negocio de familia (III)

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El apego de Rafael L. Díaz-Balart al dictador Fulgencio Batista, le permitió estar al corriente de la real situación de la dictadura en 1958, su dominio de lo que acontecía en la zona de operaciones en el norte de la provincia de Oriente, el avance de las fuerzas rebeldes, la necesaria falsedad de los partes de guerra para mantener la moral de las fuerzas vivas que sostenían el emporio criminal.

Díaz-Balart tenía sus contactos privados con funcionarios de la Embajada norteamericana en La Habana, con frecuencia sostenía encuentros para medir el pulso de quienes realmente mandaban los destinos del país. Después del fracaso de la ofensiva militar en la Sierra Maestra, había percibido preocupación por el futuro de Cuba, grandes intereses norteamericanos estaban a punto de moverse hacia la Isla, para consolidar la presencia norteamericana y la estabilidad era imprescindible para los inversionistas, sobre todo los del hampa italo-norteamericana decidida a instalarse en grandes proporciones.

En resumen Rafael Lincoln estaba bien informado. No más supo de primera mano que Estados Unidos le había retirado el apoyo a Batista, reunió a la familia para preparar su propia fuga.

Tanto su padre, que había servido lealmente los intereses de la United Fruit en Cuba, como él posteriormente, desde su cargo de Subsecretario de Gobernación, gozaban del agradecimiento y la estima de los norteamericanos. Por eso le informaron que Batista huiría del país y le facilitaron las visas para la entrada al territorio de Estados Unidos. Uno de sus hermanos, Waldo Díaz-Balart Gutiérrez, viajó apresuradamente a Nueva York y depositó millones de dólares en el Chase Manhattan Bank.
El 20 de diciembre de 1958, alegando “viajes de negocios”, Rafael L. Díaz Balart marchó para España con su esposa e hijos, entre ellos el ahora resucitador de La Rosa Blanca, Lincoln Díaz-Balart. Muchos no entendieron entonces que se llevara consigo toda su fortuna. En Madrid le sorprendió la caída del régimen al que había servido. Quince días después de la huída de Batista, ya se encontraba en Nueva York.
Con el dinero robado, el marrullero empresario, se dedicó a comprar azúcar barata en República Dominicana, operación realizada bajo la orientación financiera de Amadeo López Castro, colega suyo en el gobierno de Batista, quien previó un alza del precio de ese producto en aquel año. Invirtió un millón y ganó cuatro millones. En lo adelante, invertiría también en la industria de la contrarrevolución y se dedicaría a “luchar por la libertad de Cuba y la instauración de un gobierno democrático representativo” al estilo del que fue Subsecretario del Ministerio de Gobernación, que era el encargado de la represión en el gobierno tiránico del 10 de marzo, presidido por Batista.
Se inició con La Rosa Blanca, para constituirla seleccionó políticos corruptos y militares que habían demostrado talento en la represión y fidelidad al tirano hasta el último momento. Integraron la dirección de esta primera organización contrarrevolucionaria, el ex coronel Merob Sosa, asesino de campesinos en la Sierra Maestra, el periodista batistiano Delfín Rodríguez Silva, Pedro Alomá Kessel y Luis Manuel Martínez Rodríguez, La Grulla, vocero del régimen, estos dos últimos, militantes de la juventud batistiana.

La Rosa Blanca, planteó como aspiración la “lucha por la recuperación y la libertad en Cuba”. Era evidente que Díaz-Balart se había quedado con sed de apoderarse del tesoro nacional. Con este noble fin trató de unir a los batistianos que escaparon de la justicia renovadora de la Revolución.

Al año de creada la banda de ladrones y criminales realizó un acto en Nueva York, se congregaron grupos de diferentes tendencias políticas, incluido uno representativo de simpatizantes de la Revolución, que portaban carteles en los que leían: “Díaz-Balart, mil veces ladrón”, “¡Paredón para Balart, Sosa-Merob- y todos los asesinos que mancillan la memoria de Martí!”.

