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No habrá futuro sin equidad

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La Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo fue establecida por Naciones Unidas hace poco más de 20 años. En su muy difundido informe publicado en 1988, bajo el título Nuestro Futuro Común, introdujo definitivamente en el lenguaje internacional el término  de desarrollo sostenible (o sustentable, según la traducción que se prefiera del ingles sustainable ) y lo resumió como la síntesis de tres objetivos: crecimiento económico, equidad social y conservación ambiental.

Ninguno de estos objetivos, afirmaba el informe, puede ser alcanzado sin avances simultáneos e interrelacionados con los otros dos.

En uno de sus párrafos más conceptuales, el que fuera denominado Informe Bruntland, en atención a la destacada política noruega que la encabezó, precisaba con toda claridad que la satisfacción de las necesidades esenciales exige no sólo una nueva era de crecimiento económico para las naciones donde los pobres constituyen la mayoría, sino la garantía de que estos pobres recibirán la parte que les corresponde de los recursos necesarios para su crecimiento.

No obstante lo anterior, fue otra la formulación que pronto ganó sello emblemático por su atractiva simplicidad y es la que caracteriza al desarrollo sostenible como la capacidad de los individuos para satisfacer sus necesidades presentes sin comprometer la base de recursos para que las generaciones futuras puedan satisfacer las suyas.

De esta sintética expresión desapareció, como salta a la vista, la dimensión de la equidad social, y no pienso que la omisión haya sido en nada casual.

Se asume el reconocimiento a la equidad intergeneracional, pero a cambio se intenta escamotear lo que tiene que ver con la necesaria y éticamente exigible equidad intrageneracional.

De acuerdo con una de las acepciones admitidas por la Academia de la Lengua, el término equidad alude a    la justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva   , la que se promulga dentro de un orden social determinado.

En un plano más subjetivo, otra acepción la identifica con cierta elocuencia como    la disposición de ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece   .

El expresado concepto está muy estrechamente ligado al de igualdad, el cual, de acuerdo con la propia Academia, es    el principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos   .

Sin duda alguna, se trata de conceptos diferentes, en la medida en que el concepto de equidad introduce un principio ético o de justicia en la igualdad.

PRINCIPIO DE LA EQUIDAD

De hecho, es el ideal de equidad el que nos lleva a proponernos objetivos que logren transformar la sociedad humana para hacerla más justa.

Se ha apuntado con razón que una sociedad que aplique la igualdad de manera absoluta será una sociedad injusta, ya que no tiene en cuenta las diferencias existentes entre personas y grupos. Pero, del mismo modo, una sociedad donde las personas no se reconozcan como iguales tampoco podrá ser justa.

Al momento presente, es ineludible abordar la cuestión de la equidad al plantear la cuestión del desarrollo y del futuro, a la luz de las flagrantes y crecientes desigualdades en el acceso de los países y de las personas al uso y disfrute de recursos que son, en esencia, colectivos.

El profesor colombiano Isaías Tobasura ha abordado en profundidad el tema del desarrollo sustentable y la equidad. Ante todo, él ha subrayado cómo se ha querido entender el desarrollo meramente en términos de incremento del Producto Interno Bruto (PIB) y del ingreso nacional per capita.

Sobre esa arbitraria base, el Banco Mundial ha establecido toda una estratificación de los países en aquéllos de ingresos altos, medios y bajos. No hay espacio en esa clasificación para nada que tenga que ver con la calidad de vida y el bienestar de las personas.

Sin embargo, el problema del desarrollo sustentable, o dicho de otra manera, de la sustentabilidad del desarrollo, tiene mucho que ver con la mencionada cuestión de la equidad intra-generacional e inter-generacional, en la apropiación de los recursos y en el logro de los beneficios derivados de la utilización de esos recursos, en la producción de bienestar.

Me parece inadmisible a todas luces que se pretenda de manera encubierta sacrificar a una parte de las generaciones de hoy en aras de las criaturas del mañana. La pobreza en el mundo no es sólo una cuestión de justicia social sino de inviabilidad para la sociedad.

Las cifras actuales ilustran todo tipo de inequidades, en especial las que evidencian que son los más ricos los más responsables del agotamiento de los recursos y del deterioro ambiental.

EL DESNIVEL EN EL MUNDO

Los ciudadanos de los países industrializados consumen por persona 12 veces más energía y 100 veces más agua que los de los países pobres; los primeros generan 17 veces más residuos sólidos municipales por persona que los segundos.

