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Bush pesca votos a expensas de la paz

Por: Max Castro
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Si alguien tuviera dudas de que Bush haría cualquier cosa por ser reelegido, los hechos de la semana pasado las borrarían. El pregonado apoyo de la Casa Blanca al falso plan de paz del Primer Ministro israelí Ariel Sharon, que incluye como pieza central el hurto de tierras palestinas actualmente bajo ocupación, quedará como uno de los actos más indignantes de una administración que no se ha caracterizado por lo que en la Declaración de Independencia se refiere a "un decente respeto por las opiniones de la humanidad".

Fue un tour de force hasta para Bush. Con la esperanza de obtener unos pocos votos judíos en un puñado de estados importantes, Bush probablemente terminó de cerrar el ataúd del proceso de paz del Medio Oriente y acabó con la esperanza de que finalizara la matanza en la región.  Indudablemente destruyó cualquier oportunidad de que EEUU actuara como "mediador honesto" del conflicto israelo-palestino. E hizo mucho más. Se alejó de las políticas de varias administraciones norteamericanas, incluyendo la suya propia; mientras tanto convirtió en una burla el "mapa" de su administración y socavó las posiciones de sus aliados árabes, los cuales gastaron su capital político en apoyarlo. Bush abandonó la posición norteamericana de insistir en que las partes negociaran asuntos claves, como la cuestión de los refugiados y los asentamientos, y aceptó las posiciones unilaterales israelíes que no dejan nada a la negociación. Apoyó la violación de resoluciones de la ONU, cuya autoridad había citado como justificación para invadir Irak. Confirmó las peores sospechas de más de mil millones de árabes y musulmanes en todo el mundo de que Estados Unidos invariablemente es injusto con ellos mientras hace lo que quiere Israel, con razón o sin ella. Facilitó el trabajo a los insurgentes iraquíes y a Osama Bin Laden, e hizo mucho más difícil el de los soldados norteamericanos. Dio luz verde a la sangrienta estrategia de Sharon -con resultados predecibles: otro asesinato israelí de un alto jefe de Hamas, lo cual sin duda provocará más odio, venganza y muerte. En vez de contribuir a la paz, las acciones de Bush dieron un fuerte impulso al ciclo de la violencia.

En libros y en declaraciones públicas, varios ex miembros de la administración han expresado su asombro sobre hasta qué punto la politiquería puede triunfar sobre la política en esta Casa Blanca. No obstante, la visita de Sharon a Washington, entre un asesinato y otro promovidos por el estado de Israel y condenados por el mundo entero menos Estados Unidos, estableció una  nueva norma.

Una cosa es coquetear con los electores cubano-americanos de línea dura con miras a la elección de noviembre, como ha estado haciendo esta administración durante los últimos meses por medio de una larga serie de gestos en contra de Castro y un modesto refuerzo de varios aspectos del embargo. Las consecuencias de esta demagogia predecible son limitadas, y la administración ha sido cuidadosa de evitar acciones que pudieran incurrir en costos reales, como aplicar en su totalidad la Ley Helms-Burton, abandonar los acuerdos migratorios o eliminar las ventas de alimentos. Otra cosa muy diferente -y extremadamente peligrosa- es jugar a la política con una de las regiones más peligrosas y estratégicas del mundo y hacer un daño devastador a la imagen ya peligrosamente dañada de Estados Unidos entre los musulmanes y los árabes.

El plan de Sharon, calificado por Bush como "atrevido" y "valiente," legitimaría la política ilegal de crear asentamientos judíos en territorios palestinos ocupados y haría imposible un estado viable palestino con un territorio contiguo. Ese es el verdadero deseo de Sharon y sus aliados derechistas en Israel. Aunque el Primer Ministro israelí ha hablado de dientes para afuera de un estado palestino para aplacar a Estados Unidos, realmente ha estado jugando para ganar suficiente tiempo para crear los "hechos en el terreno" que garantizarán que cualquier acuerdo que se obtenga sea estrictamente sobre la base de los términos israelíes de línea dura. Es por eso que los ultras israelíes, como el ex primer ministro Benjamín Netanyahu, apoyan el plan.

