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Muere Alain Resnais, patriarca de la Nouvelle Vague

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alain resnais

Alain Resnais.

Alain Resnais, decano de la Nouvelle Vague, aquel movimiento que aflojó los corsés autorales del cine con un emocionante grito de libertad, ha muerto en París, dónde si no, a los 91 años. Tras él queda una filmografía repleta de títulos memorables, como Hiroshima mon amour, La religiosa, La guerra ha terminado u On connait la chanson. Hombre inclasificable y de contagiosa vitalidad, trabajó mucho más allá de la jubilación: su última película, Amar, beber, cantar es de este mismo año y le valió los premios Alfred Bauer en la Berlinale y el de la Crítica Internacional FIPRESCI en ese mismo festival.

Para los cachorros de la nueva ola, como François Truffaut, Jean-Luc Godard o Louis Malle, ejerció en cierto modo de padre. No es solo que fuera algo mayor que ellos, es también que sus primeros trabajos, La noche y la niebla (1955), sobre los campos de concentración nazis, o Hiroshima mon amour (1958), más que una película, un estado mental, desbrozaron el camino para aquellos muchachos prestos a empuñar la cámara como un estandvaguearte y a encadenarse a la puerta de la cinemateca por algo tan aparentemente desprovisto de  compromiso como un trávelin, pura cuestión moral. Su obra estuvo íntimamente ligada a la literatura: adaptó a grandes autores como Marguerite Duras, Alain Robbe-Grillet o Jorge Semprún.

Nacido en 1922 en Vannes (Morbihan), hijo de un farmacéutico, realizó su primer cortometraje a los 13 años. Para su generación, resultó el invento más puramente prodigioso del siglo XX. En lo personal, Resnais no se prodigaba en los medios de comunicación. Se casó en 1969 con la que entonces era su ayudante, Florence Malraux, y desde los años ochenta vivía con su musa Sabine Azéma, con quien se casó en 1998.

Tras conocer la noticia de su muerte, el presidente del Festival de Cannes, Guilles Jacob, recordó una célebre frase del genial autor de filmes como El año pasado en Marienbad (1961), Stavisky (1974), La vida es una novela (1983), On connaît la chanson (2003), o Las malas hierbas (2009). “Hacer películas está bien, pero ver películas es mucho mejor”, decía Resnais.

(Con información de Reuters)

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