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Nuestra madre de los senos llorosos (Primera parte)

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Yemayá, Virgen de Regla

Yemayá, Virgen de Regla

¿Estaba en lo cierto el filósofo Ernst Cassirer al afirmar que, “entre todos los fenómenos de la cultura, los más refractarios a un análisis meramente lógico son el mito y la religión”? Y si estaba en lo cierto, ¿es posible atisbar un sentido racional en lo que, “a primera vista”, este autor llama “puro caos” y “masa informe e incoherente” en la que parece “vano y ocioso tratar de buscar razones”?

Nos referimos a lo que, en un primer acercamiento, podemos llamar con Lucien Lévy-Bruhl “fluidez del mundo mítico”: el rápido desplazamiento de las formas, el torbellino de la transfiguración. “Todo ser viviente puede recibir cualquier forma en cualquier momento.”

Los dioses -divinidades, demonios y restantes entes sobrenaturales- han disfrutado siempre y sin limitaciones de este poder metamórfico inherente también a objetos animados e inanimados -incluido el hombre-, han podido transformarse en cualquier otro ser a lo largo y ancho de la historia y acomodar en su naturaleza las más diversas personalidades, cualidades, propensiones, facultades, idiosincrasias, atributos. Así, en el poema mitológico Las Metamorfosis, Ovidio nos regala nada menos que doscientas cuarenta y seis leyendas relativas a este metamorfismo sin riendas de dioses y hombres, desde el Caos hasta Julio César, desde la metamorfosis de Licaón, transfigurado en lobo por Júpiter, hasta la del padre adoptivo de Augusto, transformado en astro.

Dionisos -personificación, a un tiempo, del vino y de la embriaguez, de los árboles en general y, en particular, de los árboles frutales, de la agricultura y del cereal- es un hombre de edad madura, barbado y coronado de pámpanos, y un joven imberbe y desnudo, capaz por añadidura de asumir la imagen de Zeus y de Cronos, de un león, un caballo, una serpiente, un toro y un macho cabrío. De manera análoga, en la mitología ñáñiga, Sikán puede adoptar la figura de una joven, de una mujer vieja y de un hombre disfrazado de mujer:

“[…] En los mitos y sus variantes -escribe Enrique Sosa Rodríguez-, Sikán posee características múltiples. Es la primera poseedora del “Secreto”, “la portadora de la Fuerza”, el primer abanekwe, siempre adorado pero victimado en un crimen sacro […]. En su vínculo con Tanzé está […] la conversión de la unión mujer-animal afín en la unión mujer-jefe antepasado masculino, en el segundo caso ya en un estado de sojuzgamiento. […] Se la sublima como doncella, virgen y pura, acaso con vibraciones cristianas; como mujer casada convierte a su marido, isunekwe, en su heredero representante […]; como mujer-traidora Sikán es culpable, representa la inferioridad y veleidad femeninas […], como nasakola posee poderes brujos, es de temer; en la prostitución que la hacía entregarse a los hombres a la orilla del río hay un eco del hetairismo a que alude Engels […]”

Se expresa aquí una de las determinaciones esenciales del pensamiento mítico: la oposición, en la forma de abstracciones sensorialmente perceptibles, de momentos excluyentes entre sí que, a un tiempo, poseen una unidad interna y se complementan los unos a los otros. En todos estos casos, tanto para el recitador de mitos como para el investigador, el metamorfismo y la multiplicidad de formas de las figuras míticas constituyen un presupuesto elemental de la narración y el análisis; y el movimiento del discurso se realiza, en buena medida, como un tejido dinámico de formas metamorfoseadas.

También los orichas de la santería se presentan, de manera inmediata, como un sistema de oposiciones que sólo es posible conciliar a través del reconocimiento de su irreconciabilidad. Trátese de Aggayú Solá o de Changó, de Babalú Ayé o de Oyá, o bien de la relación de estos entre sí y con los humanos mortales, la pluralidad de figuraciones, advocaciones, formas, apariencias, perspectivas, facetas, matices e, incluso, percepciones, nociones e intuiciones, constituye un carácter relevante de este tejido representativo. Invitamos al lector a revisar, por ejemplo, la bibliografía existente sobre la formidable figura de Elegguá, cuya imagen -según el babalao Orlando Corrons-, se desdobla y despliega en ¡no menos de trescientos treinta y seis avatares! Por nuestra parte, centraremos la atención en ese mar copioso de oposiciones que se conoce con el nombre genérico Yemayá, en cuyas aguas violentas la idea que venimos desarrollando se manifiesta de forma acabada, clásica, diríamos.

Desde el país yoruba nos alcanzan las imágenes en barro y madera de la obesa mujer encinta con las manos alrededor del vientre y los senos voluminosos; y la de la sirena cuyas trenzas descansan sobre los hombros, de nariz y labios gruesos, y pechos dadivosos que evocan la lactancia. De España nos llega la figura de la joven de tez negra y vestido amplio de azules marino y pastel, y una luna en cuarto creciente en los pliegues inferiores del vestido, orlado en oro, la cabeza cubierta con una manta blanca y una corona terminada en cruz, iluminada, con un niño rubio en los brazos, adorada por tres ángeles a los pies. Son representaciones externas de una realidad de orden simbólico que las engloba en la conciencia religiosa, capaz de identificar de forma poco menos que escandalosa -para la lógica “del otro”- la idea de la Voluptuosa Madraza africana que hace saber de sí por el estado de ánimo del mar y la de la Santísima Virgen aparecida en el puerto marino de Regla, tan diferentes y distantes entre sí, tanto desde una perspectiva histórica como lógica.