Los países de la Organización para la Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE) representan un 15% de la población mundial pero dan origen al 77% de los residuos industriales peligrosos.

No son pocas las personas ilustradas que han percibido y denunciado estos problemas. En un artículo del año 2002 que tituló La Ciencia y la Transición a la Sostenibilidad, la que fuera presidenta del Consejo Internacional para la Ciencia, Jane Lubchenko, anunciaba la emergencia de una nueva ciencia de la sostenibilidad, llamada a combinar los esfuerzos de las ciencias naturales, sociales y económicas en el interés de promover patrones sostenibles de desarrollo.

En esa ocasión, la distinguida científica norteamericana llamaba también la atención sobre la creciente conciencia de los aspectos morales y éticos vinculados a la sostenibilidad.

Por su parte, el reputado economista y también norteamericano Joseph Stiglitz, expresaba durante un evento celebrado hace pocos años su rotundo rechazo al orden de cosas prevaleciente en los últimos lustros.

Al decir del laureado con el premio Nobel de Economía del año 2001: las instituciones y políticas que han gobernado la globalización debieran ser reformadas, en la medida en que éstas    si bien pueden haber servido a los intereses de las los países industriales avanzados, o al menos a ciertos intereses especiales dentro de esos países, no han servido bien a los intereses del mundo en desarrollo, y en especial a los pobres dentro de esos países.

Para el notable profesor e investigador la globalización, en suma, debería extenderse no sólo a lo económico, sino a las visiones sobre justicia social y solidaridad.

En otro comentario mucho más reciente, y siempre dentro de la misma línea ética, el propio Stiglitz ha denunciado con singular acierto lo que él ha calificado como    fetichismo del PIB   .

En su parecer, que modestamente compartimos, si tomamos malas decisiones, lo que intentamos hacer (digamos, aumentar el PIB) en realidad puede contribuir a empeorar los niveles de vida.

También podemos, sigue afirmando, enfrentarnos a falsas opciones y ver compensaciones entre producción y protección ambiental que en realidad no existen.

En ese mismo artículo publicado este propio año 2009, el analista pone de manifiesto su contrariedad al constatar que otro rasgo pronunciado en la mayoría de las sociedades es el incremento de la desigualdad.

Esto significa que existe una creciente disparidad entre el ingreso promedio y el ingreso    mediano    es decir, el de la persona    típica cuyo ingreso se ubica en el medio del gran abanico de distribución de los ingresos.

Stiglitz ilustra su punto con un sencillo ejemplo: si unos pocos banqueros se vuelven mucho más ricos, el ingreso    medio    puede subir, a pesar de que los ingresos de la mayoría de la gente estén decayendo.

La conclusión que extrae es inequívoca: las estadísticas sobre el PIB per capita no necesariamente reflejan lo que realmente le sucede a la mayoría de los ciudadanos.

El economista aboga porque la reforma de los indicadores internacionales de desarrollo reclamada por el presidente francés Sarkozy sirva de manera efectiva al propósito de conformar un conjunto más amplio de indicadores capaces de reflejar    tanto el bienestar como la sustentabilidad.

(Con información de Prensa Latina)

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  • Jorge Félix Hernández Capote dijo:

    Pienso que lo que se debe hacer en estos momentos es seguir luchando en la toma de conciencia de la población y sobre todo de esos gobiernos que no cumplen con los requisitos y tratados internacionales que se han firmado para proteger el medio ambiente.Opino que es necesario recordar que todos somos una cadena que estamos relacionados entre si y juntos conformamos el mundo que está compuesto por el hombre, naturaleza y sociedad. A lo largo de los años el hombre ha encontrado numerosos avances científico técnicos de gran beneficios para todos que contribuyen a una mejor la forma de vida de la sociedad pero sin embargo poco a poco iba destruyendo nuestro medio natural es hora de que nos demos cuenta que todo es necesario pero si se destruye el planeta de que nos va ha servir tantos avances si no sabemos equilibrar los frutos que nos ha dado el trabajo y la vida. Es hora de poner fin al derroche y proteger nuestra vida no podemos seguir destruyendo el medio ambiente aun tenemos tiempo de evitar cambios catastróficos.

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Ismael Clark Arxer

Ismael Clark Arxer

Es el Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba. Forma parte del Comité Ejecutivo del Panel Interacademias para Asuntos Internacionales, el cual agrupa a más de 90 academias de ciencias de todo el Mundo. Es Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Epidemiología y se le otorgó la Legión de Honor de México en 2004.

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