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Zarate, el mercenario anti-familia de Bush, baila con los Saudíes

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• Juan Zárate, el alto funcionario encargado del terrorismo en el Departamento del Tesoro, que mantiene paralizado el proceso de tramitación de las solicitudes de miles de cubanoamericanos deseosos de visitar a sus familias en Cuba, sostiene relaciones estrechas y cordiales con los saudíes. Al extremo que organizó una conferencia de prensa de los servicios que dirige, sobre el tema de la financiación del terror, el último 2 de junio, en la propia embajada del país árabe, sospechado de estar directamente implicado en esa actividad.

Zarate es quien anuncio hace unos días que la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento de Tesoro, no tiene el personal necesario para tramitar las solicitudes de licencias de los miles de cubanoamericanos que desean usar ahora su "derecho" de viajar a Cuba una vez cada tres años

El primero de junio del 2004, los corresponsales de prensa acreditados en la Casa Blanca recibían de la Oficina de Asuntos Públicos del Departamento del Tesoro una extraña convocatoria, que llevaba el número JS-1701. Se les invitaba a presentarse al día siguiente, a las 11 AM en la Embajada Real de Arabia Saudita, 601 New Hampshire Avenue, en la capital, para un encuentro sobre el tema de los "Esfuerzos comunes con Arabia Saudita en la guerra financiera contra el terror".

Se anunciaba que "el subsecretario adjunto del Tesoro Juan Zárate, en coordinación con el Departamento de Estado de los Estados Unidos y el Gobierno de Arabia Saudita, hablará de los esfuerzos comunes entre los Estados Unidos y Arabia Saudita en la guerra financiera contra el terror. El conversatorio incluirá un briefing con Zárate y oficiales del Departamento de Estado y del Gobierno saudita".
La invitación precisaba que además de Zárate, estarían presentes un coordinador del Departamento de Estado y nada menos que Su Excelencia Adel Al-Jubeir, asesor especial de política extranjera de Su Alteza Real el Príncipe Abdullah bin Abdul Aziz al-Saud, de Arabia Saudita.

UN CAPÍTULO MÁS AL DOCUMENTAL

Los lazos muy especiales desarrollados por la familia Bush con los saudíes y en particular con la familia Bin Laden han sido descritos de manera amplia en varias publicaciones y en el famoso documental Fahrenheit 911 de Michael Moore. Este último y varios expertos del tema no titubean en señalar lo sospechoso de estos lazos en relación con los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Basándose en la obra de Craig Unger, House of Bush, house of Saud, Moore explica cómo George W. Bush pudo estar detrás de la decisión de permitir que 24 integrantes de la familia Bin Laden, entre muchos otros saudíes, se fuesen de Estados Unidos poco después del 11 de septiembre, sin tener que responder a la menor pregunta del FBI.

Según Unger, quien presenta argumentos bien documentados, las grandes fortunas saudíes, entre ellos los Bin Laden, han invertido 1 400 millones de dólares en empresas vinculadas con los Bush.

Zárate es, en el Gobierno de Estados Unidos, la persona especialmente encargada de investigar la financiación del terrorismo de Al Qaeda, la organización de Osama Bin Laden. Usa el título oficial de "Subsecretario asistente para terrorismo y delitos violentos".

Extrañamente, también es encargado, de la represión económica anticubana en su Departamento, aunque, aparentemente, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Pero solo aparentemente.

De hecho, Zárate propone un capítulo más a la historia contada por Moore y Unger.

UNA EMBAJADA CONTROVERTIDA

La representación diplomática saudita en Washington, está dirigida por un Embajador controvertido, Bandar bin Sultan, -mencionado por Moore en su documental.

Un reportaje de la revista Newsweek reveló en diciembre del 2003 cómo la esposa del diplomático, la Princesa Haifa bint Faisal, mandó cheques por un valor de 150 000 dólares a la esposa de Omar al-Bayoumi, un cómplice de dos de los terroristas saudíes implicados en los eventos del 11 de septiembre, Khalid Almidhar y Nawaf Alhazmi.

Quince de los 19 terroristas implicados en el catastrófico atentado eran ciudadanos de Arabia Saudita. La mayoría de ellos vivieron y se entrenaron en la Florida de Jeb Bush sin que el FBI, entonces dirigido en Miami por Héctor Pesquera, se enterara de su presencia. Supuestamente. (Pesquera se dedicaba entonces a perseguir a "agentes cubanos" infiltrados en los grupos terroristas cubanoamericanos de la Florida del Sur. Una tarea priorizada por la Administración.).

