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El maestro de Carlos Bastidas

En este artículo: Carlos Bastidas, Cuba, Historia, Periodismo
12 mayo 2011 | 2

Por Juan Marrero

Justino Cornejo, profesor de Carlos Bastidas

Justino Cornejo, profesor de Carlos Bastidas

Cuando supe de la estrecha y bella relación que existió entre Carlos Bastidas Argüello y su profesor de literatura Justino Cornejo en el Colegio Americano de Guayaquil, recordé la que iniciaron casi un siglo antes en La Habana el maestro Rafael María Mendive y el discípulo José Martí. Hay algunas sorprendentes similitudes, aunque se desarrollaron en escenarios y épocas diferentes.

En las tres ediciones del libro que escribí hace algunos años sobre el periodista ecuatoriano Carlos Bastidas, a quien la dictadura de Batista asesinó el 13 de mayo de 1958, le faltan páginas, entre ellas el relato sobre el nexo epistolar que mantuvo con su maestro hasta un año antes de que se convirtiera en un mártir de la Revolución Cubana, luego de permanecer casi siete semanas en la Sierra Maestra.

Marigloria Cornejo Cousín, hija de ese profesor, en una de sus visitas a Cuba, entregó a la UPEC fotocopias de las cartas que Bastidas escribía desde Estados Unidos, donde estudió Ciencia Política, a su maestro ecuatoriano. Y además nos contó la valoración que tenía su padre de ese joven. Lo consideraba -nos dijo-un alumno de excepción, de aquellos que por su talento estaban llamados a distinguirse, a brillar.

Marigloria Cornejo, hija del maestro de Bastidas, entrega a Tubal Páez, presidente de la UPEC, documentos que se encontraban en la Biblioteca de su padre en Guayaquil relacionados con el periodista ecuatoriano.

Marigloria Cornejo, hija del maestro de Bastidas, entrega a Tubal Páez, presidente de la UPEC, documentos que se encontraban en la Biblioteca de su padre en Guayaquil relacionados con el periodista ecuatoriano.

“Mi padre -también decía Marigloria-hablaba de él como un muchacho que debía haber nacido en otro espacio y en otro tiempo, pues sus alcances intelectuales iban más allá del limitado ambiente político del Ecuador de entonces. Él decía: “este chico tiene que salir, tiene que conocer otros mundos y hacerse conocer más allá del Ecuador. Este espacio le queda muy corto…”

Justino Cornejo militaba en el Partido Socialista de Ecuador desde 1938, y tanto sus ideas políticas como sus conocimientos de la gramática, la ortografía y la literatura, los compartió con “Charlie”, que era así como llamaban a Bastidas. Precisamente, en una de sus cartas, le dice: “Señor Cornejo, en aquello de mi nombre tengo entendido que Usted está en un error, pues la traducción, si es que acaso las palabras tienen traducción, más o menos significa un diminutivo de Carlos, o algo así como aquello de Pepe y José. De tal manera que mis padres y amigos de confianza míos no hacían mal al llamarme Charlie. Pero a mi me gusta mucho la forma española de Carlos, no porque lo llevaron personajes importantes, sino porque me suena varonil” (1).

En sus cartas a Bastidas, Justino Cornejo le corregía errores e ideas. Y en su respuesta el joven estudiante le dice: “Me agrada que trate de corregir mis defectos, mis errores y mis malas ideas. Me alegra que quien goza de prestigio internacional como el mejor filólogo ecuatoriano, tenga el amable cuidado de corregir mis faltas gramaticales. Tendré buen cuidado de recordar sus enseñanzas” (2).

Precisamente en esa misma carta, Bastidas le cuenta a su mentor y maestro que estuvo de vacaciones en Hendersonville, en una casa de verano, “en compañía de los estudiantes cubanos del Colegio. Con ellos leí su “bondadosa” misiva del 16 de este mes”. ¿Quiénes eran esos estudiantes cubanos? Es otra investigación que queda pendiente. También hace referencia a un recorte de un periódico cubano llamado Prensa Libre, enviado desde La Habana por la madre de uno de esos estudiantes, que trae una noticia sobre Ecuador (3).

