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Historia del derecho de una pequeña nación a hablar con voz propia

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PRIMERA PARTE: 1492-1898

(Justificación histórica de la política exterior de Cuba)     

Los principales obstáculos originales

Dos fueron los obstáculos principales para que Cuba pudiese ejercer su derecho soberano a una política exterior propia.

Primero, la dominación colonial de España la cual, desde sus inicios por los reinos de Castilla y de Aragón, duró cerca de cuatrocientos años. Pero esa causa desapareció en 1898 como resultado de la guerra de independencia organizada por José Martí y la intervención de Estados Unidos en esa guerra. El 12 de agosto de 1898 a las 4:30 p.m., se firma en Washington el protocolo de paz que suspendía las hostilidades entre Estados Unidos y  España, por el cual esta última “renuncia a toda pretensión a su soberanía y a todos sus derechos sobre Cuba”.

El segundo fue la ambición de Estados Unidos de ejercer su control sobre Cuba. Esta pretensión ha estado presente y ha influido en los destinos de Cuba desde que Estados Unidos surgió a la vida como nación independiente.

Ambos factores actuaron en colusión tácita durante el siglo XIX según se consolidó en Cuba el concepto de cubano y se fue formando la nacionalidad cubana. Por una parte, España se empecinó en mantener su dominio sobre Cuba, a la cual la monarquía española llegó a considerar “la joya más preciada de su corona” y los lideres del gobierno declararon dispuestos a gastar hasta “hasta el último hombre y la última peseta” para mantenerla bajo su dominio.

Mientras tanto, Estados Unidos actuó para impedir que Cuba pasase de manos españolas a otras que no fuesen las suyas. Se opuso a la independencia de Cuba, a su adquisición por parte de otras potencias europeas y hasta a la anexión como resultado de una quiebra violenta de la dominación española en Cuba.

En el siglo XIX Estados Unidos intentó media docena de veces que España le vendiese a Cuba, pero siempre fracasó. Aún vísperas de declararle la guerra a España en 1898, el presidente McKinley autorizó gestiones para hacer una nueva oferta a Madrid.

La estrategia de Estados Unidos era esperar al momento en que España estuviese tan debilitada que no pudiese retener a Cuba en su poder. Entonces actuaría rápidamente para tomar a Cuba en sus manos. Eso fue exactamente lo que hizo en 1898 con la “pequeña espléndida guerra”, como la describió el embajador John Hay en carta a Theodore Roosevelt.

En menos de diez semanas, las fuerzas militares de Estados Unidos destruyeron lo que quedaba del poderío militar español y, de pasó hundieron totalmente al imperio español, apoderándose de Puerto Rico, las Filipinas, Guam, las Islas Marianas y Hawai.

En esos años, Washington guió su política por tres criterios fundamentales:

 

  • Ø La “teoría de la fruta madura”, expresada en instrucciones cursadas el 23 de abril de 1924 por el Secretario de estado John Quincy Adams al representante diplomática de estados Unidos en Madrid en la cual le explicaba que “Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por si sola, tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Americana, y hacia ella exclusivamente mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley (de gravitación política), le será imposible dejar de admitirla en su seno.”
  • Ø La “Doctrina Monroe”, expuesta por el presidente James Monroe en su mensaje al Congreso de estados Unidos el 2 de diciembre de 1823. Su esencia: “Es imposible que las potencias aliadas (la Santa Alianza) extiendan su sistema político a parte alguna de los continentes americanos sin poner en peligro nuestra paz y felicidad… Imposible que nosotros podamos contemplar con indiferencia semejante interposición en ninguna forma”.
  • Ø La tesis del “destino manifiesto”, concepto ancestral recogido y actualizado en julio-agosto de 1845 en la revista neoyorquina Democratic Review por el influyente periodista John L. O´Sullivan: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno”.

Los fundamentos martianos de la política exterior cubana

-Después de concluida la llamada “Guerra de los Diez Años” en la cual los cubanos lucharon infructuosamente por su independencia de España desde 1868 hasta 1878, el insigne y más universal de todos los cubanos, José Martí se convirtió en el líder del movimiento independentista y el organizador de la nueva y final contienda contra la dominación colonial española en Cuba.

Martí estudió y analizó las experiencias adquiridas en los años de guerra y concluyó que la desunión era la causa principal de los fracasos anterior y que era necesario unir todas las fuerzas y lanzarlas a la batalla cuando el país estuviese preparado para la lucha, en razón de lo cual fundó y organizó el Partido Revolucionario Cubano, no como un partido electoral, sino  para organizar y dirigir la guerra por la independencia y fundar la nueva república.

Pero Marti, quien vivió en Estados Unidos en la época de concentración del capital norteamericano y su paso de la industria a las finanzas, fundamentos del imperialismo moderno, advirtió el fenómeno y los peligros que representaban para Cuba y los países de lo que llamó Nuestra America los afanes de dominación del imperialismo en ciernes.

Aunque Martí murió sin ver la patria libre e independiente, dejó en sus escritos las bases de la plataforma de la política exterior de la Revolución Cubana y la esencia de su carácter americano, universal, humanista y antiimperialista.

El 8 de noviembre de 1889, el diario La Nación de Buenos Aires publica un artículo sobre la Conferencia Internacional Americana convocada por Estados Unidos y que se inauguró en Washington el mes anterior, donde Marti expresa:

“Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles: y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.”

Al año siguiente, sesiona en Washington la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de America convocada por Estados Unidos (Martí participa como representante de Uruguay) y en mayo José Martí publica en la Revista Ilustrada de New York un artículo sobre el significado del cónclave en el cual recoge elementos claves sobre su postura antiimperialista:

¿Qué lección se desprende para América, de la Comisión Monetaria Internacional, que los Estados Unidos provocaron, con el acuerdo del Congreso, en 1888, para tratar de la adopción de una moneda común de plata, y a la que los Estados Unidos dicen, en 1891, que la moneda común de plata es un sueño fascinador?