En estos días, Al-Jubeir, alcanzado por la prensa, explicó la actuación de la Princesa Haifa bint Faisal por su "gran generosidad". Sencillamente.

Sin embrago, la policía británica arrestó finalmente al cómplice de los terroristas, Omar al-Bayoumi, en la ciudad de Birmingham y encontró en su apartamento una factura de llamadas telefónicas donde aparecían los números de teléfonos de dos diplomáticos de la Embajada Saudita en Washington.

EL FBI ha podido establecer luego lazos directos entre Omar al'Bayoumi, liberado y ahora de regreso en Arabia Saudita, la familia de la Princesa Haifa bint Faisal y Osama bin Laden.

Por otro lado, Newsweek ha recelado que según varios saudíes que lo conocieron, al'Bayoumi tenía fama de pertenecer a los servicios de inteligencia sauditas.

En un tal contexto, lo decente fuese que Zárate mantuviese una cierta distancia entre él y los oficiales saudíes, en particular con personalidades tales como Adel Al-Jubeir, aunque fuese por el solo hecho de que Arabia Saudita fue la cuna de Al-Qaeda, cosa reconocida hasta por los propios saudíes.

Pero hay más. El FBI ha establecido también lazos directos entre varias organizaciones caritativas saudíes y la financiación del terrorismo. En particular, identificó el International Islamic Relief Organization (IIRO) como proveedor de decenas de millones de dólares al terrorismo de Al Qaeda.

En una conferencia de prensa ofrecida en Washington, en diciembre del 2003, Adel al'Jubeir, el asesor del Príncipe Abdullah e interlocutor privilegiado de Zárate afirmaba que tales lazos no existían.

En la conferencia de prensa del 2 de junio, dijo exactamente lo contrario.

Y anunció la nacionalización de todas las organizaciones caritativas del Reino para reunirlas en una sola, manejada por el Estado.
En los lujosos salones de la Embajada, Zárate comparecía con su amigo. Encantado de la vida.

Hace unos meses, dos senadores, Bob Graham (D-Florida) y Richard C. Shelby (R-Alabama) acusaron a la Administración Bush de negarse a desclasificar informaciones que demuestran lazos posibles entre Arabia Saudita y el terrorismo "porque no desea molestar a los Saudíes" y poner en peligro esa vinculación especial.

Recuérdese cómo Moore, frente a la Embajada Saudita descubre que esa representación está protegida por el Secret Service, el servicio de seguridad presidencial. Un caso único en el mundo diplomático de Washington.

La relación privilegiada de Zárate, encargado de investigar la financiación del terrorismo, y de los saudíes, sospechados de haber financiado al terror, sorprende aun más por las violentas denuncias expresadas por organizaciones de derechos humanos hacia el reino árabe. Afirman que los numerosos presos políticos, detenidos sin cargos ni juicio por tiempo indefinido, con frecuencia sufren tortura y no tienen derecho a abogados.

En la Casa Blanca, a la hora de cuidar a los socios, a nadie le importa esas consideraciones. Como a nadie le importa que los interlocutores privilegiados de Zárate en Miami sean fichados como terroristas o como vinculados al terrorismo anticubano. A la hora de buscar votos con los capos, no hay principio que valga.

Al orientar su tropa de investigadores del OFAC, Zárate no se confunde.

Apretar a los cubanoamericanos y "no molestar" a los saudíes.

Así es como la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento de Tesoro, tiene decenas de funcionarios para hostigar a las personas que, desde el territorio norteamericano, se atreven a viajar a Cuba sin su bendición mientras no hay personal para tramitar las solicitudes de viaje.

En cuanto a las investigaciones sobre la financiación del terrorismo, tampoco hay apuro.

¿Será, de verdad, tan extraño que Zárate esté encargado simultáneamente de los saudíes y de la represión económica anticubana en su Departamento?

No. Ambas tareas son priorizadas por George W. Bush. Proteger sus intereses financieros en el mundo del petróleo y sus relaciones con los saudíes y asegurar su reelección en la Florida gracias a las maniobras de los cubanoamericanos de la generación del batistato.

Y, para esto, Zárate es el mercenario que necesitaba el Presidente. •

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Jean-Guy Allard

Jean-Guy Allard

Periodista canadiense radicado en Cuba. Es autor del libro "Auge y caída de Reporteros Sin Fronteras".