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Unión Europea: los dioses desiguales

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El hombre de Neandertal fue el primer poblador del continente europeo. La evolución del primate transcurrió durante varios siglos, en los que sus rasgos antropológicos, las costumbres, el lenguaje y los ritos religiosos alcanzaron un amplio espectro. Sus diferencias se hicieron cada vez más notables y, en algunos casos, abismales, porque desde sus antepasados a la fecha, difieren entre sí los helenos, latinos, celtas, galos, eslavos, balcánicos, escoceses y germanos, como seres humanos que conviven en un espacio geográfico.Con creyentes católicos, protestantes, evangélicos y ortodoxos las religiones y los dioses han cohabitado en el continente sin contratiempos perceptibles (salvo las Cruzadas, de la noche de Saint Barthélemy y de la persecución nazi contra los judíos). En los países miembros de la Unión Europea hacía más de medio siglo no se manifestaba con tal crudeza el terrorismo antirreligioso. Hoy se aprecia un “renacimiento” de contradicciones sociales que también evidencian el resurgimiento de tendencias fascistas

El terrorismo antislámico se perfila con más nitidez desde el 11 de septiembre de 2001, con el pretexto de combatir al terrorismo medioriental, acuñado como “fundamentalista” por el anterior Presidente estadounidense. La cruzada contra los musulmanes no sólo ha penetrado en las estructuras gubernamentales de Estados Unidos y de la Unión Europea, sino también en varios grupos poblacionales. La UE no estaba preparada para asimilar la avalancha migratoria exacerbada desde la guerra en Yugoslavia y -mucho menos- proveniente de otros continentes, considerados “peligrosos” por el mundo desarrollado.

La pancarta esgrimida por el Tratado de Lisboa sobre “igualdad en la diversidad”, resulta inaplicable y, mucho menos, creíble. Los británicos, polacos, franceses e irlandeses no aceptaron los enunciados de la Carta Europea de Derechos Fundamentales referidos a la religión, que evidenció disensiones sobre el culto a dioses distintos o su rechazo, tangibles en las preferencias plasmadas en las respectivas constituciones: la francesa (que protege el laicismo), la británica, italiana, danesa, holandesa, griega y chipriota, tres de las cuales especifican qué religión debe profesar el jefe del Estado.

Las “licencias” sobre las diversas religiones quedan salvadas para los legisladore