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Anatoly Karpov y Kirsan Ilyumzhinov coincidirán en La Habana

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Anatoly Karpov

Anatoly Karpov

El legendario ex campeón mundial de ajedrez, Anatoly Karpov, llegará este viernes a La Habana. Será su tercera visita a Cuba y esta vez cumplirá un ajustado programa.

En principio, Karpov asistirá a las rondas finales del Memorial Capablanca, que concluirá el domingo en el hotel Habana Riviera. Además, se reunirá con José Ramón Fernández, vicepresidente del Consejo de Ministros y presidente del Comité Olímpico Cubano.

Karpov cuenta con marcas impresionantes en el ajedrez. Por ejemplo, en 11 duelos por la corona mundial, pasó 780 días frente al tablero. ¡Más de dos años!

Sin embargo, desde hace algún tiempo lo hemos visto alejarse de los primeros puestos en la clasificación oficial, aunque sigue jugando activamente y mantiene un alto nivel.

“Realmente solo he dejado de participar en los campeonatos mundiales por una cuestión de principios. Considero que el sistema utilizado actualmente para discutir el campeonato mundial no es el correcto, porque no tiene nada que ver con los ajedrecistas. No se logran los resultados que en realidad nosotros deseamos, o al menos los que yo deseo”, dijo Karpov hace dos años en una entrevista publicada por el diario cubano Juventud Rebelde.

“Primeramente se debe hacer una reunificación de criterios en el ajedrez mundial. Todos los mejores ajedrecistas deben estar incluidos en el sistema de competencias. Ahora la FIDE vuelve a utilizar los match para los campeonatos mundiales, como era hace 15 años. Es como haber malgastado todo ese tiempo. Esa forma de discutir el título es responsable de que el juego ciencia haya perdido popularidad. Se escribe menos sobre el tema en la prensa, y se ve menos por la televisión. Es el reflejo de una crisis que vive actualmente el ajedrez”, se explayó entonces.

Eso explica por qué Karpov aspira ahora a la presidencia de la Federación Internacional de Ajedrez. Para ello cuenta con el apoyo de grandes jugadores, como Garry Kasparov.

De paso, Kasparov introdujo en la campaña a su actual discípulo, el genio noruego Magnus Carlsen, quien lidera el ranking mundial y arrastra muchas miradas.

Es difícil aceptar que Karpov y Kasparov estén ahora en el mismo bando, aunque cada cual tiene seguramente intereses disímiles. En sus años mozos, ellos fueron los más grandes rivales que ha conocido la historia del deporte.

Su primer encontronazo comenzó el 10 de septiembre de 1984 en Moscú. Karpov tenía entonces 33 años y llevaba seis como Campeón del Mundo.

Mientras, Kasparov era el joven aspirante, con apenas 21 años. El match duraría hasta que alguno de los dos llegara a seis victorias, sin tener en cuenta las tablas.

Solamente dos genios como ellos, diferentes en casi todo, pudieron levantar más expectativas que Capablanca y Alekhine en su momento, o que Fischer y Spassky en plena guerra fría.

Tras nueve partidas, Karpov ganaba 4-0. Sin embargo, no pudo sumar otro punto hasta el cotejo 27. Pero ya con el marcador 5-0 a su favor, la «barrida» parecía cuestión de tiempo. Y estuvo cerca: en la partida 31, Karpov tenía ventaja ganadora, pero cometió un error en la jugada 28 y ello le permitió a su rival armar un fuerte contraataque.

Al final firmaron las tablas. Si Karpov hubiera ganado ese día, se llevaba el campeonato por contundente marcador de 6-0 y la historia del ajedrez hoy no sería la misma.

Pero la vida a veces cambia de la noche a la mañana y en la jornada siguiente Kasparov conquistó  su primera victoria. Después sobrevinieron 14 tablas consecutivas y llegó el año 1985 todavía sin un ganador. ¿Se imaginan eso en la actualidad?