A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente. En la política, lo real es lo que no se ve. La política es el arte de combinar, para el bienestar creciente interior, los factores diversos u opuestos de un país, y de salvar al pais de la enemistad abierta o la amistad codiciosa de los demás pueblos. A todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas. Ningún pueblo hace nada contra su interés; de lo que se deduce que lo que un pueblo hace es lo que está en su interés. Si dos naciones no tienen intereses comunes, no pueden juntarse. Si se juntan, chocan. Los pueblos menores, que están aún en los vuelcos de la gestación, no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos de una población compacta y agresiva, y un desagüe a sus turbas inquietas, en la unión con los pueblos menores. Los actos políticos de las repúblicas reales son el resultado compuesto de los elementos del carácter nacional, de las necesidades económicas, de las necesidades de los partidos, de las necesidades de los políticos directores. Cuando un pueblo es invitado a unión por otro, podrá hacerlo con prisa el estadista ignorante y deslumbrado, podrá celebrarlo sin juicio la juventud prendada de las bellas ideas, podrá recibirlo como una merced el político venal o demente, y glorificarlo con palabras serviles; pero el que siente en su corazón la angustia de la patria, el que vigila y prevé, ha de inquirir y ha de decir qué elementos componen el carácter del pueblo que convida y el del convidado, y si están predispuestos a la obra común por antecedentes y hábitos comunes, y si es probable o no que los elementos temibles del pueblo invitante se desarrollen en la unión que pretende, con peligro del invitado; ha de inquirir cuáles son las fuerzas políticas del país que le convida, y los intereses de sus partidos, y los intereses de sus hombres, en el momento de la invitación. Y el que resuelva sin investigar, o desee la unión sin conocer, o la recomiende por mera frase y deslumbramiento, o la defienda por la poquedad del alma aldeana, hará mal a América.”

“¿pueden los Estados Unidos convidar a Hispanoamérica a una unión sincera y útil para Hispanoamérica? ¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con los Estados Unidos?

Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. El pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un solo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno.”

“Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos. El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos.”

En 1891, Martí publica su magistral ensayo “Nuestra América” que a decir del destacado intelectual, poeta y estudioso de la obra martiana, Cintio Vitier es “documento de actualidad sobrecogedora: análisis, diagnóstico, toque de alerta… formulación de los únicos principios salvadores de la independencia, la integridad y la vocación justiciera de la America nueva”.

No estaría completa la visión de los principios que han guiado la política exterior de la Revolución Cubana sin hacer referencia a alguno de los conceptos esenciales vertidos por Martí en ese ensayo:

“El gobierno ha de nacer del país El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el

equilibrio de los elementos naturales del país.”

“El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.”

Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.”

“La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia.”

“Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.”

“Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano.”

” Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña.”

“El deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota

para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.”

El pensamiento martiano se concreta según avanzan los trabajos para desatar la guerra en Cuba. En un artículo publicado en el periódico Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano, en New York, el 17 de abril de 1894, en ocasión de entrar el Partido, en su tercer año de existencia y faltando menos de un año para iniciarse las hostilidades en Cuba, expresa la íntima relación entre la independencia de Cuba y las ambiciones de Estados Unidos :

“En el fiel de América están las Antillas, que serian, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder,-mero fortín de la Roma americana;-y si libres-y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora-serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio-por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles-hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo.”

Ya iniciada la “Guerra de Independencia” en 1895, Martí recoge en el Manifiesto a la Nación redactado por él y emitido junto con Máximo Gómez el 25 de marzo de 1895, criterios fundacionales sobre el papel de Cuba en el concierto internacional de naciones:

“Punible ignorancia o alevosía fuera desconocer las causas a menudo gloriosas, y ya generalmente redimidas, de los trastornos americanos, venidos del error de ajustar a moldes extranjeros; de dogma incierto o mera relación a su lugar de origen, la realidad ingenua de países que conocían sólo de las libertades el ansia que las conquista, y la soberanía que se gana por pelear por ellas.”

“La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del [orbe] mundo. Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo.”

El 18 de mayo de ese año, vísperas de su muerte, Martí escribe a su amigo mexicano una carta expresando sus más íntimos sentimientos antiimperialistas y lo que considera es la razón fundamental de su lucha:

“ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo-de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias pª alcanzar sobre ellas el fin.”

                                    SEGUNDA PARTE: 1899 – 1959

                                   

La política exterior de Cuba bajo el dominio de Washington

Al cabo de sesenta años, cesó el dominio norteamericano sobre Cuba. A los efectos historiográficos, podemos decir que el periodo se extendió exactamente desde el 1ro de enero de 1899, fecha en que las autoridades coloniales españolas evacuaron el territorio cubano hasta la madrugada del 1ro de enero de 1959, cuando Batista y un grupo de sus acólitos huyeron  hacia la República Dominicana sometida a la tiranía de Rafael Trujillo.

Las bases de la dominación política de Estados Unidos sobre Cuba se establecieron formalmente con la Enmienda Platt, impuesta a la Constitución de Cuba de 1901, pero ya desde el último cuarto del siglo anterior, los intereses empresariales norteamericanos habían ido consolidando el control económico sobre las principales ramas productoras y exportadoras de la economía cubana; el azúcar y el tabaco.

La llamada “Enmienda Platt” fue expresión directa de un interés del Poder Ejecutivo de Estados Unidos. Redactada en la Secretaría de Guerra; presentada por su Secretario, Elihu Root a McKinley; debatida y aprobada en una reunión de los secretarios del Gobierno norteamericano; encomendada personalmente por McKinley al senador Orville H. Platt, quien la presentó al Senado el 25 de febrero de 1901 como una provisión en la Ley de Presupuesto  del Ejército para el año fiscal; debatidla y aprobada en el Senado los días 26 y 27 de febrero y posteriormente por la Cámara de Representantes el 1º de marzo de 1901.

En la Asamblea Constituyente de Cuba hubo fuerte rechazo a aceptar la Enmienda, pero el gobierno de Estados Unidos la impuso como condición inexorable para cesar su ocupación militar del territorio cubano. El 12 de junio de 1901, con la presencia de 27 de los 31 integrantes y por 16 votos contra 11 fue aprobado incluir el texto de las estipulaciones de la Enmienda Platt como un apéndice a la Constitución.

