Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, tierra de historia y juventud despierta (+ Fotos)

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.
Las alarmas sonaron, pero nadie se movió. El cansancio nos tenía atrapados. El cuerpo pedía tregua, aunque la memoria hizo su trabajo, la mente ya activó el modo jornada. Bastó recordar el primer punto del día para salir del letargo. En media hora estábamos listos. A las siete en punto comenzaba el tercer día de trabajo de la expedición Tumba el Bloqueo. Algo nos esperaba… algo necesario.
Allí, donde descansan los que hicieron de Cuba una nación digna, cada paso se convirtió en reverencia. No hay forma de estar en la ciudad heroica sin rendir tributo a quienes con coraje y sacrificio nos legaron libertad. No hay forma de caminar entre sus mármoles sin que el pecho se apriete. Cada tumba es una lección, cada nombre una herencia. En ese instante, entendimos que no se puede hablar de futuro sin mirar de frente al pasado.
Desde allí partimos hacia la Ciudad Escolar 26 de Julio. El contraste fue abrupto, pero necesario. Lo que nos esperaba era un avispero: niños, adolescentes y jóvenes de varias escuelas, todos expectantes.
El suelo estaba cubierto de dibujos, trazos inquietos que hablaban de mentes despiertas. Si el día anterior había sido un reto por la diversidad de los adultos, hoy lo era aún más: captar la atención de los más sinceros, los que no disimulan el aburrimiento ni fingen interés. El público más difícil, pero también el más auténtico.
Con palabras sencillas, con ejemplos cercanos, con preguntas que no buscaban respuestas perfectas, sino pensamientos propios. Los adolescentes escucharon, cuestionaron, debatieron. Pero los que nos desarmaron fueron los niños de sexto 1 de la escuela primaria Juan Manuel Ameijeiras Delgado.
No fue por el lema con que nos recibieron −muy lindo por cierto−, sino por cómo defendían sus ideas, cómo trabajaban en equipo, cómo sus ojos brillaban cuando Alejandro y Arianna les hablaban de cosas que, aunque complejas, les tocaban de cerca.
Traducir el informe que Cuba presenta ante Naciones Unidas al lenguaje de la infancia no es tarea fácil. Pero ellos lo entendieron. Y más que eso: lo hicieron suyo. Nos hablaron de lo que les falta, de lo que no llega, de lo que sus familias deben inventar cada día. No dijeron sanciones, no dijeron restricciones. Pero lo dijeron todo. En ese momento, nos miramos y recordamos al Apóstol: “Los niños son los que saben querer... ”.
La jornada avanzaba, pero la tormenta tropical Melissa comenzaba a alterar los planes. Yesenia, la primera secretaria de la UJC en la provincia, nos alertó: si amanecía lloviendo, no podríamos salir rumbo a Camagüey. Los centros escolares internos estaban siendo evacuados y el Consejo de Defensa se había activado. La incertidumbre se instaló. La seguridad era prioridad
Pero en medio de esa pausa, llegó una noticia que nos devolvió el impulso. Los estudiantes del IPVCE nos esperaban. Aunque habíamos descartado la actividad, ellos insistieron. “No tenemos teatro, pero estamos en las escaleras esperando el pase. Vengan, aunque sea unos minutos”, nos dijeron. Y fuimos. Interrumpimos su rutina y nos insertamos en su tiempo de espera.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.
En esta ocasión cambié de rol, no solo hice fotos y fui partícipe pasiva. Esta vez rompí el hielo con un saludo alto, un pase de lista improvisado y un chiste ipeveciano, que aunque rozó el ridículo cumplió su cometido: captar su atención. Tuvimos 30 minutos de intercambio directo. Las preguntas fueron punzantes, las respuestas sinceras.
Hay quien dice que la juventud está perdida. Nosotros no lo creemos. Esta experiencia en Santiago lo confirma.
Nuestros niños, adolescentes y jóvenes llevan en la sangre la rebeldía de quienes defienden lo suyo con uñas y convicción. No permiten que nada ni nadie interfiera en su pensamiento, así, de la nada. Solo necesitan guía certera, acompañamiento constante. Están ávidos de información. Con eso sabrán volar solos por el camino de los hombres y mujeres de bien.
El amor por Cuba no se detiene en lo que falta; se fortalece con lo que se defiende. En cada gesto, en cada palabra, en cada mirada que no se rinde, hay una forma de permanecer que no necesita nombre, solo corazón. De eso también va esta expedición: desmitificar, recordar lo humano, recopilar esencias.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernándeçz.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.

Bitácora de viaje, Día 3: Santiago de Cuba, Foto: Diana de la Concepción Hernández.
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