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Trump quiere vasallos, no aliados

Publicado en: Para Pensar...
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Trump anuncia nuevos aranceles, 2 de abril de 2025 - Andrew Leyden / Zuma Press.

El discurso de Donald Trump el 2 de abril pasará a la historia… y no es para menos. Él mismo afirmó que se trataba de uno de los días “más importantes” de toda la historia de Estados Unidos, hablando de ello como una verdadera “declaración de independencia económica”. Trump, claro, quiere sentar una narrativa y reforzar su legado. Quizá no le falte razón en la dimensión absoluta que le concede al 2 de abril de 2025, pero seguramente se equivoca en el contenido específico de dicha epicidad.

En realidad, la decisión de abrir una guerra comercial global estableciendo nuevos aranceles a prácticamente todos los países del mundo puede constituir, a la larga, el error más importante en décadas de política comercial en Estados Unidos. En cualquier caso, lo que está claro es el mensaje que Trump pretende lanzar con esta decisión y, más importante todavía, el mundo que quiere construir en la nueva fase del proyecto imperial estadounidense.

La lista de los aranceles de Trump no deja fuera a prácticamente nadie.

Algunos países del Sur Global reciben un golpe descomunal a sus particularmente frágiles economías; tal es el caso de Madagascar, con un arancel del 47%; Botswana, con un 37%; o Lesoto, con un 50%. En términos regionales, los actores que salen peor parados en conjunto son, sin duda, los del Sudeste asiático: Camboya, un 49%; Laos, un 48%; Vietnam, un 46%; y Myanmar, un 44%. Allí Estados Unidos se juega mucho. Incluso territorios que no constituyen una nación, como la australiana isla Norfolk, recibieron su arancel.

China, el principal rival sistémico de Estados Unidos, recibe un 34% que se suma al 20% anterior, elevándose así hasta el 54%. Rusia, por su parte, no ha sido incluida, principalmente porque los lazos económicos entre ambos están siendo definidos en las sucesivas reuniones bilaterales.

Por supuesto, esta decisión del gobierno de Trump es un primer paso, a la espera de saber si algún actor se declara en rebeldía e inicia una disputa comercial bilateral escalatoria con Estados Unidos.

Pero, probablemente, lo más destacable de la interminable lista de aranceles impuesta por Trump es su trato hacia sus aliados, incluso aquellos históricos y fundamentales. Tampoco a ellos les ha concedido el beneficio de la amistad. Japón, un 24%; Corea del Sur, un 26%; Taiwán, un 32%. Incluso Israel, que había decretado poco antes el fin de los aranceles sobre los productos estadounidenses en un patético ejercicio de sumisión sub imperial, se llevó un 17% porque, en palabras de la Casa Blanca, llegan 50 años tarde.

La Unión Europea no se libra: 20% y un lugar destacado en la tabla de aranceles, mostrándose la segunda, solo después de China. Claro que la agresividad de Trump con Europa no es nueva. El ataque comercial es solo una parte de la estrategia de sumisión que quiere imponer a los gobiernos del Viejo Continente. Guerra comercial con los aranceles, guerra territorial en Groenlandia y guerra diplomática en Ucrania. Y, aún así, cuesta creer que existirá una respuesta contundente de los Macron o Von der Leyen de turno.

Trump ha decidido que el enfoque imperial que había primado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial no da más de sí para Estados Unidos. Considera que el “orden liberal”, cacareado por ellos mismos durante décadas, hoy beneficia a China, y no a Washington, y por ende ha de ser abandonado. Lo que Trump le ofrece a sus aliados, entre ellos Europa, es un chantaje: O aceptan su alianza en unos nuevos términos que son más favorables para Estados Unidos a costa de los intereses de los propios aliados o serán considerados adversarios del hegemón imperial.

Trump no quiere liderar un bloque de asociados, de pares imperialistas que se reparten con cierto grado de confianza mutua el botín de la dominación internacional. Esta es la lógica que rigió desde 1945, pero ya no sirve en Washington. Lo que Trump busca es someter a una lista de vasallos que acepten subordinar su política exterior y su economía a los intereses individuales del líder estadounidense para que este pueda librar en mejores condiciones su disputa contra China. Asumiendo esta nueva realidad, Europa tiene dos opciones: o acepta el chantaje o apuesta por una mayor autonomía estratégica que le permita establecer lazos soberanos basados en el respeto mutuo con actores como China, Rusia, India o América Latina.

La actitud de Trump hacia Europa, evidenciada durante la campaña electoral, ratificada en su asunción e intensificada con su nueva guerra comercial global no hace sino reforzar una idea crucial: Hay que salir de la OTAN, organización liderada por un Estados Unidos que amenaza sistemáticamente a los países de la región en todos los flancos imaginables. Por cierto, al tiempo que conserva suculentas bases militares en suelo europeo. Es inexplicable que sigamos formando parte de un organismo militar cuyo jefe ha marcado como una de sus prioridades atentar contra los intereses europeos.

