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Pescar en río revuelto, ilusión de la nueva administración republicana (IV)

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Por Pedro Etcheverry Vázquez y José Luis Méndez Méndez

Tras la desaparición del campo socialista europeo en 1989 y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en agosto de 1991, comenzó para Cuba una nueva, larga y difícil etapa histórica: el Período Especial en Tiempo de Paz. La economía cubana se vio significativamente afectada, ya que el 85 por ciento del intercambio comercial era con la URSS. El Producto Interno Bruto cayó aceleradamente un 35 por ciento. Cuba disminuyó su capacidad de compra de 8 139 millones de pesos en 1989, a 2 000 millones en 1993. Los enemigos de la Revolución pensaron que Cuba era la próxima nación socialista en renunciar a su proyecto. Las falacias propaladas por Estados Unidos durante años sobre la subordinación económica y política de Cuba a la Unión Soviética sugerían que la Isla no pudiera sostenerse y que fuera inminente el derrocamiento de la Revolución. Para acelerar el quimérico cambio se incrementaron las medidas de guerra económica y toleraron los campamentos de entrenamiento de extremistas anticubanos y comenzaron los ataques, así como las infiltraciones de grupos armados.

El 19 de diciembre de 1989, el gobierno de George H. W. Bush, ordenó la invasión a Panamá, prevista en sus planes, para quitar del poder el general Manuel Antonio Noriega, quien con un discurso nacionalista había provocado la irritación de Estados Unidos, que lo acusó de estar vinculado al narcotráfico internacional, no obstante su fluida relación de colaboración que mantenía con las agencias antidrogas de ese país. Fue un pretexto para liquidar todo intento progresista en el país istmeño. La agresión ensayada durante meses masacró al pueblo panameño e instauró un gobierno, que asumió su mandato en una base norteamericana

El 27 de marzo de 1990 a la 01:45 horas, el gobierno de Estados Unidos inició las pruebas de un servicio de televisión en idioma español dirigido hacia Cuba. Se iniciaba una nueva etapa en la campaña de subversión político-ideológica contra la Revolución. La intrusa señal de la llamada TV Martí no tardó en irrumpir en el canal que utilizaba la emisora cubana Tele Rebelde. El 11 de abril a la 01:43 horas apareció nuevamente la señal de la televisión anticubana. Esta vez por el Canal 13, en toda su zona de servicio, interfiriendo una transmisión nacional. Pero volvió a ser interferida por los medios técnicos cubanos.

Esta provocación se sumó a las miles de horas de transmisiones radiales, que por medio de emisoras piratas y frecuencias contratadas en la Florida, radiaban mensajes subversivos y difamadores contra los principales líderes de la Revolución, su obra e incitando a la desobediencia civil, la realización de sabotajes para enrarecer la difícil y cruda realidad de la sociedad cubana inmersa entonces en su supervivencia y en la defensa de sus conquistas sociales.

El 12 de octubre, terroristas de los Comandos L, tenían planes para tirotear y sabotear puertos cubanos orientados a debilitar aún más a la deteriorada economía nacional y utilizar al terrorismo para amedrentar a los interesados en invertir en Cuba y así sostener el bloqueo. Dos días después otras dos organizaciones terroristas de Miami, realizan una infiltración de varios de sus hombres en el territorio nacional con fines agresivos. Son capturados en el intento. Estas dos acciones formaban parte de una escalada subversiva. El 16 de ese mes nuevamente la banda Partido Unido Nacional Democrático, realizó otra infiltración por Santa Cruz del Norte, La Habana. Dos de sus hombres son capturados.

El 3 de enero de 1991, Alpha 66 realizó la llamada Operación Santa Claus III, por la provincia de Villa Clara, consistente en lanzar cientos de botellas, que contenían propaganda incitando al terrorismo interno y a derrocar a la Revolución. La embarcación pirata Trineo I es interceptada por medios navales de la defensa costera cubana. Uno de los agresores resulta herido.

El 29 de abril del propio año el grupo terrorista denominado III Frente, anuncia un plan magnicida contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Nuevos intentos de este tipo se sucederían en toda la década de los noventa, tomando como escenario para su ejecución las Cumbres de presidentes de Iberoamerica, que ese año se iniciaría como foto de concertación en Guadalajara, México.

El 17 de septiembre, otra organización terrorista el Directorio Insurreccional Nacionalista realizó una infiltración de varios de sus hombres en el territorio nacional. Uno de los planes es fomentar el terrorismo dentro del país, para ello Alpha 66 envió el 23 de octubre a un emisario para realizar captaciones de nacionales, que puedan realizar actos contra la economía del país. Como se aprecia la escalada agresiva se incrementó y se ratificó la necesidad de frenar la misma. Las denuncias por la vía diplomática a las autoridades norteamericanas de estos planes fue reiterada por las cubanas. Los intentos provocadores continuaron.

