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Siempre contra los niños empobrecidos

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El pasado domingo un artículo publicado en el diario La Nación y titulado “Aún no recibieron las becas escolares unos 60.000 chicos” pone de manifiesto, una vez más por si todavía hiciera falta, el desprecio que las autoridades públicas políticas tienen por la educación y las penurias de los sectores más necesitados.

En la República Argentina que posee una de las riquezas más sobresalientes del mundo en recursos de todo tipo, por cierto inhumanamente distribuidas, sigue siendo necesario poseer patente de pobre para que el Estado acuda en ayuda de los menores para que puedan estudiar dentro de la indigencia y la exclusión a la que fueron desplazados sus padres.

La provincia de Buenos Aires es la más rica en recursos económicos y financieros, siendo además la que por su población aporta la mayor cantidad de diputados nacionales al Congreso Nacional y desde la cual se generan la mayor cantidad de recursos tributarios e impositivos que terminan en las arcas nacionales. Es además, la que obtiene mayor coparticipación federal de impuestos, ayudas financieras y obras de infraestructura.

Unos 150.000 alumnos del ciclo educativo, permitiendo la licencia de considerarlo como tal, denominado EGB (Educación General Básica) deberían percibir una beca de 400 pesos anuales y que debería pagarse según las arbitrariedades que dispongan las autoridades políticas, educacionales y económicas tanto del Gobierno Nacional como del Provincial. Sabemos que no la perciben puntualmente y cuando las pagan siempre es tarde o a destiempo con las necesidades y conveniencias para las que fueron dispuestas.

Como no podía ser de otra forma, en el país de las mentiras, las autoridades cargan la responsabilidad a los trabajadores docentes de que las tardías becas no lleguen a sus beneficiarios, apuntando con el dedo acusador a las huelgas y medidas de fuerza tomadas por ellos en reclamo de recomposiciones salarias irrenunciables, justas y necesarias.

O sea, el problema pretende ser presentado desde la mentira de que son los docentes los culpables que la asistencia no llegue a tiempo para “prevenir la deserción y fortalecer la retención en el aula”, como sí la cuestión de la falta de trabajo, la pobreza, la indigencia de los padres y que supieron construir las huestes de la corporativa, corrupta e inmoral clase política no tuvieron nada de responsabilidad.

He sido un alumno bonaerense proveniente de una familia de trabajadores y he vivido en ese límite que va de la pobreza a la subsistencia que muy bien conoce la importancia que tiene la educación para la formación de los menores y para su desarrollo futuro como mujeres y hombres libres. A los niños y adolescentes les están complicando el presente para necesariamente condenarlos a un futuro incierto, él que los tendrá formando parte de las legiones de excluidos y desplazados por el sistema imperante, éste que ahora desfachatadamente denominan capitalismo social.

Obviamente que mientras las becas no llegan a quienes las instituciones de la democracia no quieren que lleguen, los legisladores, los ministros, los gobernadores y el presidente se excitan en las campañas políticas que, como bien corresponde, no están alentadas por el pensamiento y las propuestas educativas superadoras de los graves problemas que afligen a la comunidad educativa. Ellos nos han llevado al actual desastre con sus políticas erráticas y entreguistas del patrimonio nacional, de los recursos de todos y que han sabido distribuir en unas pocas manos cuanto más extranjeras mejor. Ellos están atentos al juego de sus propias mafias que en la provincia de Buenos Aires es imposible de disimular y menos de no advertir por el pueblo.

Aunque se trate de educación no puedo menos que manifestar que aquellos que deben asegurar un derecho humano tan elemental como es la educación y no lo hacen son unos reverendos hijos de…, bueno mejor aquí termino.

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Hugo Alberto de Pedro

Hugo Alberto de Pedro

Economista y periodista argentino. Fue Secretario de Hacienda de la Municipalidad de Río Gallegos, en Santa Cruz.