Encuentros y desencuentros habituales
La XVII Cumbre Iberoamericana
Creo que lo que más ha llamado la atención de los periodistas que cubrieron la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Santiago de Chile, fue el enfrentamiento verbal entre el presidente Hugo Chávez y el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos de Borbón.
Chávez llamó tres veces fascista a José María Aznar, y recordó que cuando el golpe de estado de abril del 2002, las únicas embajadas que reconocieron el gobierno de Pedro Carmona fueron las de España y Estados Unidos. Eso provocó la respuesta de Zapatero --bastante tonta, por cierto-- quien le dijo que, aunque no compartía los mismos ideales de Aznar, no podía olvidar que este había sido elegido por el pueblo español.
En un momento dado, el monarca español, malhumorado, le dijo a Chávez: "¿Por qué no te callas?" El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, señaló entonces que la diplomacia española y en especial las empresas de ese país intentaban subvertir a algunos gobiernos latinoamericanos, lo que provocó que el rey Juan Carlos se fuera de la reunión.
Por su parte, el vicepresidente cubano, Carlos Lage, pidió la palabra para decir que Venezuela y Chávez tenían derecho a defenderse, que Chávez había sido ofendido con palabras más fuertes que las dichas por él, y que pensaba que, en ningún momento, el mandatario venezolano había pretendido ofender al pueblo y al gobierno español.
Esta anécdota es lo más publicitado de la XVII Cumbre. Sin embargo, muy pocos periodistas van al principal problema que motiva el enfrentamiento verbal: las divergentes posiciones de los presentes y la postura un tanto "colonizadora" de la delegación española.
Pedirle a los latinoamericanos que no tengan en cuenta los factores e influencias externas para lograr el crecimiento económico, como hizo Zapatero, es como pretender negar la propia historia de América Latina y el Caribe. Esa posición recibió la debida respuesta por parte de varios de los mandatarios presentes.
Muchas de las deformaciones estructurales que existen en la economía latinoamericana, muchos de los problemas sociales, son el resultado, precisamente, de la conquista española y portuguesa y, con posterioridad a la independencia, del papel de las oligarquías locales y de la influencia norteamericana.
Lo mismo sucede con las privatizaciones de las empresas estatales, promovidas por el neoliberalismo, que algunos de los presentes convirtieron en causa del actual crecimiento económico. Precisamente, los grandes problemas estructurales de América Latina se incrementaron a partir de la privatización del sector estatal que alcanzó niveles de locura en varios países latinoamericanos.
Por eso, algunos de los mandatarios presentes, como Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales y, hasta Néstor Kirchner, defendieron la recuperación de los recursos económicos nacionales. En unos casos bajo el mismo sistema capitalista. En otros con un cambio hacia el socialismo del siglo XXI.
La razón de todas estas discusiones y desencuentros, es que América Latina ya no es la misma que cuando comenzaron las Cumbres Iberoamericanas en 1991. En aquel momento, la única voz discordante era prácticamente la de Cuba. Hoy son varios los gobiernos que defienden posiciones distintas a las del neoliberalismo y lo condenan. Al mismo tiempo buscan cambios estructurales y sociales para lograr la justicia social.
Pero, pasemos de lo anecdótico --que no deja de ser importante--, al tema de la Cumbre: la Cohesión Social. Tengo la impresión que en ninguna de las Cumbres anteriores el tema central había sido tan polémico y discutido como este. Porque, ¿puede hablarse de Cohesión Social en América Latina, la región con la distribución de la riqueza más desigual del mundo?
¿Puede existir la cohesión social cuando las desigualdades entre ricos y pobres son abismales? ¿Cuándo se busca romper la armonía social mediante la firma de acuerdos que acaban con las economías nacionales? ¿Cuándo intereses extranjeros pretenden adueñarse de los recursos naturales y controlar la política del país?
Con el tema de la cohesión social sucedió lo mismo que con el de la Gobernabilidad o el de la Democracia, que han sido discutidos una y otra vez en las Cumbres y, al final, todo sigue igual. Son asuntos de máxima prioridad para todos los gobernantes latinoamericanos, pero no tienen solución en las circunstancias actuales que viven la mayoría de los países, como no lo tiene la pobreza.
Sólo las naciones que han tomado nuevos rumbos tienen programas sociales que pueden acabar con la pobreza y lograr la cohesión social. Los mandatarios de esas naciones fueron, precisamente, las voces discordantes en la Cumbre: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, entre otros.