La Enmienda establecía la tutela de Estados Unidos sobre Cuba. Obligaba al gobierno de Cuba a “que nunca celebrará ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la Independencia … ni autorice o permita a otro Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización, o de otra manera, asiento o control sobre ninguna porción de dicha Isla” ; a “que… no asumirá o contraerá ninguna deuda pública para el pago de cuyos intereses y amortización… resulten inadecuados los ingresos ordinarios” ; a consentir que los Estados Unidos puedan ejercitar el derecho de intervenir…” en Cuba; a “que la Isla de Pinos sea omitida de los límites de Cuba…” ;  a “que todos los actos públicos realizados  por Estados Unidos…durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y todos los derechos legalmente adquiridos en virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos “; a “que venderá o arrendará  a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados…” ; y, finalmente, a “que insertará las anteriores disposiciones en un Tratado Permanente con los Estados Unidos.”

 Ese Tratado Permanente, otra base jurídica del tutelaje, fue firmado en La Habana el 22 de marzo de 1903 y el canje de las ratificaciones tuvo lugar en Washington el 1º de julio del siguiente año.

A partir de la derrota de España, Estados Unidos ampliaría su control sobre todas las áreas de la economía cubana y se erigiría en su casi exclusivo socio comercial. Prácticamente todos los insumos y la tecnología empleados en la actividad productiva de bienes y servicios cubanos serían de procedencia norteamericana. El sistema bancario cubano estaría también en manos norteamericanas.

 La política exterior cubana se convirtió en una extensión de la política exterior de Estados Unidos. Estados Unidos ejerció su derecho a intervenir en Cuba en 1906 y en 1912, ocupando el territorio y estableciendo gobiernos interventores en cada ocasión. Durante la década de los años 20, el embajador Enoch Crowder enviaba regularmente memorandos al presidente cubano Raul Zayas instruyéndole sobre la forma de gobernar y las acciones que debía tomar.

En 1933 la dictadura de Gerardo Machado y el gobierno que lo sucedió como resultado de la “mediación” de Estados Unidos fueron derrocados por una revolución popular y tuvieron lugar dos hechos que por primera vez desde el fin de la época colonial reflejaron la verdadera voz cubana en política exterior. La abrogación de hecho de la Enmienda Platt y la batalla en la Conferencia Interamericana de Montevideo para instaurar el principio de no intervención en los asuntos internos de los estados americanos. La batalla fue ganada y Estados Unidos se vio forzado a aceptar que el principio fuese incluido como Artículo 8 del Tratado de Montevideo.

La revolución de 1933 fue frustrada por la intervención de Estados Unidos, quien se negó a reconocer al gobierno revolucionario cubano. Benjamín Sunmer Welles, quien por voluntad de Estados Unidos se mantenía en Cuba como representante personal del presidente Franklyn D. Roosevelt, reclutó a Fulgencio Batista para expulsar del poder a los estudiantes y radicales (es decir, a los representantes de las fuerzas revolucionarias), lo cual Batista hizo de buen grado, inaugurando una época que lo mantuvo desde 1934 a 1944 como el “hombre fuerte” de Washington en Cuba.

En 1938, como derivación de las preocupaciones por la influencia nazi-fascista en el llamado hemisferio occidental, se produce una controvertida coalición entre Batista y los comunistas cubanos que cuenta con el visto bueno de Washington y de Moscú. El propósito era abrir un proceso reformista constitucional y electoral que garantizara una estabilidad política y social en Cuba. Batista es el elegido de Estados Unidos para encabezar el proceso y asumir a partir de 1940 la presidencia formal de Cuba.

En el período de posguerra se instauran en Cuba gobiernos supuestamente democráticos dirigidos sucesivamente por Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás, figuras que tuvieron participación destacada en la lucha contra la dictadura de Machado. Ambos gobiernos, como sucedió con el régimen militar instaurado por Batista el 10 de marzo de 1952, saltaron en el carro de la política anticomunista de Guerra Fría, aplicando en Cuba un “macarthismo” a la cubana, y siendo fieles seguidores de la orientación política de Washington, tanto en las relaciones bilaterales como en su participación en los organismos internacionales.

Cuba participó como miembro fundador de la Organización de Naciones Unidas y en el sistema financiero internacional creado en Breton Woods. Igualmente, era un fiel seguidor de la política de Estados Unidos dentro del llamado Sistema Interamericano.

Las relaciones diplomáticas de Cuba se limitaban a las que se mantenían con los países del Hemisferio Occidental, de Europa y un pequeño grupo de países asiáticos, pero la mayor parte de ellas eran meramente formales o dentro de marcos tradicionales, predominantemente de carácter histórico o cultural.

Estas orientaciones de la política exterior cubana no se correspondían con las demandas populares ni reflejaban las aspiraciones  de independencia y soberanía y las tradiciones de lucha de los trabajadores, campesinos, intelectuales y profesionales progresistas cubanos que se inspiraban en el pensamiento vivo de José Martí. La más alta expresión de esa corriente fue encarnada por Fidel Castro y la llamada Generación del Centenario con el ataque al Cuartel Moncada y la lucha armada en la Sierra Maestra y en los centros urbanos contra la tiranía batistiana. Hasta el último momento, el gobierno de Estados Unidos trató de evitar el triunfo revolucionario que finalmente se produjo el 1º de enero de 1959.

                          TERCERA PARTE: 1959-2009

La Nación conquista la soberanía

La Administración Eisenhower hizo todo lo que estuvo en sus manos para evitar el triunfo revolucionario: intentar organizar un golpe militar en alianza con fuerzas del Movimiento 26 de Julio; crear una ” tercera fuerza” con elementos seudorrevolucionarios para contrarrestar la influencia revolucionaria; intentar establecer una junta cívico-militar; nombrar como presidente a un magistrado del Tribunal Supremo.

Temprano en la mañana del 1º de enero, Fidel Castro conoció de la huída de Batista. Para Fidel se hacía evidente que estaba en curso una maniobra para establecer una Junta Militar y escamotear el triunfo revolucionario. En una alocución radial, Fidel advirtió que no se permitiría que le arrebatasen la victoria al pueblo y convocó a una huelga general hasta que la Revolución obtuviese el completo control.

La orden a las fuerzas del Ejército Rebelde para continuar las operaciones en todos los frentes y el llamamiento a una huelga general revolucionaria constituyeron los elementos claves para consolidar el triunfo de la Revolución Cubana.

