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El derrocamiento de Mossadegh por la CIA

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Irán / 1953

Por Juan Marrero

El tema de las amenazas a Irán ha estado presente en las recientes Reflexiones e intervenciones de Fidel Castro. Se ha referido, en particular, a un hecho ocurrido 57 años atrás: el derrocamiento del gobierno legítimo del primer ministro iraní Mohammad Mossadegh, luego de que había dispuesto la nacionalización del petróleo, entonces explotado por la Anglo-Iranian Oil Company, controlada por el gobierno británico, y que años después se llamó British Petroleum (BP), la misma que ha ocasionado en estos días, en el Golfo de México, el mayor desastre ambiental de la historia.

El año pasado (4 de junio) en la Universidad de El Cairo, en un discurso dirigido a los musulmanes, el presidente Obama reconoció que “en plena Guerra Fría, Estados Unidos desempeñó un papel en el derrocamiento de un gobierno elegido democráticamente”, el de Mossadegh, en Irán.

Justo es que lo haya reconocido, pues desde hace varias décadas es sabido que personalmente el entonces presidente norteamericano Dwight Eisenhower, el secretario de Estado, John Foster Dulles, y su hermano Allen Dulles, director de la CIA, dirigieron todo el complot para derribar al gobierno de Mossadegh, un político de ideas democráticas y nacionalista, pero insospechable de tener simpatías por el comunismo.

En sus memorias, Eisenhower escribió tres meses después de llegar a la Casa Blanca  que “Irán parecía estar a punto de caer en manos de los comunistas” y que su petróleo no debía, “bajo ninguna circunstancia, pasar a manos del comunismo”.

Ninguna compañía petrolera norteamericana había sido afectada por la soberana decisión de Mossadegh, pues el control de ese recurso estratégico estaba en manos de la Anglo-Iranian Oil Company, en la cual el gobierno de Londres tenía el 52% de sus acciones desde que se fundó a principios del siglo XX tras el descubrimiento de enormes yacimientos de petróleo en Irán.

A la CIA, que entonces solo tenía seis años de creada, le encargaron aplicar sus manuales de subversión para derrocar a un gobierno legítimo. Lo logró en el caso de Irán y, al año siguiente, también en Guatemala cuando el gobierno popular y democrático de Jacobo Arbenz tuvo la osadía de incluir en su programa una reforma agraria. Donde el esquema subversivo de la CIA, en distintas variantes, ha tenido derrota tras derrota fue en la Cuba revolucionaria a partir del Primero de Enero de 1959 y a lo largo de medio siglo.

Claude Julien, periodista francés que fue redactor-jefe de la sección internacional del diario Le Monde, escribió en su libro “El Imperio norteamericano”, publicado en París en 1968, un minucioso y documentado relato sobre el exitoso ensayo de la CIA en Irán, en 1953.

Luego del 2 de agosto, en que se efectuó un referéndum, donde el 99,4% de los sufragios depositados, respaldó al gobierno de Mossadegh, la CIA intensificó su acción. Desde Suiza, donde se concentraron con distintos pretextos Allen Dulles, Loy Henderson, embajador yanqui en Teherán, y familiares del Sha Reza Pahlevi, se dirigieron las etapas del golpe de fuerza.

Entretanto, con la fachada de turista, llegó a Irán el general norteamericano H. Norman Schwartzkopf, un tenebroso personaje que había reorganizado la policía del Sha entre 1942 y 1948. Se le consideraba un experto sobre Irán. En sus manos la CIA puso diez millones de dólares, una cifra respetable en aquellos tiempos, para distribuirlos secretamente entre aquellos personajes del gobierno que los movía más la plata que el servicio a su pueblo. Con una parte de ese dinero -cerca de 400 mil dólares– también se compraron a elementos antisociales para que se lanzasen a las calles a repudiar al gobierno. Del resto se encargarían los grandes medios de comunicación del Imperio para presentar las demostraciones como una insurrección popular. Y los oficiales del Ejército leales al Sha, quien se había refugiado en Italia, fueron contactados y bien pagados por Schwartzkopf  para que arrestaran a Mossadegh y a sus principales seguidores.

Al mundo se le dijo una gran mentira: el pueblo iraní que en el referéndum del 2 de agosto manifestó su confianza en Mossadegh fue el mismo pueblo que lo sacó del poder el 19 de agosto.

Schwartzkopf, junto con el Sha, seleccionó al nuevo gobierno encabezado por el general Zahedi, quien ocupó el cargo de primer ministro. Había sido jefe de la policía del Sha, era uno de los principales acaparadores de trigo en el sur de Irán y, además, siempre tuvo relaciones estrechas con agentes de la Alemania nazi que tras el final de la Segunda Guerra se habían refugiado en territorio iraní y vivían en las montañas. Ese fue el hombre al que la CIA recurrió para derrocar a Mossadegh en nombre de la democracia y formar otro gobierno en Teherán. Y tales “méritos” no eran despreciables en los días de la Guerra Fría para el combate para la contención de la Unión Soviética.

Ese “demócrata” de Zahedi organizó seis meses después unas elecciones llamadas libres. La revista Time escribió: Todo no fue más que un fraude. Los doce diputados elegidos a la Asamblea Nacional fueron escogidos antes de que el primer votante depositara su papeleta en la urna. Todos eran partidarios del general Zahedi. Un elector depositó su papeleta y después hizo tres profundas reverencias ante la urna. Al preguntársele el motivo, contestó: Esta urna es una caja mágica. Se mete una papeleta con el nombre de Mossadegh y, al proceder el escrutinio, se ha convertido en un voto para Zahedi.

Mossadegh fue condenado a tres años de cárcel y a reclusión domiciliaria el resto de sus días. Falleció en 1967.

Claude Julien cuenta en su libro que el gobierno de Zahedi logró zanjar el pleito del petróleo. La Anglo-Iranian Oil Company comenzó a desaparecer como tal. Y en un gesto de agradecimiento por el papel decisivo desempeñado por Estados Unidos varias compañías petroleras de ese país -la Standard Oil, la Texaco y la Socony Vacuun Oil, entre otras-fueron admitidas en un nuevo consorcio. Y así se dieron los pasos para el nacimiento de la British Petroleum, donde Gran Bretaña y Estados Unidos tenían cada uno el 40 % de las acciones. Con la revolución islámica de 1979, la BP fue expulsada de Irán.

Se trata de una historia interesante y bien necesaria para comprender las raíces del caso iraní, y de los nexos de la BP y el gobierno de Estados Unidos.

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  • miguel angel dijo:

    hay una cosa que no me cuadra, ese general Schwarkopf que mencionáis , a no ser que sea el padre del que intervino en la guerra del golfo porque este nació en 1934 y por tanto es imposible que interviniera en estos hechos, me gustaría que me lo aclaraseis .
    Lo demás me parece correcto , esta fue una mas de las muchas operaciones encubiertas llevadas a cabo por los gringos , siempre contando con la complicidad de los ingleses ( aunque en este caso fue a la inversa) contra regímenes democráticos.
    un saludo amigos.

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Juan Marrero

Juan Marrero

Periodista cubano, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba

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