Es conveniente resaltar que este nuevo enfoque imperial trumpista, junto a su despiadada guerra arancelaria contra casi todos los países del mundo, tendrá consecuencias políticas dentro de los países europeos. La cruda brutalidad del jefe de la Casa Blanca evidencia el trato desigual, vejatorio y agresivo que Estados Unidos busca tener con sus aliados. No cabe duda de que esta dinámica, en absoluto disimulada por Washington, alentará posiciones críticas con el hegemón en el seno de las sociedades europeas, en mayor medida si este sigue dando pasos en la senda autoritaria y anti institucional que Trump ha decidido rerecorrer.

Y los líderes europeos, que necesitan del refrendo de las urnas periódicamente, deberán atender este creciente reclamo electoral. En este sentido, defender la expulsión de las tropas estadounidenses de Europa, el cierre de sus bases militares y el abandono de la OTAN ya no solo será una legítima y justa aspiración histórica; será, probablemente, una cuestión de “sentido común”. El rechazo a lo estadounidense crecerá, pues los líderes europeos ya no podrán echar mano del discurso que durante décadas embelleció la dominación norteamericana. Sucede que hoy la brutalidad imperial de Washington se muestra en todo su esplendor, sin elegantes protocolos que la disfracen.

(Con información de Diario Red)

Se han publicado 6 comentarios



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  • Bernardo Suarez dijo:

    Buenos días
    Se conoce cual es ó era el arancel que paga ó pagaban los EE UU a los productos que importaban?
    Gracias

    • 0o0 dijo:

      Da igual cuánto pagaban, controlaban casi por completo el comercio mundial y el sistema financiero con su moneda, el dólar, estados unidos siempre usó estas negociaciones para aumentar la influencia política y lograr ventajas en sectores claves, siempre fue un arma.
      lo que pasa que ya no funciona muy bien y decidieron dar una patada al tablero para buscar una posición de ventaja otra vez.

  • Eduardo dijo:

    Trum es el sinvergüenza más grande del planeta, que piensen los europeos que lo consideran aliados, ese gobierno no tiene amigos ni aliados ni socios, el mundo tiene que despertar y dejar de ser dependiente de los EU, cuando se logre veremos cómo tendrán que actuar, los presidentes europeos deben responder con más amor sus pueblos, la política americana es la más cochina y falsa.

  • Mario Roberto Galaz Robles dijo:

    Interesante perspectiva que la actitud del Nerón gringa provocaría entre sus reptantes vasallos europeos, como decimos en México: "o cabrestean o se ahorcan", la decisión será del conjunto d'naciones europeas, claro, p/eso tendrían que tomar en cuenta - ¡¡¡ ahooora, sííí !!! - a su electorado, cabría una pregunta: ¿¿ seguirían alcahueteando servilmrnte el genocidio sionista contra Palestina, como lo hacen hoy, después d'ver el "pago" hacia ellos los europeos, d'parte d'los principales compinches gringos d'los asesinos infanticidas y feminicidas sionistas ??

  • enrique15 dijo:

    A ver, no sé de economía, pero he leído que esos aranceles realmente los paga el importador del país receptor de las mercancías, por ejemplo, si un comerciante norteamericano compra refrigeradores a Francia, le paga al productor francés el precio que este le diga, pero para venderlos dentro de EEUU, ese comerciante deberá pagar al tesoro yanqui un arancel, que en el caso de Francia, como es de la Unión Europea, será del 20%. Este comerciante entonces tendría que recuperar ese 20% en el precio del refrigerador al venderlo en EEUU. De lo poco que sé, lo que me imagino que pretende Trump es desmotivar a los comerciantes en EEUU a comprar productos en el exterior y estimular a los yanquis a fabricar en EEUU. ¿No es eso?

    Lo que pasa es que muchas empresas americanas han puesto fábricas en el extranjero buscando abaratar los costos de producción y de mano de obra. ¿Estarán esas empresas tan dispuestas como piensa Trump, a regresar esas fábricas a EEUU, donde la mano de obra es mucho más cara, así como los costos de producción? Eso está por ver, porque además, Trump tendría que estimular a esas empresas con impuestos bajos y otras cosas, ¿No podrían hacer lo mismo los países donde están esas fábricas?

    Creo que la bronca no será fácil para este tipo, me parece que está haciendo una apuesta con un alto riesgo. Además, está subestimando escándalosamente la fuerza de los BRICS y por otra parte, estimulando el anti imperialismo con su actitud arrogante y de jefe mafioso. Me parece que le puede salir el tiro por la cul...ata.

  • Kaisser dijo:

    A los políticos europeos no les importa las nuevas imposiciones de Trump, solo los intereses, si ganan más aliándose con EEUU aunque sea de lame botas, lo harán; para ellos, es preferible la cobardía política. Ahora, en cualquier economía, priman los intereses económicos, así que considero que el gobierno de Trump puede traer a la larga, cambios positivos a favor de un movimiento anti norteamericano mundial.

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