Al inaugurar la Cumbre, celebrada los días 9 y 10 de noviembre, la presidenta del país anfitrión, Michelle Bachelet, enfatizó la importancia de renovar un pacto social para enfrentar los grandes desafíos que comparten todas las naciones latinoamericanas. Además, destacó la necesidad de establecer un Convenio de Seguridad Social Iberoamericano, y propuso medidas a favor de la infancia y sobre el acceso y la calidad de la educación.
Por su parte, el presidente Néstor Kirchner planteó la necesidad de cambiar los modelos económicos que han llevado América Latina a la situación en que se encuentra. En su turno, Hugo Chávez cuestionó la posibilidad de lograr la cohesión social en pueblos con tanta pobreza y miseria, debido a las políticas neoliberales. "Primero --dijo-- hay que hablar de la transformación de esas sociedades", y subrayó que "es muy importante para la cohesión social en la región agregar metas, fechas y objetivos al Plan de Acción de la Cumbre".
Chávez propuso a los jefes de estado y gobierno iberoamericanos varios proyectos concretos. Entre ellos, la colaboración petrolera de la región (Petroamérica), el Banco del Sur y el canal de televisión Telesur.
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, señaló que el legado más nefasto del neoliberalismo ha sido la destrucción de la cohesión social en América Latina, que es la región más desigual del mundo. Y apuntó: " hablar de cohesión social solo puede ser entendido mediante la consagración a los intereses de las mayorías, con sistemas que rompan las profundas asimetrías económicas y sociales y que dé voz a aquellos que nunca la tuvieron".
El jefe de la delegación cubana, Carlos Lage, expresó, entre otras cuestiones, que "La cohesión social no se alcanzará nunca como consecuencia de las supuestas bondades del mercado, ni por efecto de un programa, un plan o una campaña de propaganda. La cohesión social solo puede ser el fruto de un sistema de justicia e igualdad".
Y apuntó que "Para alcanzar la cohesión social hay que estar dispuestos a enfrentar a las egoístas y violentas oligarquías nacionales y a la política criminal de la actual administración de Estados Unidos. Ellos harán todo para impedir que alcancemos la justicia social o siquiera un poco más de cohesión social, porque afectaría sus privilegios históricos. Nada nos será regalado".
El resto de los jefes de estado o gobierno expusieron sus puntos de vista. Algunos coincidentes. Otros muy alineados a los intereses de Estados Unidos y al modelo neoliberal, cosa nada inusual en estas Cumbres Iberoamericanas. La cumbre concluyó el sábado 10 de noviembre, con la consabida Declaración Final (de Santiago), en la que, como cada año, una resolución condena el bloqueo norteamericano contra Cuba.
Según varias agencias de prensa, los gobiernos iberoamericanos no lograron un consenso estratégico sobre los caminos a seguir para lograr la integración regional y la superación de la pobreza. Como siempre ocurre, las diferentes posiciones fueron "armonizadas" en un plan de acción sin metas concretas. Es decir, que cada cual hará lo que convenga a los intereses que representan, y nada más.
Y como siempre también cabe decir que lo más importante es que las Cumbres hayan continuado realizándose, sin la presencia física de Estados Unidos. En la práctica, sus intereses están representados en varios gobiernos, como quedó demostrado una vez más. Queda, como ha sucedido con las otras Cumbres, una sensación de frustración, pues salvo en los países que han tomado el camino del cambio social, todo seguirá igual.
Sin embargo, lo anormal sería que todos los gobiernos estuvieran de acuerdo en llevar a cabo las transformaciones propuestas por Hugo Chávez. De todos modos, queda el consuelo de que en el coro de naciones latinoamericanas ya hay voces, como las de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, y en menor medida de Brasil, Argentina y Uruguay que buscan nuevas vías para lograr esa cohesión social que solo puede lograrse con una distribución equitativa de la riqueza.
La próxima Cumbre, la XVIII, tendrá lugar en El Salvador y el tema central será la juventud, propuesto por el presidente de ese país, Antonio Saca. O sea, que se discutirá sobre el futuro de la juventud latinoamericana en el país que más delincuencia juvenil percápita tiene, debido a la pobreza y la marginalidad. Desgraciadamente, parece una burla. Como dijo un gran estadista latinoamericano y caribeño "
es una mezcla indigerible de cinismo y mentira". Tiene razón.
Tomado de Progreso Semanal.

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