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Falleció el cubano Ulises Estrada, compañero de lucha del Che Guevara

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Ulises estradaEl cubano Ulises Estrada, muy vinculado al revolucionario argentino-cubano Ernesto Che Guevara y la mítica guerrillera alemana Tania, falleció el domingo en La Habana a los 79 años de edad, informó este martes el diario oficial Granma.
“El pasado domingo, en horas de la noche, falleció en esta capital el combatiente Ulises Estrada”, señaló el diario, quien precisó que el sepelio “se realizó ayer (lunes) en el panteón del Ministerio del Interior, en el cementerio de Colón, donde recibió el homenaje póstumo”.
El medio no definió las causas del deceso.Estrada ocupó diversos cargos en el Ministerio del Interior cubano, en los cuales cumplió delicadas misiones relacionadas con los movimientos guerrilleros en América Latina en la década de 1960, según su biografía oficial.

“Colaboró con el comandante Ernesto Che Guevara en su gesta internacionalista en el Congo, y en la lucha de liberación nacional en Guinea Bissau, junto a Amilcar Cabral”, recordó Granma.

También fue el preparador de la alemana Tamara Bunke (1937-67), la mítica “Tania”, única mujer en la guerrilla del Che en Bolivia, con la que mantuvo relaciones amorosas, según reveló años después en dos libros que le dedicó.

En 1975 fue nombrado número dos del Departamento de América del Partido Comunista (PCC, único), que encabezó Manuel Piñeiro (“Barba Roja”, 1933-98), encargado de las relaciones de Cuba con la izquierda regional y los movimientos guerrilleros.

Fue embajador cubano en Jamaica, Yemen, Argelia y Mauritania, y periodista del diario Granma, el Habanero y otros medios cubanos.

En los últimos años se desempeñó como director de la revista Tricontinental, de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina.

(Con informacion de Granma)

Se han publicado 16 comentarios



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  • Guille dijo:

    Gran persona Ulises. Mi más sentido pésame a sus familiares. Lo conocí cuando yo era un niño. Fue compañero de trabajo de mi padre.

  • Ramadan dijo:

    Gloria a los héroes. Ulises Estrada era de esos hombres héroes del color del silencio…en muchas batallas secretas combatió y aportó a la victoria. Gloria eterna a su memoria.

  • Germán Lozano Cazón dijo:

    Como al Che, Hasta la victoria siempre, venceremos

    • patrizia dijo:

      claro que si!!!!! grandes héroes grande el CHE!!!!! hasta siempre comandante.

  • LA CULPA dijo:

    Conocí al compañero Ulises en su función de periodosta y siempre demostró ser un fiel seguidor del Che,por su modestia y sencilles.
    Jamás tomo sus meritos para jactarse de ellos.
    Una sencible perdida pero un ejemplo a seguir.

  • ernesto dijo:

    aun en pocas lineas se ve que se trataba de una personalidad de las luchas en america…honrar honra.. hasta la victoria siempre, ulises

  • Sara dijo:

    Hasta la victoria siempre, amigo.

  • laura beatriz pola dijo:

    Miadmiración por todos los hombres que lucharon por los pueblos latinos y otros,, y pudieron llegar hasta el último momento de su vida fiel a sus ideas..

  • domezzzz dijo:

    Desde el Uruguay
    Hasta la victoria siempre, venceremos…

  • dr orlando gutierrez boza dijo:

    tu cuerpo de ebano descanse en tu amada tierra,defensor de la partia grande,que hoy integrandose deja huellas de tu accionar revolucionario que tanto admire,,,hasta siempre,compañero,,,ulises,,

  • Doris A. García Téllez dijo:

    Tania la guerrillera y Ulises Estrada: un amor difícil

    Juventud Rebelde
    digital@juventudrebelde.cu
    30 de Agosto del 2008 0:08:43 CDT

    Historia ya no secreta del cubano Dámaso Lescaille y la única mujer en la guerrilla del Che, a 41 años de la emboscada que tronchó la vida de esta

    Como el amor no puede someterse a prohibiciones, Tania la guerrillera y Ulises Estrada se enamoraron y pensaron hacer una vida juntos. Nada ni nadie pudo evitar que se atrajeran mutuamente y se amaran con intensidad la argentino-alemana Haydée Tamara Bunke Bider y el cubano Dámaso Lescaille.

    De esta historia se habla en el libro Tania la guerrillera y la epopeya sudamericana del Che, escrito por el mismo Ulises Estrada, que fue primero su pseudónimo de guerra y después su nombre definitivo.

    Con 334 páginas, XV capítulos, 17 anexos y 29 fotos, el libro, editado por Ocean Press, con prólogo y edición del doctor Luis Suárez Salazar, constituye un seguimiento excepcional de los pasos secretos de Tania en Cuba y en el extranjero, pero aquí enfatizamos en su relación amorosa, contada por Ulises sin ápice de machismo ni vanagloria.
    Lo sabían unos pocos

    «Sostuve con ella estrechas relaciones de trabajo y personales. De tal intensidad, que antes de su partida hacia la misión internacionalista (…) acordamos que al concluir la misma uniríamos nuestras vidas y procrearíamos todos los hijos que ella soñaba tener».

