Restringir libertades
Una de las tantas palabras que babosea el emperador es la de libertad, pero como todas las que suele esputar, ignora lo que ella significa. Sus cuatro años al frente del imperio, que ya casi culminan, se los ha pasado -cree él'- llevando, paz, justicia, libertad y democracia a los lugares más "oscuros del mundo." Dice ser el representante de la nación más libre de occidente. ¿De qué libertad estará hablando?
Como títere del circo de la mafia cubanoamericana de Miami, no se ha cansado de prometer que un día Cuba será libre, o sea que volvería (esto es una gimnasia intelectual) a estar bajo la bota del imperio yanqui. El déspota jamás entenderá el testimonio que dan cientos de universitarios y profesionales estadounidenses cada vez que regresan de Cuba y expresan admiración por ese pueblo. Tampoco comprenderá a aquella anciana Joan Slote (de 77 años), de California, que viajó con su amiga Amy Olsen, en enero del 2000 y pasaron ocho días en Cuba. Pasearon por La Habana y otras ciudades y lugares del campo en bicicleta: "rodamos nuestras bicicletas a través del campo, fuimos a una profunda cueva, miramos con placer y cierto divertimiento a los viejos carros de los 50 todavía en circulación. La gente fue grandiosa; amistosa e interesante. Más de un día algunos muchachos montaron sus bicicletas junto a nosotras".
A esta anciana el Departamento de Hacienda de ese país libre la multó (mayo, 2001) con $7 600 por su viaje. Para julio del 2003 ya eran $9.870.75 debido a "retrasos" de pago. Aunque pidió audiencia para explicar que su turoperador le aseguró que podía viajar a Cuba por un tercer país sin violar leyes, fue en vano, sólo recibió notificaciones del Departamento del Tesoro, incluso cuando pidió que se pospusiera una cita con Aduanas porque su hijo Jack estaba muriendo de un tumor cerebral. Y fue amenazada con perder sus beneficios de la Seguridad Social.
En el Foro Libertad de Viajar a Cuba en Washington (15/07/03) Joan dijo: "Les hablo hoy como una madre, una abuela, una sobreviviente de cáncer de seno, y una norteamericana que ama a nuestro país, pero que no puede entender por qué nuestro gobierno la está amenazando con quitarle su cheque de la seguridad social por montar bicicleta en Cuba".
Y aunque el emperador y sus lacayos acusan a Cuba de restringir libertades, Joan Slote dice: "Nosotros los norteamericanos podemos hacer una diferencia viajando a Cuba; nosotros podemos recobrar nuestra libertad ... yo quisiera que se restaurara la libertad para todos nuestros ciudadanos, de forma que si alguien escoge ir a Cuba -para sus vacaciones, para una visita familiar, por su negocio o su educación- lo pueda hacer con los mismos derechos y responsabilidades que le atañen a cualquier destino de viaje, a cualquier lugar en el mundo".
Como puede verse, se trata de una estadounidense que denuncia la falta de libertad, que le es negada por el gobierno que proclama a los cuatro vientos llevar libertad a otros países. Estadounidenses como Joan no son las que apoyan al déspota. Éste tiene su base sólida en otros sectores, como por ejemplo en los fundamentalistas cristianos, que son entre 30 y 40 millones de personas, con sus predicadores, sus programas de radio y sus televangelistas. Estos son quienes lo apoyan en sus cruzadas, en su oposición al aborto, en su rechazo a investigaciones sobre células madres, en su fobia a los homosexuales, a los negros, a los hispanos y a los indígenas. La gran mayoría de esta gente -encabezada por el evangelista Billy Graham que funge como asesor espiritual del déspota- interpreta literalmente la Biblia, por ejemplo creen que Dios creó al mundo en cinco días (120 horas), no aceptan la teoría del científico británico Charles Darwin que sentó las bases de la moderna teoría sobre la evolución de las especies (teoría revolucionaria publicada en 1859 en el famoso tratado El origen de las especies por medio de la selección natural). Personas de esos sectores sociales incluso han prohibido actualmente que se imparta la teoría de Darwin en las escuelas de muchos estados de ese país libre.