Durante años Estados Unidos, la comunidad internacional y una proporción sustancial del pueblo israelí han considerado los asentamientos, habitados principalmente por ultras y fanáticos religiosos, como uno de los principales obstáculos para la paz. Ahora Estados Unidos dice que hay nuevos "hechos en el terreno", los asentamientos pueden permanecer, apoderarse de las tierras es correcto e Israel se las robó de mano limpia. Bienvenidos al plan de paz Sharon-Bush.

La declaración de Estados Unidos acerca de su nueva posición, contenida en una carta de Bush a Sharon, también se sumó a la posición israelí en cuanto a la negativa al derecho de los refugiados a regresar a su tierra. No sólo provocó la indignación en todo el mundo árabe, sino que también fue firmemente rechazada por la Unión Europea. En un momento de aumento de las bajas norteamericanas, la esperanza de que la Organización de las Naciones Unidas estuviera dispuesta a rescatar a Estados Unidos del descalabro de Irak y ayudar a estabilizar la situación se hace aún más remota por este último desprecio de EEUU hacia la autoridad de la ONU.

Presentar la decisión de Sharon de retirarse unilateralmente de Gaza, un lugar del que la mayoría de los israelíes no quieren saber nada, como una magnánima concesión que puede ayudar a "reunir a ambas partes", como están haciendo el Presidente Bush y Condoleezza Rice, es una ilusión peligrosa o un desvergonzado engaño que rivaliza con las mayores mentiras relacionadas con la guerra de Irak.

El mensaje que el apoyo de Bush al plan de Sharon envía a los palestinos es que los radicales tienen razón y sólo la violencia es posible, porque los israelíes no están dispuestos a ofrecer a los palestinos otra posibilidad que la rendición humillante de sus aspiraciones nacionales o la ocupación y la represión, y que Estados Unidos es incapaz de resistirse hasta a las más desvergonzadas exigencias israelíes o de condenar sus acciones más flagrantes.

El papel de Estados Unidos como mediador en el conflicto israelo-palestino siempre ha colgado de un hilo, dado el casi incondicional apoyo económico, militar y diplomático de EEUU a Israel. Ahora Bush ha cortado ese hilo con un hacha. Hasta ahora Hamas, que ha perpetrado horribles actos de violencia contra objetivos civiles en Israel, no ha atacado a los norteamericanos. Después del asesinato de dos de sus máximos líderes y del tácito apoyo de Bush a las acciones de Sharon, ¿pondrá Hamas a EEUU en la mira? Lo único que puede provocar la política israelí de Bush es una violencia mayor y más intensa que hará daño a todos, entre ellos a los israelíes.

¿Por qué la administración Bush ha dado un paso que pudiera traer ominosas consecuencias de larga duración para Estados Unidos, para las vidas de los norteamericanos e incluso para Israel? A  medida que se deteriora la situación en Irak y la "coalición de los dispuestos" se desmorona con la retirada de las fuerzas españolas, la rendición de Bush ante Sharon y los israelíes duros puede ser un indicio de que los sesudos políticos de la administración están comprendiendo que la derrota en noviembre es una posibilidad real. Necesitan cada voto que puedan conseguir, y a cualquier precio. Bush parece pensar que su aceptación de todas las exigencias de Sharon y los elogios desmesurados a Bush por parte de Sharon después de su reunión en la Casa Blanca no deja espacio a John Kerry para presentarse como "mejor amigo de Israel" que el presidente. La esperanza es que con esto puedan arrebatar una parte del tradicional voto judío a favor del candidato presidencial demócrata.

Esa lógica pudiera subestimar el hecho que muchos judíos norteamericanos desaprueban la mayor parte de las políticas internas y externas de Bush, y el rechazo por parte de muchos judíos liberales de la estrategia de puño de hierro de Sharon. Pero un reciente artículo en The Washington Post,  que cita al Representantes Eric I. Cantor (Virginia), el único republicano judío de la Cámara, sugiere el cálculo tras la actitud de Bush: "Los judíos norteamericanos ven que el Presidente Bush comprende que Israel está librando la misma batalla que nosotros contra el terrorismo. Los judíos muy liberales no van a ser capaces de echar a un lado sus posiciones en cuanto al medio ambiente o el aborto.  Pero para la mayor parte de la comunidad judía, Israel es de importancia suprema".