    Nadia Bunke muestra dos pinturas de su hija Tania. Solo lo sabían unos pocos compañeros comunes, los padres de ella, Erich y Nadia, y su hermano Olaf. A solicitud de su inolvidable madre, decidimos incluir en el libro una carta que entonces les había informado acerca de nuestro amor».

    No puede evitar Ulises —un hombre de «XII» o de «Petronio», nombres clandestinos del Comandante Manuel Piñeiro Losada, el «Barbarroja» de la Sierra Maestra— comentar sobre la muchacha, sobre la gran amistad y el infinito amor que se profesaron prácticamente desde que se conocieron en La Habana, en marzo de 1963.

    «Poco a poco nos fuimos conociendo, y en los momentos de mutua relajación, comenzamos a compartir nuestras correspondientes inclinaciones hacia la música, la literatura, el cine y el deporte (…).

    «A ambos ya nos unían vínculos emotivos entre jefe y subordinada, entre un oficial operativo y su agente, o, si se prefiere, entre un compañero y una compañera implicados en una misión internacionalista».
    De cuando Tania solo sabía del revolucionario cubano que se llamaba Ulises , él evoca en su libro: «De hecho, nuestra relación, luego de penetrar en las profundidades de una amistad sincera, paso a paso y sin que casi nos diéramos cuenta, fue adentrándose en los sentimientos más caros y sinceros que puedan existir entre una mujer y un hombre.
    «Tania, que era exigente al máximo consigo misma, comenzó a exigirme reciprocidad con relación a su comportamiento (…). Fue así como (…) comencé a llevarle en dos o tres ocasiones, a mis dos pequeñas hijas, para que compartieran con ella (…)».

    Él le contó su experiencia clandestina en la lucha contra la tiranía de Batista en Santiago de Cuba y en La Habana y comenzó a referirle facetas de su vida privada, diciéndole, incluso, que iba a divorciarse y que no era por tener relaciones paralelas con otra mujer.

    En realidad frecuentaban —sin que se supiera— Playa Baracoa, en Bauta, en la provincia de La Habana. «Compartíamos nuestros sentimientos y vivencias personales en los lugares alejados de los sitios donde recibía su entrenamiento», recuerda Ulises y agrega: «En esos momentos tenía ante mí a Haydée Tamara».

    Declaración de amor

    Seducida por la Revolución Cubana, Tania se incorporó con verdadera pasión a las tareas de construcción de una nueva Sociedad. «En esos ambientes íntimos, una noche del año 1963, cuya fecha exacta mi ya envejecida memoria no alcanza a precisar, ocurrió lo inevitable. Estando en Playa Baracoa, sentados en la arena, mirándonos fijamente a los ojos, ambos nos confesamos, y luego nos entregamos a nuestro amor. Y lo hicimos con la pasión propia de nuestra edad (…). Los dos sabíamos que era un amor prohibido (…), pero también sentíamos que ya no nos podíamos contener. Estábamos convencidos de la pureza de nuestros sentimientos y de que estos no afectarían nuestras relaciones de trabajo».

    Era un amor irrefrenable y atrevido, porque los héroes también aman. «Nuestros sentimientos eran serios y profundos. Ya desde entonces ella me hablaba del futuro, de su regreso a Cuba (…)».
    El 11 de abril de 1964, en carta a sus padres, ella les contó lo de sus relaciones amorosas y su profundo cariño por Ulises. E identificándose con su sobrenombre familiar de «Ita», escribió:
    «Bueno, ahora otra cosa: si no me roban a mi negrito antes de que yo vuelva, entonces me voy a casar. Si habrá enseguida “mulatitos”, no sé, pero sería muy posible. ¿Qué aspecto tiene? Flaco, alto, bastante negro, típicamente cubano, muy cariñoso (…). Están ustedes de acuerdo??? ¡Ah!, he olvidado lo más importante: muy revolucionario y quiere también a una mujer muy revolucionaria».

    Esperando por Tania

    La vida los distanció de manera irreversible. Él se divorció de su primera esposa y estuvo esperando por Tania durante mucho tiempo. A pesar de que volvió a contraer matrimonio, años después de su desaparición física, todavía ella sigue viviendo en su recuerdo. No solo como Tania la guerrillera, sino también como Haydée Tamara Bunke Bider: la excepcional mujer, compañera y amiga que un día amó con todas sus fuerzas. A las dos las recuerda.

    Según uno de los agentes secretos cubanos vinculados estrechamente al trabajo clandestino de Tania en Bolivia —«Ariel»—, ella tenía tres grandes amores: sus padres, su compañero cubano Ulises Estrada y la causa revolucionaria.