Al fin, Kasparov volvió a ganar en la partida 47. Luego, Karpov pidió uno de los descansos que le correspondían, pero no pudo evitar otra derrota en la ronda 48. El marcador se puso 5-3 y la tensión subió de tono.

Entonces sucedió algo inexplicable: el presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE, siglas en francés), el filipino Florencio Campomanes, decidió suspender el encuentro para proteger la salud de los jugadores. «Un match por el campeonato del mundo no puede convertirse en una carrera de resistencia», dijo. Era el 16 de febrero de 1985.

Lo increíble fue que ambos contendientes querían continuar el combate, o al menos eso dijeron en la atestada conferencia de prensa, celebrada en el hotel Sport. Motivos tenían de sobra: Kasparov estaba en una racha ascendente y había perdido el “miedo escénico” a esas alturas. Mientras, Karpov se veía agotado, pero le bastaba solo una victoria para ganar el pulso y esta podía llegar en cualquier momento.

Además, esperaba un final más glorioso después de recuperar el trono sin jugar, cuando Bobby Fischer se había negado a enfrentarlo. Pero todo quedó así, en penumbras, tras seis meses y 48 partidas. Un año después ambos volvieron a enfrentarse, aunque bajo otras condiciones: 24 encuentros fue el límite fijado, pero si alguno ganaba seis veces sería el campeón. En caso de empate, Karpov conservaría la corona.

La nueva aventura comenzó el 3 de septiembre de 1985, en la sala de conciertos Tchaikovski, de Moscú. Dos meses después, exactamente el 9 de noviembre, Kasparov ganó el duelo 13-11 y se convirtió en el campeón mundial más joven de la historia hasta ese momento.

Según el reglamento vigente, si el campeón perdía tenía derecho a una revancha en un plazo máximo de un año. Kasparov trató de impugnar esa cláusula, pero no consiguió persuadir a la FIDE. En definitiva, se pactó una revancha con las mismas condiciones del duelo anterior.

Esa vez hubo dos sedes: Londres para las 12 primeras partidas y Leningrado (San Petersburgo) para las 12 restantes. El encuentro comenzó el 28 de julio de 1986.

La fase británica terminó  con dos victorias de Kasparov, una de Karpov y nueve tablas. En Leiningrado, Kasparov consiguió dos triunfos que parecían decisivos, en las rondas 14 y 16. Todo el mundo pensaba que una desventaja de tres puntos era imposible de remontar para Karpov.

Sin embargo, el viejo lobo ganó  los cotejos 17, 18 y 19, empatando el match sensacionalmente. Kasparov cayó en una crisis de nervios y comenzó a ver fantasmas por todas partes. Acusó de espía a uno de sus analistas, Vladimirov, y lo expulsó del equipo.

Entonces Karpov dio una clase magistral de ética, muy cuestionada por sus seguidores, pues terminó costándole el campeonato: pidió el aplazamiento de la vigésima partida. Ese tiempo le dio vida a su rival y, tras dos empates sucesivos, el “«ogro de Bakú” sacó las garras y consiguió el punto decisivo.

Las dos tablas finales no cambiaron la historia. Kasparov era el mejor y el más antipático, una combinación difícil de asimilar para los aficionados.

El siguiente duelo tuvo matices diferentes. Las condiciones de juego fueron las mismas, pero ambos genios ya habían declarado públicamente su antipatía personal.

Kasparov estaba en tremenda racha y ganaba todos los eventos donde participaba, en tanto Karpov mantenía un alto nivel y llegó a la mesa tras imponerse en el torneo de candidatos. El encuentro comenzó el 10 de octubre de 1987 en el teatro Lope de Vega de Sevilla, España, envuelto en una gran expectación.

Durante el match, extrañamente, Karpov se vio siempre en mejor forma y estuvo a punto de ganar muchas partidas que finalmente no concretó. Llegaron empatados a la penúltima fecha. Cada uno tenía tres triunfos y se habían firmado 16 tablas.

