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Ivette Cepeda: Diez años después

Por: Sealy Gardón
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La voz de Ivette Cepeda es una especie de banda sonora que aviva las emociones y ayuda a renace.

La voz de Ivette Cepeda es una especie de banda sonora que aviva las emociones y ayuda a renacer. Foto: José Antonio Medina

Ella guarda su calma a un metro de la escena. Tras bambalinas se le ve quieta, ojos cerrados, sintiendo la misma necesidad de darse que en aquel concierto inicial, Estaciones (2008). De hecho, inicia la noche como El primer día, con ese tema de Vicente Feliú que es punto de partida de su historia.

Desde esta posición es otro espectáculo el abrir de las cortinas, las luces que se encienden sobre los músicos, el impacto de la salida y los primeros aplausos, los acordes nacientes.

Ivette Cepeda celebraba así diez años de trabajo conjunto con el grupo Reflexión en 2018, en el teatro Karl Marx, y recorría el último medio siglo de música cubana. Por dos noches consecutivas entonó las vidas de las cinco mil personas que fueron a escucharla en cada encuentro y que ahora podrán revivir esos instantes gracias al DVD "10 Años. El concierto".

Su voz es una especie de banda sonora que aviva las emociones y ayuda a renacer. Las letras que escoge, a decir del trovador Augusto Blanca, pasan por el filtro maravilloso que es su propio corazón. Convierte en acierto suyo una debilidad lamentable en la cancionística reciente del país: el repertorio. Su selección de temas es tan exquisita como amplia, con énfasis en los movimientos de la trova y el feeling, esa manera de decir que desgarra y recompone.

Espirituana de nacimiento y, por destino, cantante, deviene una de las más completas del país. Es heredera de los grandes exponentes de la música cubana de los 70 y 80, cuando aun siendo niña sorprendía al cantar a Argelia Fragoso o disfrutar un concierto de Amaury Pérez y Mike Porcel.

Esa herencia resuena en sus venas, sin haber recibido jamás instrucción musical académica. Su escuela fue la práctica, las 16 horas diarias cantando en la década de los 90. Aprendió cómo tomar el micrófono, cómo moverse entre las mesas y lograr con sus escasos espectadores de entonces la misma catarsis que vivió en la plataforma de los grandes acontecimientos de Cuba.

Regresaba después de tres años sin presentarse en teatros de la capital. El tresero Adolfo Florián, el guitarrista y también tresero Lino Lores, el trompetista Julito Padrón, el flautista Idisán Aldana y los percusionistas Edgar Martínez y Lino Pedroso Jr. fueron invitados de lujo del concierto. Ivette se hizo acompañar por primera vez, además de Reflexión, por 40 músicos de la Camerata del Son, bajo la dirección musical de José Luis Beltrán y Rafael Guedes, con orquestaciones que transitan por una variada gama de ritmos cubanos y caribeños, con un concepto clásico.

Ivette se hizo acompañar por 40 músicos de la Camerata del Son, bajo la dirección musical de José Luis Beltrán y Rafael Guedes.

Ivette se hizo acompañar por 40 músicos de la Camerata del Son, bajo la dirección musical de José Luis Beltrán y Rafael Guedes. Foto: José Antonio Medina.

En una hora y media de concierto, 19 títulos y un bonus track, recorrió las canciones más amadas de su trayectoria, desde el primer CD hasta los éxitos del último, e incluyó el antológico Ángel para un final, de Silvio y el Comienzo y final de una verde mañana, de Pablo Milanés.

Rafael Guedes fue uno de los encargados de los arreglos.

Rafael Guedes fue uno de los encargados de los arreglos. Foto: José Antonio Medina.

A cargo de Beltrán, Guedes, Lores y Jorge Luis Lagarza, los arreglos coronaron el esplendor, con la inserción de frases de los metales en esa pieza de Pablo, en la popular "Una ventana entre dos", de Beltrán, con "La marcha en el puente de País", la canción que en medio del espectáculo removió los cimientos de la cubanía y puso a todos de pie en expresión de amor por esta tierra de la que nadie se puede despedir y a la que todos regresan, aunque solo sea con el alma.

"Presencia simplemente", de Ramiro Gutiérrez, marcó un momento de especial lirismo, un texto premiado en el concurso Adolfo Guzmán en su edición de 1982, cuando la interpretara Pablo.

Cha cha chá, guaguancó, zamba, canción, son, bossa se fusionan y con ello Ivette muestra una versatilidad digna de asombro. No se le puede limitar dentro de un género único.

Se define a sí misma como una cantora que se atreve. Si bien es cierto que cada ritmo tiene marcado un timbre específico de voz para su defensa, la cantante se despliega en una amalgama y sale airosa de la osadía.

La sencillez y elegancia se hicieron marcas distintivas de la puesta en escena, de cuyos detalles se encarga personalmente la intérprete, como es habitual, aunque en esta ocasión la dirección artística corrió a cargo del realizador Yeandro Tamayo.