El 29 de diciembre de 1991, fueron capturados en “La Sierrita”, en Cárdenas, Matanzas, los contrarrevolucionarios de origen cubano Eduardo Díaz Betancourt, Daniel Santovenia Fernández y Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso, que actuaban a nombre de la organización terrorista “Comandos L”. Habían partido desde Cayo Marathon, en la Florida. Los terroristas fueron detenidos, les fueron ocupados armas de guerra de distintos calibres y medios incendiarios y lacrimógenos que serían utilizados en sabotajes a importantes centros económicos. Fueron juzgados con severidad como vía para desestimular y disuadir a los agresores.

Como alternativa para reanimar la economía cubana y buscar formas emergentes de estimularla, el turismo internacional comenzó a incrementarse, se crearon nuevas capacidades hoteleras y agencias de viajes de varios países sumaron los destinos turísticos cubanos a sus planes. Contra esta posibilidad los grupos terroristas de Miami orientaron sus actos criminales. Así el 21 de mayo de 1992 la banda Alpha 66 realizó desde sus oficinas en Estados Unidos llamadas amenazadoras contra turoperadores radicados en Puerto Rico, México, Canadá, Brasil y Ecuador.

El 4 de julio de ese año una embarcación procedente de Miami con un comando terrorista a bordo, que se dirigía a realizar incursiones contra las costas cubanas, sufre averías, son auxiliados por medios navales norteamericanos, que los devuelven, sin ser molestados, a sus bases de origen. Al día siguiente un grupo de terroristas de los llamados Comandos L son detenidos en Boca de Jaruco, La Habana, cuando se disponían a infiltrarse en el territorio nacional.

Dos días después, el 6 otros dos miembros de Comandos L, son detenidos después de infiltrarse por Boca de Camarioca, Matanzas, con armas, explosivos y abundante propaganda subversiva. El 16 de ese mes, continuaría el accionar peligroso y provocador de la llamada organización terrorista Hermanos al Rescate, dirigida por un antiguo agente de la CIA y veterano de sus operaciones contra Cuba y en Centroamérica, José de Jesús Basulto, mercenario de la derrotada invasión en Playa Girón. Tres de sus aviones ese día violaron el espacio aéreo cubano, uno de sus objetivos era evaluar la capacidad defensiva cubana y su respuesta a las hostilidades de los grupos asentados en la Florida.

Con total impunidad y tolerancia operó esta banda durante años en y desde el territorio norteamericano, creando las condiciones para peligrosos incidentes que derivaran en la intervención directa de las fuerzas armadas norteamericanas, como se urdiría en los años siguientes.

Mientras en el incrementado arsenal de medidas contra Cuba, el 24 de septiembre de 1992, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la llamada Ley Torricelli, que había sido refrendada unos días antes por el Senado. En realidad era una enmienda a la Ley de Apropiaciones para la Defensa. Preveía aplicar sanciones a los países que prestaran asistencia a Cuba, prohibir la entrada a puertos norteamericanos a embarcaciones que cargaran pasajeros o productos hacia Cuba, o desde ella, y anular los beneficios fiscales a las subsidiarias norteamericanas ubicadas en terceros países, que realizaran negocios con el gobierno cubano.

El 7 de octubre, una lancha artillada de los Comandos L, atacó el Hotel Meliá, de la playa de Varadero. No hubo víctimas, pero causó algunos daños materiales. Después se retiró a toda velocidad tomando rumbo norte.

En los meses finales de la administración republicana, se incrementarían las incursiones piratas, las infiltraciones y las agresiones de todo tipo contra la asediada Isla. En ese año electoral los partidos tradicionales en Estados Unidos, se disputaron el apoyo económico y en las urnas de los votantes norteamericanos de origen cubano. Ambos prometieron darle mate al llamado “caso cubano” y llevarse los favores de los enemigos de la Revolución. Habían concluido doce años de administraciones republicanas que en vano trataron de revertir el proceso transformador iniciado en Cuba. Ocho nuevos años de agresiones aguardaban durante los dos mandatos demócratas, que comenzarían el 20 de enero de 1993. Nuevos intentos, nuevos fracasos, aquí estamos.

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José Luis Méndez Méndez

José Luis Méndez Méndez

Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, "La Operación Cóndor contra Cuba" y "Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba". Es colaborador de Cubadebate.

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