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Fisín: Una vida por delante

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Foto: Martha Vecino.

Foto: Martha Vecino.

Por Liset García

Un montón de ideas, proyectos, sueños por realizar apasionan al doctor Luis Carlos García Gutiérrez. De ahí que lo persiga la costumbre de hacer cada día un plan de trabajo con diversas tareas que, además, cumple. Son hábitos, nada rutinarios, en los cuales parecen asentarse los secretos de su longevidad. Próximo a los 96 años, asegura que en sus planes no está morirse. Pero sorprende aún más cuando afirma: “No sé cómo me las voy a arreglar cuando llegue a viejo”.

Aunque ya le duele algún que otro hueso si se queda mucho rato sentado, al verlo levantarse, tan ágil, nadie podría calcularle la edad. Cuentan sus amigos que no ha dejado de manejar con maestría su Lada, pese a las protestas de los hijos, y que se montó en una bicicleta para ir y venir del trabajo, casi 13 kilómetros diarios, cuando ya pasaba de los 70. Tras jubilarse en el Ministerio del Interior (Minint) -donde alcanzó el grado de coronel-, no se quería ver con una jaba en la mano y decidió volver a la estomatología. “Escaseaba la gasolina, pero ni el período especial ni otros obstáculos me hicieron desistir”.

Quien lo oiga por teléfono tampoco logrará saber cuánto ha vivido. Su voz de locutor entrenado conserva el brillo y la fortaleza de alguien mucho más joven. Y quien lea su amena y desenfadada prosa, contenida en La otra cara del combate y En torno al sillón, libros que comenzó a escribir ya octogenario, adivinará que ha tenido una larga existencia, no por la forma de escribir, sino por las más variopintas experiencias y anécdotas, que solo puede narrar alguien con una agitada vida de revolucionario y de estomatólogo, profesión en que se inició en 1937, siendo apenas un estudiante de 19 años.

Para salir de dudas está su carné de identidad, que confirma su nacimiento en noviembre de 1918 -cuando Europa finalizaba la primera de las guerras mundiales-, de madre española y padre puertorriqueño, quienes habían emigrado a La Habana en busca de nuevos horizontes. Cada uno le aportó al primogénito la hondura de sus espíritus fogueados en la voluntad de abrirse camino a fuerza de bríos, trabajo, esfuerzo.

Con tales vivencias acumuladas ha llegado a este milenio para contar lo que hizo ayudado por su gran capacidad para memorizar, y seguir siendo útil, incluso frente a la computadora, que maneja con destreza, como un joven avezado en su uso.

Lo que sí no aparece en su carné es el Fisín por el que todos lo conocen, mutación del Luisín usado por los padres para nombrarlo en su infancia, impronunciable para la hermana, dos años menor, quien le cambió para siempre la identidad.

Más allá de la ternura que brota de sus ojos azules se aprecia el vigor de quien está dispuesto a emprender complicadas misiones. Entrevistarlo no es un mero intercambio de preguntas y respuestas. La intensidad de su existencia y el provecho que le ha sacado a la oportunidad de estar vivo aún, cerca de 20 años por encima de la esperanza de vida de los hombres en Cuba, hacen de él una suerte de enciclopedia inabarcable. Sin embargo, accedió al diálogo convencido de que todavía tiene mucho por hacer: “Quizás todo eso que me falta sea lo que pudiera caber en una entrevista”, testimonió.

Habla como si fuera corta su historia desde que ingresó en la Liga Juvenil Comunista, fundada por Mella, hasta su trabajo como locutor en varias emisoras de radio, en programas que gestionaba el Partido Socialista Popular (PSP); o como dentista de la alta burguesía, labor que le sirvió de fachada para sus actividades en aquel primer Partido Comunista al cual había ingresado en 1938.

 

En el solar de Lawton donde pasó la infancia y la adolescencia, estudiaba y leía intensamente toda la literatura revolucionaria que caía en sus manos, desde Lenin hasta Bujarin. (CORTESÍA DE FISÍN)

En el solar de Lawton donde pasó la infancia y la adolescencia, estudiaba y leía intensamente toda la literatura revolucionaria que caía en sus manos, desde Lenin hasta Bujarin. (CORTESÍA DE FISÍN)

Miembro activo del PSP -incluso fue apresado en el Príncipe siendo un jovencito-, luego del asesinato de Jesús Menéndez se vio obligado a pasar al trabajo clandestino en la Sección de Habilitación de su Comisión Militar. Era una etapa de anticomunismo furibundo, en la que unos cuantos revolucionarios fueron torturados y ultimados. Nada menuda resultó la sorpresa de muchos por el “cambio”, visible y público, que entonces tuvo lugar en él. “Recibí más de un insulto ‘por aburguesarme y traicionar los ideales que defendíamos’. Es que era muy reducido -así tenía que ser- el grupo de los que sabían a qué me estaba dedicando”.