Su propuesta fue una escenografía sencilla, sin adornos adyacentes, que ofrece total protagonismo a las melodías. Abundó el color negro que dejó espacio a un diseño de luces hermosamente armado por Manolo Garriga, en tonos suaves y azulados que aportan brillo y cercanía de inicio a fin.

La excelencia de los elementos que se conjugaron en el escenario las refleja Yeandro en la inmortalidad del audiovisual. En su trabajo, destaca un cuidado de la fotografía, montaje y edición, que entienden y ponderan lo sensitivo de aquel encuentro y dejan ver el disfrute de los corazones en miradas extasiadas, jóvenes que corean, abuelitas y niñas que bailan al ritmo de las congas de "Alcé mi voz".

Las imágenes consiguen sumergir en la misma magia e intimidad de cada acorde en aquella noche de Karl Marx a través del diálogo cercano con los instrumentos o la magnificencia de planos generales en el teatro más grande de Cuba, repleto de espectadores.

Miles de personas disfrutaron los dos conciertos de Ivette Cepeda, en 2018.

Miles de personas disfrutaron los dos conciertos de Ivette Cepeda, en 2018. Foto: José Antonio Medina.

Tal sensación es posible también gracias a la exquisitez de la mezcla de sonido, a cargo de Ernesto Estrada (Enzo), con la colaboración de William Rivero. Su trabajo se hizo especialmente complejo por tratarse de orquesta y banda en un escenario tan grande, además del reto que suponía para la grabación en vivo un público que conoce el repertorio y lo canta. Enzo confiesa que para no sacrificar sonido de la orquesta por potencia de audio tuvieron que “trabajar muy finamente”. Y ahí está el resultado, en una mezcla pulcra que abraza y nos deja prendidos esperando qué sigue.

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En Ivette se complementan armoniosamente las dimensiones aristotélicas de lo necesario, lo útil y lo bello. El arte enmudece cuando cae en las garras de la vanidad, pero ella no le da espacio. Más que un despliegue de parafernalia tecnológica, cualidades vocales y aciertos orquestales, su propuesta difiere por apostar a la sobriedad y la comunión con los espectadores. Tiene un mensaje y viene a decirlo; el público sabe qué viene a escuchar.

Esa es otra de sus fortalezas: la fidelidad de un pueblo que se sabe comprendido y se sienta, paciente, a escuchar no solo su canto, sino las largas conversaciones que pudieran ocurrir en la sala de una casa cualquiera. No existe entonces el foso de un teatro, se funde y confunde entre las personas, el escenario se extiende y toma nuevas dimensiones. Asume y transmuta los complejos entornos sociales para mover las fibras humanas (aparentemente olvidadas por las banalidades del mercado cultural) a través de la palabra cantada.

Ivette siembra una semilla. ¿Cuánta tierra fértil hay? Eso lo dirá el tiempo, pero es esta labor que urge: restaurar, sanar, ofrecer respiro, infundir aliento de vida. El arte se define por su capacidad para transformar.

En video: "El primer día", por Ivette Cepeda

Se han publicado 14 comentarios



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  • Lidia Pérez Márquez dijo:

    Para mi, The Best,sin discusión.Mis respetos para ella .

  • Amanda dela Caridad dijo:

    Pocos interpretan con el corazón como ella lo hace. Es un don que fue dado a pocos. Magnífica cantante y ser humano.Mi cariño y admiración siempre para ella.

  • Amanda de la Caridad dijo:

    Emotivo y certero artículo.

  • Primavera trinitaria dijo:

    Orgullosa siempre, a por 10 mil años más de amor y música !!!

  • Rosi Rosi dijo:

    Solo Ivette para hacer estallar un escenario así !!!! Bravo , bravísimo

  • Zenaida dijo:

    Ivette eres grande, te admiro mucho !!!

  • Niña del Verano dijo:

    Desde el primer concierto en que la escuché supe que era una cantante del corazón. Admiración eterna

  • Niña de primavera dijo:

    Lleva guardadas tantas emociones, ella , Ivette , la nuestra , llenó de amor mi corazón desde la primera vez que la escuché cuando tenía unos pocos años

  • David dijo:

    Felicidades por el trabajo que hace

  • Daniel Antonio dijo:

    Wue bien este recogimiento, a una grande de cubs

  • Orlando dijo:

    Y lo mejor de todo: una excelente persona.

  • Eutelia dijo:

    Viva Ivette y Viva Reflexión ❤️

  • Daniel Antonio dijo:

    A mí cuando hablan de Ivette, me dan deseos de escribir, de verla, de escucharla, de sentirla ahí en el corazon.

  • ANGEL R IRIGOYEN dijo:

    Desde Puerto Rico, la admiro y reconozco su excelente voz y sentimiento !! Felicidades !!

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