    Ulises fue nombrado por el Comandante Manuel Piñeiro como jefe de la Dirección General del Viceministerio Técnico del MININT, que en lo adelante se encargaría de materializar la solidaridad de la Revolución Cubana con los movimientos de liberación nacional africanos.
    Tal Dirección estaba especializada en el trabajo dirigido a: África y además al Medio Oriente, razón por la cual Ulises quedó desvinculado de la atención directa o indirecta que hasta ese momento había mantenido con el «caso Tania».

    Ella nació en la Argentina, el 19 de noviembre de 1937. De adolescente fue llevada por sus padres a la antigua República Democrática Alemana (RDA) y luego partió hacia su tierra natal, vía Cuba, en 1961. Tres años residió en nuestra Patria y de sus casi tres décadas de existencia, vivió más de dos en América Latina.

    En carta que su madre escribiera a Fidel el 25 de diciembre de 1995, pidiéndole apoyo para la búsqueda de los restos de su hija, le confiesa:
    «En su alma y por su mentalidad, fue una latinoamericana (…) durante los nueve años de su estancia en la RDA tenía la ciudadanía doble (…). Llegó a Cuba el 12 de mayo de 1961 con la ciudadanía argentina (…) tenía un gran deseo de recibir la ciudadanía cubana».
    Cuando el 31 de agosto de 1967 murió en la emboscada del vado de Puerto Mauricio, en el Río Grande, vestía pantalón moteado de camuflaje, botas de soldado, blusa a rayas verdes y blancas muy desteñida, mochila y metralleta colgada. El soldado boliviano Vargas le disparó un tiro que le atravesó un brazo, un pulmón y le provocó hemorragia interna. Cayó al agua y fue arrastrada por la corriente. Siete días después el ejército la encontró, con ayuda de perros rastreadores. ¡Quién sabe si su último pensamiento haya sido para sus padres, para Cuba y para Ulises Estrada!

  • Doris A. García Téllez dijo:

