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José María Heredia nació en Santiago de Cuba el último día del año de 1803. Fue considerado el primer poeta romántico de América. Además de su poesía, dedicó parte de su vida a la causa independentista. Vivió 36 años, pero dejó un gran legado literario. A 179 años de su fallecimiento lo recordamos con tres de sus más célebres poemas.

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De la escapada a la estocada

Lo que se ha pretendido "ahogar" en el Estrecho de la Florida —y quien sabe en cuántos estrechos o anchurosos espacios de este mundo, como ocurre por estos días con el más de un millar de cubanos estancados en suelo costarricense—, no es a la gente que "huye", sino a la resistencia que se queda. La apuesta es presentar ante los ojos del mundo la rebeldía de Cuba apagada por la "huida".

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En su libro biográfico José María Heredia. La patria y la vida, el escritor Leonardo Padura escribe motivado por una pregunta cuya respuesta no resulta sencilla: ¿Por qué José María Heredia decidió ser cubano? Es una pregunta que tiene toda la razón de hacerse. Heredia nació el 31 de diciembre de 1803, en Santiago de Cuba y murió en Ciudad México el 7 de mayo de 1839 »

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Después de seis meses de intensos trabajos de recuperación de las afectaciones causadas por el huracán Sandy, la sala principal del emblemático Teatro Heredia reabrió el pasado Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, con un concierto especial del popular dúo cubano Bueno Fe.

Opinión  »

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Nadie sabe por qué llegó hasta allí, ni cómo. José María Heredia solo nos dice que se sentó en lo alto de la pirámide en el atardecer y que desde ese lugar contempló la ciudad abierta sobre el valle del Anáhuac, erizada de torres y campanarios coloniales que fueron levantados con las piedras de los templos toltecas. La voz melancólica del poeta adolescente –no había cumplido los 17 años- exploró entonces el misterio del tiempo efímero y de la vanidad humana.

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La palma y el huracán

Días de huracán y en guardia, aprendiendo con Rubiera; queriendo más a Fidel, quien se fue a Pinar del Río para espantar a Iván y ha estado pendiente de los infinitos detalles que supone el cuidado de millones de vidas humanas. “Nadie está solo en Cuba”, nos vuelve a recordar, y después que ponemos a buen recaudo “nuestros huesos y nuestros fantasmas”, descansamos aliviados y hasta nos damos el lujo de conjurar el ciclón con la poesía.

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