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Restauran escuela de enseñanza especial en Baracoa

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Escuela Baracoa«La conservación del Patrimonio, dice José Rodríguez Barreras, director de la Oficina del Historiador de Camagüey (OHC), crea mucho lazo humano, porque qué es una ciudad sin su gente, sin las personas que la caminan, que componen sus paisajes. Por eso, la restauración tiene un sentido humanista y martiano».

Asisto a ello aunque las palabras no van dirigidas a mí, sino a una veintena de personas aglomeradas en un aula pequeña, acomodadas en sillas menudas, uno sobre otro aprovechando una cama individual con un colchón en un sitio improbable, justo donde en tiempos normales iría la mesa del maestro.

De un lado, profesores de la escuela especial Horacio Matheu Orihuela, de Baracoa, y del otro, los miembros de la brigada de la OHC, y la Empresa provincial de restauración y conservación adscrita a esa entidad que vela por los valores de la urbe cuyo centro histórico es Patrimonio de la Humanidad desde 1978.

El acto, que es pequeño y protagonizado por los maestros y un par de niños con retraso mental, y donde nadie preside así que todo sucede entre los lazos que trabajo y cariño forjaron; es el epílogo de la ayuda, la despedida, el adiós agradecido.

Construir es devolver

Oscar C. Lezcano, inversionista de la OHC, hace recuento de los trabajos: «La madera del techo estaba podrida…, así que desmantelamos la cubierta entera y la volvimos a montar, sustituimos la madera corrompida, pusimos mantas impermeables y finalmente, colocamos las tejas francesas».

No suena fácil y no lo es. Para el trabajo, fue necesario traer desde el centro del país materiales específicos para trabajos de restauración, pladur, planchas cemenboart para sustituir tablazones, techos, paredes interiores y exteriores, tornillos autorroscantes, tejas…, y hasta una planta de diesel que permitió alimentar las herramientas, también especiales.

Ha sido un trabajo poco convencional. «Todo es de madera quizás por la riqueza forestal de la zona, y ello hace las edificaciones más vulnerables, y también es la primera vez que techamos con tejas francesas pues en Camagüey y en muchos otros sitios patrimoniales se usan las llamadas criollas… », tercia Rodolfo Yadró Pérez, director de la Empresa.

De hecho, de las tres edificaciones que asumió la brigada como misión en la recuperación patrimonial de la Primera Villa de Cuba tras los destrozos del huracán Matthew, y que iniciaron con la rehabilitación de la escuela primaria Miguel de Cervantes y Saavedra, el 14 de octubre, este ha sido el más complejo.

A pesar de todo, Lezcano asegura que el trabajo «es bueno» y que cuando todo termine, y lo dice como si no fuera al otro día, dentro de unas horas porque la idea es que el lunes la escuela reabra sus puertas, la edificación «será totalmente funcional».

De ahí, continuarán la labor ya empezada en el Museo Matachín, uno de los fuertes que conformaban el sistema defensivo de la ciudad en la época colonial y al que Matthew le arrebató parte de su techumbre.

En general, «la misión ante el Patrimonio siempre será rescatar los valores del inmueble. Este, por ejemplo, dicen que tiene más de 200 años, y es de las casas más antiguas en la ciudad», retoma la palabra el inversionista.

A cada centro escolar, a cada sitio, llevaron más que esfuerzo y habilidad. A la Cervantes y Saavedra, los constructores entregaron donaciones y cartas firmadas por niños camagüeyanos. A la Matheu Orihuela, donaron también ayuda y las palabras de la maestra de una escuela especial agramontina.

CIUDAD VULNERABLE

No es la primera vez que José Rodríguez Barreras visita Baracoa, así que bien puede comparar el antes y el ahora. El Patrimonio, concuerda con el Historiador de la ciudad más antigua de Cuba, Alejandro Hartmann Matos, «está muy afectado» y «tardará años en recuperarse».

«Las tipologías de las edificaciones históricas, las tecnologías de construcción hacen del Patrimonio de Baracoa uno muy vulnerable a este tipo de eventos tan fuertes, unido a su condición de ciudad frente al mar, que provocó una devastación mayor no solo a las edificaciones patrimoniales, sino a toda la ciudad».

No desconoce las disyuntivas que se viven en una ciudad viva. «Lo primero, es proveer de un techo a las personas, que son tan importantes como las construcciones, con lo que haya, y recolocar las tejas francesas, que se producen en mínima escala y solo en Sancti Spíritus, cuando sea posible».

No obstante los destrozos, confía en que «todo es recuperable porque sus principales edificaciones están en pie, así como su gente. Lo más importante, ahora, es hacerle caso a la naturaleza, ver qué nos dice, y también aprovechar este momento para reordenar la ciudad, sus espacios».

(Tomado de Radio Baracoa)

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