    Tania la guerrillera y Ulises Estrada: un amor difícil

    Juventud Rebelde
    digital@juventudrebelde.cu
    30 de Agosto del 2008 0:08:43 CDT
    Historia ya no secreta del cubano Dámaso Lescaille y la única mujer en la guerrilla del Che, a 41 años de la emboscada que tronchó la vida de esta
    Como el amor no puede someterse a prohibiciones, Tania la guerrillera y Ulises Estrada se enamoraron y pensaron hacer una vida juntos. Nada ni nadie pudo evitar que se atrajeran mutuamente y se amaran con intensidad la argentino-alemana Haydée Tamara Bunke Bider y el cubano Dámaso Lescaille.
    De esta historia se habla en el libro Tania la guerrillera y la epopeya sudamericana del Che, escrito por el mismo Ulises Estrada, que fue primero su pseudónimo de guerra y después su nombre definitivo.
    Con 334 páginas, XV capítulos, 17 anexos y 29 fotos, el libro, editado por Ocean Press, con prólogo y edición del doctor Luis Suárez Salazar, constituye un seguimiento excepcional de los pasos secretos de Tania en Cuba y en el extranjero, pero aquí enfatizamos en su relación amorosa, contada por Ulises sin ápice de machismo ni vanagloria.
    Lo sabían unos pocos
    «Sostuve con ella estrechas relaciones de trabajo y personales. De tal intensidad, que antes de su partida hacia la misión internacionalista (…) acordamos que al concluir la misma uniríamos nuestras vidas y procrearíamos todos los hijos que ella soñaba tener».
    Nadia Bunke muestra dos pinturas de su hija Tania. Solo lo sabían unos pocos compañeros comunes, los padres de ella, Erich y Nadia, y su hermano Olaf. A solicitud de su inolvidable madre, decidimos incluir en el libro una carta que entonces les había informado acerca de nuestro amor».
    No puede evitar Ulises —un hombre de «XII» o de «Petronio», nombres clandestinos del Comandante Manuel Piñeiro Losada, el «Barbarroja» de la Sierra Maestra— comentar sobre la muchacha, sobre la gran amistad y el infinito amor que se profesaron prácticamente desde que se conocieron en La Habana, en marzo de 1963.
    «Poco a poco nos fuimos conociendo, y en los momentos de mutua relajación, comenzamos a compartir nuestras correspondientes inclinaciones hacia la música, la literatura, el cine y el deporte (…).
    «A ambos ya nos unían vínculos emotivos entre jefe y subordinada, entre un oficial operativo y su agente, o, si se prefiere, entre un compañero y una compañera implicados en una misión internacionalista».
    De cuando Tania solo sabía del revolucionario cubano que se llamaba Ulises , él evoca en su libro: «De hecho, nuestra relación, luego de penetrar en las profundidades de una amistad sincera, paso a paso y sin que casi nos diéramos cuenta, fue adentrándose en los sentimientos más caros y sinceros que puedan existir entre una mujer y un hombre.
    «Tania, que era exigente al máximo consigo misma, comenzó a exigirme reciprocidad con relación a su comportamiento (…). Fue así como (…) comencé a llevarle en dos o tres ocasiones, a mis dos pequeñas hijas, para que compartieran con ella (…)».
    Él le contó su experiencia clandestina en la lucha contra la tiranía de Batista en Santiago de Cuba y en La Habana y comenzó a referirle facetas de su vida privada, diciéndole, incluso, que iba a divorciarse y que no era por tener relaciones paralelas con otra mujer.
    En realidad frecuentaban —sin que se supiera— Playa Baracoa, en Bauta, en la provincia de La Habana. «Compartíamos nuestros sentimientos y vivencias personales en los lugares alejados de los sitios donde recibía su entrenamiento», recuerda Ulises y agrega: «En esos momentos tenía ante mí a Haydée Tamara».
    Declaración de amor
    Seducida por la Revolución Cubana, Tania se incorporó con verdadera pasión a las tareas de construcción de una nueva Sociedad. «En esos ambientes íntimos, una noche del año 1963, cuya fecha exacta mi ya envejecida memoria no alcanza a precisar, ocurrió lo inevitable. Estando en Playa Baracoa, sentados en la arena, mirándonos fijamente a los ojos, ambos nos confesamos, y luego nos entregamos a nuestro amor. Y lo hicimos con la pasión propia de nuestra edad (…). Los dos sabíamos que era un amor prohibido (…), pero también sentíamos que ya no nos podíamos contener. Estábamos convencidos de la pureza de nuestros sentimientos y de que estos no afectarían nuestras relaciones de trabajo».
    Era un amor irrefrenable y atrevido, porque los héroes también aman. «Nuestros sentimientos eran serios y profundos. Ya desde entonces ella me hablaba del futuro, de su regreso a Cuba (…)».
    El 11 de abril de 1964, en carta a sus padres, ella les contó lo de sus relaciones amorosas y su profundo cariño por Ulises. E identificándose con su sobrenombre familiar de «Ita», escribió:
    «Bueno, ahora otra cosa: si no me roban a mi negrito antes de que yo vuelva, entonces me voy a casar. Si habrá enseguida “mulatitos”, no sé, pero sería muy posible. ¿Qué aspecto tiene? Flaco, alto, bastante negro, típicamente cubano, muy cariñoso (…). Están ustedes de acuerdo??? ¡Ah!, he olvidado lo más importante: muy revolucionario y quiere también a una mujer muy revolucionaria».
    Esperando por Tania
    La vida los distanció de manera irreversible. Él se divorció de su primera esposa y estuvo esperando por Tania durante mucho tiempo. A pesar de que volvió a contraer matrimonio, años después de su desaparición física, todavía ella sigue viviendo en su recuerdo. No solo como Tania la guerrillera, sino también como Haydée Tamara Bunke Bider: la excepcional mujer, compañera y amiga que un día amó con todas sus fuerzas. A las dos las recuerda.
    Según uno de los agentes secretos cubanos vinculados estrechamente al trabajo clandestino de Tania en Bolivia —«Ariel»—, ella tenía tres grandes amores: sus padres, su compañero cubano Ulises Estrada y la causa revolucionaria.
    Ulises fue nombrado por el Comandante Manuel Piñeiro como jefe de la Dirección General del Viceministerio Técnico del MININT, que en lo adelante se encargaría de materializar la solidaridad de la Revolución Cubana con los movimientos de liberación nacional africanos.
    Tal Dirección estaba especializada en el trabajo dirigido a: África y además al Medio Oriente, razón por la cual Ulises quedó desvinculado de la atención directa o indirecta que hasta ese momento había mantenido con el «caso Tania».
    Ella nació en la Argentina, el 19 de noviembre de 1937. De adolescente fue llevada por sus padres a la antigua República Democrática Alemana (RDA) y luego partió hacia su tierra natal, vía Cuba, en 1961. Tres años residió en nuestra Patria y de sus casi tres décadas de existencia, vivió más de dos en América Latina.
    En carta que su madre escribiera a Fidel el 25 de diciembre de 1995, pidiéndole apoyo para la búsqueda de los restos de su hija, le confiesa:
    «En su alma y por su mentalidad, fue una latinoamericana (…) durante los nueve años de su estancia en la RDA tenía la ciudadanía doble (…). Llegó a Cuba el 12 de mayo de 1961 con la ciudadanía argentina (…) tenía un gran deseo de recibir la ciudadanía cubana».
    Cuando el 31 de agosto de 1967 murió en la emboscada del vado de Puerto Mauricio, en el Río Grande, vestía pantalón moteado de camuflaje, botas de soldado, blusa a rayas verdes y blancas muy desteñida, mochila y metralleta colgada. El soldado boliviano Vargas le disparó un tiro que le atravesó un brazo, un pulmón y le provocó hemorragia interna. Cayó al agua y fue arrastrada por la corriente. Siete días después el ejército la encontró, con ayuda de perros rastreadores. ¡Quién sabe si su último pensamiento haya sido para sus padres, para Cuba y para Ulises Estrada!

  • Ismael Gonzalez dijo:

    Ha partido rumbo a la inmortalidad otro de los muchos heroes anominos q han hecho posible q esta Revolucion social haya llegada hasta aca.