La situación en Cuba no era, pues, ajena al estudiante Bastidas. Un año antes de esa carta, Fulgencio Batista con un artero golpe de Estado militar cerró todas las puertas del país al ejercicio de la democracia, origen de lo que ocurrió después: el asalto al Moncada, el desembarco de los expedicionarios del yate Granma y la lucha insurreccional en la Sierra Maestra y en ciudades y pueblos.

En otra misiva al maestro, Bastidas le dice: “Todos quienes a usted lean…exclamarán: “no es posible pensar de Cornejo sin levantar reverentes la cabeza. Esa fraseología suya es realmente un delicioso manjar de la más bella prosa literaria, con una forma criolla de lo más pulida y sublimemente inobjetable. Yo, como muchos, soy un enamorado de la magnificencia de su pluma”. (4)

¿No es ello algo similar a lo que escribió Martí sobre su maestro Rafael María de Mendive en 1891 en el periódico El Porvenir: “No escribió jamás sino sobre verdades de su corazón o sobre penas de la patria…Era un enamorado a la belleza, que quería en las letras como en las cosas de la vida”.

La íntima relación epistolar que existió entre Bastidas y Cornejo fue tomada en cuenta por la Unión Nacional de Periodistas de Ecuador para pedir al profesor y lingüista de Guayaquil que dijese las palabras de homenaje al joven periodista ecuatoriano en el acto que se efectuó en la sede de esa organización profesional el 17 de mayo de 1958, solo cuatro días después de su asesinato.

Lo que dijo Justino Cornejo (5) en ese acto es algo que también falta en las páginas del libro “Andanzas de Atahualpa Recio”. Y no quiero que tampoco falte en esta crónica, aunque se haga más extensa de lo pensado.

Elegía a la muerte de Carlos Bastidas

Carlos Bastidas junto a Fidel Castro en la Sierra Maestra

Carlos Bastidas junto a Fidel Castro en la Sierra Maestra

Damas y caballeros:

La fiesta de hoy, fiesta de periodistas ecuatorianos, se ha empañado un tanto, porque la muerte ha venido a colgar sus fúnebres crespones en las mismas puertas de nuestra casa institucional. Un compañero de labores, el Benjamín de la familia, ha caído acribillado a balazos allá, en aquella Cuba radiante y estridente, en donde, al decir de un refugiado cubano, “ser joven constituye el peor de los delitos”.

Ya sabéis en quien estoy pensando, en quien estoy sintiendo. Siento más que pienso a Carlos Bastidas Argüello, el muchacho diligente y arrogante, alegre y simpático, que pareció impulsado siempre, por un geniecillo travieso y vagador. A pesar de sus cortos años había recorrido ya buena parte del Mundo, en una como búsqueda porfiada del peligro y de la muerte. No los caminos fáciles eligió para transitar, sino aquellos sembrados de guijas y de cardos: los más erizados de los caminos.

Por eso, porque una fuerza interna e incoercible  lo impulsaba a ir de un lado para otro, un día estuvo en los Estados Unidos tomando lecciones de práctica y otro en la Hungría convulsionada y dramática; un día entre los insurgentes de Colombia y otros entre los conjurados de Venezuela. Por eso mismo amaneció una vez “bajo el roto quitasol de las palmeras cubanas” atraído por el recio semáforo de Fidel Castro, hasta donde se propuso llegar burlando los armados valladares de Fulgencio Batista: pues aquel joven, casi niño, había nacido con aptitudes para llevar otro “Mensaje a García”…

Casi es imposible hallar jóvenes que amen las cadenas, que gusten de la opresión, que sirvan los diabólicos intereses de la tiranía, que ofrezcan la ardiente pedrería de sus venas para engalanar las sienes de los Césares envanecidos. De ahí que Carlos Bastidas Argüello, último exponente quizás de la bravura esmeraldeña legendaria, anduviera buscando la ocasión de inmolarse por la libertad humana.

