BUSH, LA MIGRACIÓN HISPANA Y EL DESBORDAMIENTO DEMOGRÁFICO
300 millones de ciudadanos
Estados Unidos acaba de llegar, en días recientes, a ingresar un bebé que cuantifica el número de ciudadanos en 300 millones. El régimen de Bush, xenófobo y racista, temió que ese habitante fuese el vástago de un hispano hablante o de un inmigrante ilegal, con lo cual los festejos por su advenimiento cobrarían un carácter político que le perjudicaba.
En 1967 Lyndon B. Johnson hizo un discreto discurso al llegar el bebé número 200 millones, sin enfrentar el problema migratorio actual. En aquella ocasión le correspondió el dígito a un hijo de inmigrantes chinos, ninguna otra cosa puede ser tan poco norteamericana. A dos semanas de las elecciones y enfrentado un serio conflicto de nacionalidades peregrinas, Bush se ve sometido a un trance dificultoso. Por eso el equipo de la Casa Banca eliminó cualquier celebración para evitar el riesgoso suceso de tener que solemnizar el nacimiento de un negro, un mestizo o un mexicano.
Estados Unidos se ve enfrentado a un aventurado incremento de su población: en el año 2043 ese país tendrá 400 millones, según los demógrafos. Consumiendo inmensos mares de gasolina cada día, tupiendo con sus millares de autos las calles y carreteras, asediando los hospitales en busca de atención médica que no obtienen sin seguro médico, incrementando el número de los sin techo o de los que acuden a los outlets buscando ropa de uso, de saldos o de baja calidad
Ninguno ha logrado un neoliberalismo que lleve a la microeconomía a un próspero nivel de vida, que introduzca en el bolsillo de los pobres el cacareado e inexistente progreso de la macroeconomía. Ello es imposible con los incrementos de la población mundial que ahora sobrepasa los seis mil millones de personas. La cifra se duplicó desde 1960. La India tiene mil millones de habitantes y al acercarse la mitad de este siglo sobrepasará a China. Los habitantes de nuestro planeta apenas llegaban a los 500 millones en 1650. La población mundial se ha cuadruplicado desde inicios del siglo XX. Cada vez son más los emigrantes que escapan de las zonas menos desarrolladas de la tierra para buscar oportunidades y sustento en las potencias industriales.
Los cayucos marroquíes llegan cada día con más regularidad a las islas Canarias. Madrid está inundado de criadas ecuatorianas y prostitutas rumanas. Berlín está repleto de turcos y el servicio doméstico de los británicos lo sirven millares de portuguesas. Francia tiene un serio problema con los millones de musulmanes magrebinos que viven en su territorio. Estados Unidos está alzando un ignominioso muro para evitar el ingreso de decenas de miles de mexicanos. De ese muro se habla mucho menos de lo que se impugnaba el Muro de Berlín. A aquellas migraciones la prensa no le concede tanto espacio como el alboroto sistemático que arma con los balseros cubanos.
En 1798 Thomas Robert Malthus escribió un opúsculo al que tituló "Ensayo sobre el principio de población" en el cual sostuvo que el número de habitantes en nuestro mundo llegaría a sobrepasar la capacidad de producción de alimentos. En consecuencia iríamos hacia el fin de nuestra civilización; no vio que el progreso de las tecnologías agrícolas suministraría sustento a un mayor número de personas. Malthus veía como una panacea que las guerras, las hambrunas y las enfermedades contribuían a frenar la carrera de la sobrepoblación. La base de su teoría era que el número de seres aumentaba de manera geométrica en tanto que la producción de alimentos crecía de manera aritmética.
La iglesia católica trata de evitar el control de la natalidad y los estados industrializados tratan de imponer a los países agrícolas la planificación familiar. No obstante esa contradicción el índice de fertilidad va en disminución: era de 2% en 1970 y ahora ya sólo es de 1.7%. Los progresos de la ciencia también han contribuido que las expectativas de vida sean mucho mayores. En tiempos del imperio romano un hombre de más de treinta años era considerado casi un anciano. En 1950 la expectativa de vida era de 40 años, en 1990 fue de 61 y a inicios del presente siglo ya es de 73 años.
En los países desarrollados las técnicas anticonceptivas son de fácil adquisición y uso, en cambio, en los países pobres la mayoría de las mujeres ignora estos métodos de control natal. China e India han tomado medidas para limitar su excesivo número de habitantes. En Estados Unidos y Rusia hay aún vastas extensiones de territorios subpoblados pero los recursos de nuestro planeta son limitados y no pueden ser explotados de manera infinita. Los demógrafos predicen que el crecimiento se detendrá, empezando por Estados Unidos, en el presente siglo.
gotli2002@yahoo.com


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