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Inforicos e infopobres: la brecha digital

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La noticia encontrada en la propia Internet conmueve:

Un centenar de líderes indígenas latinoamericanos, algunos con sus vestimentas ceremoniales de homenajear al Sol, la Luna y la Tierra, convocaron recientemente a los gobiernos y sociedades de la región para que les ayuden a ingresar al mundo de la información sin sacrificar su identidad ni su diversidad cultural.

“Como está diseñado el mundo de la información, se pretende que los indígenas ingresemos a él como simples consumidores y no como actores”, dijo el jefe mapuche argentino Nilo Cayuqueo, al lado de una computadora portátil que le daba acceso a la Internet.

Cayuqueo y los otros 99 dirigentes representaban a unos 45 millones de latinoamericanos y más de 800 lenguas y dialectos, en una reunión preparatoria de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, que se celebrará en Ginebra, Suiza, en diciembre de este año.
Su reclamo es uno entre muchos con origen en lo que bondadosamente ha sido bautizado como “la brecha digital”, y que traducido a lenguaje claro y directo no es más que el cúmulo de profundas desigualdades imperantes en el acceso a las nuevas tecnologías informáticas y de comunicaciones, y a las amplias y diversas posibilidades y ventajas que estas ofrecen.

Aunque “celebridades” como el estadounidense Francis Fukuyama -el de El fin de la Historia- cierren los ojos y aseguren que “no es una cuestión real”, de “la brecha” y sus profundidades hay sobradas evidencias.

En Manhattan, Nueva York, por ejemplo, hay actualmente más conexiones a Internet que en toda Africa, según reconocimiento reciente de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) por boca de uno de sus principales funcionarios. Durante un encuentro pre-cumbre en Ginebra, el subsecretario de la UIT, Shashi Tharoor, aseguró que es necesario “promover un más amplio, libre y justo acceso a la información para los países en vías de desarrollo, lo que representa mejorar sus infraestructuras y compartir los avances tecnológicos con ellos”.

Casi al unísono, organizaciones no gubernamentales reunidas en el mismo escenario consideraron en una común nota pública que “los frutos de la creatividad humana -de las academias a los medios de comunicación, pasando por las medicinas indígenas y la música- están siendo privatizados, su propiedad se concentra en manos de unos pocos y el acceso se limita a quienes pagan.”

Lephimotswe Boyce Sebetela, ministro de Tecnología de Botswana, dijo en el Primer Foro Mundial de Informática celebrado este año en Vilna, capital de Lituania, que un objetivo de Africa para el año 2015 es duplicar el acceso telefónico y disponer de dos teléfonos cada 100 habitantes.

“El nivel de telefonía básica es muy bajo, y si uno piensa en la computadora y el acceso a Internet, queda claro que estamos terriblemente atrasados respecto del mundo desarrollado”, añadió Sebetela.

Más de la mitad de la población mundial no tiene teléfono mientras que los países desarrollados están saturados de teléfonos móviles, informó en el año 2002 Yoshio Utsumi, secretario general de la UIT.

En Africa, con 783 millones 700 mil habitantes, existen apenas 3,1 millones de internautas, el 59 por ciento de ellos concentrados en un solo país: Sudáfrica.

El 90 por ciento de los internautas de todo el planeta vive en los países industrializados; en África y Medio Oriente solo se encuentra el uno por ciento, y en Estados Unidos y Canadá, el 57 por ciento, según datos de la Organización Internacional del Trabajo, del año 2001.
En esa misma fecha, Estados Unidos, Canadá y los países nórdicos registraban más de la mitad de la población on-line, en tanto gran parte de África, Europa del Este, Centroamérica y Asia tenían menos del uno por ciento de población conectada.

En el año 2000, el total de usuarios domésticos conectados a Internet era de 118,23 millones, es decir: sólo un cinco por ciento de los más de 6 000 millones que vivimos en nuestra “casa común”.

La India, uno de los ejemplos de las oportunidades para las economías subdesarrolladas por la generación de empleo en el campo informático, solo contaba entonces con 0,4 millones de usuarios de la red de redes y se estimaba llegaría a 4,3 millones en 2005. Un salto “significativo”, para un país con una población superior a los 900 millones.

Aunque en el mismo Estados Unidos -meca de la tecnología- hay desigualdades (45 por ciento de las personas no tiene acceso a Internet), la diferencia entre ese y otros países desarrollados y las naciones pobres, en materia de acceso a las tecnologías informáticas y de comunicaciones, es abismal. Mientras un estadounidense puede comprar un ordenador o computadora personal con un mes de salario, un natural de Bangladesh debe disponer de ocho salarios. El primero tiene además la ventaja de que el 75 por ciento de los contenidos en la red mundial de computadoras están en su idioma, el inglés.

En Bangladesh, asegura un especialista, con el dinero necesario para conectarse a Internet una familia puede alimentarse todo un año.

Hay muchos más datos, si hicieran falta para probar que Fukuyama y otros mienten sin recato, y que “la brecha” existe, no solo en cuanto a Internet sino a las TICs en general y a la información que mediante su aplicación alcanza un protagonismo sin precedentes para el bienestar y para el futuro desarrollo de la humanidad.

Las desigualdades también existen en términos de género, de generaciones, de etnias, de posición económica…

Si efectivamente, como se afirma, la Sociedad de la Información debe ser para todos, es imprescindible su orientación hacia el desarrollo justo, equitativo, sostenible y alcanzable, también para todos. Y ello obliga a una conciencia mundial que determine la eliminación de “la brecha digital” y el acceso realmente universal, inclusivo, no excluyente, a las modernas y fabulosamente útiles tecnologías de las infocomunicaciones.

Que el mundo a pesar de sus grandes desacuerdos decida realizar una Cumbre para discutir sobre estos asuntos, es bueno, aunque el gran cambio que la mayoría reclama no esté al doblar de la esquina.

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Heriberto Rosabal

Heriberto Rosabal

Periodista cubano. Pertenece al staff de la revista Bohemia.