Pero este es, apenas, un primer desdoblamiento.

(Continuará.)

Se han publicado 11 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • norberto dijo:

    Este artículo me trae a la memoria al Dr. Enrique Sosa, a quien admiro y respeto mucho. Su muerte relativamente prematura fue una pérdida. Su aporte a la cultura cubana fue inestimable. Què bueno que en este artículo se le reconozca.
    Por lo demás, es muy interesante la idea del metamorfismo. Ocurre lo mismo en los cuentos infantiles, donde las princesas se convierten en ranas y los príncipes en leones. Es como si el mito se resistiera a morir y se transfigurara en cuento infantil.

  • Camilo dijo:

    Yo estuve en Bello Horizonte hace dos años. Paseando sin rumbo fijo llegué a una especie de laguna y, para mi asombro,m me encontré, primero con un monumento de hierro en forma de reja alta y fuerte, con inscripciones religiosas, eso en la orilla, y a unos veinte metros dentro del agua, una estatua de Yemayá, de más de dos metros de altura. Tiré unas fotos, pero tenía el sol en contra, no es que se vean mal sino que la propia estatua aparece en sombra. Están artísticas las fotos, pero me hubiera gustado que se precisara menor su rostro.
    Habúa una ionbscrpción en bronce: la estatua la habçóa mandado a levantar el alcalde. ¿Ser imaginan cómo puede ser eso en Río de Janeiro o en Bahía?
    La orilla, por supuesto, estaba llena de ofrendas, parecidas a las que hacemos aquí.
    Las imágenes son miles. Joel James, que en paqz desacanse, hablaba ded representaciones múltiples. Ese es un buen concepto. El oricha es ujno, pero sus prep`resentacviones son múltiples, al igual que los cam inos.

  • Lucifer dijo:

    Cassirer tiene razón: el mito y la religión son totalmente refractarios al análisis lógico. Ni se pongan a discutir de eso!

  • Dudalier dijo:

    “Abstracciones sensorialmenmte perceptible”: me gustó eso. Le estoy dando cabeza.

  • Adelaida dijo:

    Yo tengo una Yemayá de madera dura que los senos casi le tocan el piso. Me la regaló mi abuela.

  • mng dijo:

    cuanta lastima me da, realmente le pido a dios que les quite la venda, eso de madera lo que trae es condenación.

  • carlos gomez vazquez dijo:

    ESTE TIPO DE ARTICULOS Y O NOTICIAS NO ENALTECEN A CUBADEBATE. HAGANSE UNA CATARSIS. CONSULTEN LA HISTORIA, YA NO DEN NOTICIAS DE ESTE TIPO, PUES ADORMECEN AL PUEBLO, RECUERDEN QUE LA RELIGION EN CUALQUIER PRESENTACION ES EL OPIO DEL PUEBLO.

  • Oluwo dijo:

    Condenado sea aquel que no tenga nada en que creer ,los hombres necesitamos la ceencia en un ser superior no importa que sea Alá , Olofin , Jehova ,jave , Ra , Orula se han imaginado a los hombres si no tuvieran fe y temieran a algún tipo de castigo divino…….Pinsen en eso antes de emitir todos esos comentarios negativos que en vez de unirnos nos separan .

    Igboru Igboya

  • NILDA B dijo:

    Rosa María :
    ME CONECTE A ESTE SITIO , Y LEIDO ALGUNOS ARTICULOS, QUE ME HAN INTERESADO, NECESITO AYUDA , ME GUSTARIA DE SER POSIBLE Y ME DISCULPA MI ATREVIMIENTO INTERCAMBIAR CON USTED, CONOCEDORA DE ESTOS TEMAS PERO SERIA A TRAVÉS DE MI CORREO NO POR ESTA VIA, REALMENTE LO NECESITO , SI ES POSIBLE PUEDE RESPONDERME A ESTA DIRECCIÓN dianamujica@princesa.pri.sld.cu
    Esta dirección es de mi hermana pero la conexión esta en mi casa .

    Saludos,
    Nilda Bárbara Mujica González Teléfono de mi casa 725921

  • Jess dijo:

    QUE LASTIMA ME DAN LOS QUE NO COMPRENDEN QUE ESO ES PARTE TAMBIEN DE NUESTRA CULTURA…..
    LA IGNORANCIA ES UN FENOMENO QUE TRAERA AL MUNDO AUN MUCHAS DESGRACIAS.

  • georgina dijo:

    siempre que miramos al mar es una tranquilidad espiritual,nos da una paz que no pasan las horas para cualquier persona que sienta frente a esa gran masa de agua azul, yemaya es eso y mucho más tengo un gran respecto por esta orisha que es muy grande y sabia, es por eso que la considero la madre de todos y de todos los orisha, solo pido que tengan fé que la naturaleza es fé, esperanza y la caridad,que de su riqueza nos alimentamos todos los humanos, y pidan a yemaya que ella consede se los puedo asegurar, pero pidan cosas lindas y buenas.

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Rosa María de Lahaye Guerra

Es doctora en Ciencias Filosóficas y antropóloga cubana. Actualmente es profesora de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Tiene varios libros publicados, entre ellos “Yemayá a través de sus mitos”, en coautoría con Rubén Zardoya.

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