Fue también expresión temprana de la decisión revolucionaria de transformar radicalmente la relación de tutelaje existente entre Cuba y Estados Unidos. El legado antimperialista de José Martí se convirtió en pieza fundamental de la política exterior de Cuba.

 Ese 1º de enero, en discurso pronunciado en Santiago de Cuba, Fidel Castro dejó claro el carácter de la nueva etapa histórica de Cuba alumbrada por el triunfo revolucionario:

“La república no fue libre en 1895 y el sueño de los mambises se frustró a última hora; la Revolución no se realizó en 1933 y fue frustrada por los enemigos de ella… Podemos decir con júbilo que en los cuatro siglos de fundada nuestra nación, por primera vez seremos enteramente libres y la obra de los mambises se cumplirá… Los hombres que cayeron en nuestras tres guerras de independencia juntan hoy su esfuerzo con los hombres que han caído en esta guerra, y a todos nuestros muertos en las luchas por la libertad podemos decirles que por fin ha llegado la hora en que sus sueños se cumplan…”

 

Los intentos iniciales de Fidel Castro para establecer una relación de colaboración con Estados Unidos en el plano bilateral y hemisférico, expresado en su viaje a Estados Unidos y a la Conferencia Interamericana de Buenos Aires en el mes de abril de 1959 no tuvieron eco en Washington. El vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon escribió un memorando sobre su conversación con Fidel donde opinaba que Fidel era un comunista o un ingenuo manejado por los comunistas.

La ley de Reforma Agraria promulgada por el Gobierno Revolucionario en mayo de 1959 detonó la hostilidad de Estados Unidos hacia Cuba y desencadenó la historia de confrontación que dura ya más de cincuenta años.

 Los rumbos de la política exterior cubana, la contrarrevolución yanqui y la desprestigiada OEA

 La defensa de la soberanía y la independencia cubanas frente a las agresiones de Estados Unidos se convirtió en la cuestión más relevante de la política exterior de la Revolución.

Pero la Revolución Cubana no se limitó a encarar a Estados Unidos. Se enrumbo con una proyección global, retomando y dando continuidad a las concepciones martianas.

A partir de las condiciones del mundo de 1959 la Revolución Cubana fue orientando su política exterior en cinco líneas principales:

 

  • Ø Establecimiento y ampliación de las relaciones con los países socialistas
  • Ø Desarrollo de las relaciones con los países recientemente liberados del status colonial
  • Ø Solidaridad con y apoyo a los movimientos de liberación nacional de los territorios coloniales y con las fuerzas revolucionarias y progresistas de los países dependientes
  • Ø Colaboración y estrechamiento de relaciones con los movimientos progresistas y de izquierda en los países desarrollados
  • Ø Promover en el ámbito mundial y dentro de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales internacionales la unidad en la lucha antiimperialista, por la paz mundial y por la conquista de la independencia y el respeto a la soberanía de los pueblos

Según el Gobierno Revolucionario actuaba en cada uno de estos campos, las relaciones con Estados Unidos se fueron recrudeciendo y se conformó la política de hostilidad y agresión de Estados Unidos contra Cuba con cuatro objetivos bien delineados:

 

  • § Promoción y aliento a las actividades subversivas de elementos contrarrevolucionarios desde el interior y el exterior, con el fin de desestabilizar el país
  • § Aislar a Cuba política y diplomáticamente en el ámbito internacional, especialmente latinoamericano, para impedir la extensión del ejemplo de la Revolución Cubana y restar apoyo y solidaridad a Cuba frente a la política agresiva de Estados Unidos
  • § Establecer el bloqueo económico y comercial a Cuba a fin de negarle recursos para que el país pudiera desarrollarse y satisfacer las necesidades materiales y espirituales de sus ciudadanos
  • § Promover el descontento de la población con el proceso revolucionario para producir un levantamiento interno contra la Revolución que justificara la intervención de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos con el fin de derrocar el Gobierno Revolucionario.

 

Entre 1959 y 1964, Estados Unidos utilizó la Organización de Estados Americanos y los conceptos de defensa contra las amenazas extracontinentales y de la democracia representativa como escenario y armas para las agresiones a Cuba. El fin era dar cumplimiento al objetivo de aislarla en el Continente Americano y, al mismo tiempo, encubrir y justificar la guerra sucia que a través de sus organismos oficiales Estados Unidos llevaba a cabo contra Cuba.

La Declaración de San José aprobada en agosto de 1960, con la ausencia de Cuba, en  la VII Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA tuvo como objetivo ilegitimizar las relaciones de Cuba con la Unión Soviética y otros países socialistas, aprovechando la disposición del Gobierno soviético, expresada públicamente, de dar apoyo a Cuba en caso fuese agredida militarmente.

Para ello se empleaba el lenguaje anticomunista de “guerra fría” rechazando y condenando la “amenaza extracontinental” de “potencias sino soviéticas”. Además, se creaban condiciones para aislar a Cuba en el ámbito continental, haciendo una referencia elíptica al “totalitarismo” del Gobierno Revolucionario de Cuba. 

Bahía de Cochinos, las Declaraciones de La Habana, el bloqueo y la Crisis de Octubre

Cuba respondió de inmediato. En gigantesco acto en la Plaza de la Revolución, se hizo pública el 1º de septiembre la Primera Declaración de La Habana. Comienza condenando en todos sus términos la “Declaración de San José” y define al mismo tiempo aspectos esenciales de su política exterior:

  • § Condena enérgicamente “… la intervención abierta y criminal que… ha ejercido el imperialismo norteamericano sobre… la América Latina y expresa que su “aceptación por los gobiernos de América Latina… traiciona los ideales independentistas… borra su soberanía e impide la verdadera solidaridad entre nuestros países”.
  • § Califica, acepta y agradece la ayuda militar ofrecida por la Unión Soviética como “evidente acto de solidaridad”.
  • § Decide romper relaciones con el gobierno de Formosa (Taiwan) y establecerlas con la República Popular China.
  • § Rebate las formas en que se expresa la democracia en Estados Unidos y en América Latina y condena el régimen oligárquico capitalista existente en la región.
  • § Reafirma las reclamaciones de los pueblos de América Latina y el deber de los sectores populares a luchar por ellos y a la solidaridad entre todos los pueblos del mundo.