Tras el triunfo de la Revolución siguieron multiplicándose sus tareas. “Algún tiempo después de aquel enero pasé a dirigir el Gabinete Nacional de Identificación, a organizar el Laboratorio de Criminalística, y a desarrollar la Técnica Canina. Me gustaba ese trabajo, de extrema presión, que apenas dejaba tiempo para el sueño.

“Los hechos criminales, abundantes en una sociedad heredera de incultura y violencia, se mezclaban con la creciente actividad contrarrevolucionaria en sabotajes, atentados con bombas, bandidismo… Desde el incendio de la tienda El Encanto y tener que proceder con los restos de Fe del Valle, inolvidable patriota, hasta los de nuestros gloriosos combatientes caídos en Girón, y los de los mercenarios. Tortuoso fue el viaje a Lima para identificar lo poco que las llamas del fatídico accidente aéreo habían dejado de los cadáveres de Raúl Cepero Bonilla y demás compañeros en aquel vuelo. Era una cosa detrás de la otra, no se paraba”.

HOMBRE DEL CHE

La faceta más conocida de Fisín es haber asumido el enmascaramiento del Che para su traslado de África, y de otros combatientes, como el guerrillero guatemalteco Luis Augusto Turcios Lima.

Antes de 1959 esa labor formaba parte de su quehacer clandestino: camuflar a cuanto luchador era necesario “mover”, para salvarlo de persecuciones y de la muerte. Entre ellos Blas Roca, Fabio Grobart, César Escalante, Flavio Bravo, Lionel Soto, Jorge Risquet, Raúl Valdés Vivó, Alfredo Guevara, Isidoro Malmierca…

Sobre esas vivencias abunda La otra cara del combate, un texto que se lee de un tirón, y que, como se ha dicho, se debe agradecer a quienes decidieron que se jubilara. Acaba de publicarse la segunda edición, aumentada, para la cual Fisín trabajó entusiastamente.

 

En las afueras de Praga -adonde fue trasladado al terminar su misión en África-, el Che pasea junto a Fisín. Momentos después se encontraron con unos niños que jugaban futbol y el guerrillero se sumó al juego. Ellos nunca supieron quién daba patadas a su balón. (CORTESÍA DE FISÍN)

En las afueras de Praga -adonde fue trasladado al terminar su misión en África-, el Che pasea junto a Fisín. Momentos después se encontraron con unos niños que jugaban futbol y el guerrillero se sumó al juego. Ellos nunca supieron quién daba patadas a su balón. (CORTESÍA DE FISÍN)

-Pasados los años, ¿cómo valora el haber sido escogido para enmascarar al Che? ¡Qué honor!, ¿verdad?

-Lo que me preguntas no es de lo que se tiene en la punta de la lengua. Trataré de responderte tal cual me dicta mi memoria, que funciona mejor hacia la distancia que para ahora mismo.

“Entonces, aparte de mis funciones institucionales en lo que luego se llamó Dirección de Carné de Identidad, seguía cumpliendo otras tareas, digamos clandestinas, con los mismos compañeros con quienes operaba en la antigua Sección de Habilitación del viejo Partido. Solo que ya no eran de enmascaramiento, sino de falsificación de documentos, como pasaportes, que se empleaban en movimientos vinculados a las luchas de pueblos hermanos”.

Narra que al principio solo sabía que tales encargos “procedían de un comandante del Ejército Rebelde llamado Ramiro Valdés, a quien apenas conocía. Después nos fuimos vinculando cada vez más por mi trabajo en el Minint”. Recuerda una cita en Nuevo Vedado -muy cerca de la casa donde vive desde hace años-, para tratar sobre la documentación que facilitaría el viaje del revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti.

Un día de esos se le informó la misión de enmascarar al Che, en Tanzania, para sacarlo de África y burlar los servicios de inteligencia enemiga. “Lo primero que me pasó por la mente fue el tiempo transcurrido desde que no realizaba un enmascaramiento. Lo otro que enseguida me ocupó el pensamiento fue cómo hacer ese trabajo, siempre difícil, pero en este caso aún más por tratarse de un hombre como el Che. Tuve muy en cuenta la advertencia de Osmany (Cienfuegos): ‘Fisín, tienes que andar con pies de plomo porque adonde vas está lleno de espías’”.

