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Bitácora de viaje | Día 2: Santiago de Cuba, entre cárnicos y conciencia

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Nos levantamos temprano, como buenos diplomáticos en misión. Mientras nos arreglábamos, repasábamos el itinerario del día: el Combinado Cárnicos de Santiago de Cuba sería el primer destino.

La expectativa era alta, pero también la incertidumbre. ¿Cómo lograr que los trabajadores se abrieran al diálogo? Arianna pensaba lanzar una dinámica grupal o una pregunta provocadora. Yo, más escéptica, le advertí que sería difícil: distintos grupos etarios, distintas realidades, con rutinas duras.

En eso apareció Alejandro, con su andar despreocupado y esa seguridad que solo tienen los que no han pensado demasiado en los detalles. Nos preguntó cómo habíamos dormido, y antes de que pudiera seguir con su aire de “todo está bajo control”, Arianna le lanzó una pregunta que sonó más a pulla que a curiosidad: “¿Tú sabes algo de cárnicos? Porque te veo tan confiado…”. Alejandro, sin perder la ternura, respondió como si tuviera un “máster en procesamiento de embutidos”. Nosotras nos miramos y reímos al unísono. A veces la confianza es el mejor disfraz de la improvisación. Pero más allá del sarcasmo, sabíamos que estábamos allí por algo serio.

La visita tenía un propósito claro: recoger testimonios reales para nutrir el informe anual sobre el impacto del bloqueo. Cuba lo presenta cada año ante la ONU, y nosotros estábamos allí para escuchar, provocar reflexión y, sobre todo, entender. Porque transformar la sociedad no empieza en los discursos, sino en las fábricas, en los pasillos, en las manos que producen. Y sí, la juventud tiene que ser el motor, aunque a veces arranque con dudas.

El colectivo de trabajadores nos recibió con cortesía, pero con esa mirada que dice “a ver qué traen estos muchachitos”. Al principio, el diálogo fue más frío que una cámara de refrigeración.

Diferencias generacionales, procedencias disímiles, y una rutina que no deja espacio para filosofías. Pero había algo que los unía: el sentido de pertenencia hacia su trabajo, el compromiso con su entidad, y el amor por su Santiago. Los muchachos —humildes, dinámicos, creativos y astutos— se las ingeniaron para abrir grietas en ese muro de silencio. Poco a poco las manos comenzaron a levantarse.

Opiniones, dudas, inquietudes. Y entonces llegó Yoadis, especialista en control de calidad, con una historia que nos dejó en silencio: un fotocolorímetro roto, 190 mil dólares de perdida. La palabra “bloqueo” que flotaba en el aire dejó de ser abstracta y se volvió una cifra, una herida, una rabia contenida. Más tarde, entendí lo que era ese aparato.

El fotocolorímetro mide cómo una muestra absorbe luz, determinando el color exacto. En la industria cárnica, es esencial para garantizar calidad, seguridad y presentación. Sin él, se dificulta hacer el control en la entidad dependiendo de terceros. Y sin acceso a piezas de repuesto, por culpa del bloqueo, la pérdida es inevitable. El debate se encendió.

Arianna y Alejandro hicieron análisis que nos dejaron pensando. Resulta que el 80% de los cubanos hemos nacido bajo los efectos del bloqueo. Eso no es solo una cifra más, es un impacto generacional profundo en derechos humanos, bienestar familiar y acceso a servicios básicos.

Cuba vive una guerra económica “no declarada”, una violación flagrante del derecho internacional. Las respuestas a eso no están en los libros, estaban en esas voces, en esas historias, como otras tantas, en esa empresa comprometida que, a pesar de todo, sigue produciendo.

El encuentro terminó con una foto colectiva. Sonrisas sinceras, miradas cómplices. No era solo una imagen: era la prueba de que, cuando se escucha con respeto y se habla con verdad, hasta los más escépticos se suman. Porque sí, el bloqueo existe. Y sí, duele.

Pero también existe la voluntad de resistir, de crear, de transformar. Y nosotros, los jóvenes de la expedición “Tumba el Bloqueo”, estamos aquí para contar esa verdad. Aunque incomode. Aunque pique. Porque solo así, con ironía, con astucia y con coraje, se puede derrocar el bloqueo.

(Tomado de la página de Facebook de la UJC)

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