Relato del lector: La madre y las cadenas

Fidel Castro junto a su madre Lina Ruz. Foto: Twitter del Centro Fidel Castro Ruz
A los 7 años de edad, en el año 1959 acompañé a mi mamá a la Parroquia de El Cobre, en Santiago de Cuba, para cumplir una promesa que había prometido a la Virgen de La caridad, si nuestra familia salía ilesa de las actividades de apoyo a la lucha insurreccional contra Batista.
Entre las actividades realizadas estuvieron mantener escondido durante varios días en la finca Flores De San Juan, donde residíamos, al emisario que desde la Sierra Maestra fue enviado al Escambray para conciliar acciones de la lucha y acoger la columna del Che Guevara a su llegada a este territorio con la invasión.
Otra actividad fue mantener en áreas de la finca a la tropa del Comandante Erasmo Rodríguez, nombre de guerra de Armando Acosta Cordero, en espera de un avituallamiento de armas y municiones, que pasaron a través de mi casa y que mi padre al igual que la alimentación trasladó a la tropa acantonada.
Regresando al viaje al oriente del país, en la Parroquia mi mamá compró una medalla con la Virgen de La caridad, la que llevaría en una cadena en el cuello el resto de su vida.
Al concluir la ofrenda nos recogió en su auto Ramón Castro Ruz, para trasladarnos a su casa en Marcané, donde permanecimos una semana; mi mamá era prima segunda de la esposa de Ramón. Fueron jornadas de un temporal de lluvia las 24 horas del día. En el viaje desde El Cobre hasta Marcané, el pequeño auto de Ramón pasó varios ríos sin puentes, donde el agua penetraba hasta la altura de los asientos.
Al segundo día de estar en Marcané, en un día que amaneció lloviendo, vino a recogernos para llevarnos a conocer la casa de los Castros Lina Ruz, quien manejando su jeep Toyota se lanzó a terraplenes cañeros anegados de fango.
Fue increíble que una mujer de la tercera edad manipulara con tanta energía el timón y los pedales con tantos patinazos del vehículo, unas veces nos íbamos de costado contra las cañas y en otras volteábamos en redondo y quedábamos inverso a la dirección en que íbamos, hubo un momento en que el jeep quedó patinando en un lodazal sin avanzar, ella padecía seriamente de la circulación sanguínea y con el esfuerzo físico, brazos y piernas estaban engarrotadas, solo gracias a su fortaleza física a pesar de la edad, su tenacidad y decisión, hizo posible llegar a la portada de la finca.
De la casa salió corriendo un joven sin camisa y descalzo a abrir la puerta de entrada, a este Lina se dirigió, primero en jarana, “como te estás mojando si seguro que planchaste ropa en la mañana”, y seguido con mandato “empínate y pónmele las cadenas a las cuatro gomas del jeep, para que al regreso tengan más agarre y no patine tanto”; como así fue.
De la visita tengo muy vagos recuerdos de las personas que estaban y de lo que se conversó, si recuerdo la casa de madera muy grande, montada en pilotes, en la parte inferior se guarnecía de la lluvia el ganado.
Con el tiempo he valorado que de la fortaleza física, la personalidad y autoridad de su madre Fidel heredó sus cualidades de líder, su fe en la victoria, su tenacidad; lo que le permitió cumplir, a pesar de las adversidades, su propósito de romper las cadenas que ataban y sojuzgaban al pueblo cubano por parte de la tiranía de Fulgencio Batista.
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