Su memoria se desata y deja brotar recuerdos como si estuviera viviendo otra vez aquellos momentos. Mira hacia un lado y otro de su cuarto de estudio, donde abundan los libros más disímiles: Agujeros negros, Los fenicios, Ortodoncia, Cesto de llamas. Biografía de José Martí, Discursos de Salvador Allende, Jugadas de beisbol, La guerra de los mundos, El padre las Casas y los cubanos… Levanta las manos y explica:

“Cada persona requiere un diseño físico y psicológico apropiado, que ‘borre’ en lo posible lo que puede estar en las fichas de los agentes al acecho. El Che no me parecía nada sencillo de enmascarar. Desde luego, yo no iba a decirle a Ramiro asuntos propios del trabajo y solo pregunté a qué otra persona podía acudir para cuestiones prácticas, y si podía intercambiar ideas con mi compañero más allegado de la Sección de Habilitación. ‘La compartimentación en este caso es absoluta. Con nadie más’, respondió tajante.

 

En 1973, cuando se creó el carné de identidad, Fisín le entregó al Comandante en Jefe el suyo, solo con el número uno (de los once requeridos), lo que provocó gran hilaridad. (CORTESÍA DE FISÍN)

En 1973, cuando se creó el carné de identidad, Fisín le entregó al Comandante en Jefe el suyo, solo con el número uno (de los once requeridos), lo que provocó gran hilaridad. (CORTESÍA DE FISÍN)

“Eso me dio otra dimensión del grado de confidencialidad y trascendencia de la misión. No ignoraba su jerarquía histórica y política. Lo veía como otra gran figura de la Revolución, junto a Fidel. Pero no sería fiel a la verdad si ahora dijera que en aquellos momentos tomé plena conciencia de la enorme significación que tendría después. Para mí era una tarea muy importante, incluso de la mayor importancia”.

Se sumergió en cálculos de lo que le haría falta: el tipo de diente apropiado para cambiar las dimensiones nasomentonianas del Che, y que debía comprar en París, o sea, en la escala de su viaje rumbo a la ciudad tanzana de Dar es Salam. “Tenía que pensar mucho en las medidas de seguridad necesarias para impedir que la vigilancia enemiga (había que darla por segura sobre mí) se percatara de la compra de esos dientes y sospechara su posible destino”.

Otra medida fue preparar los zapatos, a partir de los que usaba el Che, para darle mayor estatura. “Ese trabajo, muy meticuloso, lo realizó un recluso con alta calificación en el oficio y que lógicamente jamás supo quién los iba a calzar”.

Fisín sigue moviendo sus manos. Narra despacio como si quisiera detener el tiempo. “Pensaba y pensaba en la posibilidad de hacerlo rápido y lo más perfecto posible: que si depilarlo y eliminar el característico pico de viudo de la frente, o cambiarle el modo de caminar…, así vimos cada detalle. No pensaba, francamente, en el honor que pudiera representar para mí cumplir aquella tarea”.

Y agrega: “A la altura del tiempo transcurrido y de la conciencia que tengo hoy de lo que fue haberme vinculado al Che en África, en Praga, porque me pidió que fuera; y más tarde en el campamento de Pinar del Río donde se preparaba el destacamento que lo acompañaría en su nueva misión, en Bolivia; y que me dijera que cuando tuvieran una zona liberada me mandaría a buscar -junto a Aleida-, supongo que para el movimiento clandestino de combatientes; todo eso que es conocido y está publicado, aún ahora lo veo como un deber que cumplí sencillamente. No me atribuyo por ello ningún honor excepcional. El honor es lo que significa el Che, y que cada vez significará más y más para el movimiento revolucionario mundial.

“Me queda la insatisfacción, eso sí, de no haberle insistido suficientemente en la necesidad de que estuviera alerta contra la posible introducción de una huella técnica que facilitara descubrirlo, y a fin de cuentas, creo, fue lo que sucedió, y llevó a que lo capturaran.

“Haber estado cerca de él, apoyarlo y merecer su confianza y estima, es la más alta de todas las condecoraciones recibidas”.

-¿Darle otra cara al Che fue la más impactante y complicada de las tareas que realizó?

-Pese a sus complejidades y los infinitos riesgos calculables, me pareció una misión razonablemente viable, en la que contábamos con el factor sorpresa. Evidentemente el enemigo no tenía localizado al Che en Dar es Salam, y disponíamos de las posibilidades para cambiarle radicalmente su apariencia, como lo hicimos, al extremo de pasar la prueba, una vez enmascarado, de no ser reconocido ni por un compañero que lo veía diariamente. Ni remotamente digo que me pareciera fácil, ni que no nos asaltara la angustia de un imprevisto, no obstante la seguridad de haberlo estudiado todo. Pero había más certeza de que resultaría un éxito.