 

Las hondas diferencias entre lo acordado por la OEA en San José y la Primera Declaración de La Habana refleja el carácter propio de la política exterior de Cuba, menos de veintiún meses después del triunfo revolucionario.

En 1961 y 1962 Cuba tuvo que emplear las armas para defender el derecho a su independencia, su soberanía y a una política exterior propia. La invasión por Bahía de Cochinos en abril de 1961 y la crisis de los misiles en octubre de 1962 fueron los momentos más dramáticos de ese período.

En medio de esos graves peligros para su supervivencia como país independiente, Cuba continuó expandiendo sus relaciones con los países socialistas, con los países que se independizaban del yugo colonial, especialmente en África y Asia, y con los movimientos de liberación colonial en territorios coloniales y con las fuerzas revolucionarias de América Latina. En lo multilateral, Cuba fue miembro fundador del Movimiento de Países No Alineados y se relacionó con la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia y África.

Continuó defendiendo en desigual batalla en la Organización de Estados Americanos sus derechos y los intentos de excluirla del sistema interamericano. En la Organización de Naciones Unidas se libraron épicos combates políticos en ocasión de la invasión por Bahía de Cochinos y cuando lo que los cubanos llamamos la Crisis de Octubre.

En 1962, mientras el gobierno de Estados Unidos continuaba llevando a cabo la subversión contra la Revolución Cubana mediante acciones paramilitares, de sabotaje, espionaje y terrorismo contra territorio cubano, arreció sus agresiones de carácter político y económico, logrando la exclusión del estado y el gobierno cubanos del sistema interamericano y dándole categoría de política presidencial al bloqueo contra Cuba, que prefirió calificar eufemísticamente como “embargo”.

 Los gobiernos de Cuba y de la Unión Soviética apreciaron que Estados Unidos creaba condiciones para lanzar un ataque militar contra Cuba empleando directamente a sus fuerzas armadas regulares.

 La salida de Cuba del sistema interamericano se acordó en la Octava Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA que concluyó el 31 de enero de 1962. En la VI Resolución titulada  “Exclusión del actual Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano” se declara “que el actual Gobierno de Cuba… se ha colocado voluntariamente fuera del Sistema Interamericano” y resuelve “que la adhesión de cualquier miembro de la Organización de Estados Americanos al marxismo-leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano y el alineamiento de tal gobierno con el bloqueo comunista quebranta la unidad y la solidaridad del Hemisferio” y ” que el actual Gobierno de Cuba… es incompatible con los principios y propósitos del Sistema Interamericano”“esa incompatibilidad excluye al actual Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano”. 

 (Los representantes de México y de Ecuador tuvieron el pudor de apuntar que la propia Carta de la OEA señala como miembros a los estados y para excluir a alguno de estos de la Organización se hubiese requerido modificar la Carta de la OEA. Tal es así que aún hoy, se mantiene el escaño de Cuba como estado miembro de la OEA. ¡Paradojas de la política imperial! En junio de 2009, reunidos en Tegucigalpa, Honduras, la OEA acordó derogar la VI Resolución del 31 de enero de 1962, pero no entró a decidir sobre el asunto de fondo de la actuación arbitraría y contraria a las normas del derecho internacional de la Octava Reunión de Consulta de los Cancilleres.)

Una vez más la Plaza de la Revolución en La Habana es testigo de la respuesta cubana. El 4 de febrero de 1962, cientos de miles de cubanos concurren a una Asamblea Popular Nacional que suscribe la Segunda Declaración de La Habana.

 La Declaración subraya la vinculación entre Latinoamérica y el resto del Tercer Mundo señalando: “Cuba y América Latina forman parte del mundo… Nuestros problemas forman parte de los problemas que se engendran de la crisis general del imperialismo y la lucha de los pueblos subyugados: el choque entre el mundo que nace y el mundo que muere.”

Califica lo ocurrido en Punta del Este como expresión del…  “miedo…a la revolución latinoamericana…Liquidando a la Revolución Cubana, creen liquidar el espíritu revolucionario de los pueblos.”

Afirma que: “En muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable… seguido de una advertencia y una profecía que se vería trágicamente confirmada en los años subsiguientes: El imperialismo se dispone “a librar una guerra colonial con los pueblos de América Latina”.

Valora la presencia cubana en la reunión: “La palabra de Cuba no podía tener eco en aquella mayoría amaestrada, pero tampoco podía tener respuesta;…Cuba no habló para los cancilleres; habló para los pueblos y para la historia, donde sus palabras tendrán eco y respuesta.”

Recuerda que “Cuba ha vivido tres años de Revolución bajo incesante hostigamiento de intervención yanqui … Los cancilleres… no amonestan siquiera al Gobierno de Estados Unidos ni a los gobiernos… cómplices materiales de esas agresiones. Expulsan a Cuba, el país… víctima, el país agredido.”

En su parte final, la Declaración expone la posición cubana: “…Frente a la acusación de que Cuba quiere exportar su revolución, respondemos: Las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos… Lo que Cuba puede dar a los pueblos y ha dado ya es su ejemplo… ¿qué enseña la Revolución Cubana?.. Que la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla, que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos.”

“La actual correlación mundial de fuerzas y el movimiento universal de liberación de los pueblos coloniales y dependientes señalan a la clase obrera y a los intelectuales revolucionarios de América Latina su verdadero papel, que es el de situarse resueltamente a la vanguardia de la lucha contra el imperialismo y el feudalismo.”

Marca una posición radical sobre las vías para alcanzar el cambio revolucionario en las condiciones existentes en aquel entonces: “… cerrados los caminos de los pueblos… no es justo ni es correcto entretener a los pueblos con la vana y acomodaticia ilusión de arrancar, por vías legales que ni existen ni existirán, a las clases dominantes…  un poder que… defenderán a sangre y fuego con la fuerza de sus policías y de sus ejércitos.”

“El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, es un apotegma de la Segunda Declaración de La Habana que es conocido en todo el mundo.

La Crisis de Octubre mostró de manera ejemplar la disposición del pueblo cubano a defender la soberanía y la independencia al costo que fuese necesario. Enfrentado al posible holocausto nuclear, el país se mantuvo firme y sereno. Fidel Castro brilló como estadista rechazando cualquier tipo de intervención en Cuba. En una frase se encerró la convicción de que era necesario defender la independencia y la soberanía del país por sobre cualquier otra consideración para evitar males mayores: ¡Cuba no es el Congo!, recordando cómo en ese país fueron empleadas las llamadas fuerzas de paz de Naciones Unidas para poner al primer ministro Patricio Lumumba en manos de sus asesinos.