Entonces Karpov ganó la partida 23 y recibió un aplauso apoteósico, según los cronistas de la época. La corona estaba de nuevo a su alcance, quizá más cerca que nunca.

Pero el destino era otro: Kasparov cambió el libreto en la última jornada y forzó las cosas hasta el límite. Tanto batallaron sobre el tablero, que la partida fue sellada sin terminar y se reanudó al día siguiente.

Con mucha convicción y las ideas más claras, el ogro consiguió el punto y mantuvo la corona. No volvieron a verse las caras hasta tres años después, cuando la crisis política abrazaba a la Unión Soviética.

Kasparov se negó rotundamente a jugar con la bandera de la URSS y anunció que aplastaría a Karpov de una vez por todas, cuando su acérrimo rival volvió a ganar el torneo de candidatos. Por las diferencias entre los contendientes, se buscaron dos sedes «neutrales»: Nueva York y Lyon.

Las bases del encuentro fueron las mismas de los anteriores. La batalla comenzó el 8 de octubre de 1990, en el Teatro Hudson, con un desagradable incidente: Zurab Azmaiparashvili, analista de Kasparov, afirmó que alguien le había ofrecido 100 000 dólares por revelar los secretos de la preparación teórica de su pupilo. Nunca quedó claro por qué lo hizo, pero ya el ogro de Bakú se creía inmortal, al más puro estilo estadounidense.

Se fueron de Nueva York con una victoria per cápita y diez tablas. Muchos empates se firmaron en posiciones ventajosas para Karpov.

Ya en Francia, Kasparov ganó la partida 16, tras 102 movimientos. Pero Karpov empató el match al día siguiente con un bello repertorio. Luego el campeón volvió a marcar y se impuso nuevamente en la ronda 20. El retador no reaccionó a tiempo y solo consiguió otro punto en la penúltima fecha, cuando ya Kasparov había asegurado la corona.

Fue el fin de una época gloriosa para el ajedrez. Más adelante, Karpov cedió en el torneo de candidatos ante el británico Nigel Short y solo coincidió en la mesa con Kasparov en algunos torneos, nunca más por el título del mundo. Mientras, el ogro de Bakú se mantuvo al frente del escalafón universal hasta su retirada en 2005, después de conseguir en Linares su último gran triunfo.

En total, ambos colosos estuvieron frente a frente casi 500 horas, con balance favorable a Kasparov de 21 victorias, 19 derrotas y 104 tablas en los duelos por el campeonato mundial. Sin embargo, Karpov es el jugador que más torneos ha ganado en la historia (170), una marca casi imposible de batir.

A ellos el ajedrez les debe la popularidad que tiene hoy en día. Actualmente, Kasparov tiene 46 años y Karpov 58.

Kasparov se autodefine como un político y Karpov es Embajador del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Lo cierto es que ambos le pusieron la cosa difícil a Kirsan Ilyumzhinov, el actual presidente de la Federación Internacional de Ajedrez.

Ilyumzhinov lleva 15 años al frente del ajedrez mundial y quiere continuar en el cargo, pero Karpov luce favorito de cara a las elecciones que serán en septiembre. De momento, ahora los dos estarán en La Habana.

Anatoly Karpov durante su anterior visita a La Habana. Foto: Roberto Suárez

Anatoly Karpov durante su anterior visita a La Habana. Foto: Roberto Suárez

Karpov y Kasparov durante su primer duelo por el Campeonato Mundial

Karpov y Kasparov durante su primer duelo por el Campeonato Mundial

Se han publicado 1 comentarios



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  • Aroldo dijo:

    Yo creo que esa época gloriosa del ajedréz mundial no va a volver nunca más, me gustó mucho este artículo, da mucha batería al conocimiento de este gran deporte.
    Saludos

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Luis López Viera

Periodista cubano, jefe de la página de Deportes del diario Juventud Rebelde. Colaborador de Cubadebate.

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