Surge la pregunta, ¿cómo es posible que a estas alturas de la historia y del progreso de la ciencia, en un país supuestamente libre, desarrollado y culto, puedan negar pruebas tan contundentes como la existencia de fósiles? Son decenas de millones de estadounidenses que creen que el mundo empezó con Adán y Eva (historia que muchos niños de escuelas muy humildes en América Latina no creen). Los que apoyan a Bush, son los sectores más atrasados; son gente con un nivel muy pobre de cultura, que niegan los descubrimientos científicos. Es gracias a este tipo de gente (ignorante), que han resultado beneficiados en estos cuatro años, los grandes petroleros, también aliados de Bush.
Aún así -o por lo mismo- la bestia se arroga ser el paladín de la libertad (libertad de los incultos).
Otras personas -desfasadas de la historia- insinúan que la libertad que el régimen bushiano quiere para Cuba, es la libertad que ahora disfrutan los ex países socialistas (que pertenecieron a la ex URSS). O sea, la libertad de la que goza Polonia, donde hay millones de personas sin ningún acceso a la salud, donde el desempleo es tan alto que la primera exportación a Moldavia es de esclavas sexuales que llenan los burdeles. El otrora solidario y luchador de la libertad, Lech Walesa, dejó a los trabajadores sin factorías; allá donde podrían hacer huelgas ya no existe más el empleo; los que antes eran empleados de esas factorías, ahora se dedican a vender diarios en las calles, a limpiar parabrisas de carros, a lustrar zapatos o a la delincuencia. Hoy se sabe que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Papa financiaron Solidaridad (que de solidaridad no tenía absolutamente nada). Y quienes hoy dirigen ese país es una mafia. ¿Es esa la libertad que Bush quiere para Cuba?
Y si nos refiriéramos a Rusia, ¿acaso admitirán Mijaíl Gorbachov (que todavía disfruta del Premio Nobel de la Paz), Borís Yeltsin o Vladímir Putin que más de ocho millones de rusos murieron antes de su tiempo, desde 1988 hasta el 2004?. Ahora el promedio de vida en Rusia está por debajo de la edad de Bangladesh, 58 años. Estos son datos que no solamente ignora el régimen bushiano, sino que no les importa.
¿O tal vez, la libertad a la que alude sea la que él (Bush hijito) disfrutó, cuando era estudiante en la secundaria de Andover, un colegio privado de Massachussets, gracias a que papi era miembro de la junta directiva? ¿O la que tuvo en la Universidad de Yale, para estar siempre embriagado, y donde la "vida académica" de Bush fue de todo menos académica? (él pasó por la Universidad, pero la Universidad nunca pasó por él). ¿O se trata de la libertad que tuvieron él y su hermano Marvin para consumir cocaína en Camp David, residencia de descanso de su padre, cuando era Presidente?
¿Cuál será la libertad que ese necio quiere para Cuba? ¿Será aquella que hace unas semanas negó la visa a 64 profesores universitarios y científicos sociales cubanos para asistir a un evento académico de la Asociación de Estudios de América Latina (LASA) en Las Vegas, Nevada? El régimen bushiano condicionó la concesión de visas a los académicos cubanos, a cambio de que se manifestaran en contra del sistema socialista en Cuba. De esta manera, ese Gobierno que se arroga representar al país más libre de la tierra defiende la libertad de ideas y expresión.
Ignorantes como son, entre mayo del 2003 y abril de este año a 53 representantes de instituciones de la cultura cubana y 215 creadores y artistas de Cuba se les negaron las visas, y en muchos casos se les aplicó el artículo 212-F, alegando que constituían un peligro para los intereses y la seguridad nacional de Estados Unidos. Pero su tozudes no tiene límites, en los últimos 11 meses, el gobierno yanqui impidió la entrada a suelo norteamericano de 21 directivos del deporte cubano (develando así ingenuidad y vulnerabilidad, porque temen que un deportista socialista los socave).