A pesar de las ideas que a las veces se posaban en su cabeza de efebo soñador, obró como un Lafayette, como un Lord Byron, como un Garibaldi; obró románticamente. Creyó que no había nada más digno de su mocedad generosa que sacrificarse por la redención de los hombres, sean cuales fueren su raza, su lengua o su religión. Considerábase un cruzado nato de la independencia de los pueblos. Y de ahí su obstinación de convertirse en soldado de todas las milicias libertarias, lo mismo entre los húngaros que entre los colombianos, lo mismo entre los llaneros de Venezuela que entre los guajiros de Cuba.

Personajes como José Martí ejercen una fascinación poderosa desde más allá de la tumba. Si paradigmas busca la juventud en esta hora de tremenda crisis de valores morales, nada más natural que acercarse a quien nació predestinado a los más grandes sacrificios. El ejemplo martiano ha incitado a muchas generaciones americanas. Y por eso, cuando en las montañas de Segovia luchaba Augusto César Sandino, muchachos de todas partes de esta América Indómita acudieron a ofrecerle el vigoroso y desinteresado concurso de su brazo. No es difícil, pues, que Carlos Bastidas Argüello, haya ido a Cuba atraído por la lección de su Apóstol Máximo, cuyo carácter parece retratado en estos versos brotados de su numen:

“No me pongan en lo oscuro/a morir como traidor/!yo soy bueno y como bueno/moriré de cara al sol!/

Los periodistas ecuatorianos estamos de duelo. Y yo, más que todos, desde luego que entre el amado muerto y quien os habla había otros lazos además de los puramente colegiales. La víctima a quien ahora recordamos fue mi discípulo. Lo digo menos por honrarlo que por honrarme. Y no un discípulo cualquiera, sino de aquellos en quienes el maestro quiere arrojar toda las semillas, seguro de que ninguna se perderá.

Vamos ya a concluir. Pero…sea menos lóbrego el final de este responso. Séalo así, damas y caballeros, por Carlos Bastidas Argüello que ha caído no como un servidor envilecido del Despotismo y ni siquiera como el común de los mortales. Ha caído como un combatiente franco y valeroso, en lucha por la liberación de un pueblo hermano. Ha caído casi como un héroe, y el resplandor que desde ayer aureola su frente morena de hombre mestizo de la tierra ecuatoriana, llega hasta nosotros, iluminándonos también”.

Este estremecedor discurso de Justino Cornejo es el mejor homenaje en recuerdo de Carlos Bastidas, 53 años después de su asesinato en La Habana por la dictadura de Batista. Y recordar también algo bien importante: Bastidas fue el último periodista asesinado en Cuba. El expediente de la Revolución Cubana a lo largo de 52 años, en ese tema, está completamente limpio. Aunque los enemigos mientan sobre ello con mucha frecuencia.

Carlos Bastidas Argüello en sus días de estudiante

Carlos Bastidas Argüello en sus días de estudiante

Notas:

(1), (2) y (3).- Carta escrita en Blue Ridge School, Marzo 30, 1953.

(4).- Washington, octubre 17, 1956

(5).- Justino Cornejo Vizcaíno nació en Pueblo Viejo, provincia Los Ríos, en 1904. Periodista. Profesor de la Universidad de Guayaquil. Autor de numerosos trabajos de literatura, lingüística y folklore. Falleció en 1988.

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  • maria dijo:

    Gracias por este articulo, no conocía a Carlos Bastida Argüello y lo cuentan de él es muy grato, lamentablemente ya no está, pero entiendo por lo que escriben, dejó huella en los cubanos y las personas que lo conocieron. He aprendido algo más.

  • carlos bastidas dijo:

    soy carlos bastidas pianista y poeta escribi un poema para carlos bastidas y fue uno de los ganadores en un encuentro nacional de poesia me gustaria compartirlo con ustedes y publicarlo mi e mail es carlosbastidas61@yahoo.com saludos desde ibarra ecuador

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Juan Marrero

Juan Marrero

Periodista cubano, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba

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