    Gloria eterna a este insutituible cpro, mi mas sentido pesame a todos sus familiares, amigos y revolucionarios q admiren lo q significo su ejemplo imperecedero

  • ANDRES CASTILLO BERNAL dijo:

    Sorpresa, tristeza y dolor
    Por Andres Castillo Bernal

    Son las 3 y 34 am allá4 en querida Patria, las 2 y 34 am, aquí en mi segunda Patria, México. Como es costumbre ando en el cyberespacio, en la batalla de ideas. He visto la noticia de la muerte de Ulises. Tuve el privilegio de conocerlo, entrevistarlo y hasta su amigo me puedo considerar. El lo sabe.No es vanidad ni presunción. Siempre me llamo la atención verlo en la UNEAC, por su pelao,normal, al rape. Alto, de lento caminar, hablar pausado. Siendo una leyenda, nunca lo vi ostentoso. Un día le pregunte a mi amigo Ariel Larramendi..”oye socio quien es ese compañero que siempre anda aquí y muchas veces se sienta en la mesa de Efigenio, otro guerrillero, también leyenda, me refiero al comandante histórico Efigenio Ameijeira” .Ese día supe muchas cosas del compañero, del camarada Ulises. Paso algún tiempo. No puedo precisar cuanto. Pero en el 2003, de la Editorial MQ Publications, a través de otro amigo, Perfecto Romero, el primer fotógrafo del Che en la guerrilla, en el Escmbray y de la Investigadora cubana Hilda Barrios, me solicitaron varias entrevistas sobre el Che, donde se abordara su figura como hijo, padre, amigo, ser humano común y corriente. Entonces entre en la vida de Ulises. Sin ningún tipo de obstáculo, me dio una larga entrevista. Le hablé con el respeto que se merecía, pero también con admiración y con distancia por ser quien era. Se dio cuenta y ni corto ni perezoso..me dijo algo así como,”desenvuelvete Castillo, yo te conozco..pregunta lo que tu quieras”. Algo como que quede pasmado. Evidentemente conocía mi obra, mis libros, sobre la Revolución Cubana. Desde entonces nació la amistad y nuestras conversaciones giraban casi siempre alrededor de la Revolución, de la lucha, de Fidel,del Che y muchas veces sobre las mujeres, porque no decirlo. Hablando en plata era un tipo campechano, común y corriente, para nada ostentoso,de su
    historia. UN cubano mas, critico, con la lengua sagrada, intransigente, iba contra lo mal hecho en cualquier circunstancia, ocurrente, buen periodista, sagaz, inteligente,analítico,convincente. Así te recordare siempre querido compañero, camarada, amigo Ulises. De haber estado en la patria, te hubiera acompañado hasta tu ultima morada. Desde México te mando un fuerte abrazo.

    Aquí adjunto la entrevista que fue publicada en el libro de la mencionada editorial titulado The Che hansdbook..Posteriormente esta y las 4 restante porque fueron 5 las publique en un pequeño volumen que llame Minienciclopedia de la Revolución Cubana,bajo el titulo. Ellos cuentan sobre él, que mas tarde envié a nuestros 5 héroes presos en las cárceles del imperio.Los restantes entrevistados fueron Oscar Fernández Mel, Victor Dreke, Alberto Granados y Alberto Castellanos.

    LA ENTREVISTA A ULISES, tal como aparece en mi libro.