Bajo la administración Clinton, el imperio en su afán de acabar con la Revolución Cubana, optó por agregar una nueva "medida" -al bloqueo económico, comercial y financiero- que consistía en promocionar viajes de estadounidenses a la Isla para difundir la cultura y el estilo de vida -libre- norteamericano. El tiro le salió por la culata. Los visitantes una vez que llegaban a Cuba, descubrían las frivolidades de la cultura que representaban y regresaban a Estados Unidos hablando bien de la Revolución Cubana. Entonces esos viajes fueron suspendidos.
El actual inquilino del imperio -aunque de libros también es un gran ignorante-, ha prohibido la publicación de literatura de Cuba, bloqueando así el intercambio libre de información e ideas. La Oficina de Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro, encargado de hacer aplicar las prohibiciones dispuestas al efecto por la Casa Blanca dice que "Los norteamericanos que deseen información sobre Cuba, Irán y Sudán están limitados a leer lo que ya ha sido escrito en esos países". Mostrando de esta forma la labor de censura ejercida por el imperio.
En el caso de Cuba, Estados Unidos aplica una política de bloqueo por más de 45 años, a cuyos efectos no escapan ni siquiera la literatura científica ni los avances médicos conseguidos en la Isla. Tal postura impide incluso que ciudadanos estadounidenses se beneficien de medicamentos y vacunas desarrollados por científicos cubanos, cuyos trabajos de investigación requerirían de licencias especiales y engorrosas para poder ser difundidas en territorio norteamericano. El bloqueo también viola las libertades ciudadanas de los estadounidenses, impedidos de poder viajar a la vecina Isla, pero como hemos visto también obstaculiza los intercambios de todo tipo, incluso deportivos y culturales. Las prohibiciones dictadas por los dirigentes del país más libre del mundo, llegan al extremo de impedir que equipos deportivos infantiles de aquel país jueguen con sus pares cubanos.
Hace más de una centuria el Apóstol latinoamericano José Martí afirmó que para ser libres había que ser culto. Hacia ese objetivo ha bregado la Revolución Cubana. Terminemos con un hecho inaudito en el mundo. En la última feria de libros en Cuba en este año, sólo en la ciudad de La Habana, asistieron en cinco días medio millón de personas, las cuales compraron un millón de libros. La feria albergó por día a 100 000 personas, y cada una adquirió por lo menos 2 libros.
Si bien es cierto que el indocto déspota no comprende de libros (sería como hablarle de diamantes a los puercos), el hecho revela que estamos ante uno de los pocos pueblos del mundo con acceso masivo a la cultura. Mientras el emperador en su imperio, prohíbe tener acceso a la cultura y a la libertad de ideas, en el socialismo cubano, el Gobierno Revolucionario ha creado las condiciones necesarias para que hombres, mujeres y niños accedan, disfruten y compartan libremente las ideas y el conocimiento. Cuba posee una experiencia política cultural muy abierta al universo, no chovinista, que no excluye a nadie, que no está concebida para minorías privilegiadas, sino para toda la población, una cultura en todas sus manifestaciones, aún las que tradicionalmente se les asocia a las elites. La Revolución genera una preparación en términos de cultura política, económica, cultura integral, pero al mismo tiempo en términos de cultura artística y literaria. Están formando un pueblo que no va a permitir que lo manipule ningún mecanismo propagandístico, de desinformación, procedentes de la maquinaria de hipnosis de Hollywood. La libertad en Cuba se fundamenta en referencias culturales claras con lo que se aspira a formar un ciudadano (no un robot) capaz de orientarse según sus verdades, argumentos y principios.
Lic. Abner Barrera Rivera
Profesor de Estudios Latinoamericanos
Universidad Nacional, Costa Rica


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