“Por eso la respuesta a tu pregunta, con la más absoluta franqueza, es no. Podría mencionar a Fabio Grobart, a quien iban a matar al día siguiente, y lo salvamos gracias a la argucia de hacerlo pasar por un tartamudo cocinero de barco, al que no le gustaba hablar. Fue la idea que hallamos para que no lo detectaran dados su origen polaco y la forma de pronunciar el español, imposible de disimular. Sin embargo, creo que la misión de enmascaramiento más compleja, en extremo riesgosa e impactante, fue la del comandante guatemalteco Turcios Lima.

“Había venido a Cuba a la reunión de la Tricontinental. Era obvio que la inteligencia enemiga trataría de mantenerlo vigilado, para capturarlo en su viaje de regreso al frente guerrillero en su país, por lo que era un tremendo desafío borrar todas las huellas.

“Al curtido luchador se le propuso transformarlo en una bella mujer, lo cual aceptó a duras penas. Yo nunca había hecho nada tan osado”. Rememora que se empezó por eliminarle, mediante cirugía estética, el verdugón de una muy visible cicatriz por herida de bala en el cuello. “Empleamos para ello a un cirujano experto. Lo operó en el Hospital Calixto García y no tuvo ni la menor idea de quién era su paciente. Muchos años después lo supo y lo publicó con orgullo.

“Analizamos todos los componentes físicos, estéticos y psicológicos para lograr y perfeccionar el cambio de apariencia, desde la imagen hasta la gestualidad, el modo de andar con tacones y adquirir natural feminidad en el movimiento de los glúteos, las manos, los ojos. En fin, un reto colosal, bajo la permanente presión de que el enemigo no lo localizara. Hasta se coordinó la transmisión por radio, supuestamente en directo, de un acto donde él pronunciaba un discurso mientras lo conducíamos al aeropuerto”.

La narración es interrumpida por Clara, su esposa, quien, junto a dos tazas de café -para periodista y fotógrafa-, trae a Fisín su medicamento para la presión arterial. Ella confiesa que nunca aprendió a manejar bien la cafetera. ¡Se puede tomar!, y se agradece.

El relato prosigue: “Luego vino lo más peligroso: la movida en el exterior, durante un largo viaje Moscú-Tokio-México, por solo mencionar las principales escalas, con una identidad de correo cubano. Antes, Turcios pasó la prueba de no ser identificado ni por uno de sus más cercanos compañeros, quien incluso se mostró interesado en seducir a la ‘atractiva rubia’.

“La operación, como se sabe, fue un éxito. Pudo seguir su viaje y regresar a la guerrilla. La tensión estuvo a tope todo el tiempo, por los enormes riesgos. Por eso te digo que, como tarea de enmascaramiento, esta fue la de mayor impacto profesional y personal, la más difícil de cuantas realicé, antes y después del triunfo de la Revolución.

“En todo lo que hice después y haré hasta el último momento de mi vida, que espero esté aún lejos, me he sentido y me seguiré sintiendo, humildemente, como parte de ese destacamento del Che, a sus órdenes, que es haber estado también a las de Ramiro, Raúl y Fidel”.

Pionero que no sopló la flauta

El doctor Fisín sostiene que el futuro de la Medicina está en las células madre. En su acuciosa carrera como estomatólogo y profesor de esa materia, durante años experimentó en la rama de la implantología, lo que le llevó a descubrir que hay piezas como el cordal que existen no solo para dar dolores de cabeza y problemas, sino para regenerarse como una nueva muela.

Tras investigar en la literatura existente e incursionar en más de 200 implantes de molares en niños, con el fin de que no perdieran la capacidad masticatoria y proteger el arco mandibular, pensó que si extraía el folículo del cordal y lo implantaba podría obtener un resultado interesante. Se presentó el caso, y lo logró. Ese folículo creció como una nueva pieza en el lugar del primer molar.

El hecho quedó registrado en la revista estadounidense Visión del 31 de agosto de 1956. En esos años asistió a varios congresos de Odontología, uno de ellos en México, donde presentó su experiencia en implantes y de lo cual, también, quedó testimonio.

Además de comprobar su teoría acerca de que hay órganos que tienen el papel de regenerar porque contienen células madre, aportó a la ciencia un gran hallazgo. No porque soplara la flauta, sino porque llevaba años de aproximación a esa verdad; de ahí que se le haya considerado pionero en la utilización de células madre dentarias. Recientemente, Fisín completó el protocolo para continuar las investigaciones en ese campo, dirigidas por él.