    EL HOMBRE PERFECTO NO EXISTE
    Entrevista con Ulises Estrada Lescaille 22 de enero del 2003. Cada amanecer le depara al ser humano un día diferente, que muchas veces puede convertirse en un acontecimiento que deje una huella para toda la vida. Eso me ocurrió en diciembre de 1965, cuando me designaron para marchar a África, a Dar es Salam, donde debía encontrarme con el Che y traerlo de regreso a Cuba. Al final regresé antes que él. ¿Quién lo determinó?, el color de mi piel negra.
    YO FUI JEFE DEL CHE
    Cuando llegué a Dar es Salam, me lo encontré en un piso de la cancillería cubana en este país, donde estaba el Centro de Inteligencia nuestro con acceso muy limitado por la seguridad del Che. No obstante, había mucha curiosidad entre los compañeros cubanos y los africanos que allí laboraban, ante la percepción de que algo estaba ocurriendo en el piso superior de la cancillería. Esta situación fue el factor clave para que el Che abandonara el país con rapidez. Pero primero fue necesario convertirlo por segunda vez en otro hombre. Así las cosas, llegó de Cuba el doctor Luis García Gutiérrez, conocido por “Fisín”, estomatólogo del Ministerio del Interior, para construirle una prótesis dental y otros elementos de maquillaje útiles en el enmascaramiento. Regresé a Cuba con las fotos, un informe de todo lo realizado hasta entonces y las modificaciones al plan de salida de Tanzania que habíamos hecho el Che y yo. Todo había sido revisado en Cuba por el Comandante
    en Jefe y el comandante Manuel Piñeiro, 29 conocido por Barbarroja. Una vez aprobado el plan, volví a Dar es Salam a principios de enero de 1966 y posteriormente, a fines de ese mes, salimos hacia Praga, con escalas en el Cairo y Yugoeslavia. En Praga me esperaban momentos imborrables en mi memoria.
    29 Manuel Piñeiro, Barbarroja: combatiente clandestino, guerrillero de la Sierra Maestra, luego invasor de la Columna No. 6 Frank País, donde fue jefe de la Dirección de Personal e Inspección de Frente. El comandante Barbarroja, como se le conoce históricamente, tanto nacional como internacionalmente, fue apodado así en la década del 60 por amigos y enemigos y está considerado, sin discusión, un testigo de primer orden para poder reconstruir la quijotesca vida del Che en defensa de los desposeídos, desde el triunfo de la Revolución hasta que los esbirros bolivianos lo capturan y le arrancan la vida por orden de los yanquis. Tuve la oportunidad de estar cerca de él en algunas ocasiones -como periodista o participante en encuentros históricos- y recuerdo que casi siempre tenía un chiste a flor de labios y un exquisito sentido de la ironía, tal vez influenciado por el Che, lo cual le imprime fuerza a sus testimonios por la locuacidad de su verbo cortante y preciso, cuando alguien ha tratado de tergiversar la figura de su jefe-amigo Ernesto Che Guevara. Barbarroja o el Desclasificado fue el jefe de la Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior de Cuba. Tenía la honrosa misión de crear y ayudar a desarrollar los vínculos con los revolucionarios del mundo que luchaban por la independencia de sus pueblos en contra del imperialismo yanqui. En su magnífica hoja de revolucionario se cuenta el haber sido fundador del Ministerio del Interior en 1961, diez años viceministro técnico y también viceministro de la Dirección de Guerra de Liberación Nacional hasta 1975, en que pasa a cumplir otras funciones en el Partido. En este año es designado jefe del Departamento América de su Comité Central, del cual es miembro fundador desde que se crea el 3 de octubre de 1965, día precisamente en que Fidel hizo pública la carta de despedida del Che. Acabo de enterarme ante la pantalla de una computadora que Manuel Piñeiro ha fallecido. Internet me dejó estupefacto. Confieso que, atónito y adolorido al instante, me paré de la computadora, faltaban pocos minutos para las cuatro de la tarde. Fui a comentarlo con un compañero para que me llevara a la funeraria y fue imposible, pues me informó que a esa hora sería el entierro. Ya era tarde. Por mucho tiempo estaré adolorido, pues no sólo se fue un revolucionario, un patriota, un cubano, un padre, un amigo, un compañero: se fue un trozo importante de la historia internacionalista de Cuba, se fue una parte del Che. Un hombre que vivió intensamente por la Revolución, que ahora se disponía a seguir amando su Revolución con la pluma en la mano, descaracterizando, al decir la verdad, a quienes tratan, han tratado y tratarán de empañar su Revolución y también al Che. Nos toca a los revolucionarios que también empleamos la pluma y la palabra continuar, modestamente, la obra de Manuel Piñeiro, Barbarrroja. Hasta luego comandante, le dice este soldado de la Revolución.
    Recuerdo que salimos en dirección al aeropuerto en horas de la tarde y nos quedamos en un punto intermedio, mientras el compañero Colman Ferrer, diplomático cubano en Tanzania,
    prosiguió hacia la terminal aérea para realizar todos los trámites y evitar que el Che estuviera mucho tiempo entre las personas por un problema de seguridad. Sabes que hay un principio en la vida militar que dice que siempre que haya dos personas para cumplir una misión, uno tiene que ser jefe. Pues bueno, en ese caso, como una ironía de la vida, yo fui el jefe del Che, designado por él. Pero fue por poco tiempo, porque él mismo me destituyó. Te cuento. Al hacer escala, no nos percatamos de que el avión que nos llevaría a El Cairo había pasado por encima de nosotros, y transcurridos unos minutos llega Colman Ferrer, bastante exaltado, informándonos que ya la nave estaba rumbo al aeropuerto, por lo que tuvimos que salir precipitadamente hacia la terminal aérea. Llegamos y prácticamente fuimos los últimos en abordar la nave. Aquí volvió a darme la jefatura del grupo.
