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concierto y agua

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Segunda cita

Ayer, 14 de octubre, era el penúltimo concierto del Festival de música de Cámara Leo Brouwer, que desde hace una semana se está celebrando en la Basílica Menor de San Francisco, en la Habana Vieja. En el programa Niurka González y María del Henar (el Dúo Ondina) debían tocar las Elegías Martianas números 1 y 2 (la última un estreno), ambas de Leo. La mañana había sido un poco oscura y después del medio día empezó a lloviznar. Era el huracán Paula, un enano de su especie, según el Dr. Rubiera en su último parte, fenómeno que prometía traernos más bondades que daños, ya que las presas, sobre todo en occidente, están bastante secas. Después de almuerzo empecé a escuchar la lluvia promisoria.

La lluvia continuó mientras avanzaba la tarde y no noté que con fuerza cada vez más creciente. Salimos de casa a las 5, tiempo de sobra para llegar a la Basílica mucho antes de las 6, hora en que empezaba el concierto en que Niurka y Marileny serían las segundas. Pero desde que chocamos con la calle nos dimos cuenta de que no iba a ser tan fácil, porque el volumen de agua que caía ya se arremolinaba en nuestra puerta y bajaba como un torbellino rumbo al mar. Quinta Avenida debía estar intransitable, pero teníamos que pasar por el reparto Náutico y emprendimos el descenso, buscando las calles menos encharcadas. Bajamos por 17, pero cerca de la iglesia de 5ta atravesamos un lago de unos 80 metros.

El acceso al Náutico estaba igual. El «policía acostado» de la entrada estaba sumergido bajo una capa de agua que se extendía hasta media cuadra. En el lago artificial que rodeaba parcialmente el parque, doblamos a la derecha; pero en la esquina próxima nos esperaban dos bidones de basura, colocados en el centro de la calle, de forma que un vehículo no cupiera entre ellos. Desde un portal cercano tres encapuchados observaban atentamente nuestros movimientos. Decidí no bajar y apartar los obstáculos y logré pasar a un milímetro de un poste telefónico. Tuve que dar otro rodeo porque en el parque del reparto se cayó un cocotero, que atravesaba la calle principal.

Tomamos hacia el este por la Quinta Avenida y, tratando de evitar sus habituales inundaciones, subimos por 98 hasta 9na, donde vimos vehículos atrapados en aguas arremolinadas. Guaguas inmensas y camiones pesados demostraban su poder acelerando y provocando olas que tapaban a los más pequeños y llegaban a las paredes de las casas. En esos momentos uno se da cuenta de que las autoridades significan poco cada vez que las lluvias dicen aquí estoy yo.

Superado el pandemonio de 9na, llegamos a 13, donde en cada esquina nos esperaba un río desbocado, así hasta 60. En esa calle había una larga cola de vehículos que no hacía nada por moverse, porque en una esquina había un carro patrullero y, como para moverse había que hacerlo por la senda izquierda, los conductores trataban de evitar las temibles multas que restan puntos y suspenden licencias hasta por tres años. Como ya se nos estaba haciendo tarde, decidí correr el riesgo de adelantar y así lo hice hasta una calle transversal, por donde fui hasta 44. En la intersección con 19 tomé izquierda y en la siguiente, 42, a la derecha, y continué hasta el semáforo del puente Almendares, el primero encendido desde que emprendimos viaje.

A partir de 23, ya con semáforos, me sentí a salvo de la locura en que se transforma Playa, cada vez que llueve.

Por 23 llegamos al cementerio y seguimos por Zapata hasta Salvador Allende, que se convierte en Reina (a la izquierda mi viejo barrio de San Leopoldo) y en Prado tomamos hacia el mar, hasta el Castillo de la Punta, desde donde tuvimos que ir hasta la plaza de San Francisco a paso de persona, porque a cinco metros no se veía absolutamente nada. El viento soplaba bastante fuerte y la lluvia no se detenía –para ser un huracán enano, pensé yo.