La reacción instantánea de aprobación de la decisión de Bush por parte de John Kerry le da mayor credibilidad a la noción de que tal era la lógica de la Casa Blanca, al tiempo que elimina la esperanza de que un cambio en la presidencia pudiera provocar una política más justa y razonable acerca de Israel y Palestina. Al igual que en el caso de Cuba, en el que está retrocediendo de su oposición anterior al embargo con la esperanza de capturar una mayor tajada del voto conservador cubano-americano, Kerry no hace gala de su probada valentía al respaldar la actitud de Bush frente a la farsa del plan de paz de Sharon. "Creo que podría ser un paso positivo", dijo el senador por Massachussetts al aprobar la posición Bush-Sharon en relación con los refugiados y las fronteras de Israel. "Evidentemente lo importante es la seguridad del estado de Israel, y creo que eso es lo que tratan de obtener el primer ministro y el presidente".

Carente de coraje ha sido también, y característicamente, The Miami Herald, que no ha publicado un solo editorial acerca de la sorprendente marcha atrás de Bush en la política norteamericana en el Medio Oriente. Compárese el ensordecedor silencio del Herald con el desempeño de The New York Times, un periódico con una lectoría judía mucho mayor que la del Herald. En un editorial del 15 de abril, "Asentamientos por Encima de la Paz", el Times dijo:

"Se acabó el mediador constructivo. En un costoso golpe a la credibilidad de Estados Unidos como mediador honesto para la paz en el Medio Oriente, el Presidente Bush apoyó ayer los planes israelíes para quedarse con algunos asentamientos en la Margen Occidental y para rechazar esencialmente el ‘derecho al regreso' de los palestinos".

Hasta un periodista como el columnista de The New York Times Thomas Friedman, que comparte muchos de los puntos de vista israelíes, confiesa que su primera reacción al anuncio de la nueva posición de EEUU fue:  

"… Escribir una columna que destrozara al Presidente Bush por declarar que Estados Unidos -después de décadas de neutralidad- ha decidido oponerse al derecho de los refugiados palestinos a regresar a Israel como parte de cualquier acuerdo final de paz. ¿Por qué el presidente está poniendo a Estados Unidos en medio de este tema palestino-israelí tan sensible?  ¿Me está diciendo que sólo porque Ariel Sharon tiene que convencer a los lunáticos derechistas en su gabinete para deshacer el lunático problema de los asentamientos que el propio Sr. Sharon creó, Estados Unidos tiene que pagar con su propio prestigio en el mundo árabe?

"Y ya que estaba en eso, también pensé en escribir que es una abominación que el Sr. Bush diga que los palestinos tenían que reconocer ‘las nuevas realidades en el terreno' en la Margen Occidental -los masivos bloques de asentamientos israelíes- sin ni siquiera mencionar el hecho de que esas ‘nuevas realidades' fueron construidas como un desafío a la declarada política norteamericana y que han sido devastadoras para los civiles palestinos que han visto sus tierras confiscadas, sus olivares arrancados de raíz y su comunidad fragmentada".

Al final el Sr. Friedman no pudo escribir esa columna, y en su lugar terminó con hacer una que también incluía una denuncia de líderes árabes y un número de puntos con cierta validez, pero que en el contexto de lo que acaba de suceder en Washington y el Medio Oriente son casi racionalizaciones y divagaciones improcedentes. Pero hay que darle crédito a Friedman por tratar de ser justo y por tener el valor de escribir algunas verdades básicas, que es mucho más de lo que el Miami Herald  ha estado dispuesto a hacer últimamente cuando se trata del conflicto palestino-israelí.

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Max Castro

Max Castro

Periodista cubano radicado en los Estados Unidos. Columnista del semanario Progreso Semanal.