Por el bienestar todos, velar por la calidad sanitaria de los alimentos

Foto: Archivo.
Realmente en este verano las temperaturas han sido muy elevadas, la sensación térmica que excede los valores marcados por los termómetros nos hacen sentir mal, fatigados, buscamos formas para aliviar el intenso calor y la sudoración, pero no hayamos algún sosiego. Esos efectos por supuesto, también lo sufren los animales, los que a diferencia de nosotros solo pueden manifestar las molestias por algún signo u otro modo de comportamiento.
En algunas ocasiones, hemos tratado asuntos que tienen puntos de contacto con lo que vamos a abordar hoy, pues el asunto está relacionado con los alimentos que consumimos las personas y los animales, su calidad, porque lo importante no es comer, sino que sea real la alimentación, la nutrición y con ello permita la condición de ser saludable.
Procede explicar, que los médicos veterinarios durante los años de estudios de pre grado, recibimos una vasta formación en materia de zootecnia e higiene de los alimentos, lo que nos permite conocer y evaluar temas asociados a la alimentación y nutrición animal, así como todos los aspectos relacionados con la producción, calidad e inocuidad de los alimentos de origen animal, tanto para el consumo humano como para el consumo animal.
Muchos médicos veterinarios y zootecnistas se encargan de asegurar lo concerniente a la alimentación de los animales productivos y aquellos destinados a otros usos, así como en el control sanitario, la producción de alimentos en mataderos, en las plantas de leche y otros lácteos, en la producción apícola, acuícola y pesquera. Estas labores pueden tener desempeño en diferentes sectores, es decir en la agricultura, la sanidad animal y la salud pública veterinaria, entre otros.
Esa es la razón por la que nos asiste la responsabilidad de ofrecer información y recomendar a las personas sobre los alimentos, principalmente los de origen animal, tanto para el consumo propio como para aquellos que se ofrecen a los animales, en función de la salud de todos.
Todas las personas deben conocer que la cadena alimentaria se evalúa por la ausencia en los alimentos de ciertos componentes bióticos (como bacterias, parásitos, u otros) y abióticos como los residuos (de medicamentos, contaminantes, etc) que pueden constituir un riesgo para la salud. Por tal motivo la inocuidad de los alimentos es la garantía de que no sean los alimentos, causantes de daños a la salud de los consumidores.
Un alimento es la principal fuente de energía y nutrición de animales y de los seres humanos, que se comen o beben para la subsistencia y que aportan al organismo macronutrientes, como carbohidratos, grasas, proteínas y micronutrientes como las vitaminas y los minerales. El alimento es ingerido por un organismo y asimilado por sus células para proporcionarle energía y pueda mantener la vida.
Pero los alimentos que se consumen deben mantener una buena calidad sanitaria, quiere esto decir que no basta con que sean los adecuados, para el consumidor o que aparentemente se observen en buenas condiciones. Lo importante es que sean realmente seguros, es decir que sean inocuos.
Por supuesto, pero aunque tenemos planificado dedicar más adelante columnas en las que se profundice en materia de inocuidad de los alimentos, a lo que nos referiremos hoy, es a cómo se debe procurar que en el verano los alimentos se conserven, procesen y sirvan en óptimas condiciones higiénicas, antecedidos por una correcta preparación, manipulación y conservación, que todo lo que anteceda a la ingestión, se realice lo más idóneamente posible para que no sufran por los cambios de temperatura, en la composición, en sus características organolépticas, que puedan conllevar a problemas de salud, entre ellas disturbios gastrointestinales e intoxicaciones alimentarias. Esto es válido tanto para los alimentos a consumir por las personas, como para los de consumo animal de cualquier especie.
Se deben consumir: alimentos seguros, producidos en buenas condiciones sanitarias, que no contengan sustancias nocivas y en particular de los que se conozca su procedencia y que de ser fabriles, estén etiquetados.
Mucho cuidado se debe tener, en cuanto a la conservación de los productos refrigerados y congelados. Recomendamos que para descongelar los alimentos se mantengan en el mismo refrigerador o se coloquen en agua fría (bolsas) o en el microondas, de forma tal que no se afecte su calidad.
Si los productos han sufrido cambios organolépticos en cuanto a textura, olor o color, debe precisarse si hubo afectaciones a su calidad que puedan constituir un riesgo en la salud de las personas o de los animales.
Velar por la calidad sanitaria de los alimentos, es salud para todos.
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Soy lic.en alimentos y jubilada pero debido a mus conocimientos estremadamente preocupada con los recojedores de residuos de alimentos en la basura para dar de comer alos animales una tanqueta de sancocho la venden en 500 cup esos alimentos descompuestos pueden enfermar a los animales y a poblacion q los consume sin ningun control sanitario q hace epidemiologia con este tema a mi juicio estamos vivos de milagro esperemos una epidemia peor q la covic con esta situacion si no se toman medidas URGENTES esto lo vemos todos a diario y no creo sea imposible de solucionar
Mejor preocuparnos. Por las causas que generan todoooo esto..verdad
Muy interesante el trabajo, para el cumplimiento de la Ley de Protección animal en particular nuestras mascotas, considero que es necesario un trabajo semejante para la calidad de la alimentación, y nutrición de las personas, en particular nuestros adultos mayores y niños en estos tiempos difíciles, éstos últimos en la edad clave para la vida,
El artículo destaca correctamente la importancia de la higiene alimentaria, un tema de crítica actualidad que requiere una mirada mucho más profunda y acciones más contundentes. Efectivamente, la proliferación de negocios (algunos informales o "timbiriches"), donde se prioriza el rédito económico sobre las condiciones sanitarias, se ha convertido en un vector de riesgo para la salud pública. La venta de productos elaborados con materias primas de dudosa procedencia o que ignoran abiertamente fechas de caducidad, junto con el comercio de carnes sin la debida certificación, son prácticas alarmantemente comunes. Esta laxitud en el control no solo pone en evidencia la despreocupación de algunos vendedores, sino también las graves fisuras en los mecanismos de supervisión y prevención.
Por ello, es imperativo que las autoridades desplieguen una estrategia rigurosa y sistemática que vaya más allá de las campañas informativas. Se necesita un programa de inspección sanitaria permanente, estricto y sin distinciones entre el sector privado y estatal, que garantice el cumplimiento de las normativas. Las consecuencias por infringir las reglas de higiene deben ser severas, incluyendo el cierre definitivo de los establecimientos reincidentes, pues se trata de proteger un derecho fundamental: la salud. Implementar una vigilancia activa no es una medida punitiva, sino una inversión en bienestar colectivo que prevendría brotes de enfermedades transmitidas por alimentos, un problema evitable que no podemos permitirnos en el contexto actual.
Mucho se habla y algo sabemos, cuando de inocuidad de los alimentos se trata, hasta una ley existe al respecto, pero en la práctica es una burla al sentido común. Y lo vemos a diario en su acopio, elaboración, conservación, traslado, recepción, distribución y consumo; no están los medios apropiados para su manipulación y nos preocupa poco su solución. Simplemente observar o comprobar. Interesante el artículo, así deberia ser.
Gracias!!