Es conocido como Kennedy y Jruschov alcanzaron un acuerdo a espaldas y sin participación de Cuba. El gobierno de Cuba se negó a convalidar esos acuerdos. El pueblo le dio completo respaldo. Una vez más quedó en relieve la política exterior propia e independiente de la Revolución Cubana. Llevó varios años y la voluntad fraternal de los dirigentes y los pueblos soviético y cubano para restañar las heridas causadas por la forma unilateral en que se produjo el desenlace de la crisis. 

La Declaración de Santiago de Cuba y la solidaridad internacionalista de Cuba   

Como resultado de la captura por las autoridades venezolanas en 1964 de un alijo de armas que salieron de Cuba con destino a las fuerzas revolucionarias de ese país, se celebró una nueva reunión de cancilleres de la OEA.

Del 21 al 25 de  julio de 1964 tiene lugar en Washington la IX Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA

 Por la Resolución I (Aplicación de medidas al actual Gobierno de Cuba) se declara “que los actos comprobados por la Comisión Investigadora constituyen una agresión y una intervención por parte del Gobierno de Cuba  en los asuntos internos de Venezuela, lo cual afecta a todos los estados miembros”: “condena enérgicamente al actual Gobierno de Cuba”; decide que los gobiernos de los Estados americanos deben  “aplicar de conformidad con lo dispuesto en los artículos 6 y 8 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, las siguientes medidas:

a)… no mantengan relaciones diplomáticas ni consulares con el Gobierno de Cuba

b)… interrumpan todo su intercambio comercial, directo o indirecto, con Cuba, con excepción de los alimentos, medicinas y equipos médicos que por razones humanitarias puedan ser enviados a Cuba

c)… interrumpan todo transporte marítimo entre sus países y Cuba, con excepción del transporte necesario por razones humanitarias”.

La IX Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA marca un hito. Los acuerdos de la Reunión señalan el punto máximo alcanzado por el gobierno de Estados Unidos en sus acciones encaminadas a excluir y aislar a Cuba del llamado “Sistema Interamericano”. A partir de ese momento, la OEA ha entrado en un “impasse” respecto a su relación con Cuba.

Cuba estaba prevenida y preparada para enfrentar la nueva maniobra. Fue un momento adecuado para definir desde un posición de principios y con meridiana claridad la confrontación con Estados Unidos derivada de las relaciones de la Revolución Cubana con el movimiento revolucionario. Como dijera Fidel en el discurso del 26 de julio de 1964 en Santiago de Cuba en ocasión de la conmemoración del XXI Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada: “Frente al llamamiento de los imperialistas a la contrarrevolución, el llamamiento de la Revolución Cubana a la revolución latinoamericana”.

Al ser la más temprana y completa definición del líder de la Revolución Cubana sobre los vínculos de Cuba con el movimiento revolucionario latinoamericano y mundial, es útil recordar la esencia de los planteamientos expresados en esa oportunidad.

 Dijo Fidel en su discurso:

 “Nosotros simpatizamos con todos los movimientos revolucionarios dondequiera que estén los movimientos revolucionarios.  Pero, nosotros comprendemos que es necesario que la misma existencia de las naciones y de Estados impone la existencia de normas de relaciones entre los Estados, independientemente de su sistema social.

“Lo que no creemos es que las normas internacionales sean aplicables solo a una de las partes y no sean obligatorias para las demás partes.  En dos palabras: si nosotros deseamos ayudar a un movimiento revolucionario nos vemos limitados por las normas internacionales que existen, es decir, no tenemos derecho a inmiscuirnos en los asuntos internos de otro país, no tenemos derecho a inmiscuirnos en sus asuntos internos.

“Ahora bien: hablando con toda claridad, si un Estado en sus relaciones con nosotros no se ajusta a normas, si un Estado en sus relaciones con nosotros se inmiscuye en nuestros asuntos internos, entonces no existirá el impedimento de una norma para que nosotros, a su vez, ayudemos con todos los recursos a nuestro alcance al movimiento revolucionario en ese país.  Esta es una política clara y una política de principios, ¡una política clara y una política de principios!”.

 Este principio fue plasmado en la “Declaración de Santiago de Cuba que, a propuesta de Fidel fue aprobada en ese acto. Sin ser un documento programático revolucionario como lo son la Primera y la Segunda Declaración de La Habana, la “Declaración de Santiago de Cuba” constituye un abierto rechazo a las políticas de agresiones a Cuba y la reafirmación de la voluntad revolucionario del Pueblo de Cuba.

 Pero, sobre todo, hay que subrayar que la “Declaración de Santiago de Cuba” establece una posición vertical y meridiana con respecto a los vínculos de la Revolución Cubana con los movimiento revolucionarios latinoamericanos al señalar “Que el pueblo de Cuba advierte, además, que si no cesan los ataques piratas que se realizan desde territorio norteamericano y otros países de la cuenca del Caribe, así como el entrenamiento de mercenarios para realizar actos de sabotaje contra la Revolución Cubana, así  como el envío de agentes, armas y explosivos al territorio de Cuba, el pueblo de Cuba se considerará con igual derecho a ayudar con los recursos a su alcance a los movimientos revolucionarios en todos aquellos países que practiquen semejante intromisión en los asuntos internos de nuestra patria.”

 La Tricontionental, un hito en la solidaridad de los pueblos

En enero de 1966 se celebró en La Habana la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina. Es la más amplia y nutrida reunión de organizaciones revolucionarias que jamás haya tenido lugar. Estuvieron presentes organizaciones que encabezaban el poder gubernamental en sus países, movimientos de liberación nacional en territorios coloniales, fuerzas revolucionarias de países del Tercer Mundo de los tres continentes.

 Fue una reunión donde se produjeron amplios y profundos debates sobre la situación mundial y la estrategia y tácticas de lucha. Las organizaciones representadas abarcaban una amplia gama de posiciones. El carácter antimperialista de las luchas populares y la definición del camino de la lucha armada como vía principal para alcanzar  la  independencia en los territorios coloniales y conquistar el poder en los países dependientes donde estaban creadas las condiciones para la lucha revolucionaria fueron los criterios que prevalecieron en la Conferencia.