Tenían como objetivo, una vez derrocada la Revolución, instalar en la Presidencia, a Domingo Gómez Gimeránez. A pesar de lo ridículo del proyecto, los planes de Rafael Díaz-Balart recibieron una amplia cobertura de parte de los medios de prensa norteamericanos y hasta sectores de derecha del Senado le dieron apoyo, acudieron en su ayuda sus aliados de la Embajada norteamericana en La Habana, que le dieron la recomendación necesaria en Washington.

La preferencia y confianza a favor de los seguidores de Batista, sumó a algunos senadores ultraderechistas de Estados Unidos, a invitarlos a sesiones públicas del Congreso, así el 15 de diciembre de 1959, se presentaron Francisco Tabernilla Dolz un general ayuno en combates que funcionaba como jefe del Estado Mayor Conjunto; su hijo el coronel Marcelo Tabernilla Palmero, jefe de la aviación entrenada en Estados Unidos y culpable de bombardear a indefensas poblaciones civiles; al ex jefe del Servicio de Inteligencia Militar Manuel Ugalde Carrillo cuyas manos nunca dejaron de estar manchadas de sangre, y por supuesto, a Rafael L. Díaz-Balart, flanqueados por tres curas falangistas, nombrados Maximiliano Pérez, Juan Ramón O’Farrill y Eduardo Aguirre junto al traidor de la Revolución, Pedro Luis Díaz Lanz quien fuera jefe de la Fuerza Aérea Rebelde.

Sobre su devoción por la dictadura, hace unos meses, Lincoln Díaz-Balart, al escribir uno de sus primeros capítulos de sus memorias en preparación, reveló: “No recuerdo otro día más feliz de mi vida, que cuando siendo niño, pude estrechar la mano de Batista…”
El clan familiar sigue la ruta del dinero
Con los antecedentes anteriormente descritos es lógico que los nietos e hijos de Rafael J. y de Rafael L. actuaran como leales servidores de los Estados Unidos y se convirtieran en dóciles instrumentos del terrorismo contra la tierra donde nacieron. ¿Qué se puede esperar de aquellos que defendieron los intereses de la United Fruit en Cuba, y militaron en partidos que apoyaron las dos tiranías más sangrientas que padeció la tierra de José Martí, como fueron las de Gerardo Machado y Fulgencio Batista? Por eso ahora, viejas y nuevas generaciones de batistianos tratan de sobrevivir el paso de la historia, como La Saga, Negocio de Familia, similar al culebrón colombiano recién finalizado en la televisión cubana.

Rafael, el primogénito del ex líder juvenil batistiano, es un banquero inversionista del clan. El capo político es Lincoln, nacido por ventura en La Habana 13 de agosto de 1954; le siguen José, una estrella de la televisión que trabajó para el show de la CBS y Telemundo y Mario, otro representante federal nacido en Fort Lauderdale, Florida, el 25 de septiembre de 1961.
Lincoln se graduó de abogado en una universidad de Cleveland. Ejerció en Miami, donde defendió a terroristas como Orlando Bosch Ávila, Luis Posada Carriles y muchos otros más.

El oportunismo político del joven Lincoln, se inició en la carpa  de los demócratas en la Florida y en todas sus postulaciones fracasó, entonces se cambió de casaca como gesto de mimetismo político sin ningún tipo de escrúpulos, ni pudor. Le fue bien. Al ser elegido presidente el ex actor de Hollywood Ronald Reagan, se convirtió en un furibundo conservador y ferviente republicano. Resultó electo en la legislatura de la Florida en 1986, y después ocupó un escaño vacante en el Senado estadual en 1989.

La mafia miamense lo envió a la Cámara de Representantes de EE.UU. en 1992, donde rápidamente se alió al lobby judío. Con este apoyo, fue nombrado para el Comité de Reglamento, el cual decide qué proyectos de ley pueden llegar al pleno y qué enmiendas pueden ser debatidas. Desde su cargo, anuló todo aquello que pudiera atenuar el bloqueo económico contra el pueblo cubano, o no fuera grato al Estado de Israel.
Este siniestro clan abogó por mantener y endurecer las leyes del criminal bloqueo contra Cuba, se opusieron al retorno a su patria junto a su padre del niño Elián González, participó en el fraude electoral que facilitó la  presidencia a George W. Bush; y promovieron la creación de emisoras subversivas de radio y televisión contra Cuba.
El binomio Díaz-Balart (Lincoln y Mario) con la complicidad de la ultrarreaccionaria y esotérica Ileana Ros-Lehtinen, asesoraron al senador Jesse Helms y al representante Dan Burton en la redacción del articulado de la extraterritorial Ley Helms-Burton. Fue Lincoln Díaz-Balart quien llevó a la Cámara, la Resolución Conjunta que le dio a George W. Bush manos libres, para invadir Afganistán e Iraq.