Durante todo ese tortuoso recorrido hacia el este, que sin lluvia puede ser una delicia, pasamos ante muchos dramas particulares, reflejados en los rostros de los que iban en vehículos pequeños atrapados en medio de torrentes. En algunas calles críticas de la zona de Playa, donde a menudo colapsan carros, espontáneamente se han ido reuniendo grupos de muchachos que por propinas (y sin ellas) empujan coches y los ayudan a salir del mal trance. Y conste que no deja de ser una acción riesgosa, porque lo hacen entre aguas violentas que por momentos se los tragan.

Cuantos conductores salvados habrán pensado: «menos mal que existen» estos buenos muchachos que nos prestan ayuda. Y, agrego yo: ojalá pase algo que nos ayude a todos, más que nada emprender el alcantarillado que muchas zonas de nuestra ciudad necesita.

Se han publicado 4 comentarios



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  • O. López dijo:

    Estimado Silvio

    Pero al final, de la odisea del «pigmeo» como lo comentó Rubiera, pudieron llegar?

    Y Niurka pudo tocar?

    Hubo personas que ante tal desafío, pudieron llegar?

    Yo no pude ni salir de mi centro de trabajo, en Boyeros, tenía tantos deseos de ir!!!

    O. López

  • Facundo dijo:

    Una sana y realista crítica.

    Que la lean los que dicen que en Cuba no se puede hacer ni una sola crítica. Que vean cómo hay posibilidad de reclamar, de decir lo que falla y lo que falta.

    Esperemos que puedan solucionar a la mayor brevedad posible estos problemas. Por el bien del Pueblo, que es el mayor objetivo de la Revolución.

    Salud Cuba. Saludos a Silvio (mientras leo las notas de Cubadebate escucho sus canciones y viajo imaginariamente hacia allá).

    A arreglar lo que urge arreglar, y a seguir.

  • gladys regina dijo:

    Ay Silvio,si Dios te oyera!!
    Ya por lo menos se que has tenido citas con angeles,tal vez lleven a Dios la sugerencia que haces en el ultimo renglon de tu relato,¿imaginas que justo ayer yo debia asitir a un turno medico en el Ciren,muy cerca de tu casa,ir caminando hasta Pabexpo,esperar un omnibus para el paradero de la Playa,alli esperar otro y hacer casi exactamente el recorrido que ustedes hicieron que es el que hace el rutero 8? tal vez,las aguas me hubieran arrastrado hasta el litoral si me hubiera atrevido a desafiar la impredecible Naturaleza.Quiero decirte que me gusto mucho la forma en que nos has contado este contratiempo,aunque siento que hayas tenido que pasar por esto,precisamente en un momento que necesita ir el artista bien relajado para ejecutar su instrumento magistralmente como lo hace Niurka,a quien ademas saludo con cariño,ya que la admiro mucho como musico;pero es asi,la vida nos pone frente a momentos muy dificiles,recuerdo a un compañero mio pedaleando bajo un torrencial aguacero y el chofer del omnibus en que yo viajaba ,gritandole oprobios ,no pude resistir la injusticia y le dije:Ese «anormal» que usted ve ahi,es un neurocirujano prestigioso,que cuando llegue echo un colador a su trabajo,tiene que estar de pie,operando,cualquier cantidad de horas.Hago esta breve anecdota porque hay personas que piensan que quienes salen bajo condiciones meteorologicas adversas,lo hacen por placer,y sin embargo,vemos las viscicitudes que se pasan para cumplir con un compromiso,y por ultimo,aunque esto no le va a Silvio,quien hasta me ha dado un aventon alguna vez,existen quienes ni siquiera son capaces de compadecerse y adelantar al transeunte que espera por un omnibus o que simplemente le hace señas pidiendole la agradecida botella.

  • gladys regina dijo:

    Quise decirle al chofer,que mi compañero llegaria «hecho» un colador,no «echo»,disculpe la falta involuntaria.Gracias.

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Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez

Músico y poeta cubano. Es fundador de la Nueva Trova y autor de canciones antológicas como «Unicornio», «Ojalá», «La era está pariendo un corazón», y muchas otras.

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