 Cuba, como sede del evento y uno de los impulsores de la idea de la reunión, jugó un papel activo buscando la unidad entre todas las fuerzas presentes como elemento fundamental para enfrentar al imperialismo y alcanzar la independencia, la soberanía y el avance social y económico de los pueblos del Tercer Mundo.

 La Conferencia se desarrolló en un momento de fuertes luchas y conflictos el el Tercer Mundo. Al clausurar la Conferencia Fidel Castro puso de relieve el hecho de que en sus trabajos se habían fortalecido los lazos y vínculos de cooperación entre los movimientos revolucionarios de todos los países y la voluntad de prestarse ayuda recíproca. Resaltó la unidad de todos los asistentes en expresar la solidaridad con el pueblo de Vietman en la lucha contra la guerra desatada por Estados Unidos y expresó la gran preocupación por las noticias de que decenas de miles de comunistas habían sido asesinados por los golpistas en Indonesia, donde también estaba presente la mano del gobierno de Estados Unidos. Destacó como en África tomaba plena vigencia la lucha por la liberación de los territorios coloniales y contra el régimen racista de Africa del Sur, mientras en América Latina las tropas de Estados Unidos mantenían la ocupación de República Dominicana.

 Pero, sobre todo, Fidel Castro proclamó inequívocamente el carácter solidario internacionalista de la Revolución Cubana, expresando: “¡y para los revolucionarios cubanos el campo de batalla contra el imperialismo abarca a todo el mundo!”.

Agregó: “así entendemos los revolucionarios cubanos nuestro deber internacionalista; así entiende nuestro pueblo sus deberes, porque entiende que el enemigo es uno, el mismo que nos ataca a nosotros en nuestras costas y en nuestras tierras, el mismo que ataca a los demás. ¡Y por eso decimos y proclamamos que con combatientes cubanos podrá contar el movimiento revolucionario en cualquier rincón de la Tierra!”

 Como una extensión de la Conferencia Tricontinental, en julio de 1967  se celebró en La Habana la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad.

 En la clausura del evento, Fidel se refirió a las críticas de que Cuba pretendía erigirse en el conductor y líder del movimiento revolucionario y resaltó que lo importante no era encabezar, sino defender las ideas revolucionarias: “nada se puede concebir más ridículo que la afirmación de que Cuba pretende erigirse en árbitro, cabeza, guía.  ¡No!  Y voy a decir cómo realmente pensamos nosotros:  ¡No tiene por qué haber pueblos guías, y mucho menos hombres guías!  ¡Lo que se necesitan son ideas guías!  Y serán las ideas revolucionarias la única y la verdadera guía de nuestros pueblos.  ¡Nos batimos por nuestras ideas!  ¡Defendemos ideas!  Pero defender ideas no significa la pretensión de dirigir a nadie.  Son nuestras ideas y las defendemos, las ideas revolucionarias.

 En 1967 se celebró también en La Habana, como una extensión de la Tricontinental, la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad.

 Con las banderas del socialismo hacia un Mundo mejor

 En el terreno de la política exterior cubana deben destacarse dos hechos que contribuyeron a completar las bases de esa política y a enmarcarla jurídica e institucionalmente.

 En 1973 Cuba se incorporó como miembro pleno del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), el órgano multinacional rector del proceso de integración entre los países socialistas.

El 18 de enero de 1977, al hacer la apertura de la reunión del Comité Ejecutivo del CAME efectuado en La Habana, Fidel Castro señalaba premonitoriamente con visión de futuro: “Nunca como hoy se ha manifestado con tanta fuerza el carácter antihistórico y obsoleto del sistema capitalista. Una sociedad que ha logrado crear colosales fuerzas productivas, ofrece, sin embargo, en la actualidad el espectáculo desquiciado del bajo aprovechamiento de sus capacidades industriales, la crisis ingobernable, la inflación sin límites, el desempleo, el hambre, la carrera armamentista, el derroche criminal de recursos irremplazables, los problemas energéticos y de materias primas, y la incapacidad para conservar y proteger el medio ambiente de la especie humana.  

 Explicaba el paso dado por Cuba cuatro años atrás: Vivimos en un mundo donde la integración se ha convertido en la única alternativa posible para cualquier pueblo que aspire al desarrollo material y científico, y a ocupar un lugar digno en el futuro”. Más adelante argumentaba la diferencia con los procesos de integración promovidos por los países capitalistas desarrollados: “La vida, sin embargo, confirma que cualquier intento de integración, en las condiciones del capitalismo, no puede ir más allá de ciertos objetivos limitados…, su alianza estará concebida para perpetuar el intercambio desigual con los países subdesarrollados, y obligar a estos… a subsidiar con sus productos agrícolas y sus materias primas las economías de consumo, los despilfarros y los altos niveles de vida de un pequeño grupo de naciones industrialesno puede haber integración sin justicia social, sin la eliminación del régimen de explotación del hombre por el hombre, y sin la sustitución de los egoísmos nacionales por la práctica del internacionalismo.”

El 24 de febrero de 1976 se promulgó la Constitución de la República de Cuba, donde quedaron sentadas las normas de la política exterior de la Revolución y del estado socialista cubano, ratificados posteriormente en la reforma a la Constitución de 1992:

Artículo 12.- La República de Cuba hace suyos los principios antiimperialistas e internacionalistas, y

a) ratifica su aspiración de paz digna, verdadera y valida para todos los Estados, grandes y pequeños, débiles y poderosos, asentada en el respeto a la independencia y soberanía de los pueblos y el derecho a la autodeterminación;

b) funda sus relaciones internacionales en los principios de igualdad de derechos, libre determinación de los pueblos, integridad territorial, independencia de los Estados, la cooperación internacional en beneficio e interés mutuo y equitativo, el arreglo pacífico de controversias en pie de igualdad y respeto y los demás principios proclamados en la Carta de las Naciones Unidas y en otros tratados internacionales de los cuales Cuba sea parte;

c) reafirma su voluntad de integración y colaboración con los países de América Latina y del Caribe, cuya identidad común y necesidad histórica de avanzar juntos hacia la integración económica y política para lograr la verdadera independencia, nos per emitiría alcanzar el lugar que nos corresponde en el mundo;

ch) propugna a la unidad de todos los países del Tercer Mundo, frente a la política imperialista y neocolonialista que persigue la limitación o subordinación de la soberanía de nuestros pueblos y agravar las condiciones económicas de explotación y opresión; de las naciones subdesarrolladas;

d) condena al imperialismo, promotor y sostén de todas las manifestaciones fascistas, colonialistas, neocolonialistas y racistas, como la principal fuerza de agresión y de guerra y el peor enemigo de los pueblos;

e) repudia la intervención directa o indirecta en los asuntos internos o externos de cualquier Estado y, por tanto, la agresión armada, el bloqueo económico, así como cualquier otra forma de coerción económica o política, la violencia física contra personas residentes en otros países, u otro tipo de injerencia y amenaza a la integridad de los Estados y de los elementos políticos, económicos y culturales de las naciones;

f) rechaza la violación del derecho irrenunciable y soberano de todo Estado a regular el uso y los beneficios de las telecomunicaciones en su territorio, conforme a la práctica universal y a los convenios internacionales que ha suscrito;

g) califica de delito internacional la guerra de agresión y de conquista, reconoce la legitimidad de las luchas por la liberación nacional, así como la resistencia armada a la agresión, y considera su deber internacionalista solidarizarse con el agredido y con los pueblos que combaten por su liberación y autodeterminación;

h) basa sus relaciones con los países que edifican el socialismo en la amistad fraternal, la cooperación y la ayuda mutua, asentadas en los objetivos comunes de la construcción de la nueva sociedad;

i) mantiene relaciones de amistad con los países que, teniendo un régimen político, social y económico diferente, respetan su soberanía, observan las normas de convivencia entre los Estados, se atienen a los principios de mutuas conveniencias y adoptan una actitud reciproca con nuestro país.

Artículo 13.- La República de Cuba concede asilo a los perseguidos por sus ideales o luchas por los derechos democráticos, contra el imperialismo, el fascismo, el colonialismo y el neocolonialismo; contra la discriminación y el racismo; por la liberación nacional; por los derechos y reivindicaciones de los trabajadores, campesinos y estudiantes; por sus actividades políticas, científicas, artísticas y literarias progresistas, por el socialismo y la paz.

En las décadas posteriores, desde finales de los años 60, el Mundo ha pasado por situaciones convulsas y Cuba ha mantenido una activa política exterior  en la vanguardia de la lucha, no con fines protagonistas sino para construir un mundo mejor.

Con un sistema socialista consolidado y teniendo en sus manos y control el ejercicio de sus derechos soberanos como nación libre e independiente, Cuba ha librado importantes acciones en el orden internacional. Podemos citar algunos ejemplos:

 

  • Ø El apoyo a las movimientos revolucionarios en Centro América y el Caribe, particularmente en los casos de la Revolución Sandinista en Nicaragua, las luchas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador y del Movimiento Nueva Joya encabezado por Maurice Bishop en Granada, en perenne confrontación con Estados Unidos.
  • Ø El apoyo a las luchas populares contra las dictaduras militares en países latinoamericanos, particularmente en Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil.
  • Ø El apoyo al pueblo y el gobierno encabezado por el Movimiento para la Liberación de Angola para consolidar su independencia, al pueblo de Namibia y al South-West African People´s Organization (SWAPO) en su lucha por la independencia y a la lucha contra el racista gobierno de minoría blanca de África del Sur encabezado por el African National Congress
  • Ø La batalla política contra la deuda externa de los países en desarrollo

 Al mismo tiempo, desde los finales del pasado siglo y comienzos del actual, Cuba ha debido librar la más dura de las batallas por defender las conquistas revolucionarias y preservar el carácter socialista de su sociedad. Muchos predecían que el fin de la Revolución Cubana ocurriría en cuestión de semanas o meses después de la desintegración de la Unión Soviética y de la desaparición del campo socialista en Europa debido a que se había quedado prácticamente sin estados aliados y sin sus principales mercados exteriores y fuentes de financiamiento y suministros tecnológicos. Otros, esperaban el fin del papel de  Fidel Castro como líder histórico indiscutible de la Revolución Cubana para que se detonase un proceso de “transición”, que era el nombre empleado para identificar la reversión de la sociedad cubana a un sistema capitalista.

No ha sucedido así. La Revolución Cubana, con el concurso y apoyo de la abrumadora mayoría del pueblo, ha enfrentando exitosamente esos desafíos. La política exterior sostenida contra el viento y la marea de las agresiones imperiales ha rendido excelentes frutos. Hoy Cuba disfruta de las más amplias y firmes relaciones internacionales, que abarcan todas las regiones del mundo. Mientras tanto, Barack Obama, el undécimo presidente de Estados Unidos que tiene a su cargo la tarea de dar continuidad a los esfuerzos por destruir la Revolución, se enfrenta a la repulsa mundial a esa política, que se ha ido quedando sin nadie que la respalde.

 Es el final feliz de la historia de cómo un pequeño país ha conquistado el  derecho a hablar con voz propia, que para algunos puede parecer un cuento de hadas.

 La Habana, Cuba, 20 de agosto de 2009

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  • Esther Gomez dijo:

    Acabo de leer la primera, segunda y tercera parte del articulo: Historia del derecho de una pequeña nación a hablar con voz propia”
    Gracias a su autor por la narracion tan completa de tal historial el cual me hizo entender mas claro la posicion de Cuba hacia el mundo.
    Soy Cristiana y mi perspectiva no es terrenal pero sigo rogando a
    Dios por mi amada patria: Cuba por que se acabe el bloqueo, por un mejor medio de supervivencia por paz a mis compatriotas.

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Ramón Sánchez-Parodi Montoto

Ramón Sánchez-Parodi Montoto

Fue nombrado jefe de la sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos, entre septiembre de 1977 y abril de 1989. Luego ocupó el cargo de viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, hasta 1994. Y a partir de entonces se desempeñó como embajador cubano en Brasil, hasta el año 2000. Además de sus actividades como funcionario del gobierno cubano, Sánchez Parodi es periodista y escritor.

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