En ese año la Fundación Nacional Cubano Americana, agrupación proa dentro de la mafia cubana, propuso al joven político y este aceptó, su retirada de las aspiraciones de ser candidato por el Distrito Electoral No. 18 del Condado Dade para ceder su nominación de Representante Federal a Ileana Ros Lehtinen, que ya había declarado su fidelidad a la organización al declarar el 8 de septiembre de 1989: “Las metas de la FNCA son las mías”.

A cambio de esta colaboración la FNCA lo apoyó en 1992 en sus aspiraciones políticas. Lincoln es católico, estudió en la Escuela Americana en Madrid, fue Representante Estatal en la Florida entre 1986 y 1988, después Senador Estatal hasta 1990 y Representante Federal por la Florida desde 1993 hasta el 2010, por el Distrito 21. En esas elecciones invirtió 251,177 dólares en su campaña política, que incluía las contribuciones enviadas voluntariamente por Directivos de la Fundación madrina.

Lincoln Díaz-Balart, aplicó los conocimientos y consejos aprendidos de su paterno mentor político, desde que se inició en la política federal la Comisión Federal Electoral (FEC) estuvo detrás del control de sus ingresos electorales, que para sorpresa de esa entidad custodia su hermano Rafael. El nepotismo no está reñido con las finanzas políticas y electorales en Estados Unidos.

A principios de noviembre de 2000, la FEC tomó una enérgica decisión: hacer públicos sus hallazgos fiscales en la auditoría de las arcas del Representante Federal, como vía para llamar la atención y obligar finalmente a éste a responder a las interrogantes sobre su sospechoso y fraudulento manejo de fondos.

Durante tres semanas, según el periodista Meg Laughlin, del Miami Herald, la dirección de la campaña del representante republicano por Miami, Lincoln Díaz-Balart, luchó para poner orden y resolver los problemas reiterados con los fondos de su campaña como congresista. Sobre todo para que las soluciones que se encuentren  no descubran cualquier procedimiento incorrecto.

Ana Carbonell, ejecutiva del equipo del Representante, descubrió en la auditoría realizada varios fraudes durante siete años entre 1993 y 2000 en los expedientes financieros, declaraciones y desembolsos, que a pesar de minimizados obligaron a devolver casi 30 000 dólares por concepto de contribuciones excesivas.  En todos los años, desde su elección, sus fondos han sido “mal manejados”, lo cual parece ser un récord para sus asistentes financieros. Lincoln ahora premió a Carbonell Monge con el elevado cargo de directora ejecutiva de La Rosa Blanca. Ella atesora muchos secretos compartidos.

Entre el primero de enero de 1997 y el 31 de diciembre de 1998, dos años, la FEC supervisó cuidadosamente por medio de una auditoria orientada los ingresos de Lincoln Díaz-Balart, después de haber estado observando entre 1993 y 1997 las irregularidades reportadas. La FEC apeló a este recurso ante la imposibilidad de recibir respuesta a sus constantes solicitudes de información a la oficina del representante.

El contador José Rescio, según el artículo de Laughlin, “Lincoln Díaz-Balart devuelve fondos de campaña” del 3 de diciembre de 2000, y la Carbonell, examinaron las planillas financieras desde 1993 y descubrieron que se cometieron toda una serie de errores de contabilidad poco comunes. Entre éstos, errores en la cuenta de la campaña por la minicoca de 114,000 dólares;  además contribuciones de comités políticos no reveladas; excesivas contribuciones individuales de campaña; contribuciones procedentes de corporaciones prohibidas; cheques hechos por la campaña no revelados; cheques hechos pero no respaldados por recibos,  y facturas o cheques congelados. Toda una variedad de artimañas para desviar, enajenar, apoderarse y evadir al fisco. Las mismas artimañas que cometían sus antepasados en Cuba.