Publicaciones científicas de varios países reprodujeron en 2010, una interesante referencia a Fisín, como el doctor que salvó al Che. Publicada en la revista del Ilustre Colegio Oficial de Dentistas de Granada, España, la crónica destaca “la técnica de enmascaramiento del guerrillero comunista”, que permitió su traslado y no ser identificado. Otro dentista también salvó la vida del poeta Pablo Neruda, refiere el texto, por lo que han sido dos los odontólogos que en el mundo han logrado tal hazaña.

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Fotocopia de la publicación que en 1956 registró el primer implante dentario de células madre logrado por Fisín en su consulta. La primera estuvo en San Nicolás, entre Virtudes y Ánimas, y la segunda -hasta 1959-, en 17, entre L y K.

(Tomado de Bohemia)

Se han publicado 12 comentarios



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  • Diego. dijo:

    Interesante artículo.

  • Aragón dijo:

    Muchas pero muchas cosas interesantes…muy buen artículo.
    Saludos

  • Victor Bonome. dijo:

    Gracias Periodista por este articulo, el Coronel Fisin es uno de “esos Camilos en el pueblo”, no tuve el honor de conocerlo pero mi Padre fue compañero suyo en el MININT, Coronel también, cada vez que nos hablaba de Fisin, lo hacia con tanta pasión que se me quedo grabado para toda la vida las anecdotas que nos hacia de ese compeñero suyo y creo que amigo también, no se si Fisin recordará a Bonome, ojala que sí.
    Usted, periodista al publicar dicho articulo, para mí tiene el merito de rememorar la historia de muchos hombres y mujeres que por su modestia están en cada esquina de nuestras cuadras y calles y la mayoria ignoramos el valor de ellos, en este articulo veo también a mi padre reflejado, creo que fué uno de los que ayudo a Fisin en la creación del primer carne de identidad de la revolución (el librito), eso me decia mi papa, Salud Fisin, Gracias.

    • Lisbeth dijo:

      Muito bom Beto. Sem vocea jamais teamoirs estes momentos registrados. Espero que a ABES tenha como armazenar este acervo para no futuro relembramos o nosso passado. As coisas boas que estamos fazendo Uma abrae7o, Vitorio.

    • Liset dijo:

      Gracias a todos por sus comentarios. Fisín también les agradece los elogios y, mucho más, sus deseos de salud para él.
      Él merece todo lo que escribí y cuanto se hable en positivo de su vida, cuyo límite parece no existir.
      Ya viví la experiencia -casi aventura- de montarme en su auto y verlo conducir. A ratos pareciera que tiene un automático conectado y que anda solo. Al final del recorrido confesó que tenía puestos los espejuelos de leer. Llegué sana y salva, por eso les respondo. Un abrazo.

  • Atila dijo:

    Mucha alegría me da saber que Fisín goza de buena salud, yo lo conocí en el año 70 porque estudiaba becado junto a su hijo Luis Carlos, recuerdo su imagen de baja estatura y gran calvicie que según mi amigo era producto de las luces de los sillones de estomatología. Años después supe quién era de verdad ese hombre pequeño y cariñoso que en medio de sus complicadas tareas encontraba un tiempo para dar una vuelta por la escuela donde estabamos becados y saber como andaba su hijo.

  • Ramsay dijo:

    Fisin es uno de nuestros héroes quizás no tan anónimo, pero si de los miles y centenares de miles que han aportado su grano de arena al socialismo cubano.

  • ile dijo:

    Muy interesante……. es verdad que todos los días se aprende algo nuevo.

  • Alexis Mario Cánovas Fabelo. dijo:

    De los Héroes de todos los días que pedía el Che.

  • CESAR MAZOLA ALVAREZ dijo:

    Este hombre, por su modestia, inteligencia, capacidad profesional, laboriosidad, lealtad, fidelidad, dedicación, discreción, etc, merece un monumento, que no va aceptar, pero que cuando sea oportuno se erija, para que cunda su ejemplo para el resto de los cubanos y de la humanidad.
    Gracias Fisín por ser quien eres, como eres y lo que nos has dado en tantos campos, físicos, intelectuales e ideológicos.
    GRACIAS

  • Karleany dijo:

    Muito bom Beto. Sem vocea jamais toairmes estes momentos registrados. Espero que a ABES tenha como armazenar este acervo para no futuro relembramos o nosso passado. As coisas boas que estamos fazendo Uma abrae7o, Vitorio.

  • clarita garcia dijo:

    como hija siento un gran respeto admiracion y carino por mi padre ha sido un hombre excepcional al leer sus comentarios me siento infinitamente orgullosa de el

Se han publicado 12 comentarios



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