    RUMORES. CHE EN ÁFRICA
    Nos sentamos. Él al lado de la ventanilla y yo del pasillo. A mi lado casualmente se sentó el Comisario Político del Ejército de Zanzibar, quien de inmediato comenzó a comentarme los rumores que existían sobre la presencia del Che en África, así como del desarrollo de la lucha revolucionaria en el continente africano. Fue este un momento de expectativa, fueron muchas las imágenes que pasaron por mi cabeza, mientras el Che se hundió en el asiento y con un libro que leía trataba de cubrir su rostro. Por suerte no hubo contratiempo alguno y arribamos a El Cairo, donde hicimos escala de un día y medio antes de llegar a nuestro destino final: Praga.
    En el Cairo nos esperaba el compañero José Antonio Arbezú, Encargado de Negocios de la Embajada, a quien yo le había dado instrucciones precisas sobre las medidas de clandestinidad que debía observar, sin revelarle la personalidad del Che. No obstante, enseguida que Arbezú habló con él, lo reconoció. Un rato después el Che cometió una indisciplina, que más tarde aceptó, aunque fue motivada por un descuido mío. Conversaban él y Arbezú y este le comentaba sobre un documental que exhibían en un cine sobre las
    Olimpiadas de Tokio, donde aparecía nuestro ilustre deportista, corredor de cien metros planos, Enrique Figuerola, quien se levantaba con el segundo lugar y medalla de plata. Parece que el Che sintió la emoción de la victoria y se dejó llevar por ella. Al percatarme de su ausencia, inmediatamente salí a buscarlo y regresamos al apartamento. Conversamos del peligro que corrió al asistir al lugar y no fue remiso a aceptar que había caído en una indisciplina muy peligrosa y que además violaba las medidas de seguridad. En horas de la noche del siguiente día continuamos hacia Belgrado, Yugoslavia. Al llegar a Praga fuimos recibidos por José Luis Ojalbo, Jefe del Centro de Inteligencia, quien nos condujo a un pequeño apartamento de un cuarto con dos camas, una mesita, una cocinita y un pequeño baño. Aquí empecé a conocer muy de cerca a este hombre excepcional, que vivió constantemente exigiéndose así mismo, por lo que podía predicar con su ejemplo para exigirle a los demás. Durante los dos primeros días me hice cargo de la limpieza del apartamento, hacer café, preparar el agua caliente para el mate, bebida típica argentina, y cocinar alimentos ligeros, pero no siempre era yo quien asumía estos deberes domésticos. Luego él distribuyó las tareas a parte iguales y nos turnábamos para ejecutarlas.
    TODOS LOS HOMBRES TENEMOS DEFECTOS
    Hablábamos de diferentes temas y en ocasiones salíamos en las noches con José Luis a algún restaurante en las afueras de Praga, o dábamos un paseo en auto por la ciudad. A mi mente acuden muchos recuerdos, y no precisamente en ocasiones como estas en que soy entrevistado. Él me visita muchas veces y lo veo permanentemente leyendo, jugando ajedrez, él solo, con un libro, pasando partidas; o retándome a jugar, insistiendo en que aprendiera, hasta que no tuve otra alternativa, y también le gané y también él hacía trampas, así le dije un día; o cuando me pedía que lo tratara de tú y lo llamara por su nuevo nombre “Ramón”.
    Me prohibió que le dijera comandante, algo que me resultaba difícil, casi imposible; tanto que una de las muchas veces que se lo dije, porque se me iba, me dijo: “cabrón”, lanzó un libro que leía contra el piso, y molesto aún, me alertó que no le volviera a decir ni Che ni comandante. Tal vez fue la última vez que ocurrió. Era lógica su reacción, primero como el ser humano común que era, pero también por un elemental sentido de seguridad, pues podía existir la posibilidad, pensaba él, de que hubiera aparatos que nos espiaran y se filtrara su presencia en Praga. Él siempre mostró precaución para no ser identificado y evitar que su presencia fuera comunicada a la Agencia Central de Inteligencia (CIA). En mi apreciación personal, el Che era demasiado duro en su valoración de los hombres, en sus análisis de los combatientes a partir de su propio patrón, pero hay que decir que Che Guevara había uno solo, y todos los hombres, incluido él, tenemos defectos, deficiencias, virtudes, cometemos errores. Sin embargo, lo que distingue a los revolucionarios, y él lo era, es que sus virtudes son mayores que sus defectos, porque el hombre perfecto no existe. Aún traigo en mis pupilas los difíciles momentos que atravesaba cada vez que sufría un ataque de asma. Tal vez será porque también yo padezco esa cruel enfermedad. Cuando esto ocurría tomaba su aparato de asma, aquellos que eran una especie de bombita, y se lo aplicaba, pero nunca dejaba su tabaco. Se sentaba en el borde de la cama, con una silla delante donde ponía un tablero de ajedrez y a ratos levantaba la vista y me miraba a ver si yo lo estaba observando. El asmático tiene la característica que no le gusta que lo observen cuando esta en esa situación. En una oportunidad se dio cuenta que yo lo observaba mucho. Tosía mucho y de repente me dijo: -Qué es lo que tú miras, chico evidentemente, molesto. -Te estoy mirando a ti que tienes asma Y me dice:
    -¿Pero tú no eres asmático también? Y le respondo: – Pero tú eres más asmático que yo. Era increíble su capacidad para sobreponerse a la enfermedad, tenía un dominio y auto control de sí mismo extraordinario, fuera de lo normal, pero había momentos en que se rompía y se indignaba. Sin lugar a dudas era un hombre común pero superior, superior por sus cualidades y su autoformación. Era un hombre con un poder de análisis muy profundo, un gran observador, muy estudioso. Tenía una singularidad. Trataba de llevar a la práctica todo lo que estudiaba, todo lo que conocía, y eso lo hacía superior, trascendente. Hablábamos de diferentes temas. Sobre su formación llegué a preguntarle si cuando conoció a Fidel en México ya se consideraba un comunista y me confesó que aún no. Comentaba que para entonces ciertamente había leído y estudiado al respecto y que estaba imbuido de las ideas del marxismo por la experiencia que había acumulado en sus recorridos por Sudamérica, Guatemala y otros países donde había constatado el hambre y la miseria que padecían aquellos pueblos, pero que realmente había sido Fidel quien influyó en él decisivamente. En la Sierra leyó muchas cosas que le dio Fidel, luego discutían e intercambiaban criterios y opiniones que le hicieron madurar como un comunista.
    CHE Y LOS NEGROS
    Muy interesantes me parecieron sus reflexiones que sobre el racismo, las cuales creo que son dignas de estudio y de tenerse en cuenta en estos tiempos. Lo veía desde dos ángulos diferentes: la del discriminador y la del discriminado, ya fuera indio, negro, o mujer. Afirmaba que en líneas generales el segundo no ha sabido enfrentar al que discrimina adecuadamente. Particularizando en el caso de los negros reflexionaba que estos eran un poco cómplices de su propia
    discriminación, al aceptar los valores estéticos de los blancos. Por ejemplo, decía que por qué el negro hablaba de la bemba de otro negro y no de los labios. Y se preguntaba por qué el negro acepta que él tiene pasa y el blanco pelo, o por qué la pasa no es la de los blancos y el pelo el de los negros y sobre ese criterio argumentaba que el negro ha sido siempre caldo de cultivo de la discriminación social. Decía que la verdadera discriminación es la económica, mientras que el negro lo que ha hecho es negar sus propios valores. Recordaba la frase de Karl Maikey: somos bellos. Le daba una gran connotación y se identificaba con aquel en tanto había luchado por rescatar los verdaderos valores de la raza negra, su identidad, pero que ello finalmente no había prosperado lo suficiente, precisamente porque el negro como generalidad vivía con los patrones de la raza blanca, obviando la belleza de su propia raza. Su manera de pensar era muy vertical. Muchas veces con pocas palabras, con una simple observación, al parecer, dejaba muy claro un concepto, una posición, y en ocasiones la definía con su humor o su ironía. Siempre juntos en un espacio tan pequeño, era lógico que nos observáramos y estuviéramos al tanto hasta de lo que podía ser una pequeñez. Una vez encargué que me trajeran cigarros. Mientras fumaba, él me miraba y un día me pregunto la procedencia, le respondí que eran norteamericanos, y en tono jocoso me dijo: CIGARRILLOS IMPERIALISTAS – ¿No podías fumar unos cigarros menos imperialistas? Pasado algún tiempo cambié de marca y, buen observador al fin, volvió a inquirirme. Esta vez eran ingleses. Al responderle, también con cierta sonrisa, afirmó: -Bueno, son menos imperialistas.
    Fueron muchas las enseñanzas que recibí del Che el tiempo que estuvimos juntos en Praga, pero finalmente tuve que regresar antes
    que él y nada menos que por mi color. Te preguntarás por qué. El tomó esa determinación y me lo dijo en son de broma. En ocasiones hacíamos salidas nocturnas a algún que otro restaurante y las camareras se fijaban mucho en mi físico, llamaba la atención por mi piel negra y la cantidad de pelo que un tenía y un día me dijo: – Jamás había visto a un negro más famoso que un blanco. Me dijo que llamaba mucho la atención y que por ello tal vez podíamos ser descubiertos. Entonces me orientó comunicarme con el comandante Piñeiro y le indicara que enviaran a un compañero de piel blanca para que lo acompañara en Praga hasta su regreso. El color de mi piel, en contra de la voluntad de ambos, no me dejó cumplir mi misión hasta el final. Lo sentí de todo corazón, pues aquellos meses me dieron la posibilidad de conocer a un hombre realmente excepcional.
    Praga fue una gran experiencia para el Che y para mí más aún. El trató de irse por sus medios. Estaba desesperado por entrar en combate. Hizo un plan para salir por la libre con dos o tres compañeros. Fidel tuvo que mandar varios compañeros, a Osmany Cienfuegos, Ramiro Valdés, 30 a discutir y conversar con él, y al final le escribió una larga carta, a principios de junio de 1966, donde le explica las razones por las cuales debe regresar. La primera y fundamental estaba dada por la necesidad de que el propio Che participara en la selección y el entrenamiento de los hombres que marcharían con él a Bolivia. Fue de esta manera que Fidel le quitó la idea de salir de Praga por “la libre”. Esta misiva aparece publicada en el libro Pasajes de la guerra revolucionaria en el Congo, y posteriormente en el diario cubano Juventud Rebelde, el 6 de octubre del año 20

  • Rafael monier berrillo dijo:

    lamentable perdida lacompanero del companero Ulises pero como a todo heroe se le recuerda sin llanto descansa en paz companero porque en silencio a tenido que ser

  • Rafael monier berrillo dijo:

    Descansa en paz companero ulises tu lucha no sera en bano

Se han publicado 16 comentarios



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