Todas las irregularidades ascendieron a más de 300,000 dólares, cifra que llama la atención si recordamos la mencionada suma total invertida en su primera campaña en 1993.

El informe de la FEC fue emitido en marzo de 2000, y señaló que durante los dos últimos años precedentes, la entidad no había recibido respuesta satisfactoria de los representantes de Lincoln Díaz-Balart, quien además  había ignorado las repetidas solicitudes para exhibir la transparencia de sus cuentas y recaudaciones y la presentación de expedientes para explicar los manejos, así como solicitudes de prueba de las devoluciones de cantidades excesivas o prohibidas orientadas por la FEC.

“Consideramos nuestros descubrimientos muy significativos y seguiremos buscando respuestas”, declaró incómoda Sharon Snyder, vocera de la FEC. Según una declaración escrita por Díaz-Balart, éste dijo que no había tenido noticias de los problemas hasta el 6 de noviembre de 2000, el día antes de las elecciones. “Sólo fueron errores estúpidos”, aseguró Ana Carbonell de su propio equipo.

El pretexto alegado, incriminaba por omisión a Díaz-Balart, ya que sería muy difícil -salvo demostrar que es un tonto, incompetente y descalificado para ejercer su cargo- el pretender convencer que durante siete años no conoció de irregularidades en sus finanzas electorales, cuando su propio hermano mayor Rafael es quien custodiaba los expedientes financieros de la campaña y su ahora mano derecha Ana Carbonell, su manejadora de fondos.

Carbonell no pudo responder la pregunta de la FEC sobre los motivos por los cuales no habían informado a su jefe, que habían recibido una citación judicial de la FEC en julio de 1999. Ella alegó que Lincoln sí sabía de la citación y de la auditoría pero no supo de los detalles hasta noviembre de 2000, es decir 16 meses después. Parece que el tema del mal manejo de fondos es un problema en la saga de la familia Díaz-Balart.

Estos truhanes además de ser enemigos de la Revolución cubana, lo son también del pueblo norteamericano y de todas las causas nobles del mundo. Son tan ladrones, como criminales y asesinos. Basta solo recordar las declaraciones públicas de Lincoln cuando afirmó que era tarea impostergable asesinar al Presidente de Cuba, Fidel Castro.
Para muchos que siguen la trayectoria de Lincoln Díaz-Balart, les extraña, que haya abandonado su salario oficial de 140 mil dólares al año como miembro del Congreso, más los extras, con el propósito de apoderarse del legado político dejado por el difunto jefe de la FNCA Jorge Más Canosa,  otro batistiano y anexionista.

Se confirma que Ros Lehtinen y Marcos Rubio se comprometieron a ejercer presiones sobre los directivos del Internacional Republican Institute (IRI) y de la propia USAID para lograr una nueva distribución de los fondos destinados a los programas “cubanos”, a favor de la desmomificada Rosa Blanca.

Se comenta sin embargo que Díaz-Balart se enfrentará en su cruzada para resucitar la organización a las nuevas generaciones de norteamericanos de origen cubano que, en su gran mayoría, buscan mejorar las relaciones con Cuba según las últimas encuestas en la Florida. En Washington, el congresista se opuso con pasión a las propuestas para permitir a los cubanoamericanos y norteamericanos viajar a Cuba, al envío de las remesas familiares, al  envío de medicamentos y de toda iniciativa para acercar a los cubanos.

Este delincuente de cuello blanco es quien convoca a sumarse a La Rosa Blanca, para traer a Cuba un renovado régimen dictatorial como el de Fulgencio Batista, quien se trata de beatificar en Miami y transformarlo de asesino en benefactor. Sus seguidores intentan edulcorar su dictadura, lo presentan como víctima de la época que vivió y de las circunstancias de entonces, para captar a cándidos y oportunistas, desconocedores de lo que significaron para nuestro país sus desgobiernos y las amenazas que se cernían sobre su pueblo,

30 de mayo de 2011

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José Luis Méndez Méndez

Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate.

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